septiembre 26, 2010

Benoît Mandelbrot. Sobre fractales y fracturación


Benoît Mandelbrot habla sobre los fractales, sus trabajos relacionados con ellos y sobre el conjunto que lleva su nombre.






septiembre 25, 2010

septiembre 24, 2010

Los ojos hacen algo más que ver - Isaac Asimov

Tal y como lo describió el propio Asimov, en la introducción a su libro Cuentos Completos I: una historia breve y sentimental.

     Después de cientos de miles de millones de años, pensó de súbito en sí mismo como Ames. No la combinación de longitudes de ondas que a través de todo el universo era ahora el equivalente de Ames, sino el sonido en sí. Una clara memoria trajo las ondas sonoras que él no escuchó ni podía escuchar.
      Su nuevo proyecto le aguzaba sus recuerdos más allá de lo usualmente recordable. Registró el vórtice energético que constituía la suma de su individualidad y las líneas de fuerza se extendieron más allá de las estrellas.
        La señal de respuesta de Brock llegó.
        Con seguridad, pensó Ames, él podía decírselo a Brock. Sin duda, podría hablar con cualquiera.
        Los modelos fluctuantes de energía enviados por Brock, comunicaron:
        —¿Vienes, Ames?
        —Naturalmente.
        —¿Tomarás parte en el torneo?
    —¡Sí! —Las líneas de fuerza de Ames fluctuaron irregularmente—. Pensé en una forma artística completamente nueva. Algo realmente insólito.
       —¡Qué despilfarro de esfuerzo! ¿Cómo puedes creer que una nueva variante pueda ser concebida tras doscientos mil millones de años? Nada puede haber que sea nuevo.
      Por un momento Brock quedó fuera de fase e interrumpió la comunicación, y Ames se apresuró en ajustar sus líneas de fuerza. Captó el flujo de los pensamientos de otros emisores mientras lo hizo; captó la poderosa visión de la extensa galaxia contra el terciopelo de la nada, y las líneas de fuerza pulsada en forma incesante por una multitudinaria vida energética, discurriendo entre las galaxias.
        —Por favor, Brock —suplicó Ames—, absorbe mis pensamientos. No los evites. Estuve pensando en manipular la Materia. ¡Imagínate! Una sinfonía de Materia. ¿Por qué molestarse con Energía? Es cierto que nada hay de nuevo en la Energía. ¿Cómo podría ser de otra forma? ¿No nos enseña esto que debemos experimentar con la Materia?
       —¡Materia!
       Ames interpretó las vibraciones energéticas de Brock como un claro gesto de disgusto.
       —¿Por qué no? —dijo—. Nosotros mismos fuimos Materia en otros tiempos… ¡Oh, quizás un trillón de años atrás! ¿Por qué no construir objetos en un medio material? O con formas abstractas, o... escucha, Brock... ¿Por qué no construir una imitación nuestra con Materia, una Materia a nuestra imagen y semejanza, tal como fuimos alguna vez?
       —No recuerdo cómo fuimos —dijo Brock—. Nadie lo recuerda.
     —Yo lo recuerdo —dijo Ames con seguridad—. No he pensado sino en eso y estoy comenzando a recordar. Brock, déjame que te lo muestre. Dime si tengo razón. Dímelo.
       —No. Es ridículo. Es... repugnante.
    —Déjame intentarlo, Brock. Hemos sido amigos desde los inicios cuando irradiamos juntos nuestra energía vital, desde el momento en que nos convertimos en lo que ahora somos. ¡Por favor, Brock!
       —De acuerdo, pero hazlo rápido.
      Ames no sentía aquel temblor a lo largo de sus líneas de fuerza desde... ¿desde cuándo? Si lo intentaba ahora para Brock y funcionaba, se atrevería a manipular la Materia ante la Asamblea de Seres Energéticos que, durante tanto tiempo, esperaban algo novedoso.
      La Materia era muy escasa entre las galaxias, pero Ames la reunió, la juntó en un radio de varios años-luz, escogiendo los átomos, dotándola de consistencia arcillosa y conformándola en sentido ovoide.
       —¿No lo recuerdas, Brock? —preguntó suavemente—. ¿No era algo parecido?
       El vórtice de Brock tembló al entrar en fase.
       —No me obligues a recordar. No recuerdo nada.
       —Existía una cúspide y ellos la llamaban cabeza. Lo recuerdo tan claramente como te lo digo ahora. —Efectuó una pausa y luego continuó—. Mira, ¿recuerdas algo así?
       Sobre la parte superior del ovoide apareció la «cabeza».
       —¿Qué es eso? —preguntó Brock.
       —Es la palabra que designa la cabeza. Los símbolos que representan el sonido de la palabra. Dime que lo recuerdas, Brock.
       —Había algo más —dijo Brock con dudas—. Había algo en medio.
       Una forma abultada surgió.
       —¡Sí! —exclamó Ames—. ¡Es la nariz! —Y la palabra «nariz» apareció en su lugar—. Y también había ojos a cada lado: «Ojo izquierdo..., Ojo derecho».
      Ames contempló lo que había conformado, sus líneas de fuerza palpitaban lentamente. ¿Estaba seguro que era algo así?
     —La boca y la barbilla —dijo luego—, y la nuez de Adán y las clavículas. Recuerdo bien todas las palabras. —Y todas ellas aparecieron escritas junto a la figura ovoide.
     —No pensaba en estas cosas desde hace cientos de millones de años —dijo Brock—. ¿Por qué me haces recordarlas? ¿Por qué?
       Ames permaneció sumido en sus pensamientos.
       —Algo más. Órganos para oír. Algo para escuchar las ondas acústicas. ¡Oídos! ¿Dónde estaban? ¡No puedo recordar dónde estaban!
        —¡Olvídalo! —gritó Brock—. ¡Olvídate de los oídos y de todo lo demás! ¡No recuerdes!
        —¿Qué hay de malo en recordar? —replicó Ames, desconcertado.
      —Porque el exterior no era tan rugoso y frío como eso, sino cálido y suave. Los ojos miraban con ternura y estaban vivos y los labios de la boca temblaban y eran suaves sobre los míos.
       Las líneas de fuerza de Brock palpitaban y se agitaban, palpitaban y se agitaban.
       —¡Lo lamento! —dijo Ames—. ¡Lo lamento!
       —Me has recordado que en otro tiempo fui mujer y supe amar, que esos ojos hacían algo más que ver y que no había nadie que lo hiciera por mí... y ahora no tengo ojos para hacerlo.
       Con violencia, ella añadió una porción de materia a la rugosa y áspera cabeza y dijo:
       —Ahora, deja que ellos lo hagan —y desapareció.
       Y Ames vio y recordó que en otro tiempo él fue un hombre. La fuerza de su vórtice partió la cabeza en dos y partió a través de las galaxias siguiendo las huellas energéticas de Brock, de vuelta al infinito destino de la vida.
     Y los ojos de la destrozada cabeza de Materia aún centelleaban con lo que Brock colocó allí en representación de las lágrimas. La cabeza de Materia hizo lo que los seres energéticos ya no podían hacer y lloró por toda la humanidad y por la frágil belleza de los cuerpos que abandonaron un billón de años atrás.

septiembre 22, 2010

Los que nunca murieron

     La humanidad alcanzó la inmortalidad en un periodo de decadencia. Habían saltado de planeta en planeta mientras el Sol se expandía lentamente; mientras recorría su camino hacia la muerte. Se había ocupado la superficie de Neptuno y de algunos planetas enanos de órbitas transneptunianas.
     Los humanos habían intentado colonizar otros sistemas, pero cuando ocurrió el segundo tropiezo, que ocasionó una gran guerra que dejó sesgada a la especie, reducida a tan sólo un puñado de individuos, desistieron en la empresa de extender la especie por el cosmos. Especies bélicas, con una tecnología demasiado avanzada para que los humanos pudieran hacerles frente, habitaban la vecindad galáctica.
       Pero sucedió algo que esperanzó a muchos y a otros nisiquiera alentó: la inmortalidad.
      La población humana para este tiempo apenas sobrepasaba los 20 millones. Casi toda ella se hallaba en una gran ciudad en una parte de Neptuno que la tecnología hizo habitable.
      La inmortalidad hab ía sido el mayor triunfo de la especie, y de todas las demás especies, ya que ninguna otra lo había conseguido. El sueño eterno. Pero sólo unos cuantos aceptaron sumergirse en los ácidos lagos de la inmortalidad, aquellos que no estaban resignados a la muerte, aquellos que observaban las pocas esperanzas que parecía tener su especie.
     Si la especie no salía del sistema, le quedarían un poco más de 500 millones de años... aquellos años terrestres de antaño ya que, ahora, con la Tierra tragada por el Sol, y la órbita de Neptuno desfigurada por las alteraciones gravitatorias, un año tan sólo tenía un significado histórico. Una medida de tiempo que se había preservado a lo largo del tiempo.
     Pero aquellos que habían aceptado ser seres inmortales le dieron un suspiro a toda la especie. Casi todos ellos eran especialistas en su campo: relatividad, computación cuántica, matemáticas temporales... Fue una nueva edad de oro para la humanidad.
      Como algunos seres no podían morir, fueron acumulando cada ves más conocimiento y se realizó un esfuerzo de cooperación excepcional.
   Pasados algunos milenios se logró lo impensable: el viaje temporal. Aunque todavía prevalecía la mayoría de la población que había optado por seguir sus vidas mortales, aquellas personas que parecían resignadas a un futuro del cuál no querían escapar.
      Sin embargo sucedió algo que los marcó permanentemente, una de las razas hostiles de la galaxia afectó el Sol de una manera irreparable, haciéndolo comportarse de una manera anormal.
     
     —No comprendo su modo de pensar —dijo 5-Marveq, un joven científico de 752 años de edad—. Primero prefieren seguir con su mortalidad y ahora de nuevo parecen indiferentes hacia las posibilidades que se abren ante nuestros ojos.
      3-Zarpeq, haciendo un molesto ruido con los tacones de sus gravibotas, se acercó hacia la consola de mandos.
     —Al menos la comunidad inmortal está de acuerdo con el plan de escape —filtró sus pensamientos a 5-Marveq, que se hallaba a su lado.
      —Once terradías, tres terrahoras y treinta y un terraminutos. El Sol no tardará mucho en entrar en estado de supernova. Gracias a la ciencia podemos calcularlo, si no... 
     El jefe al mando de la misión, 7-Clorveq, entró en la cabina, caminando con suma lentitud. Los hombres levantaron la mirada.
      —Los motores están al máximo —transmitió el jefe—. Estamos listos para el viaje.
      Los tres pilotos tomaron sus respectivos asientos enfrente de la consola de mandos.
      —Que los dioses nos amparen —dijo el jefe, usando su rudimentario aparato bucal.
     3-Zarpeq le dirigió una mirada extraña pero rápidamente desvió su vista hacia el espacio estrellado. A la derecha de la pantalla se veía, majestuosamente, la figura de Neptuno y de algunos de sus satélites. El imponente Tritón se paseaba por el borde del gigante gaseoso.

      La luna Laomedeia, que era usada como una gigantesca nave intertemporal, comenzó a moverse, muy lentamente al principio pero fue ganando velocidad. Se separó de su órbita, la maniobra fue bien ejecutada. Desde el centro del pequeño satélite ahuecado se encendieron los campos antiinerciales. El satélite se zambulló en el hiperespacio y después dió un salto hacia la espiral del tiempo.

     —¿Crees que hayan tenido éxito? —preguntó 11-Quurveq, mirando hacia el cielo. El firmamento neptuniano estaba abundantemente salpicado de estrellas, puntos titilantes, que se jactaban de su inmortalidad aparente.
    —Probablemente. Tal vez nunca lo sabremos. Los matemáticos temporales dicen que no arribarán en el pasado de nuestro propio universo, que será en un universo alterno.
      —¿Crees que allí exista otro 11-Quurveq?
    —No. Para cuando lleguen, no habrá nada de esto, eones en el tiempo serán la diferencia respecto a lo que somos ahora.
      —Entonces nunca naceré —dijo tristemente 11-Quurveq.
      —Existes en este universo, alégrate de ello.

    Las ondas generadas por el colapso interno del Sol no tardaron mucho tiempo en llegar hasta Neptuno. Arrasaron como una lluvia meteórica al gigantesco planeta, volviéndolo polvo al cabo de un instante. La ola se extendió hacia los límites del sistema. Después, nada.

septiembre 20, 2010

Islandia: Tierra de Hielo




Bandera de Islandia
Islandia (Lýðveldið Ísland) es un maravilloso país situado en el Océano Atlántico. Una pequeña isla. Una de las cosas más maravillosas de esta isla es su geografía, ya que está surcada por más de 200 volcanes, y más de 100 glaciares; uno de los volcanes recientemente se volvió famoso: el Eyjafjallajökull (1.666 m) (cuya pronunciación pueden escuchar aquí), por paralizar el transporte aéreo de Europa por un tiempo considerable, después de expeler una gran nube de material; está ubicado al norte de Suðurland. El volcán está situado en un glaciar del mismo nombre.

Respecto a su pequeñez geográfica, Islandia posee una superficie de 103.125 km². Población de 317.630 a comienzos de 2010, aunque descendió en un 0.5% en comparación con la cifra del año pasado. Su capital es Reykjavik. El año pasado (2009) fue clasificado como el tercer país más desarrollado del mundo.

Otra belleza que tiene Islandia es su idioma, el islandés, ya que su fonética es una de las más hermosas, si no la más hermosa, de todos los idiomas del planeta, aparte que es muy difícil aprenderlo. Muchos islandeses dicen que su idioma es casi imposible de aprender, aunque cuando a Daniel Tammet le pusieron como reto aprender el idioma en una semana, lo cumplió con éxito. Parafraseando a Tammet: hablar islandés me da la impresión de tener asma. Es un idioma que, sin duda, me gustaría aprender en el futuro, al igual que el klingon.

Si les interesan las estadísticas de Islandia, pueden visitar Statistics Iceland.

Para terminar, un timelapse de este país.


Mejor que sean dos. Este último con música de Sigur Rós, mi grupo musical islandés (y de Europa y en general) favorito. Si lo ven en pantalla completa, mucho mejor.

septiembre 18, 2010

Líneas en el tiempo

Excelente imagen que muestra los viajes en el tiempo efectuados en las películas y en las series de Ciencia Ficción. La encontré en ésta página, aunque originalmente se publicó en InformationIsBeautiful. Vean también las notas, son bastante curiosas, sobre todo las paradojas, donde algunos personajes y eventos se cruzan (claro que los productores de una serie o una película no iban a tomar cosas referentes a otras producciones).
Click en la imagen para ampliar.

septiembre 17, 2010

2012: el año en que tenemos que mirar al cielo

Pero no para pedirle a un dios personal o uno que sea adorado por la religión que profesemos (si es que se tiene la creencia) para que no se acabe el mundo, sino para ver algunos eventos astronómicos de gran relevancia que sucederán ese año.

Vamos a lo que interesa, y es que será tan emocionante que yo no se si viajar a Japón para mediados del 2012 (¿alguien me invita?). Ya verán por qué lo digo.

Bueno, pero primero me gustaría transcribirles algo que encontré en astronomos.org
He oído mucho que el 21 o el 23 de diciembre del año 2012 se va a dar una conjunción muy especial del sol de solsticio de invierno con el centro de la Vía Láctea, que según yo se es un agujero negro, si no es mucha molestia, me gustaría que me respondieras si tal fenómeno astronómico se va a dar de verdad y si podría haber alguna implicación física en nuestro planeta tal como lo tratan de hacer creer algunas personas a los individuos como yo que no nos dedicamos a esta rama de la ciencia.
Gracias por tu atención
Atentamente
Ing. Diego Mendoza Morales
Hola Diego:
Puede dormir tranquilo, lo que le dijeron es un disparate, como tantos que desgraciadamente abundan en Internet.
1.- Todos los años, en invierno, quedan en línea la Tierra, el Sol y la región donde se encuentra el centro de la Galaxia por la simple razón que la Tierra da vueltas alrededor del Sol. No se trata de un fenómeno astronómico, simplemente de una posición típica en esa época del año.
2.- Astronómicamente el año 2012 carece de importancia.
3.- Sí, hay un agujero negro en el centro de la Galaxia, pero está a más de 25,000 años-luz (por eso se tardaron tanto en descubrirlo). NINGÚN agujero negro es capaz de causar efectos a esa distancia. Si así fuera, ya no habría galaxias en el Universo.
Hay una multitud de agujeros negros más cercanos a nuestro planeta y pasan desapercibidos. Su efecto es sólo en el entorno inmediato, al grado que podría haber estrellas o planetas orbitando alrededor de un hoyo negro sin ser succionados por él.
Saludos
Pablo Lonnie Pacheco Railey 
(Fin de la transcripción)
Primeramente, es muy bueno que el que formula la pregunta lo haga, pues se nota que, aunque esté desinformado respecto al tema, muestra interés. Por otro lado, ¿que el año 2012 carece astronómicamente de importancia? ¿Que el agujero negro supermasivo del centro galáctico está a 25, 000 años luz y que por eso tardaron tanto en descubrirlo? Es decir, ¿qué tiene que ver su distancia con que hayamos tardado tanto? los astrónomos no daban con la conclusión de que el centro galáctico es un agujero negro simplemente porque no tenían los aparatos necesarios para llegar a tal conclusión. La Galaxia de Andrómeda está a 2.5 millones de años luz, ¿por eso tardamos tanto en descubrirla? No. La vemos con nuestros ojos y la hemos visto por miles de años.

¿En qué reside la importancia astronómica del 2012?

Tendremos varios eventos como un máximo de intensidad solar que se presentará en el periodo 2011-2012 (aunque todavía hay cierta incertidumbre si el máximo será hasta 2013, algo de lo cual podemos apreciar en esta publicación de la NOAA. Esta información la he encontrado en éste blog). Para los que no sepan qué es un ciclo solar, (básicamente hay muchos tipos de ciclos solares), si de manchas solares hablamos, nos referimos al periodo de variación de presencia de manchas, desde donde su presencia en la superficie del Sol es escasa hasta donde es abundante, y este periodo es de 11 años (22 si lo tomamos como un ciclo completo), y entonces hay un máximo de intensidad solar cuando las manchas son abundantes y un mínimo cuando son escasas. Este nuevo ciclo solar se conoce como el Ciclo 24 y comenzó en 2008.

El tránsito de Venus por el Sol. El 5-6 de junio veremos un evento que si nos perdemos, debemos esperar 105 años para volverlo a presenciar, aunque se presentó en el 2004, este será el segundo y el último del siglo. Venus entrará hiriendo a Helios por un costado y saldrá por otro. 

En base a las predicciones que hace el sitio transitofvenus (no predicciones como las de un profeta; la ciencia trabaja con fundamentos sólidos), el tránsito de Venus se verá algo así

Claro que dependerá de donde esté situado el observador, ya que en diferentes partes de nuestro planeta el movimiento aparente será curvado, respecto al zenit (punto que está situado exactamente encima de nosotros).

El punto 1 representa el punto de entrada y el 4 el de salida. Las marcas de las divisiones del segmento de recta representan la hora en el GMT.

La página también nos dice esto (traducción corregida del traductor de Google):

El tránsito será totalmente visible desde el este de Australia, Nueva Zelanda, Nueva Guinea, Filipinas, China, Corea, Japón, las islas del oeste del Océano Pacífico, Hawaii, Rusia, Alaska y el noroeste de Canadá. Muy al norte el tránsito completo también puede ser visto, ya que el sol no se oculta. Desde el este de Canadá, Estados Unidos, Centroamérica, el Caribe y el noroeste de América del Sur sólo la primera parte del tránsito será visible, ya que el contacto se produce primero en la tarde del 5 de junio y el sol se pone, mientras que el tránsito está aún en curso. En el oeste de Asia, Europa, Oriente Medio y el este de África sólo la última parte del tránsito será visible. El 6 de junio el sol saldrá con Venus ya en su cara y el último contacto se verá en horas de la mañana. Un caso especial constituye un área triangular de la parte inferior de Islandia. Aunque tanto la entrada y salida será visible, el tránsito no será visible en su totalidad. Debido a las cortas noches de verano en esas latitudes, el Sol se pone después de la entrada el 5 de junio y sale antes de salida el 6 de junio, dejando sólo la parte media del tránsito invisible.

Entonces, si queremos ir a Japón (bueno, yo si quiero, no se si ustedes también, pero si alguien va me tendrá que llevar; no como mucho ni suelo ser muy molesto y entro perfectamente en un pequeño maletín) entonces hay que ir a Japón. No es favoritismo respecto a los demás países, sólo que... prefiero Japón y porque viendo el evento del tránsito (no, no he viajado al futuro y he regresado, lo he visto a través de Stellarium) me dio la impresión de que Japón será la mejor ubicación. California, Estados Unidos, es también un buen lugar para apreciarlo.

Pero el tránsito no lo es todo. Hay un eclipse el día 20 de mayo, el cuál se verá en parte del pacífico y en Norteamérica. Será un eclipse anular, es decir, la Luna no estará lo suficientemente cerca de la Tierra como para darnos la impresión de tapar al Sol por completo, sino que nos dejará ver el contorno del Sol, que se nos presentará como un anillo (de allí la palabra anular). Aunque no se verá como anular en todas partes. Aquí tendremos que hacer otro viaje, ya que en la costa oeste de los Estados Unidos, más precisamente en California, tendremos una espectacular vista del eclipse. Aquí vemos los sitios donde se verá el eclipse anular.

Pues a ahorrar un poco para andar por el mundo en busca de los eventos astronómicos del 2012. Bueno, un eclipse de Sol no es algo muy poco común, al contrario del tránsito de Venus. A ese último no hay que faltar. ¡Nos vamos a Japón!

Ahora, ¿se han dado cuenta de que si teclean "alineación planetaria" en Google, muchos de los resultados de la búsqueda hacen referencia al 2012? Pues bueno,hay una creencia popular de que en diciembre del 2012 habrá una alineación planetaria que causará grandes cataclismos en la Tierra y que probablemente será el evento causante del cambio de era del que supuestamente hablaban los mayas. Es fácil comprobar que tal afirmación es una mentira.

Los cuerpos se mueven comportándose de una manera mecanicista, tales movimientos son predecibles pues se basan en leyes físicas, entonces, como son predecibles podemos saber qué sucederá exactamente el 21 de diciembre del 2012. Allí es a donde vamos.

Pueden leer también esta interesante entrada de un blog que acabo de encontrar, y les aseguro que les resultará muy instructiva.

Bien, si se descargan el programa Celestia y visualizan el 21 de diciembre del 2012, verán lo siguiente. La primera es una vista "desde arriba" del Sistema Solar.


La siguiente es la vista de los planetas interiores, tomada desde el mismo marco, tan sólo se acerca la toma


Con toda claridad pueden apreciar que no hay ninguna alineación planetaria, y es porque no la hay.

Desde la Tierra puede verse que los planetas están en una línea, o casi una línea, pero eso eso es absolutamente normal pues los planetas están distribuidos sobre la linea de la eclíptica, aunque no precisamente están sobre ella sino junto a ella, y eso no significa que estén alineados.

Lo peor de todo esto es que siempre habrán personas que seguirán creyendo cosas erróneas, infundadas y sin base científica, gente que siga creyendo y asegurando que el 2012 traerá consecuencias catastróficas (o de algún otro tipo, de origen especulativo) para los humanos. Lo único que me cuesta entender (aunque sí lo comprendo) es cómo, teniendo la información para corroborar que todas esas especulaciones son falsas, persisten en su creencia.

septiembre 11, 2010

Eterno Retorno

Les presento... la máquina del tiempo.
Los dos hombres se acercaron a la nebulosa caja transparente. Charles abrió la puertecilla de la cara superior y entre el nitrógeno líquido observaron sumergido el pequeño aparato. Los ojos de Sam casi se salieron de sus órbitas naturales.
Este pequeño aparato...
Este pequeño aparato, estimado Bill —interrumpió Charles—, puede trasladar a un organismo vivo a través de la continuidad del espaciotiempo.
¿Puedes decirnos cómo funciona? —preguntó Sam, acercándose a la caja humeante.
Cronotransporte, Sam —Charles sumergió la mano en el nitrógeno líquido y sacó el pequeño aparato. Emitió una pequeña risa—. Esto está un poco frío, lo bueno es que la temperatura relativamente elevada de mi mano actúa como un escudo evaporador del nitrógeno circundante, es lo que se conoce como el Efecto Leidenfrost, ustedes lo sabrán muy bien... Tengo hambre, ¿quieren algo de carne, un corte en especial?
¿Dijiste teletransporte? —mencionó Bill.
Charles arrugó la frente de disgusto.
No, cronotransporte. El aparato hará vibrar todas mis moléculas con la misma resonancia. Todos sabemos que una cosa así realmente haría que mi cuerpo se calentase y enventualmente se evaporase, pero con este aparato, mis moléculas darán saltos cuánticos, no en el espacio, como el teletransporte convencional, sino en el tiempo, antes de que el aumento de la energía cinética comiece a desintegrar mi organismo.
Bill y Sam miraban incrédulos.
Veo que no están convencidos. !Hagamos una prueba!
Charles buscó dentro de un congelador un tubo de ensaje, estaba rotulado como "estabilizador".
Esto facilitará las cosas —dijo Charles.
Tomó una jeringa de vidrio, con la mano que tenía libre, y extrajo el contenido del tubo, el cual se lo inyectó en el brazo.
¿Qué es eso? —preguntó Sam.
Un simple estabilizador cinético. Bueno, a decir verdad no es tan simple. Apuesto a que nadie más ha logrado el viaje en el tiempo —dijo con grandilocuencia.
Charles —dijo Sam, sorprendido—, ¿desde cuándo estás trabajando en esto? ¿Por qué lo has mantenido en secreto?
Charles, con la pequeña máquina en la mano, desvió su mirada hacia el suelo.
Yo no busqué a la máquina... la máquina me buscó a mi.
¿Cómo?
Yo no busqué a la máquina, la máquina me buscó a mi —dijo de nuevo.
Sí, sí, eso has dicho, pero ¿qué significa?
Las ideas brotaron de la nada, estimado Bill, la construcción del aparato, la teoría del viaje en el tiempo, todo eso llegó a mi mente como un torrente de ideas, yo no lo imaginé por mí mismo. No las busqué...
¿Cómo es eso posible? —preguntó Bill.
Tal vez... —dijo Charles—, ósmosis. Las ideas pueden transferirse por ósmosis. Algo similar a lo que ocurrió con Newton y Leibniz cuando inventaron el cálculo, estando uno en Inglaterra y el otro en Alemania, uno de ellos absorbió los pensamientos del otro. En mi caso, pude haberlas captado de alguien más, una gran mente, lo admito... aún más grande que la mía. Aunque respecto a las ideas originales que recibí, he hecho una simplificación notable del aparato, un pequeño crédito para mi.
Charles le dio media vuelta al pequeño aparato que tenía en la palma de su mano.
¿Observan las agujas de la parte inferior?
Sí.
Estas agujas se encajan en la piel y generan una aceleración cinética de todas las moléculas orgánicas, y luego...
El salto temporal —concluyó Bill.
¡Exacto!
Charles recorrió la manga de su camisa y limpió su muñeca con un algodón con desinfectante, enterró el aparato en ella. Hizo una ligera mueca de dolor que pronto se desvaneció, como si estuviera acostumbrado a hacer eso.
Entonces —dijo Charles—, activaré el aparato y tardará exactamente... —se interrumpió, sentía que respiraba con dificultad.
¡Charles! —exclamó Sam—, estás...
Charles percibía las vibraciones por todo su cuerpo y comenzó a sentir un intenso calor. Con la mirada temblorosa observó a sus compañeros.
Creo que lo he activado accidentalmente.
Empezó a vibrar cada vez más rápido. Y desapareció. Sus ropas, que por un momento conservaron la forma de su cuerpo, cayeron al suelo.

El Profesor Spielmann entró a su laboratorio, fijó su mirada en la cama, que estaba junto a la ventana, por la que se filtraba un poco de la luz de las lámparas de la calle y se tiró sobre ella. Entrecerró los ojos y clavó su cara en la almohada, presionándola contra ella como si quisiera que la almohada tomara la forma de su rostro.
Profesor —dijo el hombrecillo blanco de orejas felinas, parado a un lado de su cama—, ¿no se hará cargo del sujeto que está desnudo en el suelo de su laboratorio?
¿Qué quieres Wilhelm? —contestó Spielmann, dándose la vuelta hacia el lado de la ventana, para evadir al hombrecillo—, no han ningún hombre aparte de mi. Estoy muy cansado ahora.
Se equivoca, Profesor, él está allí ahora mismo.
Spielmann se volteó y, con un gran esfuerzo, abrió los ojos lenta y pesadamente, pero pronto casi se salieron de sus órbitas. Se sentó rapidamente en la cama y el hombrecillo felino se hizo a un lado. Spielmann caminó despacio hacia el hombre que estaba en el suelo y lo examinó. Le dio unas palmaditas en las mejillas a lo que el hombre respondió de manera brusca, arrastrándose por el piso.
Charles miró al Profesor y al hombrecillo de orejas felinas, que sostenía una flauta, y analizó el lugar. Extrañamente le pareció familiar.
¿Quienes son ustedes? —gritó Charles.
No, no —dijo el profesor al hombrecillo, que se llevaba una flauta a los labios—, no será necesario.
El hombrecillo felino dejó la flauta encima de la cama.
Charles se miró el brazo, tenía cuatro marcas espaciadas regularmente en la parte interior de la muñeca, no dolían, pero parecían profundas.
¿Qué me han hecho? —reclamó Charles, levantándose del suelo.
No, nosotros nada, porfavor tranquilícese, me acabo de percatar de que usted está dentro de mi laboratorio, no se cómo ha llegado aquí.
Déjeme salir de aquí.
Oh, está en todo su derecho, pero antes me tendrá que decir cómo entró a mi laboratorio y con qué motivos, y... —Spielmann alargó su mano hasta una silla y le tiró a Charles una sábana—, porfavor cúbrase.

Dice que no sabe cómo ha llegado aquí y no recuerda nada —Spielmann se frotó la barbilla—. He revisado en los bancos de datos y no hay registros de usted.
Así es —contestó Charles, que ya se había vestido con unas ropas del Profesor.
¿Tiene usted conocimientos de física... relatividad? —preguntó, curioso.
¿Qué clase de pregunta es esa? Sí, si los tengo. Yo... yo recuerdo haber tenido un laboratorio, pero no recuerdo donde.
Spielmann guardó silencio por unos segundos.
Tal vez, si así usted lo desea, se puede quedar a trabajar aquí, como mi ayudante.
El hombrecillo felino arrugó la frente cuando escuchó esto último y se cruzó de brazos.
Wilhelm, no te preocupes —Spielmann le puso la mano en la cabeza al hombrecillo—, tú seguirás siendo asistente mío.
Charles miró fijamente a Spielmann y después al hombrecillo felino.
Lo intentaré—dijo Charles—. ¿En tal caso, podría ayudarme a recordar?
Claro. Estoy emocionado por empezar.

Trabajo en un proyecto que cambiará la historia —dijo Spielmann, sonriendo—. Literalmente... cambiará la historia.
Charles miró al Profesor. La risa de Spielmann ya se le había borrado del rostro y ahora su expresión era de una total seriedad.
¿No preguntarás de qué se trata? —dijo Spielmann— ¿No sientes curiosidad?
Una máquina del tiempo.
Y pasaron las semanas.

Charles entró al laboratorio y, sentado en el suelo, en una esquina del laboratorio, se encontró a Spielmann, rodeado de muchos papeles y haciendo pequeñas anotaciones en algunos de ellos, una por aquí, otra por allá. Charles se acercó a él y pudo distinguir los esquemas de la máquina del tiempo.
¿Se encuentra bien, Profesor?
Pero Spielmann seguía enfocado en los papeles, como si esperara que le dijeran algo. De pronto levantó la mirada y la fijó en Charles. Parecía afectado emocionalmente.
No puedo encontrarlo —dijo Spielmann, gravemente—. No puedo.
¿Encontrar qué?
La forma de evitar que las moléculas se desestabilicen hasta el punto de evaporar al individuo —hizo un ademán con las manos, como si algo se expandiera, haciéndo énfasis en la palabra “evaporar”.
Déjeme ver eso.
Charles se agachó y extendió la mano, para tomar los planos de la máquina.
Espera un momento —dijo Spielmann, sujetando del antebrazo a Charles—. ¿Ya han sanado por completo las heridas, verdad? —dijo, viéndole la muñeca.
Sí, así es.
¿Recuerdas qué profundidad tenían? —preguntó Spielmann, emocionado.
Claro... llegaban hasta tejido hipodérmico.
¡Eso es! —Spielmann se levantó violentamente del suelo, tirando algunas hojas.
No comprendo —Charles dio un paso hacia atrás—. ¿Eso en qué ayuda?
Esa, Charles, ¡esa es la respuesta!
El Profesor corrió hacia la mesa e hizo anotaciones sobre una libreta. Junto a él habían matraces y herramientas mecánicas. Tomó un matraz y bebió el contenido, de un color azulado.
Bebe un poco de esto también, Charles —le pasó otro matraz—. No querrás morir por la radiación.
El Profesor siguió haciendo anotaciones en la pequeña libreta.
Charles bebió el líquido azulado. El líquido era necesario bajo esas condiciones. No usaban trajes para protegerse de la radiación que el aparato —la máquina del tiempo— generaba, ya que no existían aún trajes efectivos para tal tipo de radiación, lo único que le quedaba era esa mezcla que Spielmann mismo había desarrollado.
¿Puede decirme qué hace ahora? —dijo Charles, al terminarse de tomar el líquido.
¡El estabilizador! —Spielmann dejó de anotar— ¿Has leído El Nuevo Acelerador de H. G. Wells? —le preguntó.
No.
Es una historia donde los protagonistas usan una sustancia para moverse a una velocidad muy superior a la normal, pero eso conlleva problemas, las masas de aire se mueven a una velocidad relativa demasiado grande para que sus organismos lo soportasen sin problemas. Hay sobrecalentamiento. Es muy similar en este caso, Charles, tu lo sabrás muy bien. Sin algo que evite el sobrecalentamiento, el viaje en el tiempo se convierte en una empresa mortal. Venga por aquí —se movilizó a otro extremo del laboratorio—, necesito que me eches una mano.
¿Profesor, aún quedan problemas teóricos por considerar?
No. Ninguno.

Profesor —dijo Charles—, se que parecerá ingenuo preguntar esto pero, la máquina del tiempo tiene una gran desventaja: el viajero no la puede cargar consigo después del viaje. ¿Y si quiere regresar al futuro?
La pregunta no le impresionó a Spielmann, esperaba que le preguntase eso tarde o temprano.
Ese problema tiene una solución sencilla. Si se construye otra máquina del tiempo, y una de ellas se coloca dentro de la otra y se manda a una época remota, al periodo más temprano en el que el viajero se quisiera adentrar, y se esconde de manera que sólo el viajero sepa dónde está, entonces al llegar al pasado puede echar uso de la segunda máquina, con la cuál podría volver al futuro.
Charles se frotó la barbilla.
¿Y qué sucede si el lugar al que es enviado la segunda máquina es destruido o descubierto por un intruso? Es decir, usted le ha instalado comando de voz, para que nadie más la pueda manejar, y un mecanismo de autodestrucción si alguien más la intenta controlar, pero la zona a la que llegue en el pasado puede ser inestable.
¡No si está a cien metros bajo tierra! —Spielmann desvió la mirada hacia la ventana y luego dijo:— Algo curioso de esto es que el estabilizador cinético tiene como efecto secundario relentizar el proceso de envejecimiento. Me parece irónico, que se encuentre la fuente de la juventud debido a sus efectos secundarios —Spielmann se rió—. ¿No te parece gracioso esto?

La máquina del tiempo está lista, Charles —dijo Spielmann—, pero no voy a usarte a tí como conejillo de indias. Wilhelm se ha ofrecido una vez que la máquina sea probada con objetos orgánicos e inorgánicos. Wilhelm será el primer antropiode en viajar por el tiempo, siento admiración por él.
¿Cómo pruebas la máquina con objetos inorgánicos? —había preguntado Charles en una ocasión.
Verás —respondió Spielmann—, si se tratase de un objeto inorgánico, como una roca no tienes la necesidad de evitar que sus moléculas se evaporen y posteriormente tengas problemas para restaurarlas, ya que la configuración atómica, sea pura o impura, se conserva.
Y los experimentos habían sido exitosos. La máquina tenía en tamaño aproximado de un refrigerador grande, de hecho, la máquina estaba construida dentro de un refrigerador.
El primer objeto cronoportado fue una roca; el segundo, un filete de ternero; el tercero, un pollo vivo.
El procedimiento, en los tres casos, fue el siguiente: los tres cuerpos fueron cronoportados tanto al pasado como al futuro. Se programó la hora en que el cuerpo llegaría al pasado. En un sitio preestablecido se ubicó un contenedor, lo suficientemente grande, en el que el objeto llegaría después —quiero decir, antes— de que se efectuara el viaje al pasado; estaría en el mismo lugar donde en el futuro se colocaría la máquina del tiempo, ya que el cuerpo no viajaría através del espacio, sólo del tiempo. El contenedor se retiraba después de que se registrara una variación del peso correspondiente al cuerpo en cuestión y en su lugar se colocó la máquina del tiempo.
La parte del pollo vivo tuvo que ser repetida una vez más.

Ahora es el turno de Wilhelm.
El hombrecillo felino se levantó de su asiento y caminó hacia el refrigerador, con una enorme sonrisa gatuna y dijo:
Es un honor, Profesor y Señor Charles, ser el primer viajero en el tiempo en ser consciente de tal hazaña.
Charles ajustó los últimos parámetros de la máquina, moviendo los controles de la parte trasera del gran refirgerador.
La segunda máquina del tiempo será enviada a las coordenadas especificadas —le dijo Spielmann a Wilhelm—. Si todo sale tal y como lo hemos planeado, volverás aquí un minuto después de que partas hacia el pasado, lo cuál nos dará tiempo suficiente para preparar las condiciones de tu regreso.
El hombrecillo felino asintió con la cabeza.
Entonces que comience —dijo Wilhelm.
Charles dio la señal de que todo estaba listo. Wilhelm entró al refrigerador y Spielmann le ayudó a colocarse las agujas en la piel. Una a una se enterraron en total dieciocho agujas a lo largo de todo su cuerpo, todas llegaban hasta tejido hipodérmico. Una a una Wilhelm se retorcía del dolor que eso le provocaba.
Estoy listo —dijo Wilhelm, con total confianza.
Máquina, comienza la carga para el cronotransporte —dijo Spielmann.
La máquina comenzó a vibrar y Charles cerró la puerta. Los dos hombres se alejaron algunos pasos del refrigerador. El monitor mostraba la figura térmica de Wilhelm, en infrarojo. Pronto Wilhelm, en el espectro infrarojo, alcanzó una coloración rojiza muy intensa, y desapareció.
Spielmann se quedó boquiabierto, mientras veía la pantalla que no mostraba rastros del hombrecillo.
Profesor —dijo Charles, movilizándose hacia la caja—, hay que colocarla para cuando regrese Wilhelm.
Sí —dijo Spielmann—, seguro.
Movieron de lugar el gran refrigerador y entre los dos trasladaron la caja hacia el mismo lugar donde estaba la máquina del tiempo. Por dentro se había hecho un vacío virtual y el ambiente era completamente estéril. Pasó exactamente un minuto.
Ha pasado exactamente un minuto —dijo Charles, tomando de la mesa una pistola de rayos X.
¡Bombardea! —ordenó Spielmann.
Charles se puso en posición y apretó el gatillo de la pistola hacia la caja. La figura del hombrecillo se dibujó a través de la caja.
¡Oh! —gritó Spielmann, apresurándose para abrir las válvulas de aire de la caja— ¡Hijo mío, has regresado!
El aire entró a la caja y después de unos segundos Spielmann abrió la puerta.
Wilhelm estaba dentro, vestido con un traje espacial. Spielmann lo tomó entre brazos y lo alzó en el aire. Detrás del visor de vidrio plástico se veía la alegre sonrisa de Wilhelm, y se le notaban unos cuantos colmillos debajo de sus mejillas felinas. Wilhelm se quitó el casco.
Profesor —dijo Wilhelm, inspirándole a esa palabra una connotación casi divina—, el viaje ha sido un éxito.
Spielmann, sin poder contener las lágrimas, abrazó fuertemente a Wilhelm y después lo bajó al suelo. Charles observaba atentamente, compartiendo la satisfacción de los dos.

A la mañana siguiente, Charles dormía placenteramente en su cama, dentro del laboratorio de Spielmann, cuando Spielmann, acompañado por Wilhelm, entró al laboratorio. Wilhelm cargaba una flauta. Spielmann asintió con un movimiento de cabeza y el hombrecito comenzó a tocar.
Charles se levantó de inmediato, gritando mientras se tapaba los oídos. Se sentó en la orilla de la cama. Vio a Spielmann y al hombrecillo acercándose lentamente hacia él. Se dio cuenta de que no se podía mover, estaba completamente paralizado.
Será mejor que cooperes, Charles —dijo Spielmann.
Profesor —dijo Charles, intentándose mover—, ¿qué es lo que me está haciendo?
Wilhelm se puso a un lado de la cama y tocaba más fuerte.
Un favor.
Spielmann fue en busca de una silla y la llevó arrastrando. Era una silla con correas en las posaderas de las manos, en las patas delanteras y a la altura del cuello, Charles siempre se preguntó para qué la habría de utilizar, ahora sabía la respuesta.
¡Profesor! —gritó Charles— No comprendo cuál es el propósito de todo esto, no soy capaz de revelar esto a nadie, no haría tal cosa ilógica, la continuidad espaciotemporal podría peligrar si se hiciera mal uso de la máquina.
Wilhelm no dejaba de tocar y Charles seguía paralizado. Spielmann, con gran esfuerzo llevó a Charles hasta la silla y cuidadosamente lo sujetó con las correas. Charles observaba todo con un profundo terror. El hombrecillo tocando su flauta. El Profesor una vez le había explicado de donde había venido Wilhelm. Era parte de uno de sus experimentos. Un día lo había soñado y el Profesor proyectó su propio sueño en un materializador que él mismo construyó, de allí surgió el hombrecillo con cara de gato. Al menos eso le había dicho.
Spielmann apareció con un casco con muchos cables de colores, y con una jeringa. En la cabeza le colocó el casco y lo sujetó fuertemente, luego, expertamente, le hizo un torniquete, con un pedazo de hule, en el brazo y le inyectó el contenido de la jeringa, inmediatamente retiró la aguja y quitó el torniquete. Del casco sobresalía un cable, el cual Spielmann conectó a un tomacorriente.
La visión de Charles se empezó a nublar.
Profesor... —no podía siquiera mantener el peso de su cabeza.
Lo siento, Charles —dijo Spielmann—, pero te has convertido en un peligro para este universo... y para todos los demás.
Spielmann movió unas perillas en el casco y Charles lanzó un fuerte grito, pero en un momento se había desmayado.

Charles despertó, todo era nublado y la luz le lastimaba los ojos. Percibió los destellos matálicos de los robots rodando de un lado a otro. Sobresaltado, se sentó en la cama. Todo era tan blanco. Pronto se dió cuenta de que el lugar era un hospital.
Uno de los roboenfermeros, al ver que Charles se había despertado, se posó delante de él.
Hola señor Bell —dijo el roboenfermero.
A Charles, su aspecto le causó un poco de repulsión, quizá esperaba algo más humano.
Llame a un médico —ordenó Charles.
En un momento el Doctor vendrá a atenderlo —y se marchó rodando sobre sus ejes.
Charles inspeccionó la habitación y se levantó de la camilla. ¿Qué hacía allí? No lo sabía. Nada en sus recuerdos. Nada. Vió moverse las cortinas y un hombre vestido con bata entró en el sitio, acompañado de cinco personas, tres enfermeros y dos enfermeras. Todos parecían muy sorprendidos. El personal se acercó lentamente hacia Charles, observándolo detenidamete y con suma curiosodad.
¿Donde me encuentro? —preguntó Charles.
¿Re... recuerda su no... nombre? —dijo el Doctor, tartamudeando, mientras apuntaba algo en una hoja sobre una paleta de madera.
Si. Charles Bell. ¿Donde estoy?
El Doctor miró a las otras cinco personas.
Señor Bell, usted ha salido de un coma después de varias décadas.
Charles se tronó los dedos.
¿Cuánto tiempo ha sido?
Ochenta... ochenta y seis años —dijo el Doctor, lentamente, como sorprendiéndose de sus palabras—. Ha habido un pariente suyo que lo ha estado cuidando, por eso lo hemos mantenido en este hospital tanto tiempo.
Charles guardó silencio por unos momentos, tratando de asimilar la información. Tratando de recordar algo de su pasado, pero no podía.
¿De quién se trata? —preguntó al fin.
Su nombre es William.

Hey, Bill —dijo Charles, mientras subían en el elevador hacia el cuarto piso—, ¿recuerdas cuando me fuiste a recoger al hospital luego del coma?
Sam, el sobrino de William, iba con ellos, era un joven que hacía su doctorado y que había accedido a ayudarle esa tarde a Charles, aunque éste no le había especificado de qué se trataba exactamente.
Si —respondió William—, no podría no recordarlo.
Pues creo que un recuerdo de antes del coma me ha vuelto a la mente. Recuerdo que había un gatito blanco, su ronroneo sonaba como una flauta.
William arqueó las cejas.
¿Y de donde recuerdas eso?
No lo se, pero intuyo que es de una época antes de entrar en estado comatoso. Aparte, también he tenido recuerdos de otro tipo, desde hace ya algunos años.
¿Qué tipo de recuerdos?
Ya lo verás —dijo Charles.
El elevador indicó que ya estaban en el cuarto piso. Las puertas se abrieron y los tres caminaron hacia el laboratorio de Charles. Charles parecía impaciente cuando buscó las llaves de la puerta.
¿Te sientes bien? —preguntó William.
Claro, Bill, de maravilla —giró la perilla y entraron al laboratorio. Charles se dirigió hacia una larga mesa y les indicó con la mano que lo siguieran—. Vengan, necesito mostrarles algo.
¿De qué se trata? —preguntó Sam.
Charles se acercó a una caja cubierta con una sábana. Lentamente quitó la sábana de encima.
Les presento... la máquina del tiempo.

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