agosto 31, 2010

Esta no es una entrada

Hace algunos días en mi clase de Geometría Moderna I (una materia para matemáticos pero que yo como físico tomo de optativa, y que por una hermosa razón estoy feliz de cursarla) el ayudante del profesor dibujaba en la pizarra una figura triangular, escribiendo a un lado de ella "esto no es un triángulo", como suele suceder con ese tipo de cosas, yo me desorienté, pensé que la realidad se derrumbaría y que el mundo se dejaría ver tal y como es: la realidad controlada por máquinas que nos mantienen en la más absoluta ignorancia mientras ellas nos usan para sus fines. Pero no. Lo que dibujamos como un "triángulo" no es más que lo que nosotros percibimos y entendemos como triángulo, en su concepto matemático.


René Magritte fue un pintor belga al que le gustaba jugar con este tipo de situaciones, creo que es muy famosa la pintura de una pipa que no es pipa, aunque yo desconocía su trabajo hasta ese fatídico día en que la realidad se derrumbó. La pintura, en concreto, es esta.



Debajo leemos: Ceci n´est pas une pipe (esto no es una pipa). Y también, como ya sabemos ahora, esto no es una manzana.


Y ahora, con nada que desafíe convencionalismo alguno, podemos afirmar que ESTO no es una pipa...


¿O a alguien le gustaría darle una fumada?

Si alguien quiere ver más de Magritte, esta SI es la página de la Fundación Magritte, que por cierto, tiene un fondo musical que me encanta, pero no sé el nombre de la melodía.

Ah... esperen un momento... ¿pero quién es él...? Él SI desafortunadamente es el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe Calderón Hinojosa (un mal presidente a criterio de muchos, no el mío pues no entiendo mucho de política). Al menos ve la obra de Magritte.


agosto 30, 2010

Conjugación...

Yo amo, tú amas, él ama, nosotros amamos, vosotros amáis, ellos aman... ojalá no fuese una conjugación sino realidad
Mario Benedetti  

agosto 28, 2010

El otro yo - Mario Benedetti

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.

Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

agosto 27, 2010

Los replicantes están aquí

La imitación de las emociones humanas es una tarea en la que actualmente se trabaja mucho en el campo de la robótica, pero ¿realmente algún día podremos ver a un robot que exprese emociones propias? ¿Y si de pronto los robots afirman que poseen conciencia o, más aún, aquello que la cultura humana denomina alma?

David Hanson nos habla sobre las emociones que, aunque falsamente, pueden tener los robots actuales. El audio está en inglés pero tiene disponible subtítulos en español.



Y aquí tenemos a Zeno, de Hanson Robotics, charlando.



Y al abuelo Phil (de cariño), Philip K. Dick, quien escribió una y otra vez sobre los replicantes, sobre todo se le recuerda por "La Segunda Variedad", donde las armas que se usaban para combatir (por combatir entiéndase despedazar cuerpos con navajas afiladas) contra los rusos se vuelven contra cualquier humano, pero hay algunas variedades más, no fabricadas por los humanos sino por las propias máquinas para pelear entre sí. Altamente recomendable.

agosto 25, 2010

Señal perdida

El presidente de Marruecos terminó de tomar asiento en la primera fila junto al presidente de Francia. La sesión extraordinaria de las Naciones Unidas tendría lugar inmediatamente. El presidente Taimanov, de Rusia, salió al estrado entre un mar de reporteros que lo acosaban desde todos los flancos. Sus dos guardaespaldas se colocaron detrás de él. Vio entre las hojas de su discurso que estaban junto al micrófono y las rehusó con la mirada. Sacó un pañuelo y se secó el sudor de la frente, a pesar que la temperatura en la sala era de doce grados Celsius. Acomodó el micrófono y miró a la audiencia.
       —Hay… —tragó un poco de saliva— tan sólo una forma de hacer las cosas correctamente, de obrar bien, y esa es actuando siempre con la verdad de nuestro lado —hizo una larga pausa mientras observaba nerviosamente a los periodistas—. Me alegra mucho que este día tengamos esta sesión y que todos los países estén aquí presentes, pues hay asuntos muy delicados de los cuales hablaremos.
        —¡Como las explosiones de los gaseoductos en Siberia! —gritó alguno de los reporteros.
Taimanov cerró los ojos y apretó fuertemente los párpados.
   —Antes de empezar a juzgar pensemos en todas las posibilidades —miró a sus guardaespaldas—. Pueden retirarse —les dijo en voz baja.
        —Señor —dijo uno de ellos—, no podemos, su protección es…
        —Les he dado una orden, ¡no la ignoren! —una vena se marcó en su frente.
        —Claro, Señor —se alejaron pero sin dejar de vigilarlo.
Buscó con la mirada al presidente de los Estados Unidos.
      —Es imposible ocultarle al pueblo estadounidense y al mundo entero lo ocurrido a partir del mes de julio de 1947 cerca del poblado de Corona en Nuevo México. Correcto Presidente Sherman, me refiero al incidente de Roswell. Kapustin Yar tampoco es algo que se pueda ocultar. Sabemos que no estamos solos como especie inteligente y es información que ha estado en nuestras manos desde hace ya mucho tiempo.
       —¿Es que se ha vuelto loco? —gritó el presidente de Estados Unidos, levantándose de su asiento.
        —Usted sabe de lo que hablo —respondió Taimanov.
Varios presidentes se levantaron de sus asientos, visiblemente alterados.
        —Taimanov, le recuerdo que el propósito de esta sesión no es…
        —No estamos solos, señores, ¿qué tan difícil es aceptar eso?
        —¡Saquen a este loco!
      —¡Necesitan evidencias!, es lo que necesitan, ¡evidencias!, las tienen, no hay más ya que ocultar.
     El presidente Taimanov temblaba y el sudor le escurría por el cuello. Tomó un control remoto y una pantalla bajó lentamente del techo de la gran sala. Una imagen apareció en ella.

      Los seis soldados se movilizaron, corriendo entre la nieve, hacia la casa donde mantenían a los refugiados. La estructura de madera y cartón parecía abandonada.
   —¡Adelante, adelante, adelante! —gritó el que iba en frente, el líder, sosteniendo su metralleta—. No hay que darles ninguna clase de ventaja a los invasores y ya lo saben, ¡los queremos vivos!
       —¿De verdad eso es lo que estamos buscando? —preguntó uno de ellos.
       —¡Buscamos traidores! —respondió el soldado.
Rodearon la casa y avistaron a los que salían por la parte trasera. Un soldado se arrodilló en el suelo y apuntó hacia los cuatro que iban saliendo de la casa, abriendo fuego.
       —¡Coman balas! —gritó frenéticamente, sin soltar el gatillo.
Un soldado que iba delante de él se agachó y se arrastró entre la nieve hacia el hombre enloquecido.
       —¡Petrov! ¡Cese al fuego!
El hombre miró desorientado a su alrededor y dejó de apretar el gatillo de su metralleta. Se sentó en el suelo.
    —¿Pero qué sucede Petrov? —le gritó el líder al hombre en la nieve—. Smislov, todos ustedes —dijo dirigiéndose a los otros soldados—, vayan a ver si hay sobrevivientes, yo me encargo de este sujeto. Tú, Garry, arresta a este hombre.
    Los pies del grupo se agilizaron sobre la poco gruesa capa de nieve y advirtieron tres cadáveres, dos de ellos no eran humanos, notablemente. Sus cabezas alargadas y sus cuerpos color café yacían ensangrentados sobre la brillante y blanca nieve. Vestían unos pantalones solamente. El otro cuerpo era humano y llevaba puesto un casco de soldado, su ropa era vieja y tenía el aspecto de ser un vagabundo. Smislov escuchó unas pisadas en la nieve y se percató del extraño.
       —¡Hey, tú! —corrió tras de él. Sus largas piernas parecían dar enormes zancadas y pronto se le escaparía—. ¡Deténgase! —comenzó a jadear— ¡Es una orden! —un soldado se le adelantó y alcanzó a dispararle en la pierna al perseguido, que pronto cayó al suelo.
        —¡Así se hace, soldado! —le felicitó Smislov.
Dos soldados fueron corriendo para asegurar al que había recibido el impacto en la pierna.
        —Esa cosa es uno de los…
        —Extraterrestres.

       Los presidentes observaban el video dentro de la sala. Estaban absortos en quien estaba hablando y daba la impresión de que algo estaba a punto de estallar en cada uno de los presentes.
      —… Fuimos atacados —dijo el que estaba hablando en el video, su cabeza estaba cubierta por una especie de capucha pero se veía claramente que tal ser no era humano—. Lo sabíamos pero no estábamos preparados para soportar algo como lo que sucedió. La Comunidad Galáctica fue exterminada. Todos los miembros y todas nuestras flotillas…

      Los hombres entraron a una habitación escasamente iluminada. Cargaban al extraterrestre.
          —¡Esta cosa se está muriendo!
        Lo colocaron en una silla y examinaron sus pupilas y signos vitales. Uno de ellos estaba muy alterado.
          —¡Oh por Dios, oh por Dios! —se llevó las manos a la cabeza.
          —No le administraremos nada, desconocemos la manera en la que podría reaccionar.
          —¡Perdió demasiada sangre!
          —No debería de sangrar tanto —dijo el hombre que le había disparado.
       —Recuerda que no es humano, su sistema circulatorio no tiene por qué ser como el nuestro.
          —Preparados… —balbuceó el extraterrestre.
        —Escuchen, escuchen… —dijo uno, acercándose al extraterrestre, que estaba sentado en la silla, sujetado por otro hombre. Miró el gran rostro del extraño­—. Repite lo que estabas diciendo.
       El extraterrestre abrió ligeramente los ojos y miró a los cinco hombres que le rodeaban. Respiraba lentamente.
          —El… —dijo el extraterrestre— el mensaje tiene que ser escuchado por toda su especie. No les queda ya mucho tiempo. El presidente sabrá de lo que hablo… vayan con el presidente.
           —¿De qué rayos está hablando?

     —Amir, no dejes de grabar —el hombre de la prensa de Israel le dio un codazo al camarógrafo.
          —Si… claro…
        —… no es posible detenerlos —prosiguió el que hablaba en el video—, ellos llegarán en pocas horas a la Tierra y hay que estar preparados para lo que seguirá. Ellos no tienen interés por otra cosa que no sea el planeta, lo consumirán todo como combustible, eso es lo que harán. Que no les desilusione la idea de que no hay nada después de esto, que aquí termina todo. No queda más que aceptar el destino, cuando las cosas no son posibles de modificar…
Terminó el video y la pantalla subió de nuevo lentamente hasta el techo. Nadie sabía qué decir y se generó un silencio total en la sala. El presidente Taimanov se frotó el rostro con las manos y miró a quienes tenía adelante. El presidente de Rumania se levantó desde la segunda fila.
           —¿Y quiere que estemos convencidos que esto es la verdad? —dijo frenético y enojado—, ¿qué se ha creído usted?, ¡asqueroso patán! —miró hacia los lados esperando a que alguien le apoyara.
Los demás presentes guardaron silencio por respeto, pero, la gran mayoría, no porque creyeran que lo que acababan de escuchar era cierto sino porque estaban convencidos de que el hombre que estaba encima del estrado se había vuelto completamente loco.

El soldado Smislov se acercó, con los ojos llenos de lágrimas, al moribundo extraterrestre.
¿Cómo esperaban evitar esto? —le preguntó.
Con su ayuda, pero nunca la tuvimos —dijo jadeando, ya casi sin poder soportar el peso de su propia cabeza.
¿De qué manera… cómo podíamos nosotros detenerlos?
No detenerlos. Preparando a su especie para aceptar su destino… la extinción.

La pequeña nave observó cómo el gigantesco devorador se alejaba más allá de la órbita de Marte.
No queda nada… nada —dijo el piloto—. Pusimos tantas esperanzas en esta joven especie y de un momento a otro, sin poder intervenir, nos han arrebatado todo.
Tal vez no se hayan ido por completo —dijo el copiloto—, tal vez… la extinción es tan sólo el comienzo.
¿Tienes idea de lo que estás diciendo? —suspiró y agachó la cabeza—. No hay conocimiento de algo después de esto. Eso fue todo para ellos. En unas decenas de periodos la Comunidad Galáctica volverá a reestablecerse.
¿No recuerdas acaso por qué hemos cuidado de ellos por tanto tiempo? La razón de existir de la especie humana…
Lo recuerdo, pero nunca estuvimos seguros que ese potencial fuese a presentarse algún día, tan sólo pequeños vestigios de que tal cosa era real.
¿Y qué tal y si es completamente real?
¿Cómo es eso posible? Si tal cosa es cierta… ellos, la especie humana, ellos fueron Los Fundadores… los que esparcieron la vida por todo el universo en el pasado. Si ahora está extinta su raza ¿cómo es que pudieron realizar todas las cosas que hicieron cuando el universo estaba sin vida? Ellos nunca alcanzaron a desarrollar el viaje temporal. Y sin embargo estamos aquí, nosotros, porque nuestra especie fue sembrada en nuestro planeta por su especie. ¿Qué es exactamente lo que estuvimos protegiendo todos estos eones?
El copiloto miró fijamente al espacio vacío tapizado de estrellas.
No lo se.

agosto 23, 2010

La respuesta

El amor es la respuesta a todo. Es la única razón para hacer algo. Si tú no escribes historias en las que ames, nunca amarás. Si tú no escribes historias en las que otras personas amen, nunca amarás.

Ray Bradbury

Esta cita me recordó al cuento de La Bruja de Abril, donde una noble bruja, llamada Cecy que nunca había conocido el amor y que se podía introducir en cualquier cosa, controla el cuerpo de una chica, Ann, y conoce a un chico, Tom, (viendo y sintiendo a través del cuerpo de la chica); se enamora de él, pero él no sabe que con quien ha estado no es su amiga sino la bruja. Esta parte es muy linda:

—¿Tom? —Su mente cada vez más débil voló con un ave nocturna bajo los árboles y sobre los campos de mostaza silvestre—. ¿Tienes todavía el papel, Tom? ¿Vendrás algún día, algún año, alguna vez, a verme? ¿Me conocerás entonces? ¿Me mirarás a la cara y recordarás entonces cuando me viste por última vez, y sabrás que me quieres como yo te quiero, de verdad y para siempre?

Vale la pena leer a Bradbury ya que, más allá de ser un genial escritor de ciencia ficción, es un poeta de la vida.

agosto 21, 2010

Manifest Destiny

Hace algunos meses me topé con un video que me llamó mucho la atención, y que curiosamente ha sido visto muy pocas veces en YouTube (de hecho ha sido visitado muchísimo más veces en vimeo), hoy acabo de descubrir que existe una segunda parte, y mucho mejor... una tercera parte, sólo que esta tercera parte aún no sale. Les invito a ver este filme corto de Ciencia Ficción, de Darrell y Doug Waters, un par de productores amateurs de California, USA. Es recomendable que activen el HD y lo vean en pantalla completa.

MANIFEST DESTINY-episode one from Darrell and Doug Waters on Vimeo.


MANIFEST DESTINY-episode two from Darrell and Doug Waters on Vimeo.



agosto 18, 2010

Decadencia

Cuando la infancia muere llamamos a su cadáver "adulto", quien entra de lleno a la sociedad, uno de los nombres más amables dados al infierno. Esta es la causa porque, aunque la queramos, tenemos a la infancia; ella nos muestra el estado de nuestra decadencia

agosto 16, 2010

Tormenta Cósmica - Pedro J. Miguel

Mensaje:
Correo intergaláctico a la deriva
hangares y módulos de carga sueltos
apagado de células y balizas

Los androides abandonan la nave,
sus sensores perciben esa muerte
magnética que anula.
Flotar aquí, mi amor,
dentro de esta explosión de gas metal,
látigo de cien millones de grados,
holocausto de billones de estrellas,
y latir tu silencio en mi interior.
Ven conmigo, corre más rápido
que el afilador misterioso,
atraviesa cúmulos de galaxias,
esquiva el huracán del universo,
vuela conmigo al principio de todo.

Los androides se llevan la memoria,
y caemos en la música del mundo
empujados por esta radiación:
aquella brisa de helio incandescente
derrite un cinturón de supertierras heladas,
mira las manchas naranjas de Hydra
generándose al ritmo de la luz,
mira las ondas azules de Virgo
devoradas por la aceleración
del espacio y del tiempo,
mira esa nube amarilla de sistemas
catapultados al borde exterior
en rendimiento bestial de energía.

No hay señal en mi localizador.
La pantalla muestra tu imagen.
Te beso…, nadie nos espía
mientras nos engulle esta ola,
este pulso infinito.

apagado de células y balizas
hangares y módulos de carga sueltos
correo intergaláctico a la deriva
fin del mensaje.

(Pedro J. Miguel)

Este poema me gusta, pero puedo asegurar que no es del tipo de poema que comúnmente se suele leer, aquí la poesía no está peleada con la ciencia ficción, o en general, con la ciencia.

agosto 14, 2010

Música IDM

Resulta que últimamente he estado escuchando un género de música que no conocía, se trata del IDM (Intelligent Dance Music, aunque muchos difieren con el nombre que sería preferible optar, como braindance, por ejemplo), es un género basado en la música electrónica y el techno. El mejor expositor que he encontrado hasta ahora es Boards of Canada (no, no son canadienses, son escoceses), formado por dos hermanos, Michael Sandison y Marcus Eoin.


Este género se caracteriza por la forma en que el compositor puede experimentar con los ritmos, muchas veces saliéndose de lo que convencionalmente puede denominarse "música". Por ejemplo, la siguiente imagen es una partitura de Aphex Twin, ya juzgarán si esto parece o no convencional.




El siguiente video es de Boards of Canada, pero con partes del video One Got Fat de una campaña de seguridad para ciclistas, que por cierto a mi me da un poco de miedo.




Y éste de Aphex Twin




Y finalmente con mi favorita, de Boards of Canada


agosto 12, 2010

La guerra contra los robots

Hanson Gott entró a la oficina con las manos llenas de los informes de inteligencia, un papel de entre todos cayó al suelo. Bill Termag dejó de armar su cubo de Rubik y lo guardó en un cajón de su escritorio.
        —Es hora de la comida, Han, ¿qué te trae por aquí? —dijo Termag, mirando el plato térmico de carne y verduras que aún no había tocado.
        —Hay malas noticias —dijo Gott, dejando la pila de documentos en el escritorio de Bill, produciendo un golpe seco—. Nos avisan desde Titán que los yacimientos han sido tomados por invasores… robots.
            —¿Robots? —dijo Bill, sorprendido—, ¿de donde han salido?
            —Al parecer del sistema de Alnitak.
            —¡Orionitas! —dijo rabioso Bill— ¿Cuál es la situación con la colonia?
          —Al principio querían formar una alianza comercial con los humanos, pero obviamente no aceptamos.
          —¡Alianza! ¿Qué se creen? ¿Qué nos pueden ofrecer los míseros robots?
—Vaporizaron a algunos de ellos, trabajadores, los que intentaron resistirse, parece ser que han venido por el combustible. Y han destruido algunas de nuestras instalaciones.
        —¡Hay que sacarlos de allí!, no dejaremos que la mayor fuente de combustible del sistema sea controlada por… ¡robots! ¡Ni siquiera tienen alma, aunque digan lo contrario!

          —Mira papá —dijo el pequeño Tommy, sentado en el suelo frente al televisor—, ¡les estamos dando una paliza a esos robots!
          Earl, que estaba de pie junto a la mesa de la cocina, se volteó hacia el televisor, que transmitía las imágenes de la cruel guerra sobre el satélite Joviano. En la pantalla se desplegaba una larga lista de estadísticas, después de los dos meses de guerra, y luego las bajas humanas y robots; eran más humanos muertos que robots destruidos, muchos más, y los robots pueden construirse en fábricas, los humanos… Sin embargo las imágenes parecían no mostrar la realidad, Tommy aún no sabía leer bien. El noticiario terminó y le siguió un programa infantil que atrajo la atención del pequeño, Earl fue a la cocina a tomar el desayuno.
               —Hola amor —le dijo su esposa, que estaba preparándole unos huevos con jamón.
          —Hola Anne —se sentó en la mesa y tomó el diario. Se dispuso hojear la sección de empleos, pues presentía que su empleo no duraría mucho, por los problemas ocasionados por la falta de combustibles. A Jeff, el vecino, lo acababan de despedir y trabajaban en la misma empresa.
               —¿Te sientes bien? —le preguntó Anne.
               —Sí, es sólo que pronto perderé mi empleo.
           —Earl, estamos escasos de dinero y hay que pagar el colegio de Tommy —Anne sirvió el desayuno en la mesa.
          Earl abrió el diario en la parte de empleos y en la primera página se encontró con un anuncio de la Fuerza Aérea del Ejército. El cuerpo del anuncio abarcaba media página y había una imagen similar a la ganadora del Pulitzer de 1945, donde soldados estadounidenses alzaban la bandera de su país durante una batalla en Iwo Jima durante la Segunda Guerra Mundial, sólo que en este caso la bandera era la de la Tierra y los soldados eran soldados de la ONU en territorios de Próxima. La Fuerza Aérea del Ejército necesita de su cooperación en la guerra contra los robots. La soberanía del país y de la especie depende del esfuerzo y la lucha de sus ciudadanos. ¡Únete y combate por la libertad!
        El mensaje era convincente, pensó Earl, sobre todo para personas que, como él, perderían o ya habían perdido sus empleos. A lo lejos escuchó que el programa infantil se interrumpía para dar lugar a un nuevo informe de guerra. Earl empezó a desayunar, un poco impaciente.
                —Tommy —gritó Anne—, ya está listo el desayuno —también se sentó en la mesa.
             El niño llegó casi de inmediato, muy emocionado y con los ojos muy abiertos. Se sentó en su silla y miró atentamente a Earl.
            —Papi —dijo Tommy, moviéndose de un lado a otro en su asiento—, ¿me dejarás ir a Titán para derrotar a esos robots?
        Earl estaba enfadado, la situación había afectado las mentes de los niños, las más vulnerables, quizá debería prohibirle ver el televisor.
              —Nadie de nosotros irá a Titán —dijo secamente.
              —Pero tú si vas a ir, lo acaban de decir en la televisión.
              Anne miró a Earl y después al pequeño.
              —¿Qué fue lo que dijeron? —le preguntó Anne.
           —Que todos los adultos deben entrar al Ejército, los van a mandar a pelear contra los robots. ¿Por qué no puedo ir?

              —No tienes que ir —dijo Anne.
           —Tengo —dijo Earl mientras se colocaba el uniforme que le habían dado. El traje y el color verde le quedaban muy bien—. Lo contrario es considerado traición a la patria ¿y sabes cómo se castiga eso?
              Anne guardó silencio.
              —Pena de muerte. Así de sencilla es la elección.
              Anne se acercó más a Earl.
              —¿Cuando parte el crucero?
              —En cuatro horas, pero tengo que presentarme en una.
              —Tommy… —dijo Anne, como a punto de romper en llanto.
          —Cuidarás bien de él y no dejarás que le pase nada malo, tal y como ha sido hasta ahora —se terminó de ajustar la corbata. Earl no quería hacer larga la despedida. Tomó su maleta y le dio un beso a Anne—. Todo estará bien.

         —Bien soldados —gritó el jefe del grupo. La nave vibraba suavemente—, así transcurrirán las cosas: aterrizaremos en la Sección A, donde se llevará a cabo el proceso de sustitución, después seremos transportados a la nave que nos llevará a Titán, allí no esperamos fracasos. ¿Entendido?
              Earl se sujetaba el casco con ambas manos.
             —¿Tienes alguna idea de cómo será el proceso de sustitución? —le preguntó al oído el hombre de al lado.
         —No me dijeron mucho —Earl titubeó un poco, debajo del casco le pareció reconocer a…—. ¿Jeff, eres tú?
              El hombre se sorprendió, pues en ese hombre creyó reconocer a…
            —¡Earl! —dijo sorprendido, pero inmediatamente su tono y su emoción se esfumaron— Veo que tú también tuviste que meterte en esto.
         —Así es… y respecto a la sustitución… me dijeron que básicamente lo que harán es introducir nuestros cerebros en cuerpos robóticos similares a los robots de Orión para infiltrarnos dentro de ellos y destruirlos.
              —¿De verdad pueden hacer eso?

              —¡Maldita sea! —exclamó Bill—. ¡Toda una tropa destruida!
              —Los robots son muy listos.
        —Más listos que nosotros, Han, y no por eso hay que estar orgullosos. ¿En qué nos equivocamos?
        —En nada —dijo Hanson Gott—. Todos los componentes de los robots Alnitakianos fueron reproducidos, ¡todas sus características!, hasta el espectro de emisión de radio. ¡Todo!
          —¡Son sus armas, sus malditas armas! Son muy poderosas. ¿Y para qué las usan? ¿Hay alguna otra especie robótica en la galaxia?
              Gott se encogió de hombros.
              —Como los humanos, también pelean entre ellos.
         —Los ataques aéreos han sido totalmente infructuosos, esos pedazos de chatarra se protegen con escudos.
             Gott guardó silencio, mientras examinaba la expresión de Bill.
           —Hay que acabarlos de una vez —dijo Bill—. Necesitamos más soldados. ¡Armas más fuertes, que despedacen a diez de una sola descarga! El planeta está detenido, literalmente, no hacemos nada sin combustible, y esos ecologistas no entienden nada de nada cuando hablan de su energía solar y sus juguetitos, ¡no velan por la supremacía de Estado! ¡Iré yo mismo si es necesario!


El hombre uniformado golpeó la puerta. Anne observó por la mirilla y giró la perilla. Tommy espiaba la situación desde delante del televisor.
—¿Usted es la señora Blake? —preguntó el hombre.
Anne asintió con la cabeza e hizo que el hombre entrara a la casa.
—Como usted sabe— dijo el hombre uniformado—, la situación en Titán se ha vuelto extremadamente grave e inestable. La Fuerza Aérea del Ejército está reclutando a todos los individuos con capacidades potenciales para pelear. La situación ha empeorado bastante las últimas semanas, los robots han ocupado Júpiter y todos sus satélites, y ya han descendido sobre Marte, si siguen así pronto ocuparán todo el sistema.
—¿Qué le ha ocurrido a mi esposo? —preguntó con voz tenue.
—Han habido muchas bajas, señora Blake. Y no podemos dejar que todas ellas sean en vano, hay que continuar con lo que esos héroes comenzaron, por el bien de la especie.
Anne caminó y se sentó en la mesa de la cocina. El hombre uniformado se sentó en el extremo contrario. Le echó un vistazo a Tommy y le dirigió una sonrisa, guiñándole un ojo, que Tommy contestó de igual manera.
—¿Qué ocurrirá con mi hijo?
—Él puede ir también, no hay nada que se lo impida.
—Pero es demasiado pequeño —dijo enormemente preocupada.
—Verá… hay un nuevo procedimiento que hemos estado aplicando recientemente, se trata de aumentar la edad mental de una persona de manera artificial, en otras palabras hacemos que un niño de cinco años se comporte de la misma manera que un adulto de veinte, acelerando su mente hasta esa edad.
—¡Eso suena horrible! —exclamó Anne.
—No, no lo es… mírelo de esta forma: su hijo y todo ser humano es un soldado potencial para ayudarnos en estos tiempos de caos. ¿No querrá un futuro donde la Tierra sea controlada por una especie de robots y que nos usen como sus esclavos, verdad? Usted quiere lo mejor para usted y principalmente para su hijo.
Anne mantuvo su mirada fija sobre la mesa y volteó hacia donde estaba Tommy, que miraba emocionado cómo su madre hablaba con el hombre uniformado.
—Puedo negarme a hacer esto.
—No señora, no puede negarse. Es su obligación, la obligación de todo ciudadano.

El cerebro de Bill Termag, jefe del Sector Oeste de Europa, fue trasladado hacia la réplica de robot alnitakiano. Los robots, rojizos y azulados, tenían una vaga forma humanoide, con cuatro largas extremidades superiores y cuatro inferiores, más cortas y más gruesas. Había una gran fila de robots que acababan de recibir los cerebros de muchas otras personas, estaban listos para ser enviados a Titán, al menos sus cuerpos metálicos resistirían más que los frágiles cuerpos humanos. Esa era la clave de la ventaja que poseían los robots, y ahora los humano-bots.
Los humano-bots entraron por miles a una enorme nave y despegaron de la Tierra con una aceleración tan brutal que un cuerpo humano habría resentido sobremanera.
El viaje fue de algunas pocas horas y entraron a la atmósfera de Titán. Debajo había enormes lagos de brillantes hidrocarburos. No se observaban otros robots. La nave atitanizó en territorio plano y los robots bajaron a la superficie.
La visión de Bill era extraña, al menos así le parecía. Lo nuevo siempre le parecía extraño. Estaban ausentes todas las sensaciones que pudo haber tenido cuando poseía su cuerpo humano y eso le horrorizaba un poco, sólo percibía las cosas que sus celdas fotónicas y sus receptores acústicos le permitían percibir.
¿Cuáles serían las características de una mente que se ha desarrollado ante la ausencia de tales sensaciones físicas?, se preguntó Bill, no se esperaba que algo con un buen temperamento pudiera salir de todo eso. Y más las teorías de muchos científicos sobre los robots: su ausencia de alma… ¿contra qué estaban peleando en realidad?
A lo lejos percibió a un gran grupo de robots junto a una de las principales plantas de extracción de combustibles del satélite.
Siguió caminando en una trayectoria programada. El cielo se llenaba de formas metálicas volando. Cerca de allí atitanizaban muchas naves más. Se detuvo de repente. Los otros humano-bots salían de sus naves. Esto será grande, pensó Bill. Le habían dicho que habría millones en ese momento, dispersos entre Marte y Júpiter, con sus satélites, que pronto todo terminaría porque los robots eran apenas algunos miles, pero él sabía que no iba a ser así.
Un humano-bot pasó a un lado suyo, haciéndole perder el equilibrio hasta casi tirarlo. Bill podía escuchar sus pensamientos, captados mediante radio.
—Hey, amigo, no estorbes, que hay que liquidar lo más rápido a estos fastidiosos robots.
Bill tuvo un mal presentimiento, miró hacia arriba y entre la nube de naves terráqueas apareció un enorme crucero, que no tenía la apariencia de provenir de ninguna parte del sistema.
—Deténganse todas las tropas —recibió la instrucción por radio.
Casi todos los humano-bots se detuvieron, pero algunos fanáticos siguieron adelante, sosteniendo sus cañones fundidores y disparando sus rayos contra blancos muy alejados. Los robots enemigos respondieron el fuego inmediatamente, movilizándose hacia los recién llegados.
El crucero extraterrestre se acercó más y casi rozaba la superficie de Titán. Todos se detuvieron ante el coloso. Lentamente se posó en la superficie. Bill observó que algunas formas descendían del crucero. Estas se acercaron a las tropas humanas.
Los seres eran humanoides, pero eran enormes, de cuatro o cinco metros de alto. Eran cerca de diez de ellos, e intercambiaron comentarios entre ellos. El que iba hasta adelante sonrió burlonamente, frente a Bill.
—Vaya, vaya —dijo, con un acento extraño, casi sin entonación—. Robots.
—Se equivoca, somos seres humanos, terráqueos —dijo Bill.
—¿Terráqueos? —el extraterrestre hizo memoria—. ¿Se refiere a la misma especie que exterminó a la población robot de Plutón y de Caronte?
Bill, aunque dentro de un cuerpo que no expresaba emociones, estaba bastante nervioso internamente.
—Aún después de que ellos les hayan dado a conocer sus derechos, su situación como seres vivientes y con mente y alma propia —repuso el extraterrestre.
—¡Los robots no tienen alma! —dijo uno de los humano-bots presentes.
El extraterrestre volvió a sonreír de forma burlona.
—¿Está usted afirmando eso?
—¡Claro que lo afirmo! —dijo el hombre, que con su espectro de voz no se percibía lo enfurecido que estaba.
—Entonces nos acaba de conceder usted el derecho de exterminarlos.
—No, él está equivocado —dijo Bill, inmediatamente—, su opinión no refleja la de toda nuestra especie. Ahora somos robots pero antes poseíamos organismos biológicos humanos.
—Los seres que ustedes exterminaron en Plutón y en Caronte también antes poseían organismos biológicos, sin embargo ustedes…
Bill había olvidado ese detalle completamente. Ahora, cualquier castigo que esos seres quisieran impartir a la especie humana sería totalmente justificado por las atrocidades cometidas en el pasado.
—¿Y qué nos harán? —preguntó Bill, ya sin esperanzas.
Todos los extraterrestres sonrieron burlonamente.
—¿Qué esperan que hagamos, exterminarlos? No somos terráqueos. ¡Lárguense de aquí!

—No buscaban combustible, buscaban arpentita —articuló Tommy, con su cuerpo robótico. Ya habían regresado a su hogar en la Tierra.
—¿Qué es la arpentita? —le preguntó Anne, que sostenía un vaso con una de sus cuatro manos metálicas.
—Un mineral que usan los robots de Orión para reparar sus cuerpos cuando son dañados.
—¿Y nosotros le damos algún uso?
—No, ninguno.
Anne miró la alacena, entristeciéndose porque nunca más iba a poder degustar los comestibles a los que había estado acostumbrada, como robot ya no necesitaría comer. Aumentó levemente un poco la presión sobre el vaso y éste se quebró en algunos pedazos, que cayeron saltando sobre la mesa. Anne observó fijamente el cuerpo metálico de Tommy, que ya no era Tommy, era Tom, un Tom que mentalmente habían hecho crecer artificialmente. Le dieron ganas de abrazarlo, instintivamente se paró de la silla y rodeó a Tom con sus cuatro brazos articulados. Se separó inmediatamente al advertir la total ausencia de sensaciones.
—Los humanos son unos estúpidos —dijo Anne.
—Coincido en tu opinión.

agosto 04, 2010

Había una vez una hormiga...

Había una vez una hormiga. Un día se fue a caminar. Pronto llegó a una pradera. Tenía una millahormiga de largo. Pronto llegó a un borde en el camino. En medio estaba un abejorro muerto. Jaló y jaló. Y pronto lo llevo a la pradera. Marchaba hacia delante tirando de su abejorro por el suelo. Pero vio que era inútil. El pasto era muy grueso. Así que dejo su abejorro y se marchó a casa.


Por Philip K. Dick. Calle Macomb 3039. N.W. D.C.


Yo maté al abejorro

Esta última frase la agregó Philip K. Dick años más tarde. El texto anterior se trata de un cuento corto que escribió Phil cuando tenía como 5 o 6 años, en 1934. Me da la impresión que aquí incluso ya se notaba el estilo de Phil.

No recuerdo quién dijo, parafraseando, que la mejor forma de encontrar tu propio estilo es empezar imitando el estilo de tu escritor favorito, y en mi caso es Philip K. Dick, del cual he leído un montón de sus cuentos pero sólo dos de sus novelas.

agosto 03, 2010

Canción Jelical para un Gato Jélico

Bueno, les quería decir algo sobre un musical, Cats el musical. Cats es un genial musical (sí, tercera vez que aparece la palabra musical en el mismo renglón, ¿alguien tiene alguna objeción?, ¿no? bien, prosigamos…) compuesto por Andrew Lloyd Webber (el mismo de El Fantasma de la Ópera, de 1986) y está basado en un libro de poemas para niños de T. S. Eliot llamado Old Possum's book of practical Cats, y para ser sincero no me gustan los poemas de T. S. Eliot, hace pocos días tomé un libro suyo y leí algo de sus poemas, y me parecieron demasiado oscuros, en un sentido literario claro está, aunque si le dieron un Nobel pues merece un poco de atención…

Seguro que se asustarían si ven a un grupo de gatos cantando y haciendo coreografías en medio del callejón, pero los gatos jelicales se toman la molestia de explicar quienes son. Además que a mi me gustan los gatos, desde hace mucho tiempo he tenido gatos como mascotas y actualmente tengo uno, es blanco y naranja, pero no tiene nombre. Casi nunca está en casa, y sospecho que tal vez se va a bailar coreografías con los demás gatos del vecindario.

No he ido a ver este musical en vivo, tan sólo la versión inglesa en video de 1998 en la que salen Elaine Paige, Ken Page y otros más, pues en la Ciudad de México creo que no se ha presentado en fechas recientes. Cats figura en mi lista junto con Carmina Burana de Carl Orff (esta ya se presentó pero no pude ir) y Don Giovanni de Mozart como presentaciones que no me debo perder por nada del mundo (ni de ningún otro mundo).

Mis gatos favoritos, del musical de Cats, son Mr. Mistoffelees (gato macho) por su elegancia y sus delicados movimientos aparte de ser mágico, y Bombalurina (gato hembra) por su sensualidad felina. Mi parte favorita es la de Macavity: The Mistery Cat, aunque también me gusta mucho Jellicle Song for Jellical Cats. Y la armoniosa voz de Elaine Page, caracterizando a Grizabella (esto en la versión en video de 1998). Sabrán a lo que me refiero si se animan a ver el musical. Alabado sea el gran Sir Andrew Lloyd Webber, que compuso la genial música de Cats. El siguiente video es del mágico Mr. Mistoffelees, de la versión de 1998.


A mi me gusta mucho la interpretación de Memories por María del Sol en la versión mexicana de 1991 en el Teatro Silvia Pinal, aquí con el video.

agosto 01, 2010

Un sueño

¿Quién sabe si la mitad de la vida en que creemos estar despiertos no es sino un sueño un poco diferente del primero, del que despertamos cuando creemos dormir?
Blaise Pascal

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