noviembre 10, 2012

Sobre los últimos meses. El accidente

¿Por dónde empezar? En estos meses abrí en contadas ocasiones mi blog y me daba un poco de tristeza ver la fecha de mi última entrada. Quizá deba comenzar por lo que pasó cuando apenas comenzaba este semestre que ahora ya está terminando.

Siempre he sabido que soy muy torpe físicamente, pero cuando me cambié de cuarto y decidí dormir en la cama de arriba de una litera no me imaginaba que me terminaría rompiendo tres dientes e hiriéndome los labios. Mi mamá me dijo que me podía caer, pues me conoce bien y sabe que me suelo caer de las camas mientras duermo. En este caso no estaba dormido, o no totalmente. Tenía que entrar temprano, así que puse el despertador de mi teléfono a las 6 de la mañana. El problema fue cuando la alarma sonó, pues yo, en la cama de arriba, a una altura de 1.4 metros, aproximadamente, pensé, cuando apenas hacía un segundo que me había despertado, que mi teléfono estaba a mi izquierda, así que me incliné y me caí del colchón, de forma que mi boca se estrelló contra el suelo.

Mi primera reacción, cuando me encontré en el suelo con la boca llena de sangre, fue pensar que se trataba de un sueño, un mal sueño. Sentía que algo faltaba dentro de mi boca. Me miré el espejo y noté los dientes rotos. Sentí frustración y comencé a gritar y a llorar. Vi la sangre en el suelo, la sentía saliendo de mi boca y salí de mi cuarto. Tengo compañero de cuarto, pero esta vez no estaba allí. Seguí gritando, y los otros chicos que viven en la casa pensaron que quien gritaba era un sujeto de la casa de al lado, pero supieron que era yo en el momento en el que los gritos se escucharon cerca de su puerta.

El impacto abrió mis labios; había una herida externa en mi labio superior y una interna en el inferior. Un diente incisivo superior estaba roto como en un 30% y el otro incisivo como en un 70% pero aún permanecía sujeto al resto del diente, además un diente inferior se veía un poco roto, pero casi no se notaba.

Un compañero de la casa, un físico que comenzará su doctorado, me llevó en taxi a un hospital cercano. Durante el trayecto ya no sangraba mucho, y lloré pero me fui calmando poco a poco, hasta un punto en el que acepté que lo que me había pasado era real.

En el hospital me evaluaron y luego me pasaron con alguien para que suturara las heridas de los labios. Me atendió una chica, como de mi edad, y había otros dos chicos. Ya no me sentía mal, incluso bromeé con quienes me iban a costurar los labios, aunque mi voz salía muy torpe. Me anestesiaron y comenzaron a suturar; usaron dos tipos diferentes de hilo, uno para la herida del labio superior y otra para la del inferior, que era interna.

Cuando terminaron, esperé a un doctor para que me diera algunas indicaciones y me dijera qué seguiría en el tratamiento. El hombre me dijo que me quedarían cicatrices, pero que había productos que las desvanecían poco a poco.

El diente que se había roto más, un incisivo, que aún estaba sujeto al resto del diente por la pulpa dental, era muy molesto, dolía mucho. Ese diente había quedado en una posición que me impedía cerrar la boca o masticar, así que mi alimentación, durante más o menos una semana, fue únicamente de líquidos. Mi novia me estuvo acompañando ese tiempo y fue de gran apoyo.

El hospital me proporcionó a una odontóloga. Me revisó y me tomó radiografías. Le pregunté qué tan común era que alguien se rompiera los dientes, me contestó que a veces llegaban personas con todos o casi todos los dientes rotos, a causa de un accidente de motocicleta o de auto o de una golpiza. Sentí que había corrido con suerte, además porque el golpe que me di contra el suelo fue en la zona de la boca y no en la frente o en otro lado donde el golpe probablemente me hubiera dejado con daño cerebral o me hubiera incluso matado.

Me enseñaron la radiografía de mis dientes. De acuerdo al daño que tenía, la odontóloga me dijo que era probable que perdiera el diente más roto, pero después resultó que no fue así, afortunadamente. Como ya había pasado más de una semana comiendo sólo cosas líquidas pues ese diente me impedía otra cosa, me hicieron una pequeña cirugía que consistió en remover la parte del diente, que ellos llaman "diente 11", que quedaba colgando y que era muy movible. Cuando acabaron, me resultó extraño ver un trozo de un diente mío. Luego, metieron un artefacto, parecido a un tornillo largo y delgado, dentro de ese diente y extrajeron la pulpa dentaria. Ése proceso se llama endodoncia y consiste básicamente en escarbar el diente para quitar la pulpa, que es un nervio, pues si se deja causaría mucho dolor. Después de la endodoncia, el diente deja de tener sensibilidad. Al final, me taparon el hueco, donde había estado el nervio, con una especie de resina.

Me dijeron que tenía tres opciones para restaurar mis dientes: una prótesis movible, una prótesis fija o una técnica llamada alargamiento de corona. La prótesis movible (que se llama así porque se puede quitar y volver a poner) consiste en una pieza con forma de diente, estética en apariencia, que remplaza el diente que está muy roto. El problema con la prótesis movible es que, para fijarla, es necesario desgastar los dientes que están a los lados del diente que se ha roto. Eso fue suficiente para descartarla. La segunda opción era la prótesis fija, similar a la anterior pero aquí no es necesario desgastar otros dientes, aunque la forma de fijarla es también muy invasiva, pues va fijada con alambres a un par de muelas. La tercera forma, y que depende de qué porcentaje de la corona dental (la parte visible del diente) quedó sin dañar, consiste en recortar un poco la encía para descubrir un poco el diente roto y fijar en él una nueva corona dental. El alargamiento de corona es entonces el procedimiento más cómodo y quizá menos invasivo de los tres, así que opté por él.

El problema en este punto fue que mi seguro médico ya no cubriría el alargamiento de corona, así que vi las opciones que tenía. Un odontólogo privado seguramente sería muy caro. En mi universidad tengo seguro médico, así que fui allí a que me atendieran, aunque aún ahí tenía que pagar todo lo que me hicieran (no llevo la cuenta exacta, pero todo el proceso me terminará costando el equivalente a unos 300 dólares). Me recibió una chica de mi edad, estudiante de la Facultad de Odontología. Al principio no me sentí muy cómodo de que ella fuese la que me atendiera, pero es buena en lo que hace, además de que está asistida por un doctor con más experiencia.

Paola, ése es el nombre de la chica que me atendido hasta ahora, comenzó haciéndome algunas preguntas sobre mi salud. Me hizo un odontograma, para ver en qué estado se hallaba cada uno de mis dientes. También me hizo una limpieza dental, pues no se puede intervenir a un nivel mayor si hay riesgo de infección. Ahora no tengo presente en mente lo que me han hecho en cada una de las citas médicas.

Como les dije, el alargamiento de corona requiere recortar un poco de encía, en mi caso la encía que me cortaron fue de la zona del paladar, en la periferia del diente más roto. Realmente fue una doble cirugía, pues también me cortaron el frenillo del labio superior, ese pedacito de tejido que une internamente el labio con la encía, porque el frenillo impediría que siguieran interviniendo. Era la primera cirugía de ese tipo que iba a hacer Paola, así que ella estaba nerviosa. Yo también estaba nervioso, y para tranquilizarme pensé en mi novia e imaginé que ella estaba allí acompañándome. Eso sirvió de mucho. La operación duró 2 horas, evidentemente me anestesiaron, también me pusieron una especie de tela sobre mi cara, que sólo dejaba visible la boca, la zona a operar. Parte de la cirugía la hizo el doctor y parte Paola. Cuando terminaron de cortar, me pusieron una especie de pasta que cubrió la zona y se endureció. Cuando fui totalmente consciente de lo que me habían hecho, me sentí menos humano por no tener el frenillo superior.

Luego de las cirugías siguió un proceso de cicatrización. Antes de que me operaran, me habían hecho unos modelos de mi dentadura, pero me los hicieron de nuevo para tomar en cuenta la encía recortada. Me metieron un aparato extraño a la boca para tomarme medidas.

Ayer acabo de tener otra cita médica. El jueves de la siguiente semana intervendrán de nuevo en mi boca, me pondrán un endoposte para que puedan sujetar la corona dental nueva que me pondrán. Un endoposte es un postecito, de fibra de carbono, en mi caso, que va dentro del espacio en el que antes estuvo la pulpa dentaria y que sobresale un poco para que de él pueda sujetarse la corona. La corona que me pondrán será de zirconio, un material muy bueno para ese tipo de reconstrucciones. Si todo sale bien, me colocarán la corona dentro de 3 semanas, y sólo faltará reconstruir los otros 2 dientes rotos, que serán más fáciles de reparar y requerirán solamente del uso de resinas, según tengo entendido.

La litera de la que me caí no tiene protecciones. Curiosamente, algunas personas habían dormido, en años anteriores, en esa litera y no se habían caído. Quizá se deba a que soy una persona muy descuidada. Durante un par de días estuve pensando en que es muy probable que muera joven a causa de algún accidente fácilmente evitable. Me sugestioné con esa idea hasta el punto de que (algunos que lean mi blog seguro sabrán que soy algo hipocondríaco), durante ese par de días, me estuve tropezando y golpeando muchas más veces de lo normal.

Afortunadamente he podido tomar mi accidente con calma, sólo quiero tener ya mis dientes reconstruidos pues eso me impide sonreír, ya desde hace casi 3 meses, y hace que tenga que taparme la boca cuando hablo. Es un proceso largo, sin duda.

Como ya está acabando el semestre, escribiré más para el blog. No he organizado bien mi tiempo y por eso casi no me he aparecido por aquí. Aún tengo varias cosas qué contarles. He leído mucho los últimos meses aunque no he escrito tanto. Tengo 11 cuentos pendientes y ahora estoy trabajando en uno. Como se dan cuenta, he cambiado un poco la apariencia del blog, me gusta más así.

Termino esta entrada con una moraleja que surge de los hechos recientes: nunca duerman en la cama de arriba de una litera que no tenga protecciones, sobre todo si son tan distraídos como el que escribe estas palabras.

10 comentarios:

  1. Me gusta la apariencia de tu blog, también me gustaba la anterior, qué bueno que te pases por aquí, incluso con noticias tristes.

    Lamentable lo de tu accidente. Aunque a partir de cierto punto sólo pude pensar en algo así como ¡Damián tiene novia!

    Entonces recordé: esa soy yo :D

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  2. Sí que ha sido un proceso largo, también me alegra que vuelvas por aquí. No cabe duda de que tu novia ha sido un gran apoyo y eso me hace feliz. Sigo sin entender por qué te tapas la boca cuando hablas o ríes, no estás terrible. Te quiero mucho, que regresen tus publicaciones y que se dé todo para la escritura de tus cuentos.

    :)

    Por cierto, mi hermana dice que escribes como hablas jajaja Y ahora ya sé más de dientes y eso, a pesar de tu accidente, todo ha sido sumamente interesante.

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  3. Hola Damian, por suerte vas en camino de recuperar la sonrisa, menos mal que el seguro de la facultad te cubria esos tratamientos son carisimos
    Cuidate mucho
    Un abrazo

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  4. No conocía toda esta historia Damian, espero que todo se te resuelva pronto :)

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  5. Damián, no tenía idea que habías tenido un accidente. Aunque ya es un poco tarde, siento mucho lo de tus dientes. A pesar de que nuestras interacciones solo se limitan a internet, he llegado a apreciarte con el tiempo pues tenemos intereses y estilos de vida bastante similares. A mi me pasa algo parecido con mi blog, pero bueno, la idea es actualizar cuando se tenga tiempo.

    Un gran abrazo y mis mejores deseos para tu recuperación :)

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  6. Pues mucho ánimo compañero, y bienvenido de vuelta a la brecha.
    Saludos

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  7. Siento lo de tus dientes. Menuda lata las curas y los arreglos.
    En cuanto a esta entrada, muy bien explicada, creo que le falta algo: una foto de tu nueva sonrisa.

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  8. Ay Damián, espero que puedas recuperarte pronto. Y retomar el ritmo de este blog tan interesante. :) :) :)

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  9. Muchas gracias a todos :) Los aprecio, aunque a la mayoría de ustedes no los conozca en persona. En unas semanas ya podré mostrarles mi nueva sonrisa.

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  10. Vaya, lo que cambia de un día para otro; un simple cambio, como el de cambiarse de cama... Siento mucho lo de tus dientes. Menos mal que, de los tres métodos, pudiste coger el menos invasivo (sin desgastar los más dientes). Suerte en tu recuperación!

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