Cuando era muy pequeño un día a mi padre se le ocurrió darme un paseo por la calle. Sí, es algo como lo que haría cualquier padre, el problema es que recientemente se había quedado temporalmente ciego, y usaba unos lentes de sol, enormes, típicos de la época. Cuando mi madre vio aquello, se molestó mucho y regañó a mi padre.
También, a mi hermano yo lo torturaba un poco, frecuentemente le jalaba los cabellos mientras apoyaba mis pequeños pies en sus hombros y, con fuerza, ¡jalaba!. Pero era un pequeño bebé indefenso, así que ¡era inmune!, nadie podía agredirme porque era muy frágil (aún lo soy). Luego, cuando fui creciendo ya no tuve esa inmunidad.
Bueno, se me ocurrió escribir algo sobre eso, desde una hipotética perspectiva. Es el día de los Reyes Magos, esos tres viajeros interestelares venidos de Alnitak, Alnilam y Mintaka que le trajeron regalos al androide Jesús, pero a mi no me trajeron nada. En fin... Feliz Día de Reyes.
También, a mi hermano yo lo torturaba un poco, frecuentemente le jalaba los cabellos mientras apoyaba mis pequeños pies en sus hombros y, con fuerza, ¡jalaba!. Pero era un pequeño bebé indefenso, así que ¡era inmune!, nadie podía agredirme porque era muy frágil (aún lo soy). Luego, cuando fui creciendo ya no tuve esa inmunidad.
Bueno, se me ocurrió escribir algo sobre eso, desde una hipotética perspectiva. Es el día de los Reyes Magos, esos tres viajeros interestelares venidos de Alnitak, Alnilam y Mintaka que le trajeron regalos al androide Jesús, pero a mi no me trajeron nada. En fin... Feliz Día de Reyes.
Me parece divertido hacer esto, realmente me divierte. Sé que estoy relacionado de cierta forma con él, porque él casi siempre está aquí, aunque es más grande que yo. Ahora tengo mis pies —o así he escuchado que los llaman— en los hombros de él, jalando de su cabello con mis manos. Pies y manos y cabello son palabras que los guardianes me han enseñado. Veo que la criatura sufre, grita, mientras intenta librarse de mi, para que deje de tirar de sus cabellos. Me carga por los aires. Es muy emocionado con esta sensación de ingravidez, y veo todos los objetos moverse alrededor mío. Siento un ligero mareo.
La criatura me deja en el suelo y se aleja, y yo tengo los pies descalzos. Siento frio. Ahora me rodean esas paredes que no me permiten salir. Con gran esfuerzo me arrastro, moviendo mis piernitas una y después otra, y llego a una de las paredes y la golpeo con mi palma, pero no cede. Tal vez si lloro un poco me saquen de aquí.
A lo lejos veo acercarse a uno de los guardianes, viste como casi siempre: una camisa a cuadros y rayas, con botones, y un pantalón. Su cabeza es una espesa jungla y la mía —palpo mi cráneo con mis manitas— apenas tiene algo de cabello. El guardián se inclina y me toma con sus enormes manos velludas y me pone sobre su hombro. Me dice algo que comprendo con dificultad, creo que me dará un paseo. Pero se dirige hacia la puerta. Nunca he salido por la puerta. Mi emoción aumenta y comienzo a bailar, aunque el guardián me dice unas tiernas y suaves palabras y yo me tranquilizo.
¡Oh, esa luz! Esa luz es hermosa, y el aire sopla en mi cara. La iluminación del exterior es muy intensa y yo cierro mis ojitos y parpadeo sin cesar. Hay figuras borrosas en el exterior que yo nunca habia visto antes, me resulta difícil asignarles alguna correlación con las cosas que ya conozco, así que me confunden. Estoy muy confundido. Pero el guardián camina y yo sigo observando el entorno y viendo los detalles, aunque el todo me parezca ininteligible. Recuerdo haber visto cosas similares a esto, cuando desde la fortaleza de las cuatro paredes miraba hacia la ventana, cuando no la cubrian las cortinas.
Miro los grandes ojos negros del guardián. He llegado a la conclusión de que ellos mudan sus ojos, pues éste ahora tiene unos más grandes que los que tenía antes, y de color negro, completamente, ya no hay blanco, aunque reflejan las formas vagas que están al frente. Veo algo extraño reflejado, y no me asusta, ya conozco los espejos y sé que soy yo mismo. Sus ojos son como oscuros espejos.
Ya nos hemos alejado un poco de donde salimos. Empiezo a encontrar patrones en las cosas que veo: hay muchos colores pero cada cuadro de color es más o menos del mismo tamaño.
Un guardián que nunca había visto antes pasa a lo lejos y se mete a unos de esos cuadros de color por un rectángulo de un color diferente. También hay otras cosas extrañas y brillantes, más grandes que un guardián, con patas circulares; sé que los he visto antes, en el televisor.
Allí viene el otro guardián, aunque he escuchado que se refieren a él como “ella”. Ella, el segundo guardián, corre, parece que nos quiere alcanzar. Toma al guardián que me lleva cargando, lo toma por un hombro y éste se detiene cerca de algo largo, clavado en el suelo y que en la punta tiene un cuadrado que dice algo que no entiendo. La guardiana dice algo y el guardián responde. Al parecer han regañado al guardián, lo sé por el tono que usa la guardiana, el mismo que usan conmigo cuando hago algo que se me prohibe.
Ella me quita de los brazos del guardián y me carga sobre su hombro. Luego regresamos de donde salimos, a nuestro cuadrado de color.




















