octubre 31, 2011

Robot

No es lo mismo. No es estar entre todos los demás y esperar a que alguien entre a la tienda sólo para ver que escogen al de a lado. Aquí me siento muy bien, y soy muy útil, hago lo que aprendí en los años de escuela y lo desempeño eficientemente. Aquí tengo que supervisar que los controles de la casa funcionen correctamente. Ellos hacen cosas muy importantes, no tienen tiempo para cuidar sus hogares, y me gusta mucho ayudarles de esta manera. ¿De qué otra forma podría ser útil? Me pregunto lo que pasará... Antes de irme de la tienda, las otras personas murmuraban que dejarían de prescindir de nosotros. No sé cómo podría ocurrir, de verdad no lo sé. Pero será mejor que deje de pensar en ello, el cerrado automático de esa puerta no se reparará por sí solo. Debo de sentirme muy agradecido con la máquina que me ha comprado.

octubre 30, 2011

Lo que la Ciencia Ficción es y no es

     «En primer lugar, definiré lo que es la ciencia ficción diciendo lo que no es. No puede ser definida como "un relato, novela o drama ambientado en el futuro", desde el momento en que existe algo como la aventura espacial, que está ambientada en el futuro pero no es ciencia ficción; se trata simplemente de aventuras, combates y guerras espaciales que se desarrollan en un futuro de tecnología superavanzada. ¿Y por qué no es ciencia ficción? Lo es en apariencia, y Doris Lessing, por ejemplo, así lo admite. Sin embargo, la aventura espacial carece de la nueva idea diferenciadora que es el ingrediente esencial. Por otra parte, también puede haber ciencia ficción ambientada en el presente: los relatos o novelas de mundos alternos. De modo que si separamos la ciencia ficción del futuro y de la tecnología altamente avanzada, ¿a qué podemos llamar ciencia ficción?
     »Tenemos un mundo ficticio; éste es el primer paso. Una sociedad que no existe de hecho, pero que se basa en nuestra sociedad real; es decir, ésta actúa como punto de partida. La sociedad deriva de la nuestra en alguna forma, tal vez ortogonalmente, como sucede en los relatos o novelas de mundos alternos. Es nuestro mundo desfigurado por el esfuerzo mental del autor, nuestro mundo transformado en otro que no existe o que aún no existe. Este mundo debe diferenciarse del real al menos en un aspecto que debe ser suficiente para dar lugar a acontecimientos que no ocurren en nuestra sociedad o en cualquier otra sociedad del presente o del pasado. Una idea coherente debe fluir en esta desfiguración; quiero decir que la desfiguración ha de ser conceptual, no trivial o extravagante... Esta es la esencia de la ciencia ficción, la desfiguración conceptual que, desde el interior de la sociedad, origina una nueva sociedad imaginada en la mente del autor, plasmada en letra impresa y capaz de actuar como un mazazo en la mente del lector, lo que llamamos el shock del no reconocimiento. Él sabe que la lectura no se refiere a su mundo real.
     »Ahora tratemos de separar la fantasía de la ciencia ficción. Es imposible, y una rápida reflexión nos lo demostrará. Fijémonos en los personajes dotados de poderes paranormales; fijémonos en los mutantes que Ted Sturgeon plasma en su maravilloso Más que humano. Si el lector cree que tales mutantes pueden existir, considerará la novela de Sturgeon como ciencia ficción. Si, al contrario, opina que los mutantes, como los brujos y los dragones, son criaturas imaginarias, leerá una novela de fantasía. La fantasía trata de aquello que la opinión general considera imposible: la ciencia ficción trata de aquello que la opinión general considera posible bajo determinadas circunstancias. Esto es, en esencia, un juicio arriesgado, puesto que no es posible saber objetivamente lo que es posible y lo que no lo es, creencias subjetivas por parte del autor y del lector.
     »Ahora definiremos lo que es la buena ciencia ficción. La desfiguración conceptual (la idea nueva, en otras palabras) debe ser auténticamente nueva, o una nueva variación sobre otra anterior, y ha de estimular el intelecto del lector; tiene que invadir su mente y abrirla a la posibilidad de algo que hasta entonces no había imaginado. "Buena ciencia ficción" es un término apreciativo, no algo objetivo, aunque pienso objetivamente que existe algo como la buena ciencia ficción.
     »Creo que el doctor Willis McNelly, de la Universidad del estado de California, en Fullerton, acertó plenamente cuando afirmó que el verdadero protagonista de un relato o de una novela es una idea y no una persona. Si la ciencia ficción es buena, la idea es nueva, es estimulante y, tal vez lo más importante, desencadena una reacción en cadena de ideas-ramificaciones en la mente del lector, podríamos decir que libera la mente de éste hasta el punto que empieza a crear, como la del autor. La ciencia ficción es creativa e inspira creatividad, lo que no sucede, por lo común, en la narrativa general. Los que leemos ciencia ficción (ahora hablo como lector, no como escritor) lo hacemos porque nos gusta experimentar esta reacción en cadena de ideas que provoca en nuestras mentes algo que leemos, algo que comporta una nueva idea; por tanto, la mejor ciencia ficción tiende en último extremo a convertirse en una colaboración entre autor y lector en la que ambos crean... y disfrutan haciéndolo: el placer es el esencial y definitivo ingrediente de la ciencia ficción, el placer de descubrir la novedad.»

PHILIP K. DICK
(Fragmento de una carta)
14 de mayo de 1981

octubre 28, 2011

Constituyen pandemia

Como ejercicio del tipo que se ve en un taller literario, Pedro López Manzano, en su blog Cree lo que quieras, ha sugerido un pequeño reto literario: hacer un cuento hiperbreve, con límite de tiempo de 3 minutos, que comience con las palabras "constituyen pandemia". He aquí mi aporte.

"Constituyen pandemia: virus de clases 5 y 6", marca el diccionario de enfermedades que sostengo entre mis manos, mientras lo leo bajo la luz de las velas. Tras la ventana se ven los estragos de lo que el holocausto ha dejado. No me he atrevido a salir hacia la biblioteca más cercana, sería una estupidez, pues de algo advierten todos estos gritos que crecen a lo lejos para pronto apagarse.

octubre 25, 2011

Persecutor, perseguido


El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral; el asesino sí. Permaneció al pie de la cronopuerta. Había fallado en su misión de proteger a Su Santidad, y ahora el criminal, quien había cumplido su cometido, había huido hacia algún lugarmomento del espaciotiempo. Fijó sus ojos sobre la cronopuerta. Manipuló el colapsador de probabilidades y sintonizó la última frecuencia de operación: diez años en el futuro, El Vaticano. Conectó su cerebro auxiliar. Activó el modo caza; ya no había rastro de humanidad en él. “Matar al asesino del Papa”, resonaba en su mente. Cruzó el umbral. De pronto se encontró en un lugar con antiguos edificios en ruinas. ¿Quién era él? Todo recuerdo se había ido. Luego el cerebro auxiliar se activó. Recordó quién era. Un pensamiento inundó su mente: “matar al Papa”. Ya no era "matar al asesino del Papa", dos palabras se habían suprimido del cerebro artificial, un cambio sutil. Se volvió y cruzó de nuevo el cronoportal, hacia el pasado, para cumplir con su misión, sin saber que a quien antes había perseguido era a sí mismo.

octubre 18, 2011

Preservar La Colectividad

“Varía localmente el campo electromagnético, cambia la distribución electrostática en un extremo de la moneda y podrás hacer que caiga cara en vez de cruz. ¡Felicidades, has manipulado el azar!” (Jorv G. Looschip, Vigesimocuarta Generación de Cartógrafos Espaciales de Dreaya. 4071 d.C.) 

     S-21r leyó el código del contenedor metálico que su colega llevaba en las agarraderas electromagnéticas. Sus fotoceldas se movieron del frasco al rostro gris e inexpresivo de S-22r. Los dos pequeños robots eran transportados por la cinta que llevaba al Colectivo Sagitario. 
     Llegaron al exterior, avanzaron sobre un gran puente. Allí, a lo lejos, hacia donde la cinta los llevaba, bañados por la luz del sol, se levantaban algunos edificios de varios cientos de pisos. El puente desembocaba en una estructura cubiforme, un gran cubo esparcido entre otros cubos, de color azul fuerte, contrastante contra el cielo violáceo. Los robots llegaron en silencio hasta el edificio. Al atravesar el arco que delimitaba la puerta semipermeable, la iluminación abandonó su tono amarillento para dar paso al azul que emanaba de las paredes. En el interior, las máquinas trabajaban silenciosamente. Los dos robots se separaron; S-21r fue hacia los niveles inferiores y S-22r hacia los superiores a través de los tubos elevadores. 
     Once pisos arriba, el reparador vio que el robot acababa de llegar. S-22r se acercó al reparador. El humano tenía apariencia robótica, pues su cuerpo era de metal, era bajito, apenas superaba el metro de altura, lo mismo que medía S-22r, y sus ocho brazos descansaban sobre los costados. 
     —Acompáñame —le dijo mentalmente el reparador, mirando el contenedor que llevaba el robot. 
     S-22r lo siguió. Entraron a un haz verde horizontal que delimitaba un campo magnético, y los impulsó hasta la parte oeste del edificio, allí donde se encontraban las instalaciones del complejo de investigación orgánica. El haz los hizo detenerse frente a la puerta semipermeable de uno de los laboratorios. Los sensores de equilibrio del humano se desbalancearon un poco, pero luego se estabilizaron. Atravesaron la puerta semipermeable. Quien los esperaba dentro clavó su vista en el contenedor del robot, era un hombre muy alto, de grandes alas, cubierto de pumas negras y brillantes. Las plumas que recubrían su cuerpo variaban de tonalidad y de brillo cuando se movía. Se acercó a S-22r y el pequeño autómata le entregó el frasco. El hombre alado se volvió hacia una mesa que se acababa de materializar frente a una pared, allí depositó el recipiente, al que le conectó un tubo. Las alas del hombre sufieron un espasmo. Palpó el recipiente. Se inclinó hacia adelante y lo miró de cerca. El cilindro tenía un indicador de temperatura, marcaba por encima de los 70 Celsius. El hombre alado se giró tan bruscamente hacia el robot y hacia el humano que unas plumas se le desprendieron. 
     —¿Qué le ha ocurrido al cerebro? —la voz mental del hombre alado llegó a los receptores corticales del reparador y de S-22r. El par de plumas cayó con lentitud al suelo. 
     —Se lo he entregado —transmitió S-22r—. Usted lo la colocado sobre la mesa. 
     —Sí —respondió el alado—, eso lo sé. Me refiero a que la temperatura no es la correcta. 
     —Eso no es posible —transmitió el robot. 
     —¿Qué necesidad tienes de mentir? —emitió el reparador, dirigiéndose al alado. 
     El hombre alado quitó de un tirón el tubo que había conectado al contenedor. 
     —No importa —dijo—. Pero han retrasado la instalación de este cerebro en el organismo de C. Y el tiempo es muy importante. 
     —¿Me he equivocado? —preguntó S-22r. 
     —Míralo por ti mismo —respondió el hombre alado mientras el robot se acercaba e inspeccionaba en frasco sobre la mesa—. Has dejado que la batería se agotara. 
     —No entiendo cómo ha podido pasar. —S-22r se dirigió hacia la puerta semipermeable del laboratorio—. Iré a reparación. 
     La polaridad de la puerta semipermeable se invirtió y el robot se marchó pasando a través de ella. 
     El hombre alado sujetó el contenedor y, bajando la vista, miró al reparador. Le extendió el recipiente. 
     —Llévate esto y que restablezcan las neuronas y las conexiones faltantes. 
     El reparador extendió el par superior de sus ocho brazos y tomó el contenedor, pero se quedó parado como si no hubiese recibido la orden. 
     El alado lo miró. 
     —Ya sé que es muy raro —emitió el hombre alado. 
     —¿Cuándo había ocurrido un error antes? 
     —La Colectividad no tiene registro de algo así —el hombre alado se sintió incómodo, desvió la mirada del pequeño humano metálico—. Anda, el tiempo apremia. 


octubre 07, 2011

Trastornando el universo

"En los nómadas mongoles se desarrolló una piel dura y un ojo rasgado para soportar los vientos helados de Asia. Si algunos de nuestros nietos nacen con una piel aún más dura y un ojo aún más rasgado, podrán caminar, con el rostro descubierto, bajo los vientos de Marte."

"Mi conversación con los aborígenes
—¿De dónde vienen? —les pregunté.
—Emigramos de otro planeta.
—¿Cómo llegaron a vivir aquí, y a vivir en un vacío, cuando sus cuerpos fueron diseñados para vivir en una atmósfera?
—No puedo explicar cómo llegamos aquí, eso es demasiado complicado, pero puedo decirte que nuestros cuerpos gradualmente cambiaron y se adaptaron a la vida en un vacío del mismo modo que sus animales acuáticos gradualmente se volvieron terrestres, y sus animales terrestres gradualmente empezaron a volar. En los planetas, los animales acuáticos por lo general aparecen primero, después los animales que respiran aire, y por último los animales del vacío.
—¿Cómo comen ustedes?
—Comemos y crecemos como las plantas, aprovechando la luz del sol.
—Pero sigo sin entender Una planta absorbe jugos de la tierra y gases del aire, y la luz del sol sólo convierte esas cosas en tejido vivo.
—¿Ves estos apéndices verdes en nuestros cuerpos que parecen alas bellas de esmeralda? Están llenos de clorofila, como la que reverdece a sus plantas. Unos cuantos de sus animales también las tienen. Nuestras alas poseen una piel como de cristal, a prueba de aire y de agua, pero que deja pasar la luz del sol. Y la luz del sol disocia el bióxido de carbono que se disuelve en la sangre que corre por nuestras alas, y cataliza otras mil reacciones químicas que nos abastecen con todas las sustancias que necesitamos."

Ambas citas pertenecen al libro Trastornando el universo de Freeman Dyson, una autobiografía de este gran físico inglés; la segunda es a su vez una cita de Sueños del cielo y de la tierra de Konstantin Tsiolkovsky.

Suele decirse que cada mente es un mundo, que cada mente es un universo. Cada vez que miramos más allá, cuando vivimos en ese segundo hogar que para mí es el futuro, algo se trastorna, un universo entero.

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