octubre 18, 2011

Preservar La Colectividad

“Varía localmente el campo electromagnético, cambia la distribución electrostática en un extremo de la moneda y podrás hacer que caiga cara en vez de cruz. ¡Felicidades, has manipulado el azar!” (Jorv G. Looschip, Vigesimocuarta Generación de Cartógrafos Espaciales de Dreaya. 4071 d.C.) 

     S-21r leyó el código del contenedor metálico que su colega llevaba en las agarraderas electromagnéticas. Sus fotoceldas se movieron del frasco al rostro gris e inexpresivo de S-22r. Los dos pequeños robots eran transportados por la cinta que llevaba al Colectivo Sagitario. 
     Llegaron al exterior, avanzaron sobre un gran puente. Allí, a lo lejos, hacia donde la cinta los llevaba, bañados por la luz del sol, se levantaban algunos edificios de varios cientos de pisos. El puente desembocaba en una estructura cubiforme, un gran cubo esparcido entre otros cubos, de color azul fuerte, contrastante contra el cielo violáceo. Los robots llegaron en silencio hasta el edificio. Al atravesar el arco que delimitaba la puerta semipermeable, la iluminación abandonó su tono amarillento para dar paso al azul que emanaba de las paredes. En el interior, las máquinas trabajaban silenciosamente. Los dos robots se separaron; S-21r fue hacia los niveles inferiores y S-22r hacia los superiores a través de los tubos elevadores. 
     Once pisos arriba, el reparador vio que el robot acababa de llegar. S-22r se acercó al reparador. El humano tenía apariencia robótica, pues su cuerpo era de metal, era bajito, apenas superaba el metro de altura, lo mismo que medía S-22r, y sus ocho brazos descansaban sobre los costados. 
     —Acompáñame —le dijo mentalmente el reparador, mirando el contenedor que llevaba el robot. 
     S-22r lo siguió. Entraron a un haz verde horizontal que delimitaba un campo magnético, y los impulsó hasta la parte oeste del edificio, allí donde se encontraban las instalaciones del complejo de investigación orgánica. El haz los hizo detenerse frente a la puerta semipermeable de uno de los laboratorios. Los sensores de equilibrio del humano se desbalancearon un poco, pero luego se estabilizaron. Atravesaron la puerta semipermeable. Quien los esperaba dentro clavó su vista en el contenedor del robot, era un hombre muy alto, de grandes alas, cubierto de pumas negras y brillantes. Las plumas que recubrían su cuerpo variaban de tonalidad y de brillo cuando se movía. Se acercó a S-22r y el pequeño autómata le entregó el frasco. El hombre alado se volvió hacia una mesa que se acababa de materializar frente a una pared, allí depositó el recipiente, al que le conectó un tubo. Las alas del hombre sufieron un espasmo. Palpó el recipiente. Se inclinó hacia adelante y lo miró de cerca. El cilindro tenía un indicador de temperatura, marcaba por encima de los 70 Celsius. El hombre alado se giró tan bruscamente hacia el robot y hacia el humano que unas plumas se le desprendieron. 
     —¿Qué le ha ocurrido al cerebro? —la voz mental del hombre alado llegó a los receptores corticales del reparador y de S-22r. El par de plumas cayó con lentitud al suelo. 
     —Se lo he entregado —transmitió S-22r—. Usted lo la colocado sobre la mesa. 
     —Sí —respondió el alado—, eso lo sé. Me refiero a que la temperatura no es la correcta. 
     —Eso no es posible —transmitió el robot. 
     —¿Qué necesidad tienes de mentir? —emitió el reparador, dirigiéndose al alado. 
     El hombre alado quitó de un tirón el tubo que había conectado al contenedor. 
     —No importa —dijo—. Pero han retrasado la instalación de este cerebro en el organismo de C. Y el tiempo es muy importante. 
     —¿Me he equivocado? —preguntó S-22r. 
     —Míralo por ti mismo —respondió el hombre alado mientras el robot se acercaba e inspeccionaba en frasco sobre la mesa—. Has dejado que la batería se agotara. 
     —No entiendo cómo ha podido pasar. —S-22r se dirigió hacia la puerta semipermeable del laboratorio—. Iré a reparación. 
     La polaridad de la puerta semipermeable se invirtió y el robot se marchó pasando a través de ella. 
     El hombre alado sujetó el contenedor y, bajando la vista, miró al reparador. Le extendió el recipiente. 
     —Llévate esto y que restablezcan las neuronas y las conexiones faltantes. 
     El reparador extendió el par superior de sus ocho brazos y tomó el contenedor, pero se quedó parado como si no hubiese recibido la orden. 
     El alado lo miró. 
     —Ya sé que es muy raro —emitió el hombre alado. 
     —¿Cuándo había ocurrido un error antes? 
     —La Colectividad no tiene registro de algo así —el hombre alado se sintió incómodo, desvió la mirada del pequeño humano metálico—. Anda, el tiempo apremia. 



     El sol, en su rápido recorrido por el firmamento, se ocultó en el horizonte, y el disco de un gigantesco planeta comenzó a asomar, pintado de naranja y de rojo y de verde. Las gigantescas estructuras del Colectivo Sagitario adquirieron otra coloración bajo la luz del planeta creciente. El satélite giraba y las unidades sobre su superficie pululaban, dirigiéndose a un lugar apacible para poder ser parte de, para ser, La Colectividad. 
     El hombre alado iba entre ellos, él se dirigía, entre la masa de miles de cuerpos biológicos y robóticos, hacia la estructura sur del Colectivo Sagitario. Sus plumas negras se movían bajo la briza de los convectores atmosféricos de aire del satélite. Ya se encontraba casi al pie del enorme cubo sur, desplazándose sobre la cinta transportadora junto a una larga fila de cuerpos. 
     Había siete carriles más de cintas transportadoras, todas a su izquierda. Frente a él había un helicoide, un organismo con mente humana y cuerpo de cometa helicoidal, e iba unido a la cinta por un candado electromagnético, mientras el helicoide se mantenía a flote, girando sobre su eje; a su izquierda había un felinoide, de pelaje naranja manchado de púrpura, con la cabeza gatuna en alto. 
     Fueron entrando en el edificio, a un túnel muy ancho tapizado a ambos lados de puertas semipermeables: las entradas a las habitaciones, a los pequeños cubos en los que se iban introduciendo las unidades. Las cintas interactuaban entre sí, si la habitación de alguna unidad estaba cerca, las cintas desplazaban a la unidad hacia las cintas de los extremos para que ésta pudiese cómodamente descender de la cinta transportadora y entrar a su cubo. El hombre alado, que estaba en un carril exterior, caminó hacia una plataforma individual que se movía a la misma velocidad que las cintas, y cuando la cinta detectó la variación de peso, ésta fue desacelerando constantemente hasta detenerse justo frente a su habitación, marcada como S-7131H, código que, para todo efecto práctico, también era su nombre. Cruzó la barrera semipermeable. La luz del interior de la habitación surgió de las paredes. El espacio era reducido, y en él sólo había un aparato de focalización de ondas. El hombre alado sintió que algo se liberaba dentro de su torrente sanguíneo y todo le comenzó a parecer borroso. Siguiendo un impulso programado en su cerebro, cerró los ojos para evitar el mareo. Percibió en palpitar de muchas mentes, ahora se encontraba dentro de La Colectividad. 
     La Colectividad había entrado en una discusión sobre el aumento de la dosis del medicamento que todas las unidades orgánicas venían usando desde hace algunos siglos. Las unidades humanas robóticas también recibían el medicamento, y las puramente robóticas eran dotadas de un mecanismo receptor-transmisor diferente. El medicamento potenciaba la capacidad telepática necesaria para mantenerse unido a la mente comunal. 
     —Si es necesario para que La Colectividad se mantenga en todo su esplendor —transmitió el hombre alado, aunque al mismo tiempo era él y miles de millones de mentes al unísono—, estoy completamente de acuerdo. 
     El voto por unanimidad de toda La Colectividad tardó un par de minutos para darse, aún había individuos que dudaban, pero luego de que se esparciera el acordante neural en el sistema atmosférico, todos estuvieron de acuerdo como una sola voz. 
     El hombre alado sintió que la dosis del medicamento en su torrente sanguíneo aumentaba, a 121 megacetn como se acababa de acordar. Le dieron náuseas y se llevó las manos al estómago. Una sensación ácida subió por su tracto digestivo. Comenzó a vomitar. El suelo fue absorbiendo el líquido del vómito, y una ranura se abrió de una pared: le ofrecía una lata de aerosol limpiador. El alado notó que se había ensuciado, contempló los restos de vómito en el plumaje de sus piernas y su amplio pecho, con expresión de asco. 
     —Salga de aquí, unidad S-7131H —escuchó una voz en su cabeza. 
     El hombre alado no logró identificar la traza mental de quien hablaba. 
     —¿Quién eres? —transmitió, mientras miraba fijamente la lata de aerosol que la pared le ofrecía. 
     —Soy el sistema de refrigeración de los Colectivos Sagitario y Aries, le ordeno que salga inmediatamente de aquí. 
     Eso explicaba por qué no había traza mental, se trataba del sistema de refrigeración quien le hablaba. 
     —¿Por qué tengo qué salir? 
     —¡Salga, es una emergencia! 
     ¿El sistema de refrigeración notificando una emergencia? Reportar algo de esa naturaleza era trabajo del ordenador autístico central. Aún así hizo caso. Tomó el aerosol del espacio en la pared, y ésta se cerró. El hombre alado caminó hacia la puerta semipermeable, pero chocó contra ella. ¿Cómo pudo...? Se había olvidado de darle la señal a la puerta de que saldría. Luego, ésta se polarizó y lo dejó salir. Se dio cuenta de que las cintas transportadoras estaban detenidas excepto la más cercana a él, y el túnel estaba vacío. 
     —¿Si es una emergencia por qué no están desalojando del edificio a los demás? —preguntó el hombre alado. Cuando se dio cuenta ya se encontraba en la cinta transportadora y era sujetado por las alas y brazos por dos fuertes robots flotantes. La lata de aerosol limpiador cayó y rebotó contra el suelo. El alado sacudió las alas pero las tenía plegadas y fuertemente sujetas y sólo logró lastimarse. La cinta aumentó de rapidez. 
     —¿Qué es lo que quieren? —dijo, enojado y al mismo tiempo asombrado. Se estaba acercando hacia la salida del túnel. 
     Cuando el hombre alado salió del túnel, una luz rosa lo bañó, el planeta gaseoso en torno al cual giraban ya estaba en el cénit. Sintió que perdía el equilibrio, la cinta transportadora iba cada vez más rápido, ahora ya estaba a unos cien metros del edificio sur del colectivo, y se seguía alejando. 
     —Señal de auxilio —transmitió el hombre alado—, me tienen retenido bajo mi... 
     Un estruendo. Una fuerte explosión llegó desde el edificio sur, y éste se convirtió en una bola de fuego, y un viento enrarecido y sobrecalentado sacudió con violencia las plumas del alado, que cayó de bruces sobre la cinta transportadora. Sintió un gran dolor proveniente de su ala derecha. Parte de su cuerpo estaba incendiado, y torpemente, con sus brazos sujetos por los robots, intentó apagar las llamas. Los robots flotantes que lo llevaban le rociaron un líquido antifuego. Sus llamas se extinguieron. 
     El hombre alado miró hacia atrás. Restos del edificio estaban dispersos y el concreto estaba quemado por las llamas. El calor de la explosión aún llenaba el aire, aunque los tubos conductores y convectores virtuales del sistema atmosférico ya comenzaban a redistribuirlo. 
     Sintió que lo soltaban. Los robots flotantes se alejaron de él y volaron hacia la enorme mole en llamas, y cuando estuvieron lo suficientemente cerca, explotaron y su caparazones metálicos cayeron entre los restos de la exposión, como si hubiesen sido víctimas del mismo incidente. 

     —¿Es posible que se deba a la contracción? —transmitió el albatros posado sobre el pedregoso suelo. Se acicaló el blanco plumaje con el pico. 
     —Era de suponerse que tendría efectos sobre la salud de los organismos biológicos —emitió el oso polar—, ¿pero que también ocurra en los robots? —se rascó la mejilla suavemente con sus garras—. Hay que evaluar esto. Los ordenadores ya han registrado cuatro fallos más en el resto del satélite, y también en Czázar. 
     El albatros accedió mentalmente al ordenador autístico central y miró los registros. Lo primero que saltaba a la vista era la fisión nuclear de todo el Colectivo Capricornio, aunque por suerte pudo contenerse con un cerco electrodébil y de esa forma se evitó que todo el satélite fisionara; luego la explosión por sobreacumulación de lideno en el edificio sur del Colectivo Sagitario. Pero sobre todo... las bajas. 
     —Todos están de acuerdo —dijo el oso polar, y ambos entraron en una especie de trance. 
     —Hemos tenido ciento treinta millones de unidades dadas de baja temporalmente, mientras se hacen las reparaciones —dijo una voz que no correspondía a una sola mente—, lo que representa una disminución del tres por ciento en la efectividad de La Colectividad por un periodo de cinco días. Es significativo a corto plazo. ¿Qué medidas se tomarán? Los robots, sobre todo los del sistema de seguridad, han sido los causantes de esto, pues han sido afectados por las variaciones légicas espontáneas que permanecen fuera de control, así que se prescindirá en el mayor grado posible del uso de unidades puramente robóticas para los servicios de La Colectividad, y el mantenimiento de los sistemas vitales y el sistema de seguridad, sobre todo, tendrán como administradores a unidades humanas. 
     Luego de eso las mentes de los que tendrían un papel diferente supliendo a los robots fueron reorganizadas para adecuarse a las nuevas tareas. 
     S-7131H, el hombre alado, estaba recibiendo nanoreconstrucción de su ala derecha, que había sido parcialmente destrozada por la pieza metálica que se le había incrustado. 
     —Puede irse —le dijo el sonriente robot, de la mitad de su estatura—, sólo falta que las plumas crezcan por completo, pero ya están en proceso. 
     El hombre alado se levantó de la camilla y se dirigió a la puerta de salida. Había estado en junta con La Colectividad, discutiendo sobre el peligro que representaban los robots, mientras uno de ellos, un robot, le rociaba nanoestructuras de restauración de tejidos, mientras él estaba recostado boca abajo, indefenso ante cualquier ataque que se sucitara por error. Nunca pensó que llegaría a desconfiar de un robot. Toda la sociedad humana dependía de ellos. Por un momento miró al sonriente humanoide pero se apresuró a atravesar la membrana de la puerta. 
     Y pensar que usarían a un robot para... 
     El hombre alado se llevó una mano al rostro. 
     Casi se había olvidado de ello, le había dicho al reparador, S-7132Hr, que tuviese preparado el cerebro que había sido dañado por S-22r, y aún no había tenido contacto con él. 
     Intentó comunicarse con S-7132Hr pero no pudo. 
     —¡Singularidades! —exclamó el hombre alado. 
     Miró su ala derecha y vio cómo la última pluma faltante se reconstruía con suma rapidez. Era como si no le hubiese pasado nada. Desplegó sus alas y aleteó con fuerza. Su cuerpo se levantó un poco después del primer aleteo, y al segundo un poco más. Los largos músculos de su ancho pecho se ponían en acción. Ascendió varios cientos de metros hasta los haces azules que cruzaban el cielo. Las estructuras del Colectivo Sagitario se veían pequeñas a sus pies, y una parte de la cruz de edificios era una mole destrozada. Cuando entró en uno de los haces y metalizó sus tejidos, su cuerpo se impulsó hacia en suroeste. Cerró las alas, pues aumentaban la fricción con el suave aire del satélite. El horizonte se curvó un poco más, y las estructuras bajo sus pies se movían con gran rapidez, y a lo lejos una pequeña mancha que se iba agrandando indicaba la posición del Colectivo Aries. El colectivo Aries pronto fue adquiriendo dimensiones colosales. En ese colectivo era donde la computadora había apagado todo el sistema de enfriamiento y millones de cerebros en perfecto estado se habían dañado. 
     El hombre alado al fin hizo contacto con el reparador, S-7132Hr. 
     —Acabo de tener problemas con la comunicación —transmitió—, parece que hay un desdoblamiento de las dimensiones no estándares en el marco local, aunque ya he mandado un par de máquinas compensadoras para que lo arreglen. Casi llego a Aries, ¿está listo C? 
     Recibió la voz mental del reparador: 
     —No podemos usarlo. 
     —¿Qué? ¿De qué singularidades hablas? 
     —No podemos. Acabamos de decidir que prescindiríamos lo mayor posible del uso de robots. 
     —Pero esto es diferente, no podemos prescindir de él, nunca se acordó que se prescindiría de C. ¿Qué nos quedaría en tal caso? 
     El hombre alado cerró su vía de transmisión y pensó por lo bajo. El Colectivo Aries ahora estaba justo bajo sus pies, y había entrado a un túnel virtual descensorial. El túnel terminó y él tuvo que volver a usar sus alas. Mientras descendía hacia una de las entradas del edificio norte del colectivo, transmitió: 
     —¿Por qué dices que no podemos usarlo? —el hombre alado tuvo un presentimiento. No quería confiar en un robot para llevar a cabo la empresa última de La Colectividad, pero no parecía haber otra opción, aún considerando el nivel de las últimas afectaciones causadas por variaciones légicas espontáneas. Si las dimensiones no estándares no se comportaran de una manera tan aleatoria...— ¿Acaso tienes algo en mente? —dijo. 
     —Te explico —respondió S-7132Hr—: un robot encontró en el suelo lo que desde un principio parecía ser una placa de información, de una naturaleza extraña. El robot lo reportó y se le pidió que fabricase un codificador para leer la información contenida en la placa. Cuando hizo lo que se le pidió y revisamos la información, encontramos que ésta hacía referencia acerca de un error cometido por los sistemas de concepción. El error es de hace dos décadas. 
     —No hay registros de un error ocurrido en Czázar —transmitió el hombre alado, que ya se encontraba frente a una ventana permeable del vigésimo piso del edificio norte, la atravesó y vio a su colga. Se miraron y prosiguió la transmisión. 
     —Los hay —respondió el reparador—. En ese satélite ocultan cosas al resto de nosotros. Al parecer la placa de información ha llegado a nosotros procedente de Czázar. 
     —¿Cómo pudo llegar aquí? —el hombre alado dobló su cuerpo y tomó asiento en una silla que se acababa de materializar. 
     —Sólo apareció en nuestras instalaciones. Alguien la trajo de Czázar, eso es casi seguro, su marca de posición así lo indica. 
     —¿Qué dice la placa sobre ese error? —preguntó el hombre emplumado. 
     —Lo llama Error número 2, se debió a una falla del sistema de concepción, que generó un organismo que no debería existir. El individuo resultante no es telépata y su ADN es anormal, pequeños errores en el... 
     El hombre alado extendió sus alas y tiró con ellas unos tubos de carbono de las mesas que estaban a los lados de la silla, los tubos tintinearon en el suelo. Sus ojos se desorbitaron. 
     —¿Un individuo no telépata se ha mantenido con vida durante veinte años? ¿Cómo permitió Czázar tal aberración? 
     —No sabemos. Según la información de la placa, el individuo no tiene idea de lo que representa La Colectividad, no se ha desarrollado en un ambiente propicio. Ha vivido todo ese tiempo aislado, desde los dos años cuando aprendió a... Será mejor que veas la información. La placa..., ésta es —el reparador le tendió la mano al hombre alado—. Lo que se encuentra básicamente en ella son registros de los avances cognitivos y operativos del individuo. 
     El hombre alado extendió su brazo emplumado y tomó la placa. La miró. 
     —¿Cómo accedes a la información de esto? —dijo—. El lector que fabricó el robot... 
     El reparador señaló un pequeño artefacto que estaba sobre una mesa. 
     —Introdúcela allí —dijo. 
     El alado se acercó a la mesa e introdujo la placa en la ranura del pequeño artefacto. Una pared del laboratorio se iluminó y apareció en ella una imagen. La imagen era la de un sujeto joven dentro de una habitación. El sujeto, de cabello castaño corto y ropa color blanco, estaba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, y unos pequeños bloques flotaban en el aire e iban colocándose unos sobre otros formando estructuras. 
     —La construcción que el sujeto está haciendo —dijo el reparador— es una réplica, según información de la misma placa, de una iglesia del siglo dieciocho. Así dice, “siglo dieciocho”, aunque no hay ningún archivo que explique lo que eso significa. 
     —¿Qué es una iglesia? —preguntó el alado. 
     —¿Qué era una iglesia? No hay muchos datos sobre eso, sabemos que esa estructura representa una iglesia y que está relacionado con el antiguo culto a dios. 
     El hombre alado siguió viendo el video. El individuo había terminado una construcción que tendría más o menos su altura, de estar él de pie, y luego la desarmó para empezar con la siguiente. 
     —Es muy hábil manipulando la máquina que mueve a esos bloques —transmitió el hombre alado—, sólo que, ¿cómo lo hace sin telepatía? 
     El reparador miró al hombre alado. 
     —No utiliza ninguna máquina además de su cerebro —dijo. 
     —Creo que la gente de Czázar sabe más de lo que nos dice. —Luego el hombre alado se dio cuenta de lo que el otro acababa de decir—. ¿Cómo que no tiene una máquina? 
     —No hay interfase. Mueve los bloques con su mente. 
     —¡Eso no es posible! 
     —Hay más datos —dijo el reparador—, son pequeños fragmentos que de alguna forma se conservaron del tiempo antes de la llegada del hombre a Czázar y a Dázar y a los sistemas en los que habita La Colectividad. Lo que este individuo posee se llema telequinesis, en un tiempo fue muy común. Y hay más sobre este individuo. 
     En el video se desplegaron listas con estadísticas y algunas gráficas. 
     —No sólo es muy hábil manipulando esos bloques con la mente —continuó el reparador—, sino que los datos muestran que es suficientemente hábil como para manejar los sistemas que manejaría C —hizo una pausa—. Así podríamos prescindir de C. 
     El hombre alado miró inexpresivamente al reparador. 
     —Pero si se trata de un humano... —dijo, y de inmediato balbució algo. 
     Era un humano, eso era cierto, pero ¿de qué clase de humano se trataba? 

     —Alguien ha intervenido en mí para alterar La Colectividad —transmitió el ordenador autístico central. 
     El reparador del Colectivo Capricornio miró las filas de depósitos cerebrales que se extendían por kilómetros dentro del edificio. El hombre medía casi dos metros y estaba vestido con unos pantalones de una tela azul muy extraña y una playera negra de fibra de nanocarbono. 
     —¿Qué alteraciones se han hecho? —preguntó el reparador. 
     —Me han usado para manipular el sistema de refrigeración del Colectivo Aries, la ventilación del Colectivo Sagitario y para hacer que todo el material del Colectivo Capricornio fisionase. ¿Te das cuenta?, alguien me usó y generó los daños que ha tenido La Colectividad en los últimos dos días. No es algo originado por los cambios légicos, como oficialmente se cree. 
     —¿Estás segura? 
     —Sí. Y no entiendo cómo han tenido acceso directo hacia mí. Eso ocurrió aquí mismo. 
     —¿Cómo sientes ahora el sector 12? —preguntó el reparador. 
     —Los cerebros están en mal estado, los tendrás que arreglar. 
     —Y por lo demás no te preocupes —dijo el reparador—, en un par de horas se resolverá el fallo de los problemas de seguridad. 
     —Lo sé, reparador, sólo que me causa confusión... ¿Cómo pudo ocurrir? —el ordenador autista emitió una especie de chillidos—. El Sector 12 ya está fuera de operación, puedes comenzar con las reparaciones. 
     El reparador se acercó a un compartimento en la pared de donde sacó un vehículo de piso, lo montó y el vehículo avanzó con rapidez, recorrió el pasillo de depósitos cerebrales hasta llegar al sector 12, a un kilómetro de allí. Cuando llegó, se acercó al primero de los doscientos depósitos cerebrales del sector 12. 
     De una caja metálica sacó una especie de aguja, la introdujo en un pequeño orificio sobre la base del contenedor cerebral. Hizo lo mismo con los otros ciento noventa y nueve cerebros, pero luego de introducir la aguja al último, seleccionó de la caja una aguja algo distinta, y la introdujo en un segundo orificio. 
     —Dos minutos y estarás completa —dijo el reparador. 
     —¡Gracias! —respondió el ordenador autista. 
     El reparador miró mentalmente el estador y corroboró que el ordenador estuviese generando Ondas Pi terciarias. El virus ya estaba circulando por todo el sistema. 
     —Entonces informaremos de las intervenciones ilegales que te han hecho —dijo el reparador. 
     —¿De qué estás hablando? —respondió el ordenador, con voz relentizada. 
     El reparador del Colectivo Capricornio sonrió, aunque era consciente que tenía que hacer todo de la manera más meticulosa posible. 

     Las máquinas zumbaban dentro del Centro de Procesos Primarios en Czázar. El satélite giraba en una órbita más alejada que Dázar alrededor del gigante gaseoso. Se escuchó el batir de las hélices de un gran buque aéreo que transportaba material reciclable. E2 miraba el buque aéreo descender sobre la amplia plancha de la zona de descarga del centro. Vio cómo al fin tocó suelo, en medio de un estruendo, y decenas de robots, que descendían de los compartimentos laterales, comenzaron a pulular en ordenadas formas sacando del interior del buque los contenedores, que recorrían, flotando, las rutas predeterminadas. Los contenedores de material reciclable fueron entrando a la zona de aprovechamiento de desechos del centro. E2 vio que un par de robots se separaban de los demás y se alejaban de la nave. Los robots parecieron dudar pero luego corrieron hacia un prado de verde pasto en medio del que crecían árboles cuyas copas se levantaban sobrepasando el centenar de metros. E2 tuvo curiosidad, así que corrió tras ellos. 
     Escuchó que el robot que iba delante le decía algo al que iba retrasado. Las pequeñas máquinas se adentraron a los árboles y corrieron entre ellos. 
     E2 se detuvo en seco, había escuchado a un robot hablar. Y ese robot se alejaba. E2 siguió corriendo detrás de ellos, aunque los robots eran muy rápidos, ya casi se le habían perdido de vista tras una pequeña elevación del terreno. Siguió corriendo, entre los árboles. 
     Y llegó al límite del prado cuando éste daba paso al nanoconcreto. Ya no veía a los robots, y su mirada ahora percibía las enormes estructuras cúbicas de color gris sobre el fondo rojizo del cielo. Y escuchó de nuevo a lo lejos la misma suave voz del autómata. Miró hacia atrás. Nunca se había alejado tanto de casa, pero tenía que conocer a ese par de robots, así que se alejó de la zona que había conocido por veinte años. 
     Corrió por la enorme plancha de nanoconcreto que llevaba hacia los edificios grises y cúbicos y buscó por todas partes la presencia de los robots, pero no los encontró, aunque por encima de los edificios, más abajo de los verdes haces conductores que zurcaban el cielo, vio una figura oscura y brillante, que agitaba unas enormes alas y parecía que iba a descender sobre el techo del edificio más cercano. Luego vio que la figura alada comenzaba a caer sin control, y percibió sus gritos después de un par de segundos. El hombre emplumado no cayó en el techo del edificio, al cual pasó casi rozando, sino que siguió cayendo hacia la plancha de nanoconcreto. E2 se agitó, corrió hacia el ser alado que caía del cielo pero no pudo llegar antes de que éste se estrellase contra el suelo. No había podido memorizar su estructura a tiempo como para impedirle caer. Vio al enorme y oscuro y brillante cuerpo impactarse contra el concreto, el cráneo explotó, disparando la masa cerebral hacia todas direcciones. E2 se acercó a los restos del ser alado, y con el rabillo del ojo se percató de que los dos robots a los que había estado siguiendo estaban viendo también lo que había ocurrido. 
     Uno de los robots, de forma humanoide, dijo, alternando su mirada entre E2 y el hombre emplumado: 
     —¿Lo han retirado? —su voz sonaba con una tímida dulzura. 
     —No lo creo —dijo E2, pero se sintió extraño al hablar con un desconocido. Se sintió extraño al hablar, pues el lenguaje no era algo que practicase demasiado con alguien más que él mismo. Sus ojos negros se posaron en el cráneo destrozado del hombre emplumado—. Tengo entendido que las personas son retiradas cuando se encuentran en sus cubos, no volando. 
     Los dos robots se miraron. 
     —Tengo entendido que las personas —dijo el primer robot, con la misma voz que E2—. ¿Qué significa esa palabra que usaste: persona? 
     E2 miró con extrañeza al robot, vio que el otro autómata se acercaba al cuerpo y lo revisaba. 
     —Persona —dijo E2 luego de un momento—, como tú o como tu amigo, o como yo o ese hombre con alas que cayó del cielo. 
     —Somos unidades —respondió el robot. 
     —Debemos —dijo el robot que examinaba el cuerpo— informar al Centro de Procesos Primarios para que lo reparen. Hoy han estado fallando las redes de comunicaciones, pero estamos sólo a trescientos setenta metros del centro. 
     —¿Cómo lo repararán? —preguntó E2. 
     —¿Qué número de serie tiene esta unidad? —preguntó el robot que estaba cerca del cuerpo sin vida del hombre emplumado, refiriéndose a E2. 
     —Su traza mental no está en los registros —dijo el otro robot—. Seguro se trata de un error de la base de datos. Estamos acostumbrados a los errores en estos días. 
     —¿Por qué hay errores? —preguntó E2. 
     —Porque el Universo se desestabiliza, por eso surgen los errores —respondió el robot—. Vamos —le dijo a su compañero robot—, levanta el cuerpo y vámonos de aquí. 
     El robot que estaba más cercano al cuerpo se hizo un ovillo, perdió su forma humanoide, las nanoestructuras de las que estaba conformado se reagruparon y finalmente se convirtió en una camilla móvil. La cabeza del otro robot se le desprendió, y se convirtió en un fluido que se escurrió sobre el concreto y se expandió por los alrededores, recogiendo a su paso los restos del cerebro y otros tejidos del hombre emplumado, mientras la otra parte del cuerpo robótico, sin cabeza, subía los restos de la unidad muerta sobre la camilla. Cuando el piso estuvo limpio y los fragmentos depositados correctamente, la cabeza del robot volvió a reestructurarse en su sitio. 
     Trasladaron el cuerpo alejándose de los edificios y luego cruzando el verde prado por debajo de los árboles. Por el interior de aquellos enormes árboles fluían varios catalizadores y combustible y varios productos líquidos de uso común, que se vertían hacia las grandes raíces subterráneas y de allí a los ductos de recolección. Los productos fluían hacia abajo mientras la savia subía por el tronco hacia las ramas, manteniendo la vitalidad del árbol. Cuando abandonaron la verde vegetación pasaron junto a la gran plancha de nanoconcreto de la zona de descarga, donde algunos robots aún trabajaban llevando cajas con material, aunque el buque aéreo ya se había marchado. 
     En una puerta permeable entraban y salían unidades robóticas en frenética procesión. Ellos se acercaron a una puerta adyacente a la del personal. Los robots que estaban junto a E2 se detuvieron en la entrada. El robot que mantenía su forma normal miró a E2. 
     —¿Me podrías decir tu nombre? —le dijo el robot. 
     —Humano —respondió E2. 
     —Ese no es un nombre oficial. 
     —Es mi nombre. 
     —Creo que está dañado —el robot transmitió radialmente a su colega que estaba convertido en camilla—, dejemos que nos acompañe, repararán su mente. —Y luego, con su voz, dijo—: Humano, acompáñanos. 
     Entraron al Centro de Procesos Primarios. Caminaron por un pasillo blanco. 
     —¿A dónde lo llevarán para repararlo, y cómo lo repararán? —preguntó E2. 
     —Esta unidad se ha perdido parcialmente, su cuerpo está inservible dado que su cerebro ha resultado muy dañado. Buscaremos su traza en la base de datos y la unidad física de repuesto recibirá la copia de su mente. 
     E2 intentó asimilar lo que había escuchado. 
     Llegaron a una plataforma circular entre un cruce de caminos. El lugar era la base de un cilindro del radio de unos cinco metros, y el cilindro se alzaba varios kilómetros hacia arriba. Cuando subieron a la plataforma, ésta se elevó con aceleración constante. 
     —¿Puedo observar cuando hagan eso? —preguntó E2, sin despegar la vista de todo lo que le rodeaba. 
     —Claro que puedes. 
     —Gracias. Me gustaría saber, también... ¿por qué corrían por entre los árboles? 
     —Vimos a la unidad bajando del cielo. Nunca habíamos visto aquí en Czázar una unidad alada. 
     Subieron varios cientos de metros hasta que la plataforma se detuvo. Atravesaron una pared y llegaron a un enorme espacio lleno de máquinas que mantenían orgánicamente vivos millones de cuerpos de repuesto. En el centro estaba la extensión del ordenador autístico central que se encargaba de suministrar los nutirientes necesarios y mantener en condiciones adecuadas. Un gran brazo flotante se movía de un lugar a otro abriendo los contenedores que guardaban a los cuerpos y trasladando las unidades de repuesto, que se requerían de cuando en cuando, a la parte trasera para que fueran puestos en operación. 
     El ordenador autístico detectó la traza genética del cuerpo destrozado que tenía cerca, el hombre alado, y también detectó la de E2. 
     —En un momento se llevarán a cabo las reparaciones —transmitió el ordenador. 
     El lo alto, el brazo flotante se movió hacia un contenedor, se escuchó un ruido como de líquido escurriendo y se abrió una puertecilla por la cual salió un cuerpo brillante y de color negro; el brazo lo cargaba. El brazo lo depositó en una mesa cercana. En cuerpo tenía la misma apariencia del hombre alado. 
     El ordenador autístico cargó los datos de la unidad S-7131H y los tasladó al cerebro del nuevo cuerpo, al mismo tiempo que el brazo robótico introducía un fluido de nanorobots a la masa encefálica para que guiaran a las neuronas a crear conexiones entre ellas de la misma manera en la que estaban conectadas antes de que el otro cuerpo muriera. El cerebro del nuevo cuerpo dio lugar a la mente del hombre alado. Abrió los ojos y se levantó de un salto, desplegando completamente las alas. 
     —Calma —le transmitió el ordenador autístico central—, has tenido un accidente, pero ya estás bien. 
     El hombre alado se tocó la cabeza. Su último recuerdo era que estaba cayendo e iba a impactarse contra el concreto. Miró a los dos robots, y el que se había convertido en una camilla ahora había vuelto a su forma normal, luego vio a alguien más, a E2, y lo reconoció inmediatamente. Sus ojos se desorbitaron, y sus labios temblorosos apenas pudieron decir: 
     —¿Qué haces aquí? —lo había dicho verbalmente, porque recordaba la ausencia de telepatía de ese individuo, y le pareció extraño oír su propia voz. 
     —¿Yo? —preguntó E2. 
     El hombre alado ajustó su flujo de neurotransmisores y logró calmarse. 
     —Lo siento... —dijo—, estoy confundido. 
     —Yo pensé que lo habían retirado —transmitió uno de los robots—, pero las unidades no se retiran cuando están en operación. Ordenador, ¿cuál fue la causa del accidente? 
     —Recuerdo —transmitió el hombre alado— que me asfixiaba. 
     —En efecto —respondió el ordenador—, ha habido otra variación légica espontánea. El aire se disoció en una gran región sobre el Colectivo Sagitario, por eso no pudiste respirar. En este momento se está reactivando el flujo de aire. 
     El hombre alado miró en torno al lugar donde estaba y vio que su anterior y destrozado cuerpo era conducido por un robot-vehículo-basurero hacia la zona de carga de material reciclable. Aprovecharían muy bien su anterior cuerpo, sin duda. Luego miró a E2 y lo analizó con detalle. Era justo como en las grabaciones. 
     E2 observaba todo lo que sucedía, en silencio, y veía todo ocurrir en silencio, pues las comunicaciones se estaban efectuando por la vía telepática. 
     “¿Por qué está él aquí?”, pensó el hombre alado. 
     —Por cierto, S-7131H —transmitió el ordenador autístico—, ¿cómo van las pruebas con C? 
     El hombre alado titubeó un poco. 
     —No van tan rápido como es necesario —pensó en cómo continuar con su mentira—, debido a que hemos prescindido lo más posible del personal robot. 
     —Confiaba en que no tendrían problemas —dijo el ordenador—. Hacer que C funcione correctamente es una tarea muy sutil, y S-7132H y tú tienes mi absoluta confianza. 

     E2 se marchó del Centro de Procesos Primarios y llegó a una zona cubierta de un pasto recién cortado. Inhaló profundamente. Una puerta se abrió en el suelo. Pensó en todo lo que había visto, luego cayó noqueado por un golpe en la cabeza. El hombre alado vio con alerta la puerta que se había abierto, pero nadie salió de ella, luego cargó el cuerpo que estaba en el suelo y levantó el vuelo. 

     E2 se acomodó dentro de la estrecha cápsula. La pared se transparentó y observó el vacío tachonado de estrellas, como un suave terciopelo negro agujerado, delante de una lámpara de color variable. Era el momento de continuar probando los instrumentos. Volteó su cuello y miró al gigante gaseoso y a un disco opaco que se movía con gran rapidez en el espacio intermedio. Fijó su mente en lo que tenía que hacer. Vio que la bóveda estrellada se distorsionaba y los puntos de luz y las nubes lejanas desaparecían. Había entrado en el espacio no estándar de dimensiones doceaba, treceava y catorceava. La máquina Alfa NEU mantenía la deformación e intersecaba a las dos hipersuperficies. 
     Tenía que saber que si esa fuera la vez de actuar, la ocasión decisiva, podría hacerlo bien. Vio que a su lado, fuera de la cápsula, flotando en el espacio, Alfa NEU se posaba en una superficie virtual, simulando el descenso a un planeta. No tuvo problemas para hacer que la nave se posara, su cerebro ya se había adaptado a ella, a hacerla aterrizar en el mismo lugar y de la misma manera. Los controles de la cápsula en la que se encontraba le dieron un informe del estado del universo, aunque sólo se trataba de una simulación pues estaba sumergido dentro de las dimensiones no estándares, un lugar de perpetuo vacío, excepto cuando alguien entraba en ellas. El informe simulado mostraba una discrepancia de uno entre un trillón del valor esperado en la constante de Radón y de dos millonésimas en la constante de Plank. Sólo tenía que ajustar la segunda para que la primera se estabilizara de acuerdo a lo esperado, pero el nivel de aleatoriedad era de un ocho por ciento, así que también tendría que utilizar el colapsador de probabilidades. Ordenó mentalmente al colapsador ponerse en operación, y comenzó a hacer los cálculos en su cabeza. Cuando el planteamiento fue el correcto, dejó correr el estabilizador, y percibió en los medidores que la constante de Plank llegaba a un valor normal, pero la constante de Radón se había elevado exponencialmente. Sintió una ligera angustia, porque eso implicaba tener que variar el tiempo de decaimiento del quark bottom, pero lo hizo. La vida no podría surgir si el valor de la constante de Radón no era exacto. 
     Hizo variar las constantes y las ajustó a los valores necesarios. La prueba había terminado, las inestabilidades habían sido arregladas y un universo así podría ser habitable. Se alegró porque los instrumentos habían funcionado perfectamente bajo su mando. Sintió un ligero dolor de cabeza. 
     —Sácame de aquí —ordenó al sistema de deformación de la Alfa NEU. 
     La cápsula comenzó a vibrar. 
     —¿Qué pasa? —dijo E2. 
     Se dio cuenta que el sistema de deformación lo estaba intentando trasladar por default a la triada dimensional número siete. 
     —No, no, no hagas eso. ¿Qué ocurre? 
     Los gráficos mentales le mostraron que el número de dimensiones del universo había disminuido en tres. Las dimensiones faltantes eran las dimensiones estándares. 
     Un escalofrío recorrió la espalda de E2. 
     —Actualiza los datos. 
     Lo mismo. Las dimensiones estándares ya no estaban. 
     E2 observó através las paredes transparentes de la cápsula en la que se encontraba, la inmensidad del vacío, y tuvo la sensación que el espacio a su alrededor se volvía cada vez más estrecho para luego expanderse y una vez más volverse a contraer. 
     —No, no, eso no es posible —dijo. Su respiración comenzó a agitarse pero controló sus sistemas vitales—. El universo no pudo haber dejado de existir. 
     En su mente, el contador de tiempo había avanzado demasiado. Habia ido demasiado lejos en el futuro. 
     —No hay presencia de las dimensiones estándar —se dijo. 
     E2 tuvo que volver a ajustar sus sistemas vitales, de otra forma sufriría un colapso nervioso. 
     La máquina podía equivocarse, así que decidió cerciorarse por él mismo, aunque sabía que la teoría predecía un comportamiento oscilatorio de las dimensiones extras en caso de que una triada dimensional dejase de existir. Miró la máquina posada sobre la superficie virtual. 
     —Emite una señal constante de medio milímetro de longitud de onda —le ordenó. 
     La máquina emitió un haz invisible a los ojos de E2, pero éste mentalmente percibió que el haz oscilaba desde un poco más de un cuarto de milímetro hasta algo menos de tres cuartos de milímetro. La longitud de onda variaba de manera oscilatoria, lo que significaba que algo la perturbaba, y esas perturbaciones se ajustaban a la teoría. Las dimensiones estándares habían desaparecido, y eso causaba la contracción y la expansión del espacio donde ahora E2 se hallaba. 
     E2 se dobló sobre sí mismo. No podía acabar así, no podía ser el fin de todo, el universo no podía haber desaparecido, tan sólo estaba en una prueba, no, no podía ocurrir en ese momento, y a esa estúpida máquina sin consciencia parecía no importarle. 
     Pero la energía debía de haber ido a algún lugar. No podía haber desaparecido, la energía del universo que él conocía debía de estar en algún sitio. Algo tan básico como el principio de conservación no podía violarse. 
     —Máquina —dijo E2, mientras miraba a un punto dentro de la pequeña cápsula—, encuentra a dónde se ha filtrado la energía del universo estándar. 
     Tardó un par de minutos. 
     E2 recibió la información. La energía estaba dispersa entre el resto de las dimensiones. Los datos mostraban una densidad apenas por encima de cero en las cercanías. 
     —¿Es posible doblar las dimensiones de tal forma que todas las dimensiones restantes entren en contacto y a su vez intersecten esta triada? —se preguntó, y de inmediato se respondió—: Sí, es posible. ¿Pero no estarás pensando en...? 

     —Hemos perdido contacto —transmitió el hombre alado. 
     —Si tenemos estas dificultades en una prueba —dijo el reparador—, me imagino que cuando tengamos que actuar verdaderamente, esto tendrá serias probabilidades de fracasar. 
     La señal holográfica que mostraba la cápsula de E2 se había desvanecido. 
     —Mira —dijo el reparador, que veía los datos proyectados sobre la pared—, lo hemos mandado demasiado lejos al futuro. Me pregunto que habrá visto. 
     —Vamos —el hombre alado se llevó una mano al rostro—, hay que preparar la siguiente prueba para mañana. 
     El gigante gaseoso ya se ocultaba sobre el horizonte y la luz solar que reflejaba sobre Dázar se hacía cada vez más escasa. El hombre alado y el reparador salieron de la estación orbital bajando por el ascensor espacial, hasta que descendieron en el centro de la cruz del Colectivo Sagitario. El edificio que había sido dañado por la explosión ya había crecido de nuevo. El hombre alado levantó el cuerpo robótico del reparador y alzó el vuelo, por alguna razón no quería tomar la banda transportadora. Esa razón era la desconfianza. Mientras volaba hacia el edificio sur del colectivo, el hombre alado dijo: 
     —Esto se está derrumbando demasiado pronto. ¿Cuándo se reestablecerán las comunicaciones? 
     —Depende de factores que no están en nuestras manos. 
     —Antes sí estaban en nuestras manos —dijo el hombre alado, y luego se hizo un largo silencio. 
     Llegaron al edificio sur y el hombre alado atravesó una puerta semipermeable en uno de los pisos medios. Dejó al reparador en el suelo. El lugar estaba lleno de grandes contenedores, unos diez, alineados en torno a una pared. El reparador se acercó a uno de ellos, marcado con el número 14, y desconectó la manguera. El líquido amarillento que llenaba el recipiente descendió, y poco a poco dejó ver el cuerpo que se encontraba dentro. Cuando el líquido bajó completamente y el cuerpo hubo sido secado por las micromáquinas de absorción de líquidos, el reparador abrió la cámara y sacó el cuerpo, cargándolo suavemente con sus seis brazos, lo llevó hasta una camilla en el otro lado del laboratorio. El reparador tomó un pequeño gotero y dejó caer un par de gotas hacia la frente del hombre recostado. La gota fue absorbida de inmediato por el cráneo. Luego escribieron recuerdos en la mente del nuevo cuerpo, recuerdos que nunca ocurrieron, y borraron otros. 
     Comenzaba la primera hora del día en tiempo de Dázar. El hombre de la camilla se levantó agitado, y miró los alrededores, vio al hombre alado y al reparador entre la luz amarillenta del sol que se filtraba por las paredes transparentadas. 
     —Buenos días —dijo E2, desperezándose. Miró el rostro del hombre alado, el único que reflejaba emociones al contrario del rostro flexible pero estático del reparador; vio que había tristeza es su mirada—. ¿Te ocurre algo? —le preguntó. 
     El hombre alado había olvidado manipular sus controles vitales para liberar el paquete número dos de neurotransmisores. Se castigó mentalmente por ello. 
     —Estoy bien, sólo algo cansado. 
     —¿Estás mintiendo? —le preguntó E2—. Todas las pruebas han ido muy bien, así que no hay razón para sentirte mal. Sólo nos falta probar la efectividad del campo légicoaislante ante grandes concentraciones de energía y con una flecha de tiempo reversible, y estaremos listos. —E2 sonrió y dijo tranquilamente—: Una tormenta tiene por efecto aclarar el aire. 
     —Eso último... —dijo el hombre alado—, ¿qué significa, lo de la tormenta? 
     —No lo sé —respondió E2—, sólo ha venido a mi mente. 
     Afuera comenzó una ligera precipitación. Los sistemas conductores y convectores de la atmósfera habían dejado de funcionar. No estaba programado que lloviera en esa zona a esa hora. El hombre alado vio la lluvia caer del otro lado de la pared. 
     E2, aún desnudo, se acercó a una caja y tomó un par de prendas de vestir y se las puso. 
     La glándula de alimentación del hombre alado liberó lo suficiente para las siguientes horas, mientras E2, quien no poseía glándula alimentatoria, buscaba entre varios tubos escogiendo lo que comería, eligió uno de color verde y otro rojo, eran verduras y carne. Se sentó, se llevó a la boca primero el tubo de carne y lo apretó fuertemente, comenzó a masticar. 
     —Es curioso —dijo E2, mientras masticaba y tragaba— que se fabrique comida en base a animales y plantas que existieron hace tanto tiempo y que ahora su configuración molecular sólo se encuentra en las bases de datos. 
     El hombre alado seguía mirando la lluvia, que se hacía cada vez más fuerte, casi torrencial. 
     —Acabas de hablar de una tormenta —dijo el hombre alado— e inmediatamente comenzó a llover —miró seriamente a E2—. ¿Tú has provocado esto? 
     —No —respondió—, no sé siquiera si podría hacerlo, tendría que mover grandes masas de agua. Ocurre simplemente porque ya no le hemos impuesto un orden al clima, y éste actúa de la forma que naturalmente lo haría, sin nuestra intervención. —Comió un poco del tubo de verduras, masticó largamente y tragó. 
     El gigante gaseoso ya asomaba parte de su disco sobre el horizonte. Desde la estación en órbita sincrónica fue soltado el vehículo que transportaba la cápsula donde iba E2 y una réplica de la máquina de variación légica y plantación, Alfa NEU. El hombre alado y el reparador se quedaron en la estación espacial. Vieron como el vehículo, un punto brillante en el moteado espacio, desaparecía, había salido de las dimensiones estándares. 
     —La Colectividad ha pedido que les presentemos una prueba del avance de C —dijo el reparador. 
     —¿Una prueba del avance de C? C no existe —respondió con ligera violencia el hombre alado—, y además, ¿por qué sigues diciendo “La Colectividad”?, lo dices como si eso aún existiera. 
     —Por eso mismo no lo podemos presentar. Un miembro robot me ha avisado antes que saliéramos del colectivo que quieren que una fracción de La Colectividad —hizo una pequeña pausa—, de lo que fue La Colectividad, esté presente en al menos una de las pruebas. 
     —Podemos alegar que eso retrasaría el evento... Por cierto, he estado algo aislado últimamente, ¿se confirmó la noticia de la baja definitiva de los sistemas F y H por las explosiones de sus estrellas principales? 
     —Hace un par de horas lo confirmaron —dijo el reparador—. Estamos muriendo, nuestro universo muere. 
     El reparador se quedó mirando sobre el hombro del hombre alado, éste se volteó y vio un punto de luz que luego se convertía en un disco de radio creciente. 
     —¿Es Beta Alidonis? —preguntó el hombre alado. 
     —Sí. 
     Permanecieron en silencio, observando la estrella que había entrado en estado de supernova. 

     E2 despertó en la oscura habitación. Se sentó en la cama y vio a través de la sección transparente de la pared, recargando su hombro derecho sobre ella. Vio varios discos de gran luminosodad, que se difuminaban radialmente hacia los bordes. Eran cientos de esos discos. Habían comenzado a aparecer en el cielo desde hacía años, pero ahora eran muchos más. Un gran número de las estrellas del grupo local habían estallado. Miró con aprecio un disco estelar, aún una estrella viva, ésa era su estrella. 
     Sintió el pasar de los segundos. Se quedó sentado en la cama, con la cabeza apoyada en las rodillas, y viendo los discos con el brillo de millones de soles que flotaban en el vacío. Entró en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia, hasta que dos horas después, con movimientos lentos pero a la vez decididos, se levantó y, con el uniforme que se había puesto desde la noche anterior (según el tiempo de Czázar), se dirigió hacia la parte principal de la nave. Allí se encontraba S-7131H, y éste se dio cuenta cuando E2 entró, atravesando la delgada pared permeable. 
     No intercambiaron palabras. Por su parte, el hombre alado sabía que habían utilizado a ese humano para sus fines, lo habían manipulado para que cumpliera la misión de La Colectividad. E2 miró fijamente a S-7131H y el primero asintió con la cabeza. 
     La nave en la que iban se posó en un punto de Lagrange de un sistema binario de estrellas de la que una se había convertido en supernova, y que estaban tan lejos una de la otra que la fuerza gravitacional apenas las hacía girar juntas. 
     E2 se introdujo en la cápsula en la que había estado antes en treinta ocasiones. La cápsula estaba junto a una máquina de control légico como las que había hecho aterrizar antes en aquellas superficies virtuales, tanto dentro del universo estándar como en las dimensiones extras, y la máquina a su vez contenía una planta de procesos primarios. El vehículo que contenía la cápsula y la máquina se desprendió de la nave principal. 
     E2 miró el triste y bello universo con sus estrellas que iban muriendo una por una. Lo peor de todo eso era que la perturbación viajaba a través de las dimensiones no estándares y así se propagaba con una velocidad virtualmente infinita, y todas las estrellas pronto saldrían de la secuencia principal para convertirse en supernovas o hipernovas o en nebulosas planetarias o lo que su destino les tuviese preparado. El espectáculo de luces iluminaba la aterciopelada negrura del espacio. Fijó su vista en el punto en el que sabía que se encontraba la estrella que había visto recorrer el cielo de Czázar, pero sólo vio un disco que se iba haciendo cada vez más grande y más brillante. La desesperanza lo abrumó. Luego todo desapareció y percibió la oscuridad total que sólo existe cuando se penetra en las dimensiones no estándares, y un par de luces parpadeantes del vehículo Alfa NEU y la iluminación interna de la cápsula eran lo único que allí brillaba. 
     Supo de pronto, él dentro de su pequeña cápsula, que en el universo estándar el tiempo estaba siendo acelerado respecto a donde se encontraba. Para cumplir con su misión, antes tenía que llegar al final mismo del universo. 
     Todo lo malo que habían pagado... Había una leyenda acerca de eso, la leyenda decía que los hombres antes de llegar a Czázar habían experimentado mucho con el universo, que habían alterado las leyes físicas indiscriminadamente y ahora se veían los resultados. Pero sólo era una leyenda. Realmente casi nada se sabía del universo antes de que el hombre llegara a Czázar, luego de que los colonizadores aterrizaran y comenzaran con la empresa que había sido La Colectividad, la última expresión de grandeza de la especie humana. 
     Tuvo una sensación de que el espacio a su alrededor se contraía y se expandía. La teoría indicaba que esa oscilación era indicativa de que una de las triadas dimensionales se estaba contrayendo drásticamente. Quiso saber cómo se observaría aquello, el universo contrayéndose, la energía y la materia cada vez más densas, el Big Crunch. Se preguntó por qué esa sensación de que el espacio oscilaba le parecía como si ya la hubiese experimentado antes. No, no era posible. Las oscilaciones fueron cada vez más rápidas hasta que, aunque no lo veía sabía que así era, el universo que había conocido había dejado de existir como tal. En ese momento debería de tener un radio de dos años luz y todo en él seguramente era una sopa de fragmetos abiertos y cerrados de subcuerdas de vibración infinita. 
     De pronto vio que de una gran cantidad de puntos del espacio no estándar comenzaron a surgir vórtices de una naturaleza que él desconocía. Sintió que el vehículo se adaptaba automáticamente a un cambio. ¿Cuál era ese cambio? Vio el estado de lo que le rodeaba, los sensores habían detectado energía fluyendo dentro de la triada de dimensiones no estándares donde se encontraba. ¿Energía? El espacio y el tiempo planos comenzaron a curvarse. 
     —No debería de estar pasando esto —se dijo E2. Ajustó sus niveles vitales y pronto se sintió tranquilo, pero aún estaba totalmente alerta. Sabía que cualquier cosa descuidada que hiciera sería crucial para la misión. 
     Del otro lado de la sección transparentada de la cápsula, entre lo que parecía un mar con remolinos que se hacían cada vez más grandes, vio una silueta plateada, casi cuadrada, visible gracias a un par de luces parpadeantes. Lo reconoció de inmediato: era un vehículo Alfa NEU, exactamente igual la vehículo en el que se encontraba. Cerca del Alfa NEU flotaba otra cápsula. 
     ¿Qué significaba eso? 
     Intentó hacer contacto con el otro vehículo que se encontraba en las cercanías. 
     Luego de unos segundos tuvo resultado. Pero lo que había ocurrido era que la máquina Alfa NEU había hecho contacto consigo misma. Sintió que la máquina entraba en un conflicto de asimilación lógica. 
     —Hay... ¿Se encontrará alguien dentro de la cápsula? —se preguntó, mientras su cuerpo, inmóvil, temblaba por dentro. 
     —Detecto presencia orgánica dentro, sólo que no hay respuesta —se dijo. 
     E2 miró fijamente la cápsula que flotaba entre los vórtices supercalientes de plasma de subcuerdas. Separó la cápsula del resto del vehículo, y manipuló los controles mentales de la máquina de control légico. Cambiando las condiciones del campo electromagnético, hizo que tanto su cápsula como la otra se acercasen a un punto fijo. La cápsula, tan familiar pero extraña dentro de ese lugar, fue agrandándose más desde su campo de visión hasta que la tuvo frente a él. 
     Conectó los canales de las cápsulas. 
     —¿Hay alguien allí? —transmitió a la otra cápsula. 
     No obtuvo respuesta. 
     Vio los datos de la máquina desplegarse en su mente, había algo raro en las cifras, el periodo de oscilación del espacio discreto superaba la unidad. Ordenó reiniciar el sistema de recibimiento de información y las cifras volvían a superar la unidad. No había error de medición. 
     —Los sensores parecen descalibrados —se dijo—. Pero no, no lo están. Tampoco capto las tres dimensiones espaciales del universo estándar —se dijo E2. Hay una geometría inusual en este espacio y en las dimensiones no estándares restantes, parece que la otra máquina aquí presente está activada y está haciendo que haya un flujo de energía hacia esta triada. 
     La situación le parecía confusa. 
     Lo mismo pensaba la máquina. 
     —¿Cuáles son las implicaciones lógicas de esto? —se preguntó E2. Buscó en la información de la máquina y llegó a una conclusión—. O bien son duplicados idénticos de mí y de Alfa NEU o hemos incurrido en una paradoja temporal, pero las justificaciones de esa segunda opción son insostenibles. 
     E2 percibió que los flujos de plasma supercalentado que salían de los vórtices comenzaban a concentrarse. 
     —¿Qué es lo que está haciendo tu duplicado, máquina? —preguntó E2. 
     Los datos le mostraban que la otra Alfa NEU estaba siguiendo un protocolo de junta de deformidades, es decir, lo que se debería hacer si la región de concentración del plasma no es uniforme. 
     —Exacto —se dijo—. ¿Mi duplicado quiere hacer un nuevo universo aquí? —E2 miraba con asombro como la bola de plasma crecía cada vez más, alimentándose de los vórtices que llenaban todo el espacio. Manipuló los controles para alejarse de esa región, pues de otra forma, si no llegaba a tener activados los escudos, sería engullido por el plasma de subcuerdas. Vio que el duplicado de la máquina de control légico y la otra cápsula también se alejaban en la misma dirección. 
     La tasa de crecimiento de la bola de plasma se disparó, y E2 tuvo que alejarse lo más rápido posible. 
     E2 midió la energía que se encontraba presente en ese lugar. El total representaba el 91 porciento de la energía presente en el universo estándar. La bola debía de tener ya un radio de un centésimo de año luz. Si la cápsula y la máquina Alfa NEU no tuvieran un sistema de antigravedad, esa cosa ya los hubiera engullido y convertido en materia primordial. 
     “Está tratando de crear un nuevo universo usando esta triada dimensional”, pensó E2. “No soy yo el que está haciendo esto, o tal vez sí. De otra manera, quién más podría estar dentro de esa cápsula?” 
     De pronto cayó en cuenta de que la máquina Alfa NEU era una extensión de La Colectividad, tal y como lo era él mismo, aunque él no tenía acceso directo a los bancos de datos de La Colectividad debido a su falta de telepatía, sólo podía ingresar usando a Alfa NEU como interfase. Utilizó a la máquina para buscar vida orgánica dentro de la cápsula. La encontró, dentro había una forma humana. Buscó su traza mental. Los resultados eran lo que él esperaba, pero aún así se sorprendió. Era él mismo. La traza mental indicaba que él, es decir, otra versión de él, estaba dentro de la otra cápsula. La misma lectura le indicaba que se encontraba en un estado de semiinconsciencia y con los sistemas vitales muy bajos. 
     E2 ordenó a la máquina manipular el campo electromagnético local. Indujo cargas sobre la superficie de la otra cápsula y ambas cápsulas comenzaron a moverse hacia un punto fijo intermedio. 
     A pocos kilómetros de distancia, la esfera supercaliente se iba volviendo más densa, ahora debía de tener una milésima de año luz de diámetro. 
     Pronto tuvo frente a él la otra cápsula, ésta estaba totalmente opaca, así que E2 polarizó las moléculas para ver el interior. Dentro observó un cuerpo, su cuerpo, recostado de lado sobre el asiento de la cabina, con la cabeza recargada sobre el costado izquierdo del interior de la cápsula. E2 sintió que los músculos faciales se le contraían. Se estaba viendo a sí mismo. Alineó la otra cápsula para el acoplamiento, y ésta continuó acercándose a él, hasta que las dos cápsulas hicieron contacto. Un leve siseo indicó que ambas cápsulas se habían acoplado. Se levantó se su asiento y abrió la puerta delante de él, luego se topó con la puerta de la otra cápsula, la segunda puerta se abrió. Vio su cuerpo inmóvil y pálido. Se dirigió al interior de la otra cápsula. Avanzó hacia al cuerpo y lo examinó. 
     —¿Qué está pasando? —se preguntó, con voz estrangulada. 
     El panel de vitalidad del traje azul, igual al suyo, que vestía el otro cuerpo, le indicó que el organismo estaba en mal estado. Vio moverse un párpado del blanco rostro. La pupila se movió erráticamente al principio pero pronto se detuvo en E2. El párpado bajó y luego ambos ojos se abrieron. Una débil voz surgió de aquellos labios sin color: 
     —El universo me ha traicionado —escuchó que el otro hombre decía. 
     E2 observó al otro E2. 
     El que estaba en el asiento, con el cuerpo recargado hacia la izquierda, dijo: 
     —Mi cerebro se ha dañado de forma que comienzo a alucinar. 
     —No estás alucinando —dijo E2—, aunque puede que yo sí. 
     —Entonces debes ser un clon mío —sonrió—. ¿Por qué no? No tomarían un riesgo tan alto como para tener sólo a uno como yo. No es raro que hayan hecho copias. —Con sus ojos cansados observó el uniforme azul del que estaba de pie frente a él. El uniforme era como el suyo a excepción de un detalle: el que estaba de pie tenía en el lado del corazón el emblema de la misión. Inclinando un poco la cabeza vio que su propio traje tenía marcado un número, percibió un uno y un cinco, número 15, pues estaba haciendo la quinceava prueba de los sistemas de Alfa NEU cuando el accidente ocurrió y quedó aislado en el espacio no estándar—. Tú eres —dijo— el que está llevando a cabo la verdadera..., sagrada —se rió al decir esa palabra—, misión. 
     E2 se inclinó para cargarlo y llevárselo al hombro. Se regresó a su propia cabina y depositó a su otro yo en el asiento. Cerró la puerta y desacopló la cápsula de su clon. Cuando se volteó vio que el otro estaba sentado, sosteniéndose aunque con cierta torpeza. Parecía que tuviese más fuerza. 
     —No sé por qué me eligieron a mí —escuchó que el pálido hombre decía—. Un robot no hubiera bajado al mínimo crítico sus sistemas vitales. 
     —¿Lo has olvidado acaso?, no eligieron a un robot porque los de su tipo comenzaban a presentar fallos. 
     —Oh. 
     ¿Por qué lo hiciste, bajar tus sistemas vitales? —le preguntó E2.
     —Por un momento pensé que lo que quería hacer, mi idea del nuevo universo, no daría resultado. Me di cuenta de que lo había hecho bien luego de ya casi haberme matado. —Su rostro se puso muy serio—. Ya que estás aquí, tú te encargarás de esto. Pero antes —vio a través de las ranuras de sus ojos el gran globo que se compactaba bajo su propia gravedad allá a lo lejos—, debo preguntarte, ¿sabes lo que significa nuestro nombre, E2? 
     Humano era como él se denominaba a sí mismo, pero todos lo habían llamado siempre E2. 
     —No, no lo sé. 
     —Significa Error 2. Error número 2. 
     —¿Qué quieres decir con eso? —preguntó E2. 
     —Significa que nuestra existencia es un error de programación. Lo recordé hace un momento, no sé de dónde, y lo he podido corroborar en la base de datos. En los mundos de La Colectividad la telepatía era esencial, y nosotros no la tenemos. Ése fue el error en nuestra programación. —Hizo una pausa—. He recordado algunas cosas desde que mis sistemas bajaron... He recordado muchas cosas que quisiera contarte pero no tendría el tiempo suficiente. Es sobre el pasado, nuestro pasado...
     —¿Por qué 2, quién es el error número 1? 
     —¿Quieres verlo? Está en la base de datos de mi máquina Alfa NEU. En la tuya aún siguen bloqueados, como estuvieron para la mayor parte de los demás. 
     E2 ingresó a la base de datos de la otra Alfa NEU. Encontró la información de Error número 1, E1. Había sido un problema con el ordenador autístico central, una especie de virus computacional autogenerado. Ocurrió una disociación en la mente del ordenador, una parte seguía siendo como antes pero la otra generaba errores.
     El ordenador autístico es autosostenible —dijo el E2 moribundo, pero por alguna razón él mismo creó a un humano a quien denominaba “reparador”, que no es más que la parte disociada del cerebro del ordenador autístico. 
     E2 vio los errores que le siguieron a ese primer error. Casi de inmediato había nacido él, ése fue el segundo error, provocado por el primero, la primera unidad humana nacida sin telepatía, y nadie pareció darse cuenta de ello, de otra forma lo hubiesen retirado de inmediato, pues no sería de utilidad para La Colectividad. Luego todos los errores con robots y la explosión que hubiese terminado con un satélite entero de no haberse contenido, y una larga lista... Errores que a primera vista parecían imposibles de separar de los errores causados por el estado inestable en el que se encontraba el universo entero.
     —Recuerda que no es necesario preservar La Colectividad, como se nos hizo creer, sólo es necesario preservar aquello que es humano —dijo el hombre moribundo—. Fuimos creados por error, y por un error.
     E2 dio un paso hacia atrás.
     Vio que el otro dejaba caer sus párpados, y su pecho, que había subido y bajado al ritmo de su respiración, estaba estático. Miró la información que mostraba el traje azul. Los sistemas vitales ahora estaban en cero. Observó el cuerpo y vio sobre él, afuera de la cápsula, la brillante y diminuta esfera primordial. Se acercó al asiento y se sentó al lado del cuerpo sin vida. Hizo girar sobre su eje a la pequeña cápsula y luego tuvo frente a él la brillante esfera. En su cabeza se desplegó con detalle la información de ese protouniverso. Comenzó a manipular las constantes. Sabía que la teoría unificada que regía el universo anterior no era la misma que la de este, pero aún así supo cómo debía operar. Elevó la constante de Plank hasta su nivel normal; la constante de Urbil quedó en dos unidades; eliminó la formación de pentaquarks y monopolos; hizo que las subcuerdas que formarían el bosón de Higs no interactuaran con el fotón y con el neuterino... Por último ajustó la constante de Radón. Sólo había un par de discrepancias respecto al universo anterior, uno: las dimensiones extras no podrían usarse para la comunicación telepática a velocidad infinita, y dos: el tiempo era una variable independiente del espacio. 
     Todas las constantes estaban ajustadas a los valores aceptables, menos una. Si se variaba esa única constante para permitir la comunicación telepática había una probabilidad bastante alta, aún usando el colapsador de probabilidades, de que las demás constantes se desajustaran de manera irreversible. 
     E2 evaluó lo que estaba ocurriendo. 
     La Colectividad no podría existir. Las comunicaciones entre sistemas solares no podrían ser instantáneas. Los seres humanos que serían plantados allí por Alfa NEU tendrían que usar una manera poco práctica de comunicarse: hablarían si querían expresarse.
     Bajo esas restricciones, la mente comunal, como se conocía, no sería posible. 
     E2 se llevó las manos al rostro y permaneció inmóvil por varios segundos que luego se convirtieron en minutos. Miró el cuerpo caído a su lado. Ya no le importó ajustar sus neurotransmisores. Había fallado con el espíritu de misión que se le había encomendado, preservar La Colectividad, pues La Colectividad no podría existir. ¿Había fallado? Recordó las últimas palabras de su clon: "sólo es necesario preservar aquello que es humano...".
     "¿La Colectividad no era acaso la máxima expresión de las especies humanas?", se preguntó. Pero ahí estaban las leyendas que se escuchaban desde Czázar, un mundo que a veces parecía no tener ley, que hablaban de una gloria pasada que no se comparaba con la que se había alcanzado en cualquiera de los sistemas de La Colectividad, de los tiempos en que los hombres colonizaron otras galaxias, de los valientes viajeros que se enfrentaban a la soledad del vacío, del encuentro con los señores de las estrellas, de las crueles dictaduras que terminaron con el colapso de sistemas enteros, de las glorias y las penas de las especies humanas.
     Miró el cuerpo sin vida que estaba a su lado. Su propio rostro, blanco y traslúcido.
     Imaginó a los humanos que serían fabricados por la planta de procesos primarios de la Alfa NEU cuando descendiera en los planetas que allí surgiesen, e imaginó el tiempo en el que se preguntarían por qué el universo era como era, en el que lograrían explicar algo más que el universo que les rodeaba.
     —No somos un error —dijo.
     En la información mental vio que la densidad del protouniverso era crítica. Hizo emitir un pulso desde la Alfa NEU que perturbó la geometría de la esfera. En su superficie aparecieron chorros lumínicos de energía.
     Y el universo comenzó de nuevo.

1 comentario:

  1. FBM dijo...
    ¡Qué bárbaro! Esto no es un microrrelato. Es una novela completa. Muy bueno.

    Damián Neri dijo...
    ¡Gracias! Es lo más largo que he escrito hasta ahora, y estoy seguro que hace dudar acerca de su lectura a la mayoría de los que leen mi blog. Son 19 páginas. Tenía como 2 meses sin escribir algo más que un microrrelato que envié a un concurso, y esto es lo que ha resultado de escribir durante algunos fines de semana. ¡Qué bueno que te gustó! Para mí fue una combinación entre tortura y enorme gratitud al escribirla.

    ¡Saludos!

    Camilo dijo...
    Damián, hace varios meses que visito este blog. Tengo que ser sincero esta vez, aunque puede no ser útil. Ya lo decís vos: cosas tan largas hacen dudad acerca de la lectura. Si, me he perdido muchas de estas historias por pereza. Pero ya lo he dicho en otros blogs: Solo leo cuando fluye, no cuando me obligo, porque entonces no es placentera la lectura. Pero ¿que tal te va con cuentos cortos?
    Por otra parte, quiero resaltar lo similares que somos. También estudio física, me gusta escribir, leer, la ciencia ficción, dibujar (en eso no soy tan bueno). Te invito a mi blog. Y digo que poar aquí volveré.
    http://idasueltas.blogspot.com/

    FBM dijo...
    No sé por qué, pero no puedo acceder a este relato directamente desde el escritorio. Tengo que entrar en el anterior y, desde allí, pasar a este. Es posible que algunos de los que te leen habitualmente no lo haya hecho por que no entra desde el escritorio.

    Y luego, yo dije...
    FBM, no sé qué ocurra. Comprobé lo que me dices, no aparece esta entrada desde el escritorio (tuve que volverme "seguidor" de mi propio blog para poder ver eso, pero ya lo he quitado), de hecho aparece otra pero que es un remanente de algo que publiqué con el mismo título y que borré antes de publicar la entrada. Y volví a publicar la entrada pero veo que sigue el mismo problema. Aún así, gracias por informar!

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