octubre 29, 2010

Medios de manipulación

Una comunicación indecente (es decir, desprovista de valor intelectual, de decencia, de cultura) y manipulada (es decir, engañosa, bajo las múltiples formas que pueden inducir al error a aquellos que la reciben) priva a la población de medios intelectuales para defenderse. Un país no se puede considerar una democracia si una gran mayoría de su población está sometida a una comunicación manipulada y a una información fundamentalmente falsa
Giulietto Chiesa, periodista italiano

octubre 26, 2010

La historia de las galletas con chispas de chocolate

No me hubiera gustado vivir antes de la década de los 30´s, por muchas razones, una de ellas es que no había Internet, pero la más fuerte razón es porque simplemente no existían las galletas con chispas de chocolate. Me es difícil imaginarme en tal situación.

Todas las personas que hemos disfrutado de una deliciosa galleta con chispas de chocolate se lo debemos a Ruth Graves Wakefield.

Ruth Graves Wakefield fue la mujer responsable de este delicioso invento. Ruth se graduó del Departamento de Artes del Hogar de la Framingham State Normal School en 1924. Después de su graduación trabajó como profesora especialista en dietética y alimentación. En 1930 Ruth y su esposo Kenneth Wakefield compraron una casa estilo Cape Cod situada a medio camino entre Boston y New Bedford, en las afueras de Whitman, Massachusetts. La casa fue originalmente construida en 1709 y en ese tiempo había servido de lugar de descanso para los que viajaban por la carretera. Allí, los pasantes pagaban y comían comidas caseras.

Más de 200 años después, los Wakefields decidieron seguir en la tradición de la casa, convirtiéndola en una casa de hospedaje y la llamaron Toll House Inn. Ruth cocinaba comidas caseras y horneaba para los huéspedes, y como ella había mejorado recetas coloniales tradicionales, sus increíbles postres comenzaron a atraer a gente de todas partes de Nueva Inglaterra.

Una de las recetas favoritas de Ruth era para hacer galletas de mantequilla. Mientras preparaba la masa un día, descubrió que el chocolate se le había terminado. Encontró una barra de chocolate semi dulce que le había dado Andrew Nestlé (sí, el mismo Nestlé de los productos lácteos que conocemos), y entonces cortó la barra en pedacitos, esperando que se derritieran encima de las galletas. Sin embargo, el chocolate no se derritió. En su lugar, conservaron su forma y adquirieron una delicada textura cremosa.

Ni es necesario mencionarlo, las galletas que Ruth había creado se volvieron muy populares entre los huéspedes de la posada y prontamente su receta fue publicada en un periódico de Boston, así como en otros documentos del área de Nueva Inglaterra.

Mientras tanto, Nestlé vió que las ventas de su Barra de Chocolate Semi Dulce (Semi-Sweet Chocolate Bar) dieron un salto dramático, y Ruth y Nestlé llegaron a un acuerdo que permitiría a Nestlé imprimir la receta de la Toll House Cookie (la galleta inventada por Ruth) en su empaquetado. Parte de ese acuerdo incluía darle a Ruth todo el chocolate que ella necesitase por el resto de su vida. Me se cae la baba...

Nestlé, mientras tanto, comenzó a comercializar su Semi-Sweet Chocolate Bar, empacada con una cuchilla especial para que fuera fácil cortarla en trocitos. Entonces, en 1939, Nestlé tuvo una mejor idea y comenzó a ofrecer sus Nestlé Toll House Real Semi-Sweet Chocolate Morsels (trocitos de chocolate). El resto es chocohistoria.

Ruth continuó cocinando, y escribió una serie de libros de cocina incluido "Recetas de Ruth Wakefield: probado y auténtico" ("Ruth Wakefield's Recipes: Tried and True) que fue editado 39 veces. Ella y Kenneth vendieron la Toll House en 1966 a una familia que intentó convertirla en un club nocturno. En 1970 fue comprada por la familia Saccone que la regresó de nuevo en su forma original. La Toll House Inn fue destruida por un incendio en la víspera del año nuevo de 1984. Ruth Graves Wakefield falleció en 1977.

Y para terminar, la receta de las galletas originales de (nuestra gran-diosa) Ruth


COOKIES (Toll House Cookies) Ingredientes para 6-8 personas
150 gr. de mantequilla a temperatura ambiente
75 gr. de azúcar normal
75 gr. de azúcar moreno
2 huevos pequeños
1 cucharadita de azúcar avainillado
225 gr. de harina
5 gr. de levadura química por ejemplo Royal
150 gr. de chocolate negro en trocitos o gotitas de chocolate por ejemplo Valor
un pellizco de sal


Preparación: Poner en un bol la harina, la sal y la levadura química. Mezclar bien. En otro bol batir la mantequilla, con las dos clases de azúcar. Luego agregar el azúcar avainillado y los huevos de uno en uno. Cuando hayamos obtenido una cremita agregar la mezcla de harina y unir todo. Agregar el chocolate en trocitos o en gotitas y dejar reposar la masa un rato. Formar bolitas y colocarlas en una bandeja de horno, forrada con papel, dejando cierta distancia entre ellas ya que se extienden. Cocer a 180º-185 C en horno precalentado, durante 10-12 minutos. Dejar enfriar sobre rejilla. El tamaño, depende de cómo nos gusten. El tiempo de cocción como he dicho otras veces dependerá de los hornos y en este caso también del tamaño de las cookies.

(texto obtenido de Milpostres)

Yo, o me como una galleta o me pongo como él...

Fuente: MIT

octubre 24, 2010

Un planeta de fantasía

    —Esto está resultando ser un gran negocio —dijo Mark, desplegando las holográficas sobre su escritorio. Apretó un botón en el pequeño holocubo y la imagen cambió.
     —Una empresa totalmente rentable —respondió Pauling, su asistente, con tono de aprobación.
     —Cincuenta y tres libras —dijo Mark—, cincuenta y tres libras por un pequeño frasco de diente de orco, y eso que al 10%, rebajado con aceite de fenshee, que son más abundantes.
     —Y pensar que nadie antes había colonizado ese planeta. Suerte que somos nosotros... eh... usted, señor, quien lo ha encontrado. Tenemos abundantes seres mágicos en la superficie de ese planeta. El grupo de investigadores que volvió hace un par de días nos informó que han descubierto una cura para el asma en la cola de las arpías. Es un gran avance, sin duda.
     Un hombre con uniforme gris entró en la oficina.
     —Doctor Mark —dijo el hombre—, se trata de la tercera expedición de turistas civiles.
     —¿Qué ocurre con ellos?
     —No han regresado. Hemos perdido comunicación con los pilotos. No creemos que sea una interferencia en las ondas warp.
     Mark golpeó el escritorio con el puño, haciendo saltar el holocubo.
     —No podemos perder civiles. La reputación de la empresa se derrumbaría. Nuestra credibilidad... —se acomodó en su silla giratoria y volteó a ver a Pauling— Manda un grupo de rescate a ese planeta y trae de vuelta a la tripulación.

     Anders, a paso lento, avanzaba entre el oscuro bosque. Algunos rayos de la luz de su estrella se filtraban por entre las altas copas de los árboles y la extraña vegetación. Sostenía fuertemente su vaporizador mientras inspeccionaba el lugar con una mirada paranoica.
     —Esto no fue lo que me prometieron— se dijo Anders.
     Un duende lo había perdido en el bosque. No se puede confiar en los duendes. Ahora estaba muy lejos de su nave, o muy cerca, no podía orientarse, de todas formas, y había perdido el GPS.
     El lugar estaba poblado de seres fantásticos. Los escuchaba moverse, reptar, caminar, volar, trotar, y... el sonido era tan extraño que resultaba dificil, si no imposible, describirlo. Una bola de fuego pasó flotando junto a él. Apuntó el vaporizador pero la bola ya se había alejado. Siguió caminando y se topó con una extraña casa con una gran chimenea fabricada con rocas verdosas. Había una puerta por la cuál apenas cabría un humano, de cuclillas. Anders había leído en el folleto sobre esas curiosas casas. El lugar era habitado por trasgos. Ya se notaba a leguas por la música estruendosa, esa extraña música. El folleto decía que los trasgos eran seres amigables. Se acercó y tocó a la puerta.
     Un ojo se asomó por un agujerito e inspeccionó a Anders. Inmediatamente la puerta se abrió y un pequeño trasgo lo recibió, con un cigarrillo entre los labios.
     —Oh, vaya, ¡un humano viene a visitarnos! —dijo el trasgo, alegremente, dando una profunda fumada a su cigarrillo. La pequeña criatura tenía un par de cuernos como cabra y el cuerpo cubierto de pelo café.
     —Vamos, humano, entra a nuestra casa.
     Anders entró. Le pareció muy extraña la amabilidad de la criatura, pero ya había leído que ellos eran muy amables, excepto con los enanos y otras ciertas especies. Dentro de la casa había un gran alboroto: un montón de trasgos, veinte o más, estaban sentados o parados, bebiendo cerveza, o lo que parecía ser cerveza, o fumando. El lugar estaba repleto de humo y a Anders se le hacía difícil respirar. Tosió.
     —¿Y qué te trae por aquí, humano? —le preguntó el trasgo, que lo conducía hacia las mesas donde los demás bebían y fumaban y charlaban.
     Anders analizó minuciosamente el sitio.
     —Me he desviado del resto de mi tripulación. Estoy perdido en el bosque.
     El trasgo sonrió.
     —Un duende, ¿verdad? —Anders asintió con la cabeza. El trasgo tomó un vaso de la barra de lo que era un bar— ¿Quieres un daryon? —y le ofreció el vaso con ese líquido que parecía cerveza.
     Anders recordó: si un trasgo te invita algo de beber o de comer, acéptalo, lo hace amablemente y rechazar lo que se te ofrece es considerado un gran insulto.
     Así que aceptó el daryon. Le dio un trago, que le pareció amargo. El segundo trago le supo muy dulce, como la cajeta. Al mirar el parecido de las criaturas con las cabras terrestres, se preguntó de dónde provenía tal bebida. Intentó no responderse.
     —Es usted muy amable —dijo al terminarse la bebida.
     Anders se percató de que los demás trasgos lo miraban de reojo, mientras proseguian sus pláticas, fumando y bebiendo.
     —Humano —le dijo el trasgo—, ¿quieres algo de diversión? —y la pequeña criatura, en un movimiento de manos, se transformó en una atractiva mujer.
     Anders se impresionó, pero había en él cierta sensación de repulsión. El trasgo, con forma de mujer, se acercó a Anders, pero él se dio media vuelta y se alejó unos pasos.
     —¿Qué pasa, humano?, creía que te gustaban las mujeres de tu especie. Por lo que se, los humanos las prefieren como estoy transformado ahora —se pasó la mano por su rubio y ondulado cabello y se desabrochó el sostén que traía puesto.
     —Oh, no, no, ¡no haga eso! —exclamó Anders—. Por favor, esto no es lo que necesito ahora.
     El trasgo puso cara de enojada y recobró su forma original.
     Un segundo trasgo, con un vaso con algún tipo de bebida alcohólica, se le acercó a Anders.
     —Humano —le dijo—, he escuchado que te has separado del resto de tu tripulación. ¿En qué parte descendió tu nave?
     —En una meseta cerca de un gran lago. No creo que esté demasiado lejos.
     —Cerca de un lago... Creo que podemos llevarte de regreso con ellos.

     Y un grupo de trasgos lo llevaron de regreso a la nave. El trasgo que le había invitado el daryon iba en la parte del frente, Anders le seguía y tres más los escoltaban.
     Anders se percató de que uno de ellos levaba una especie de bolsa sujeta a los cuernos.
     —¿Qué traes allí?
     —Cosas indispensables para nuestra protección —respondió.
     —Cuántame de tu planeta —dijo uno de ellos. El grupo caminaba por sobre las hojas secas y la hierba del suelo.
     —Está no muy lejos de aquí. El viaje dura unos tres días. Hay problemas de superpoblación, aunque la última guerra la redujo un poco.
     —Superpoblación, ¿eh? —dijo uno de ellos, sosteniéndose la cornamenta.
     —¿Guerra? —preguntó el guía— ¿Has dicho guerra? ¿Es porque escasea el alimento y necesitan alimentarse de ustedes mismos?
     Anders se sorprendió mucho por la pregunta.
     —No. ¡Nosotros no comemos humanos!
     —¿Pero se matan entre ustedes?
     —Sí, lo hacemos —Anders notó la naturaleza con la que lo dijo y se estremeció—. Pero no nos los comemos.
     Los cuatro trasgos se sorprendieron aún más con la respuesta, y comenzaron a saltar como cabras asustadas, sujetándose las cornamentas.
     Un dragón, de colores rojo y verde, surcó el cielo. Todos guardaron silencio.

     Ya se escuchaba el sonido del agua de la cascada que caía hacia el lago. Estaban cerca de la nave.
     —Iré más adelante para supervisar que no haya peligro —dijo uno de ellos y se adelantó al grupo.
     —¿Qué clase de peligro?— le preguntó al guía.
     —Banshees. Esta zona es zona de banshees. Hay que tener cuidado con ellas. Son las hadas de la muerte.
     En ese instante se escuchó un grito.
     —¿Qué es eso? —Anders se cubrió los oídos con las manos.
     —Precisamente, ella es una banshee.
     Y otro grito.
     —¿Por qué grita?
     —Anuncia la muerte de alguno de nosotros. Cada grito es un día que le queda de vida a la persona —contestó el guía.
     Y un tercer grito, casi como un aullido.
     El trasgo que llevaba la bolsa en la cornamenta, se la quitó y la abrió. De ella sacó un frasco transparente de vidrio con tapa de corcho y dentro del frasco había una bolita plateada. El trasgo, botella en mano, corrió hacia un arbusto, le quitó el corcho y la colocó debajo del arbusto. Una paqueña hada apareció y se metió dentro de la botella, queriendo agarrar lo que había dentro de la bolita plateada. El trasgo tapó rápidamente la botella con el corcho. Corrió hacia el guía, con la botella.
     —¿Qué hacen con ellas? —preguntó Anders.
     —Curan el dolor de cuerpo y hacen que las heridas sanen más rápido. Además no nos gusta tenerlas por aquí, no hacen bien, ya hemos tenido problemas con ellas y algunos de nosotros han muerto por su culpa.

     Encontraron la nave, un poco volcada dentro del agua. El grupo entró dentro de ella pero estaba completamente vacía. Anders caminó por toda la nave, lentamente.
     —¡La han saqueado!
     —Hay tantos seres por aquí que hasta me parece extraño que no se hayan llevado incluso la nave.
     —Pero los controles siguen funcionando. Sólo hay que programar el viaje. Pero me pregunto a dónde habrán ido todos —Anders miró las caras de los trasgos— ¿Qué, qué ocurre, saben lo que ha pasado con los demás?
     —Este lugar es demasiado peligroso para los humanos —dijo el guía.
     —¿Quiere decir que pueden estar muertos? —se dirigió hacia los controles de la nave. Él había perdido su localizador, pero era poco probable que los demás también lo hubieran perdido. Encendió el localizador. Ningún punto en la pantalla, ningún rastro del resto de la tripulación.
     El suelo retumbó, la nave tembló y Anders cayó al piso.
     —Pero qué ra... ¿Qué fue eso? —volvió a temblar.
     Un trasgo se asomó por la puerta de la nave.
     —¡Es un ettin! —dijo, asustado.
     —¿Qué es un ettin? —preguntó Anders.
     —¡Un gigante que nos matará si no nos vamos de aquí!
     Anders se levantó y corrió hacia el marco de la puerta metálica. A lo lejos vio una enorme criatura de dos cabezas, horrenda, con un mazo en una mano y un hacha en la otra. Parecía muy furioso y se acercaba, gruñiendo, hacia la nave.
     Anders tecleó en una pantalla las coordenadas de la Tierra.
     —Me largo de aquí —dijo, esperando a que se salieran de la nave—. ¿Qué esperan?, no pueden ir conmigo. Aunque —recordó lo que decía el folleto—, estoy muy agradecido con ustedes por encontrar mi nave.
     El guía asintió.
     —Al menos el humano es agradecido. ¡Vamos, salgan, salgan de la nave! —dijo el guía, y los cuatro salieron por la puerta y se convirtieron uno en roca, otro en arbusto y los otros dos en plumas blancas, que se fueron volando con el viento.
     Anders se quedó viendo la escena pero pronto reaccionó y cerró la puerta pulsando un botón. La nave tembló. El ettin estaba golpeando la nave desde fuera. Encendió los motores y el ettin dejó de golpear con su mazo y se echó hacia atrás. La nave despegó del suelo. Pronto salió del planeta y entró en dirección hacia la Tierra. Anders se tiró al suelo con los brazos abiertos. Se preguntó qué habría pasado con el resto de la tripulación, tal vez todos habrían muerto en manos de seres como ese ettin, o algún gigante o alguna otra criatura maligna de las que se encuentran en el lugar.
     Recorrió la nave. ¿Por qué se habían llevado todo excepto lo correspondiente a la nave? ¿Por qué no habían saqueado los componentes electrónicos? Tal vez a esos seres no les interesaban. Sólo habían dejado una cama y un pequeño mueble.
     El viaje duró tres días, que pasó durmiendo en la cámara de sueño. Estaba demasiado cansado y lo único que quería era descansar, no pensar en lo que había sucedido. Si aún habían sobrevivientes, seguramente mandarían alguien para rescatarlos. Él no podría encargarse de esa misión. Al tercer día llegó a la Tierra. La nave lo despertó automáticamente.
     En una habitación, la cama y el mueble movieron sus patas.
     —Oye —dijo la cama—, el viaje ha concluido.
     —¡Ah! —dijo el mueble, abriendo y cerrando sus cajones—, al fin hemos llegado a ese planeta que llaman Tierra. ¿Hay muchos humanos, cierto?
     —Más de los que te puedas imaginar —la cama flexionó una de sus patas—. Nuestra empresa será todo un éxito, los humanos tienen tantas cualidades: puedes curar cualquier enfermedad comiendo un poco ellos, ni siquiera es necesario hacer infusiones para que el efecto se presente, y dicen que te vuelves inmortal también. ¿Qué más se puede pedir en una sóla especie? Los exportaremos por todo el universo y nos haremos ricos, aparte que ayudaremos a muchos con ello.
     —¿Crees que el humano ya se haya ido?
     —No lo se. Salgamos de aquí.
     Y la cama y el mueble recobraron sus formas anteriores. Los dos trasgos salieron de la habitación y esperaron un poco para salir de la nave. Había muchos reporteros en el exterior. Los dos trasgos se miraron.
     —¿Insectoide?
     —Insectoide. Pero alado.
     Se transformaron en pequeños insectos con alas y se fueron volando, mientras Anders era rodeado y cubierto de preguntas por los reporteros que habían llegado al lugar del aterrizaje.
     —Estamos en vivo con el Piloto Anders —dijo un reportero, casi pegándole el micrófono a la boca—. ¿Qué ha pasado con el resto de la tripulación? —un flash le lastimó la vista y se cubrió los ojos.
     —Se enviará a una misión de rescate. No sabemos cuál es su condición.
     —¿Qué ha visto allí? Queremos saber las cosas fantásticas que hay en ese planeta.
     —Es un maldito planeta —dijo, enojado.

     —Es un hermoso planeta —dijo el insecto, al pasar por un alto edificio.
     —Enviaremos una nave prontamente, no hay duda de eso. Hay mucho que hacer.

     En la casa, en el oscuro bosque, los trasgos brindaban con sus copas especiales. Detrás de la barra uno servía un líquido que parecía cerveza y los demás lo tomaban. Levantaron las copas.
     —¡Por la inmortalidad y por nuestra salud! —y chocaron sus copas.
     —Pronto llegarán más humanos, para rescatar a los anteriores. Nos servirán como reservas mientras traemos algunos de la Tierra.
     —¿Los anteriores, te refieres a los que nos estamos tomando?
     Algunos rieron y siguieron bebiendo y fumando.
     —¡Por nuestra gran empresa! ¡Por nuestra gran empresa!

Nota: Esta historia ha sido modificada en el siguiente punto: la primera versión tenía un fallo, un gran fallo, que el planeta estaba habitado por seres creados genéticamente. El fallo recae en que los usan para curar enfermedades, o al menos eso se cree, pero la cura a esas enfermedades no puede estar en poder de los humanos de esa manera, ya que la idea de la creación de esos seres no se sostendría. Cierto: dejar que especies con tales capacidades y ventajas para el humano se desarrollasen libremente es lógico, lo que no es lógico es que se haya poblado un planeta con todos ellos, que sean los mismos seres mágicos de la mitología, ya que sería preferible, si ya se está en posesión de estas curas, que se desarrollasen en los laboratorios, no así. Creí que lo más lógico era que el planeta fuese descubierto y que se tomara provecho de tal descubrimiento, no que los humanos hayamos creado esas especies "mágicas".

octubre 23, 2010

El mundo de la imaginación


Recuerdo las cálidas tardes de verano en que había poco movimiento en la tienda y mi padre, con o sin mi madre, podía arreglárselas sin mí. Me sentaba fuera de la tienda (siempre disponible por si había una emergencia), con mi silla apoyada contra la pared y leía.



También recuerdo que después de nacer mi hermano Stanley tuve que ocuparme de él; empujaba el cochecito alrededor de la manzana veinte o treinta veces mientras leía un libro que apoyaba contra el manillar.

Me recuerdo volviendo de la biblioteca con tres libros, uno bajo cada brazo y leyendo el tercero. (Se lo contaron a mi madre calificándolo de «comportamiento extraño» y me riñó, ya que tanto a ella como a mi padre los horrorizaba la posibilidad de molestar a los clientes. Como usted se imaginará, no hice ningún caso.)

En otras palabras era un clásico «ratón de biblioteca». A los que no lo son, les puede resultar extraño que alguien se pase el día leyendo, dejando que la vida con todo su esplendor pase inadvertida, malgastando los despreocupados días de la juventud y perdiéndose la maravillosa interacción entre el músculo y los tendones. Puede parecer que eso tiene algo de triste, incluso de trágico, y uno podría preguntarse qué impulsa a un joven a hacer algo así.

Pero la vida es fantástica cuando uno es feliz; la interacción entre el pensamiento y la imaginación es muy superior a la de los músculos y los tendones. He de decir, su usted no lo sabe por propia experiencia, que leer un buen libro, embebido en el interés de sus palabras y pensamientos, produce en algunas personas (en mí, por ejemplo) una increíble sensación de felicidad.

Si quiero evocar la paz, la serenidad y el placer, pienso en mí mismo durante esas tardes de verano perezosas, con la silla apoyada contra la pared, el libro en el regazo y pasando las páginas suavemente. En determinadas épocas de mi vida ha habido ocasiones de mayor éxtasis, grandes momentos de satisfacción y triunfo, pero por lo que respecta a una felicidad tranquila y reposada, nunca nada que se pueda comparar con esto.

Isaac Asimov
Yo, Asimov (I, Asimov)

octubre 20, 2010

Algunas fotos de México

Para ser más específico, de la Ciudad de México. Cuando llegué a vivir aquí, o más bien a estudiar (pues durante los primeros seis meses vivía en Nezahualcoyotl, en el Estado de México. No confundir con el Distrito Federal), la cuidad me pareció muy linda, aunque su gente bastante agitada, malhumorada y muy poco amable. Sin embargo esa impresión de la gente continuó. Quizá disminuyó ligeramente y ya desde hace más de un año me he ido acostumbrado a que los labios y la piel se me resequen más de lo normal (mi piel es muy pero muy sensible), al frío en cierta temporada del año, entre otras cosas.

La Ciudad de México tiene muchas zonas interesantes, su gente tampoco es tan mala después de todo, sólo que alguien como yo, que toda su vida la había pasado en una pequeña ciudad al sur del país, que sólo salía a la escuela y a la biblioteca más cercana, y que apenas conocía a sus vecinos, al cambiar ese relativamente apacible lugar por la capital del país, sí que siente los cambios.

Bueno, les mostraré cinco fotos que tomé durante un paseo por la ciudad. Las fotos no son muy buenas, son mis primeras fotos con una cámara que no sea la de un teléfono móvil (de hace más de un año), y las tomé con una cámara que, desafortunadamente, ahora está muerta y olvidada en un cajón.

Vista inferior del Castillo de Chapultepec
Lago de Chapultepec. A la izquierda: las Torres Gemelas de Polanco
Algunos edificios. Vista desde el Bosque de Chapultepec. En el centro: Torres Gemelas de Polanco
Algunos edificios. Vista desde el Cerro del Tepeyac (creo)
Vista desde la parte superior del Castillo de Chapultepec. Torre Mayor
Este último, la Torre Mayor es el edificio más alto de la Ciudad de México y del país. La Torre tiene una altura de 230,4 m ( 225,6 desde Paseo de la Reforma ) y 55 pisos. Aunque pronto se verá desplazada por la Torre Bicentenario (y que aparte será el edificio más alto de Latinoamérica), que tendrá una altura de 300 metros y 70 pisos.

octubre 18, 2010

El problema con el tamaño o El tamaño sí importa

Mercator nació en Rupelmonde, Flandes, y parece ser que su nombre original, no latinizado, era Gerhard Cramer. Todo el mundo identifica su nombre con el de la proyección, desarrollada para ser una ayuda a la navegación. El mapa de Mercator es realmente conforme, la forma de los países es real, pero su superficie aumenta exageradamente en las latitudes altas. Además, las áreas disminuyen en las cercanías del Ecuador.

Mas tarde, Edward Wright (1558-1615) de Inglaterra, desarrolló la proyección matemáticamente y publicó tablas de secantes acumulativas, indicando el espaciado desde el Ecuador.

Un artículo interesante sobre esta proyección lo encontrarán aquí.

Mercator escribió sobre la naturaleza de su proyección:

"En este mapa del mundo hemos querido proyectar la superficie del globo en un plano de tal forma que los lugares estén propiamente localizados, no sólo con respecto a su dirección y distancia de unos a otros, sino también en concordancia con sus latitudes y longitudes, y más, que la forma de los países tal como aparecen en el globo, sea preservada tanto como posible. Para ello fue necesario una nueva ordenación de meridianos, haciéndolos paralelos, pues los mapas con meridianos curvos producidos por los geógrafos no sirven para la navegación...."  "Tomando esto en consideración, hemos aumentado los grados de la latitud hacia el polo en proporción al aumento de la razón de los paralelos con el Ecuador."

Sin embargo, lo que tenemos con esta proyección es algo como esto


Ahora, no podemos decir que el mundo es como lo vemos con esta proyección. Lo primero que salta a la vista es la gran área que ocupa la Antártida, y también el área de Groenlandia, aunque a esta última ya podemos estar acostumbrados, seguramente, después de ver tantos mapas con la proyección de Mercator.

Concretamente a este problema con las áreas se le llama "El Problema de Groenlandia" (que vaya que no sólo es de Groenlandia).

Es claro que mientras nos acercamos a los polos este problema se hace severo. Veamos los tamaños de Groenlandia y del continente africano. ¿Parecen del mismo tamaño, no?

La superficie de África es de 30,365,000 kilómetros cuadrados, según mi Atlas Mundial del 2008 y la de Groenlandia es de 2,175,600 kilómetros cuadrados. Tuve que recurrir a los datos de mi atlas por las contradicciones de Wikipedia, que aquí muestro. Las siguentes son capturas de esta página.


Esto sólo es correcto si 30,221,532 es igual a 30,272,922, pero como sabemos, eso no sucede.

Que Wikipedia se equivoque no es novedad, tratándose de una enciclopedia libre, que hasta yo alguna vez he editado, para ser más preciso, en dos o tres ocasiones (es lo más preciso que mi memoria me permite), todos artículos referentes a Philip K. Dick, sólo que yo no escribo información incorrecta.

Entonces, ¿cómo solucionamos el "Problema de Groenlandia"? Yo podría entender un mapa con la proyección de Mercator como una expresión del poderío de las grandes potencias, ya que estamos acostumbrados a que los países europeos y que muchos otros países del hemisferio norte sean más grandes de lo que realmente son.

Para solucionar esto, muchos proponen utilizar la Proyección de Peters. El mapa de Peters fue introducido en 1974 por el historiador y cartógrafo Arno Peters, en una conferencia de prensa en Alemania.

Sabemos que al usar cualquier proyección surgen errores, errores de todo tipo como que la forma de los meridianos, si estos se vuelven paralelos (como en la Proyección de Mercator) o no, si las formas se conservan, etc. Lo que hace la Proyección de Peters es que conserva las áreas.

Vemos el por qué esta proyección no fue tomada de buena manera. No es el clásico mapa occidental que tanto hemos visto, ese que muestra la grandeza de Europa o de Rusia. Es el mapa que respeta las áreas, y la primera impresión al verlo es la grandeza de África.


Por último, un mapa de África en donde se hace una comparación de tamaños con algunos países, diseñado por Kai Krause, que hace una llamada de atención contra el "amapismo", es decir, la falta de cultura en relación a los mapas o la carencia de conocimientos geográficos suficientes (he oído personas decir que África es un país, eso sí es amapismo pero en serio).

Recuerdo haber visto alguna vez en la TV (ya me he emancipado de ella, desde hace cerca de un año) que preguntaban dónde estaba México en el mapa y algunos señalaban alguna otra zona menos México (aunque la respuesta fuera obvia ya que esa otra zona estaba marcada con el nombre de "México").

Click en la imagen para ver los detalles.

En resumen: lean lean lean mucha geografía, de tan bella que es.

octubre 16, 2010

No está perdido

Cuando lo creas todo perdido, no olvides que aún te queda el futuro, tu cerebro, tu voluntad y dos manos para cambiar tu destino

octubre 10, 2010

Sueño del 10 de octubre

Bueno, éste no es un relato como los otros, sino se trata de un sueño que tuve.

     La masa de nanorobots se movía rápidamente por las calles, consumiendo todo lo que se encontraba en su camino. Una roca, un coche, una pareja de enamorados que caminaba tomados de la mano por la acera... La mujer se quedó enmudecida al ver como a su novio le devoraban velozmente los pequeños e invisibles robots.
     Samuel Miranda, Joaquín García, Fidel Hernández... recitaban con sus voces metálicas los nanorobots, mientras avanzaban rápidamente consumiendo la materia. Eran sus siguientes blancos. Ellos eran sus víctimas, todos hombres. Devoraban hombres y esa era su misión: aniquilar a todos los especímenes masculinos humanos del planeta.
    Samuel corría enmedio de la gran plaza rectangular. Las puertas del edificio que estaba enfrente de la plaza estaban abiertas y las luces encendidas. Sacó su teléfono celular y marcó el número de Cecilia. Sabía que estaba cerca de allí, pero no sabía donde.
      —¿Ceci, en qué lugar estás?
      —Ya casi llego a la plaza. Samuel, ¿qué ha pasado?, hay demasiado alboroto desde donde vengo.
      —No hay tiempo de charlar, ven hacia la plaza rápido —y colgó el teléfono.
      Los nanorobots, los malditos nanorobots, alguien los había liberado.
      —¡Maldita sea! —gritó. Vio que Cecilia se acercaba corriendo hacia la plaza— Por aquí —la llamó.
      —¡Samuel, dime qué está pasando!
      La tomó de la mano y la llevó hacia las puertas del edificio.
      —Quizás haya una forma de escapar —dijo, mientras corrían hacia el edificio—. Tengo que explicarte, pero lo haré luego, ahora sólo no te separes de mi.
      Samuel no conocía muy bien la variedad de nanorobots que había sido liberada. Habían más de cinco variedades. Una de ellas devoraba hombres, otra mujeres, otra a humanos en general, y la peor de todas era la que lo consumía todo. Todo. Así que temía por su vida y por la de Cecilia.
     —Hay un helicóptero por aquí. Es del personal, así que tenemos uno por cada miembro. Este es el mío.
     En seguida bajaron unas escaleras. El ambiente era gris, completamente gris. Los muebles de la habitación estaban cubiertos por sábanas grises, como si se escondieran, temerosos, de ser devorados por los nanorobots.
    
    Es aquí donde el sueño se corta. Pero como no termina no sé qué pasa con Cecilia y Samuel. ¿Samuel es devorado por los nanorobots, o escapan ambos en el helicóptero? Por cierto, nunca vi tal helicóptero, ni se siquiera si existía uno, aunque Samuel dice que sí.

octubre 09, 2010

Y dijo Fischer: os concedo mi última partida

Robert (Bobby) James Fischer ha sido uno de los más grandes ajedrecistas de todos los tiempos. Murió recientemente, en Reykjavik, Islandia, el 17 de enero del 2008. Nació en Chicago, EE.UU. el 9 de marzo de 1943.

Bobby aprendió ajedrez con sólo seis años, con un juego que su madre le compró en una tienda del barrio, después de que su madre se trasladara con él y su hermana mayor a Brooklyn, Nueva York.

Fue autodidacta hasta que su madre le apuntó al Brooklyn Chess Club, donde su presidente Carmine Nigro hizo de su profesor.

Una de las cosas por las que más se recuerda a Fischer, aparte de ser un extraordinario ajedrecista, es que solía molestarse por cualquier cosa, los reflectores, los ruidos, la silla en la que debía de sentarse, los premios que se otorganan en los concursos en que participaba, etc...  

Cuando fue la hora de disputarse la corona mundial, el 11 de julio de 1972, Fischer y Spassky se sentaban ante el tablero en Reykjavik, Islandia.

Fischer perdió la primera partida. Tras comenzar perdiendo 2 vs 0 comenzó una espectacular remontada y Fischer igualó el torneo (2,5 vs 2,5). Finalmente, derrotó a Spassky por 7-11-3 (12,5 vs 8,5) el 31 de agosto de 1972. Ganó 160.000 dólares además de algunos regalos por valor de casi 50.000 dólares más.

Veinte años después de su retiro voluntario, en 1992, Fischer regresó a la escena pública y dio una rueda de prensa. Acusaba al Gobierno de los EE.UU. de amenazarle si participaba en un torneo en Yugoslavia (violando resoluciones de la ONU). Delante de las cámaras, presentó la órden en papel y escupió sobre ella. Participó en el torneo. Jugando con el Reloj Fischer, ganó a Spassky 10-15-5 (17,5 vs 12,5) y recibió casi 4 millones de dólares (patrocinados por un banquero yugoslavo). Su acto en contra de la orden del Gobierno de EE.UU conllevaba una pena de hasta diez años de cárcel si volvía a su país natal.

Puede encontrar una biografía con muchos detalles importantes aquí.

Su última partida, en cuestión, fue la siguiente. también contra Spassky, a quien le arrebató el título mundial.

Robert Fischer (2785) - Boris Spassky (2560)
St Stefan/Belgrade m Belgrade (9), 1992
Ruy López / Variante del Cambio [C69]

1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ab5 a6 4.Axc6 dxc6 5.0-0 f6 6.d4 exd4 7.Cxd4 c5 8.Cb3 Dxd1 9.Txd1 Ag4 10.f3 Ae6 11.Cc3 Ad6
Esta es la clase de posición que estableció la reputación de la Variante del Cambio como innocua. De hecho, el blanco disfruta de mejor estructura de peones, debido a los peones doblados del negro y la mayorìa de peones blancos en el flanco rey, y además el blanco dispone de cierta ventaja en desarrollo. Aunque por otro lado, la posición del negro parece extraordinariamente sólida y posee el par de alfiles.

12.Ae3 b6 13.a4 0-0-0 14.a5 Rb7 15.e5

Un golpe sorprendente, pero, de hecho, es teoría conocida. La jugada 15.e5 es un sofisticado método táctico de enfatizar la movilidad de la masa de peones del flanco rey blanco.

15...Ae7

15...Axe5?? que da fuera de cuestión por 16.Txd8; Si 15...fxe5 entonces 16.axb6 cxb6 17.Ce4 amenazando Cxd6+, y si 17...Ae7 entonces 18.Txd8 Axd8 19.Cbxc5+ etc.

16.Txd8 Axd8 17.Ce4

Esta es la verdadera innovación de Fischer. En lugar de la inmediata 17.axb6 que condujo a la igualdad y a un veloz empate en la partida Adorjan-Ivkov, Skopje 1976: 17...cxb6 18.Ce4 Axb3 19.Cd6+ Rc6 20.cxb3 Ce7 21.Txa6 Cd5 y se acordó tablas.

17...Rc6?

La amenaza del blanco era 18.Cexc5+, sacrificando temporalmente una pieza para ganar el alfil negro en e6.

18.axb6 cxb6 19.Cbxc5!

Absolutamente demoledor.

19...Ac8

Si ahora 19...bxc5 20.Txa6+ Rd7 (o 20...Rd5 21.Td6+ seguido de Txd8, y el blanco habría recuperado el material sacrificado y además el negro habría quedado completamente paralizado.) 21.Cxc5+ ganando.

20.Cxa6 fxe5 21.Cb4+ 1-0

Visto en manoloajedrez.blogspot.com
Mini-biografía Microsiervos

octubre 05, 2010

En el cesto

      El pequeño gatito entró a la cocina, dispuesto para coger algo del cesto de basura. Octavio, su padre, había tirado las sobras de la cena y ya se imaginaba las delicias que allí encontraría. La cocina estaba a oscuras, pero él veía perfectamente. Se alzó con una gran agilidad sobre el cesto, poniendo sus suaves patitas en el borde y con los dientes comenzó a romper la bolsa.
      La luz se encendió de pronto.
      —Alonzo, ¿pero qué estás haciendo? —dijo Octavio.
     Alonzo miró a Octavio y notó que estaba enojado: estaba de brazos cruzados. Alonzo ya había aprendido a correlacionar sus expresiones con las emociones que el humano sentía. Lentamente Alonzo, aún con los colmillos clavados en la bolsa de basura del cesto, se hizo para atrás.
      Octavio se agachó y cargó al gatito.
      —Alonzo, ya sabes que no puedes estar sacando cosas de la basura. ¿Sabes qué sucede si sacas la basura del cesto? —le preguntó.
      Alonzo lo observaba fijamente a los ojos y desvió la mirada hacia la basura.
      —Sí, claro que sabes de qué hablo, eres un gatito muy inteligente. Si sacas la basura de allí dentro, el monstruo de la basura se enojará porque le estás quitando su comida —la respiración de Alonzo comenzó a agitarse—, y lo peor sería si te cayeras dentro del cesto, ya que el monstruo pensaría que eres parte de su comida y te devoraría.
      Alonzo saltó al suelo, muy alterado y se fue caminando lentamente hasta su cama, a un lado del sofá de la sala. Desde allí miró fijamente hacia la cocina, sobre todo hacia el cesto.

     La mañana había amanecido fría y Alonzo se despertó con el olor del desayuno que preparaba su padre. El gatito caminó hacia la cocina, con cuidado de no acercarse demasiado al cesto de basura.
       —Mira Alonzo —le dijo Octavio—, tu desayuno está listo. Unos ricos huevos con salchichas.
 Le sirvió el desayuno en su plato azul y el gatito comió. Octavio fue hacia la cocina y cogió ell cesto de basura. Alonzo observó temerosamente la escena.
      —Ya vuelvo, voy a sacar la basura, no tardo mucho —Octavio caminó hacia la puerta y la cerró tras él.
       El gatito abandonó momentaneamente su comida, recordaba que su padre hacía eso todas las mañanas: sacar la basura a ese gran monstruo que la devoraba. Alonzo se preguntó de qué forma se podría explicar eso. Si la basura se la comía ese gran monstruo que recorría las calles haciendo que los humanos le alimentasen, entonces, ¿qué era lo que vivía dentro del cesto de basura? ¿Al monstruo del cesto también se lo comía el otro gran monstruo? Tal vez llegaba un monstruo nuevo cada día desde dentro del más grande. Tal vez los monstruos más pequeños, lo suficientemente pequeños como para caber en un cesto, procedían del gran monstruo.
      Sí, eso era lo más lógico. Usaban los cestos de los humanos como incubadoras para los hijos del gran monstruo que recorría las calles. Entonces el monstruo come basura que pasaba por las calles inspeccionaba a sus hijos todos los días para ver que todo iba bien y después los dejaba seguir dentro de las casas, dentro de los cestos. El gran monstruo se comía entonces lo que sus hijos no alcanzaban a comer. Esclavos. Sí, eso eran los humanos, esclavos.
       Esta versión de las cosas convencía al pequeño Alonzo y le hacía estremecerse.
      Corrió hasta la ventana y se asomó, y vio al gran monstruo marcharse, emitiendo un rugido. Octavio ya regresaba con el cesto vacío, aunque Alonzo sabía que no estaba vacío del todo. El monstruo era invisible, una buena estrategia para pasar desaparcibido.
      Octavio entró en la casa y colocó de nuevo el cesto en la cocina. El gatito observaba y observaba.

      Cayó la noche y con él el cesto de basura. El ruido del golpe contra el piso despertó a Alonzo, que primero se quedó observando al cesto volteado, aunque la parte superior no era perceptible desde su sitio de observación. El gatito se acercó con cautela.
      Una sombra pasó corriendo, haciendo que el gatito se erizara completamente. ¿Dónde estaba Octavio? El gatito siguió acercándose al cesto pero se detuvo al ver a la pequeña criatura.
      —Hola —le dijo el monstruo del cesto, sacudiendo su oscuro pelaje. Le miraba con unos ojos rojos—. Creo que tu debes ser Alonzo.
       El pequeño gatito retrocedió unos pasos. Era verdad, claro que era verdad. Ahora tenía un tremendo miedo de ser confundido con basura y ser devorado.
      —Oh, creo que se lo que estás pensando —dijo el mosntruo del cesto—, los de nuestra especie tenemos esa habilidad. Pero no te comeré. No a ti.
      Alonzo miró hacia su alrededor para ver si Octavio no estaba cerca, pero Octavio había salido de la casa.
       —¿Aunque sabes qué es lo que haré? —le preguntó el monstruo del cesto— Me comeré a tu amo, sí, ese que se llama Octavio. Comer basura ya me ha hartado, no sabes cuánto me encantaría devorar a un humano. Nadie le echará de menos, tú tal vez.
     Alonzo, enfurecido, se le echó encima al pequeño monstruo, con las garras afuera y los colmillos diispuestos a desgarrar el cuello del monstruo. Pero se resistió y atacó a Alonzo con un fuerte golpe, que el gatito quedó tendido en el suelo mientras observaba como el monstruo escapaba hacia la sala. Era muy fuerte y rápido.
     Se escuchó la puerta de entrada y Octavio apareció cargando unas bolsas de supermercado. Encontró al gatito lamiéndose una de sus patitas que estaba herida.
      —Hola Alonzo, he regresado.
      El gatito se acercó a Octavio, alarmado, y, después de pasearse nerviosamente por los pies de su amo, le dirigió una fija mirada y le tocó el zapato con la patita delantera derecha.
     —¿Te sientes bien, Alonzo? —Octavio estaba impresionado ante la forma de actuar del gatito—. Ahora estaré un poco ocupado, prepararé la comida para mañana, ya sabes que nos viene a visitar mi madre.
       El gatito lo siguió rumbo a la cocina, sin quitársele de enfrente y saltó encima de la estufa.
      —¡Alonzo! —lo regañó Octavio—, ya te he dicho que nada de subirse a las cosas, menos en la cocina.
      Pero el gatito no se bajó y comenzó a maullar, intentándole avisar de la terrible amenaza que acechaba dentro de la casa.
      —Creo que te tendré que dejar dentro de la habitación para que no sigas así de molesto— cargó al gatito, que se resistía con sus garras—. Lo siento, pero es importante lo que tengo que hacer. Allí estarás bien por el momento —y metió a Alonzo dentro de su habitación.
     Alonzo luchaba desde dentro, arañando la puerta. Octavio regresó hacia la cocina para preparar la comida.
     —Habría jurado que me quería decir algo importante —dijo Octavio, agarrando el cuchillo para comenzar a cortar las zanahorias.
      El monstruo del cesto miraba desde la puerta de la cocina, acercándose lentamente. De un salto, más ágil que el de un gato, se aferró del cuello de Octavio y le encajó sus enormes colmillos retráctiles. Octavio cayó al suelo. Con él cayó el cuchillo, que hizo un ruido metálico.
     El monstruo comenzó a devorar a Octavio. Se centró primero en sus vísceras para luego seguir con el cerebro, que disfrutó como un festín. El monstruo aumentaba de tamaño mientras comía de Octavio.
     Cuando hubo terminado de devorar todo el cuerpo, el monstruo, ya más grande y bastante cambiado, se acercó a la puerta de la habitación donde estaba Alonzo.
      —Ha sido un gran banquete —dijo.
      Y salió por la puerta del frente, transformado en un empleado recogebasura.

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