agosto 20, 2011

Coma


    Se despertó. Antes de abrir los ojos tanteó los alrededores. Apretó las sábanas con sus manos y percibió el frio metal de la base de la camilla. Sintió la molestia de los tubos dentro de sus fosas nasales, y aspiró, el aroma era el frío y puro del oxígeno. En su rostro sintió una briza gélida. Cuando se decidió a abrir los ojos comprobó que estaba en un hospital. Era una habitación en la que a su diestra había una mujer con el cabello enmarañado, sentada en una silla, y estaba dormida. El hombre dio un tirón a los tubos de su nariz y comenzó a respirar con dificultad. La mujer se despertó con el sonido de su respiración, y ella estalló en lágrimas apenas lo vio. La mujer lo miró con ternura mientras él la miraba todavía con el horror de la primera impresión. La había reconocido.
    —¡Tú! —exclamó el hombre.
    La mujer abrió los brazos y se acercó a él. El hombre la rechazó con violencia.
    —¡Maldita sea, tú! ¡Tú aquí, tú! —dijo de nuevo el hombre.
    —¿Amor, qué pasa? Has despertado... Amor...
    —¡Carajo —el hombre sacudió la cabeza y apretó fuertemente los ojos—, te lloré como un loco allá! —el hombre se sentó en la camilla, mirando de frente a la mujer. La miró fijamente. Su mueca se torció aún más—. ¡No estabas en ese lugar y te lloré tanto!
    —Mi amor —dijo la mujer, mirando a un lado y a otro y luego al hombre que estaba en la camilla y a quien ahora ya ni reconocía como su esposo—, ¡pero si estuviste en coma durante siete años!
    —Oh... Siete años —el hombre hizo una pausa—. Allá parecieron más. —Observó con detenimiento a la mujer—. Tu rostro... está envejecido.
    —No entiendo de...
    —Clara... ¿de verdad estuve en coma? Porque... ¡Cielos! Pero estoy seguro que...
    —No entiendo lo que me quieres decir.
    —Lo siento, Clara —el hombre se levantó de la camilla.
    —¡Doctor!
    —No puedo quedarme aquí. Entiende. No, no puedes entenderlo ahora. Estoy seguro que lo sabrás, pero quizá no me creas.
    El doctor llegó pero cuando éste abrió la puerta, el hombre salió de la habitación. Caminó por el pasillo vestido con la ropa de hospital. El doctor fue tras él y llegaron dos enfermeras, que lo sujetaron por los brazos. El hombre no ofreció resistencia, estaba demasiado débil. El doctor intentó dominar su sorpresa ante el repentino despertar del paciente.
    —Tiene que volver a su habitación —dijo el doctor, con los ojos desorbitados.
    Su esposa había salido y lo miraba, bañada en lágrimas. Los ojos del hombre se encontraron con una figura familiar, pero ésta no era su esposa, sino una mujer que yacía en una cama, detrás de una puerta entreabierta, en la habitación contigua.
    —¡Esperen! —gritó el hombre.
    Una enfermera llegó con una silla de ruedas. Lo sentaron.
    —¡Esperen! —volvió a decir el hombre—, ¿quién es la mujer que está en esa habitación? —dijo, señalando la puerta un poco abierta.
    —Otra paciente —dijo el doctor.
    Ya lo estaban llevando de regreso.
    —¿Está en coma, verdad? —preguntó el hombre—. ¿Se llama Alicia, Alicia Salas, cierto, tiene treinta y seis años?
    El doctor miró a la mujer que estaba parada en el marco de la puerta, la esposa del hombre. Le dijo:
    —¿Le ha contado algo sobre la paciente?
    La mujer negó con la cabeza.
    —¿Habrá escuchado algo sobre ella mientras estaba en coma, doctor? —preguntó una de las enfermeras—. Tal vez de verdad los pacientes pueden escuchar mientras...
    —¡No, no, no entienden, yo conozco a esa mujer! —gritó el hombre.
    —Usted no puede conocerla —dijo el doctor—, estaba en ese estado mucho antes de que lo trajeran a usted, y usted nunca tuvo contacto con ella.
    —Escuche —dijo el hombre—. Yo la conozco, la he conocido durante siete años, al parecer, aunque allá me pareció mucho más tiempo. Quizá realmente fue más tiempo.
    —¿De qué hablas, amor? —le preguntó su esposa.
    —Lo siento, Clara. Te amo, uno nunca deja de amar, de eso estoy seguro, pero ahora con quien deseo estar es con ella, la amo —y señaló a la mujer que estaba acostada en la habitación contigua.
    ¡Había dicho esas palabras, las había dicho!
    Su esposa volvió a entrar a la habitación.
    —¡Oh —dijo el hombre para sí mismo—, sabía que iba a reaccionar de ese modo!
    Las enfermeras de nuevo se dirigieron a la habitación y el hombre en la silla de ruedas cruzó el marco de la puerta. Se encontró con su esposa, con la mirada vuelta hacia la ventana que daba a la calle. El hombre le dijo al doctor:
    —¿Qué tan grave es el estado de Alicia, en qué nivel de coma se encuentra?
    —Lo siento —dijo el doctor—, esa información no le incumbe.
    El hombre suspiró. Ya se enteraría después.
    El hombre se dirigió con la silla de ruedas hacia su esposa, venciendo la debilidad de sus brazos. Le contaría todo lo que había pasado, consciente de que no le creería, ni ella ni nadie. ¿Cómo le iban a creer que había estado en ese otro mundo donde había conocido a Alicia, de quien se había enamorado? ¿Cómo le iban a creer todas las cosas que allí había pasado, el horror y la felicidad que había vivido, cómo le iban a creer siquiera que todo aquello no era más que una invención de su mente, que realmente hay una vida mientras la vida permanece latente y oculta en el mundo en el que nacimos? Quizá algún día Alicia despertaría, y les diría a todos que todo lo que habían vivido era verdad, y podrían volver a estar juntos. Quizá...

13 comentarios:

  1. Realmente tienes unas ideas geniales amigo Damian.universos paralelos que quizas tienen su puerta de enlace en estos estados latentes de la mente...muy bueno

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  2. Ayer publiqué el comienzo de una historia, que dividí en dos porque quedó muy larga. Y cuando leo esta entrada tuya... Veo que a veces las historias se cruzan.
    Alguien juega con nuestra mente?
    Saludos

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  3. Vaya con el "picha-brava", ni en coma paraba de ligar. :)

    -Hay historias reales bastante más sorprendentes de personas que han permanecido en coma durante largos periodos.

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  4. Yandros: Gracias! Y yo la considero como una posibilidad. Por qué no? Tal vez en ese "mundo comático" no interactuemos con todas las personas que están en coma en ese momento dado sino que sea necesario que la persona (también comatosa) esté cerca de un paciente comatoso para que pueda "captarla" y poder interactuar con ella en el comamundo. Philip K. Dick ya había tocado el tema en su genial novela Ubik.

    Gamar: Leí lo que escribiste en tu blog. Y ya me hago una idea del por qué de tu comentario. Con FBM ya me pasó antes que escribimos cosas similares. Quizá estemos conectados de cierto modo XD

    Piedra: Jaja, ni en coma paraba de ligar XD Y yo no conozco testimonios de supuestas vivencias de personas mientras estaban en coma. Recuerdo que antes leía mucho sobre cosas extrañas, OVNI's, tecnología antigua, etc, pero ya no.

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  5. Yo además de las cosas que puedo haber leído, conozco historias que cuentan médicos y enfermeras sobre personas en coma o sobre personas que han permanecido clínicamente muertas y algunas son alucinantes.

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  6. Oye, pues sería genial que escribieras una entrada sobre eso... bueno, si quieres... XD

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  7. Además de en Ubik, Philip K. Dick trató el tema del coma (o algo parecido) en "Eye in the sky", que me gustó más que Ubik a pesar de haberla leído en una traducción ("Ojo celeste") que sospecho incompleta (algunos personajes, ilógicamente, no toman en ningún momento control de la situación, como hacen los demás).

    El hecho de que tú y Gamar hayais escrito sobre el mismo tema el mismo día a lo mejor implica que estuvísteis en coma (o algo parecido) la noche anterior y estuvísteis charlando juntos.

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  8. Eye in the Sky fue de las primeras novelas de Phil. Y yo que le debo mi vida (literaria) a Phil, y no he leído esa novela...

    Jaja, me agrada tu curiosa deducción. Aunque no es del todo imposible, sólo que no recuerdo haber estado en coma. Bueno, realmente escribí esa historia hace más de un mes, pero la publiqué ahorita porque últimamente no he escrito, aún no desarrollo bien un par de ideas que tengo en mente. Quizá lo de Gamar y yo fue como lo de Newton y Leibniz, que desarrollaron el Cálculo simultáneamente, en lo que posiblemente pueda ser un efecto de filtración de datos de una mente a otra directamente.

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  9. Qué buena historia, Damián, qué original, y qué bien llevada, con qué ritmo, con qué tensión. Te diré que lo de los mundos paralelos siempre me ha fascinado....¿Quién demonios puedo ser yo ahora mismo en otro lugar, en otra dimensión? Quizás esté en coma y esté viviendo esta vida mía actual, quién sabe...En fin, intuyo que en el fondo, estos gustos míos por vivir varias vidas se deben a la actriz frustrada que soy, jajajaja!

    Volví de mis largas (y necesarias) vacaciones blogueras... Un abrazo!

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  10. Buena idea.
    Buen desarrollo.
    Por tanto, buen cuento. Felicidades.

    Salu2.

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  11. Pedro: Gracias por el comentario y por leer!

    Saludoides! (un saludoide, en matemáticas XD, es un saludo en revolución)

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  12. :O Waaa, ¿por qué me dejas así? ¡Quiero más! ¿Qué habrán vivido allá? ¿Cómo se conocieron? ¿Cómo es que lo de Alicia es mucho más fuerte que lo de su esposa? ¡Gran cuento! Ahora debrayaré en mi cabeza los posibles sucesos :)

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  13. Gabi: Qué habrán vivido allá? De hecho al principio estaba escribiendo esta historia narrando los sucesos en el "coma-mundo" pero narrar todo sin muchos diálogos me parecía algo tedioso, y tampoco sabía bien qué cosas escribir, por eso la historia comienza cuando el hombre termina de "vivir" el ese "coma-mundo". Gracias!

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