febrero 08, 2014

Astrophysics School, Look & Listen, México 2014

¿Qué pasa si juntas a varios astrofísicos, de los mejores del mundo en sus respectivos campos, y los trasladas a la playa para darles charlas a treinta y cuatro alumnos de varios países, pregraduados y posgraduados, interesados en la astrofísica? Justamente eso es lo que fue Look & Listen. Once días de escuchar charlas y convivir con grandes investigadores, y además en Playa del Carmen, Quintana Roo, en el Caribe mexicano.

Las charlas fueron en el Hotel Gran Porto Real, excepto las del martes 21 de enero, que fueron en el Royal Playa del Carmen. Doce astrofísicos dieron tres (a veces dos y otras veces cuatro) charlas de una hora y media cada una. No todos se presentaron, pues Enrico Ramírez-Ruiz (uno de los más esperados) no pudo ir, aunque su espacio fue cubierto por otros, y Alicia Soderberg al parecer tuvo un problema y se retiró en la segunda de sus tres charlas programadas.

Los investigadores presentes y sus temas fueron los siguientes:
Matteo Cantiello, KITP/UCS. Theory of evolution and death of massive stars
Andrew Cumming, McGill. Theory of accreting neutron stars
Magda Gonzalez, UNAM. Ultra-high energy observatories
Vicky Kaspi, McGill. Observations of isolated neutron stars
Pawan Kumar, UT-Austin. Gamma-ray bursts: emission processes and progenitors
Cole Miller, Maryland. Theory of gravitational waves and methods of detection
Jose Pons, Alicante. Neutron star magnetic fields: from magnetars to anti-magnetars
Jocelyn Read, California State. Gravitational wave source modelling and data analysis
Sanjay Reddy, Washington. Structure of neutron stars
Luciano Rezzolla, AEI/MPG. Theoretical modelling of gravitational waves sources
Alicia Soderberg, Harvard CfA. Observations of supernovae and gamma-ray bursts
Rudy Wijnands, Amsterdam. Observations of binary systems
Los interesados pueden encontrar las diapositivas de las charlas aquí.

El primer día fue extraño, llegué al hotel donde tenía que hospedarme y allí me encontré al organizador, Dany Page. Luego de dejar mi maleta, me dirigí hacia el otro hotel, allí encontré a una compañera de la Facultad de Ciencias y comimos juntos. Para la hora de la cena, ya nos habíamos reunido como 12 alumnos en una sola mesa en el comedor del hotel, los otros 22 estaban dispersos o no habían llegado aún. Desde el principio tuve un sesgo comunicativo, pues si bien entiendo el inglés decentemente bien, soy malo hablándolo, y me cuesta entenderlo si el acento de quien habla es raro para mí. Pero eso no impidió que un francés, dos italianos, dos venezolanos y varios mexicanos convivieran, bebieran tequila y se pusieran ebrios. Fue la cosa más rara del mundo, sobre todo cuando, cerca de las 10 de la noche, decidimos ir a la playa. Y no sé si fue porque estaba algo ebrio y tenía cerca de una década que no visitaba el mar, o porque estaba rodeado de personas en aspecto felices, la mayoría de ellas que apenas había conocido ese día, lo cierto es que sentir la arena y el agua en mis pies, junto con el viento que soplaba del mar, fue la cosa más maravillosa que había sentido en mucho tiempo. Por primera vez en varios meses me sentí feliz.

El día siguiente fueron las primeras charlas, y aunque había tomado la noche anterior no tuve problema para levantarme a tiempo. Mi compañero de habitación fue André, un salvadoreño que estudia en Costa Rica, con el que platiqué en varias ocasiones, y que es un despertador por sí mismo, pues siempre se levantaba como a las 5 de la mañana (cosa que me ayudó en más de una ocasión).

Fue demasiada información transmitida durante las charlas, el contenido que normalmente se apredería a profundidad en varios cursos pero condensado en 8 días. Fue más que emocionante. La intención de la escuela era mostrar un panorama actual los fenómenos de altas energías y de emisión ondas gravitacionales, para que los alumnos se interesaran más en esos temas y los estimulara a hacer investigación en ese campo, cosa que a mi parecer logró de maravilla.

El ambiente fue inmejorable, pues algunos de los investigadores nos acompañaron durante las comidas y platicaron de cosas que tenían o no que ver con Física, algunos eran tipos realmente geniales, como Cole Miller, que expuso el tema de ondas gravitacionales con magistralidad, nos hizo interactuar y pensar un poco más, además él fue uno de los que más acompañó a los alumnos durante los días que estuvo y hasta jugó fútbol en la playa con nosotros.

Durante los días que no hubo clases, varios de los alumnos decidimos visitar algunos sitios arqueolǵicos, cosa que creo que fue muy favorable para mi estado de ánimo, pues algunos días me sentí triste por cosas que me habían pasado los meses anteriores e incluso por cosas de hacía muchos años atrás. Primero fuimos a Tulum, un sitio maravilloso que antes fue una ciudad de la cultura Maya, está justo a un lado de la playa, y el panorama es excelente.

Como una de las compañeras de la escuela tenía familia en esa zona y esa familia tenía un negocio de buceo y snorkelling, algunos de los estudiantes decidieron ir a hacer buceo, mientras los demás, entre los que me incluyo, elegimos snorkelling, cosa que nunca antes había hecho. Nos dirigimos hacia unos cenotes (los estadounidenses que iban a bordo pronunciaban "cenote" de manera graciosa), que son una especie de ríos subterráneos llenos de estalactitas y estalagmitas. Nos pusimos el chaleco flotador, las gafas y el tubo de snorkel y bajamos por una escalera al interior del cenote. El lugar era genial. Entonces nos metimos al agua. Yo al principio tenía algo de dificultad para mantener cierta postura teniendo la mayoría de mi cuerpo dentro del agua, pero luego logré más o menos estabilizarme. Nadamos a lo largo de aquel río subterráneo mientras mirábamos al fondo, que por lo general tenía varios metros de profundidad. Era la primera vez que nadaba desde hacía como una década.
Mis compañeros de la escuela y de snorkelling (yo soy el de hasta la derecha)
En otra ocasión rentamos una camioneta van, tardamos un rato en salir del estado de Quintana Roo y entrar a Yucatán, donde se encuentra la que fue la ciudad más importante de la cultura Maya: Chichén Itzá. El lugar es imponente, sobre todo por la presencia de la Pirámide de Kukulkán, allí el guía nos mostró las curiosidades ópticas y acústicas de esa construcción: si uno aplaude cerca de la pirámide, el sonido se amplifica y regresa como una especie de graznido, además de la ya conocida sombra en forma de serpiente, formada por los escalones de la pirámide, que parece descender por la pirámide durante los equinoccios.
Templo de Kukulkán (der.) y Templo de los Guerreros (izq. y al fondo)
Templo de los Guerreros
Observatorio astronómico El Caracol
Lugar del juego de pelota

Templo del Jaguar
Luego de la visita, por recomendación de una compañera, visitamos un restaurante de comida yucateca (del estado de Yucatán).

El día 22, el penúltimo día de la escuela, varios compañeros e investigadores fuimos a una especie de bar que curiosamente quedaba a un lado del hotel en el que estaba hospedado. Bebimos y hasta cantamos (me deshinibí un poco, no tenía sentido estar rígido y callado todo el tiempo), incluso algunos astrofísicos bailaron con los demás, lo cual cambió mi imagen de ellos para bien, después de todo también son seres humanos. Incluso yo bailé un poco. Fue la cosa más divertida del mundo. Después de eso nos pasamos a otro lugar, donde varios de nosotros continuamos como hasta las 4 de la mañana.

Al día siguiente tuvimos la última charla. Luego comenzamos a ver los detalles del transporte, para irnos juntos los que iríamos al aeropuerto. Una compañera hizo una presentación con algunas de las fotos que habían tomado durante la escuela, varias de ellas eran muy graciosas. Y llegó el momento en que me tuve que despedir de la escuela, de los investigadores, de los compañeros y de la playa. Durante los 12 días que estuve en Playa del Carmen visité la playa en varias ocasiones, en una de ellas era de noche y decidí ir solo, simplemente, después de más de media hora de caminar por la orilla, me senté en la arena y dejé que el oleaje, que comenzaba a subir, cayera sobre mí, aunque sin dejarme arrastrar por él.

La escuela me dejó con un interés aún mayor por el área de la que me he estado enamorando desde hace más de un año: la astrofísica de altas energías, en particular los gamma-ray bursts, uno de los fenómenos más energéticos del universo conocido, sobre los que apenas estoy comenzando a trabajar en mi tesis.

Creo que lo que más recordaré con cariño de Playa del Carmen será la gente, y con ello me refiero a los compañeros de la escuela y a los investigadores que vinieron de lejos para enseñar lo que más les gusta y convivir con los estudiantes. A algunas de esas personas las seguiré viendo porque están en mi misma universidad. No extrañaré la ciudad, porque se me hizo un lugar creado para el consumismo y para los turistas. Creo que tampoco extrañaré la playa aunque, a decir verdad, fue realmente hermosa.

Siento que regresé de ese lugar con los ojos más abiertos y con un mucho mejor ánimo. Y una de las cosas que me quedaron claras es que aún me queda un largo camino por recorrer en cuanto a mi aprendizaje en astrofísica, y me gusta esa perspectiva.

enero 11, 2014

Mis libros del 2013


El 2013 me dejó pocas lecturas en comparación con años pasados, aunque más de una resultó deslumbrante y hasta abrumadora, en un sentido positivo. ¿Cuáles fueron sus libros en el 2013? ¿Cuáles fueron sus favoritos? Le diré los míos e iré en orden, desde el primero hasta el último libro que leí en el año que terminó.

Novecientas abuelas, de Raphael A. Lafferty. ¿Cuál es el escritor más gracioso que han leído? Para mí, sin duda es Lafferty. A veces se me hacía imposible contener la risa, o simplemente borrar de mi rostro una expresión de “¿Qué demonios está pasando aquí?” o “Santo cielo, ¡es la cosa más absurda del mundo!, pero me encanta”. El libro está compuesto por 12 cuentos, al leer cualquiera de ellos es fácil distinguir el estilo único del autor, y más fácil aún es sumergerse en sus historias. Fue Mauricio del Castillo, el compañero escritor que me introdujo al interesante mundo de la Tertulia de Ciencia Ficción de la Ciudad de México, quien me lo recomendó, aunque yo ya conocía al autor desde antes, con su cuento “Entra en una lata” y su novela “Salomas del Espacio”, muy recomendables también.

El hombre futuro: ¿Un mundo feliz o pesadilla genética?, de Brian Stableford. En realidad sólo leí el segundo de los dos libros en los que se divide la edición que lanzó la biblioteca de divulgación científica de la revista Muy Interesante. Intenta hacer una serie de predicciones de cómo sería el cuerpo humano en el futuro, cuando la ciencia se encuentre en un estado más avanzado y pueda usarse para adaptar nuestro organismo a nuevos ambientes y situaciones, nuevos sentidos, nuevo metabolismo, inmortalidad. Me gustó.

Camino Desolación, de Ian McDonald. Llegué a este libro gracias a una reseña de un buen compañero escritor, Armando Saldaña, a quien conocí también en la tertulia. La primera de varias grandes obras que me deslumbraron el año pasado (y por lo general recomendadas por Armando). McDonald narra la historia de un pueblo en Marte, desde su creación hasta su destrucción. Algunos lo llaman el “Cien Años de Soledad” en Marte. Les haré una confesión: no he leído la novela de García Márquez (McDonald sí que la leyó, y en esta novela se ve la gran influencia que tuvo McDonald por parte del realismo mágico latinoamericano), así que no sé qué tan acertada resulta la comparación. Pero la novela de McDonald me encantó, me pareció excelente, tal vez más por sus personajes y las confrontaciones entre ellos, que van marcando poco a poco y a veces de manera drástica el destino del pueblo, de Camino Desolación.

El nombre del nundo es Bosque, de Ursula K. LeGuin. Es lo único que he leído de esta autora. Me mantuvo atrapado desde el primer momento y me asombró más de lo que esperaba. Narra el abuso, en muchos sentidos, de los humanos hacia una especie extraterrestre, es un cuadro más que interesante. Al terminar de leerla, me senté frente a mi computadora, ese día escribí dos cuentos cortos en tiempo récord, había dejado mi mente rebosando de ideas. Muy buena novela.

Una mirada a la oscuridad, del gran Philip K. Dick. Casi había olvidado el peculiar estilo de Phil. La novela es brutal en varios sentidos, uno de ellos relacionado con el abuso de las drogas y sus efectos en los personajes; los diálogos entre drogadictos resultan perfectamente creíbles, por absurdos que puedan ser, y eso sin mencionar la trama principal, de corte policíaco. Lo mejor que he leído de Dick sigue siendo su novela Ubik y varios de sus cuentos, pero esta novela no deja de ser muy buena.

Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl. El primero de cuatro libros infantiles que me prestó una buena compañera de la universidad. Los dibujos no eran muy buenos, aunque la historia me encantó. Me encantó, me encantó mucho, y me emocionó aún más, una emoción que sólo me había proporcionado la Ciencia Ficción, pues lo que leí fue sentido de maravilla en su estado más puro. La literatura me suele hacer sentir como un niño, pero al leer esta obra me convertí en uno. Oh, esperen... ¿Alguna vez dejé de serlo?

Lila y el secreto de los fuegos, de Philip Pullman. No esperaba mucho de este libro, a pesar de venir de un gran autor, y la verdad es que no fue mucho lo que obtuve, tal vez fue a causa de haber leído con anterioridad el libro de Dahl (era difícil superar a Charlie), el punto es que no me gustó mucho, está bien contado pero no logré sumergirme en la historia, falta de identificación, quizá.

La falsa medida del hombre, de Stephen Jay Gould. Este libro me lo prestó un amigo biólogo, Bartolo, con el que he tenido algunas charlas fascinantes. Y el libro... me fascinó. Trata sobre la medición de la inteligencia, la evolución de los tests, la falcia del IQ y por qué las formas de medir aquella entidad escurridiza no han tenido sentido, también ofrece un buen panorama de lo distorsionada que puede volverse la ciencia debido a los prejuicios de los científicos. Bastante bueno y didáctico, imprescindible tal vez para los que hacen ciencia, a la vez que ayuda a tener una visión más amplia de cómo se hace la ciencia.

Cómo no escribir una novela, de Howard Mittelmark y Sandra Newman. No recuerdo si me lo recomendó el que fue mi profesor de taller literario, Daniel, o si lo leí en algún artículo que él recomendó, el punto es que di con ese libro y encontré en él una buena herramienta para mejorar mi ficción. Analiza varios errores comunes de los escritores y su forma de evitarlos. No dice cómo escribir una novela, sino cómo no escribirla. Es muy ilustrativa y está llena de ejemplos, de forma que se convierte en una muy buena herramienta para todos los que decidan escribir cualquier tipo de ficción.

Cuando falla la gravedad, de George Alec Effinger. Había leído buenas reseñas de este libro y pensé que sería bueno darle una oportunidad, pero, cuando al fin lo comencé a leer, no me gustó. Más de una vez abandoné su lectura por periodos de meses, para luego darle una nueva oportunidad (debido a mi costumbre de leer como 20 libros a la vez, costumbre que tendré que dejar porque alenta mucho mi velocidad de lectura, se me ha hecho práctica común poner en pausa uno que otro libro por varios meses, pero esta vez fue por razones de gusto), sin embargo nunca terminó de convencerme. Lo terminé, más por terminarlo que porque realmente lo disfrutara (creo que es la primera vez que hago eso). Puede que sea una gran obra para muchos (así como Mundo Anillo, de Niven, no me gustó, aunque la considero buena), pero a mí sólo me causó indigestión.

Las Crónicas de Spiderwick, El Libro Fantástico, de Tony DiTerlizzi y Holly Black. Libro pequeño en extensión pero de muy disfrutable lectura, y con hermosas ilustraciones. Tres hermanos, dos de ellos gemelos, se mudan de casa con sus padres, cosas raras comienzan a suceder y descubren que la casa guarda un importante secreto. Me dejó con ganas de leer el segundo libro, pero no estaba entre los que me prestó mi compañera.

¿Qué son las revoluciones científicas? y otros ensayos, de Thomas S. Kuhn. Fue una nova mental, un torrente de ideas que difícilmente podré analizar con detalle (él y Ludwig Wittgenstein me han sacudido la mente en los últimos meses). De esos libros en los que la primera mitad consiste sólo en la introducción, de por sí magnífica, y que en la otra mitad te apuñala, te asesina, y te vuelve a revivir, una y otra vez. Quizá tuvo gran impacto sobre mí porque no acostumbro a leer este tipo de libros. Contiene tres ensayos que rebosan en ideas. El primero trata algunos aspectos de su obra La estructura de las revoluciones científicas, los otros dos no tienen desperdicio, pues analizan aspectos esenciales de la ciencia y creo que, en conjunto, son de lectura imprescindible para cualquier científico.

Los creadores de la nueva física: los físicos y la teoría cuántica, de Barbara Cline. Un gran repaso de la historia, con detalles que no se encuentran en los libros de texto, sobre cómo varios hombres fueron construyendo, colectiva o individualmente, la mecánica cuántica. Es interesante conocer aspectos curiosos de las personalidades de estos hombres, sus manías y sus patrones de pensamiento, además de cómo al principio asimilaron sus propios descubrimientos/inventos.

Nueva Dimensión #33. Bueno..., no se trata de un libro, exactamente, sino un número de esta revista dedicado especialmente a los cuentos y a una novela corta del autor chileno Hugo Correa. Abordé su lectura sin espectativas, y terminó sorprendiéndome. Sus historias me resultaron bien contadas y entretenidas.

El mundo invertido, de Christopher Priest. ¡Pum! Otra de las novas mentales del 2013. Llegué a ella también gracias al buen Armando Saldaña. Me fascinó, es un libro excelente, una verdadera joya. Como casi todo lo que leo, lo leí por ratos, entre mis clases y en los trayectos en metro, pero aquellos momentos se convertían en los mejores. Narra un mundo que poco tiene en común con el nuestro, donde una ciudad entera tiene que ser desplazada a lo largo de unas vías para evitar su destrucción por las fuerzas inerciales causadas por una peculiar geometría del espacio. Si les gusta la Ciencia Ficción, tienen que leerla.

Hijos de hombres, de P.D. James. Un hombre escribe un diario en una época en la que, nadie sabe por qué, los humanos han quedado infértiles. La historia es buena, el final no me convenció del todo, pero en general me resultó entretenida. Hay una película basada en el libro, aunque el libro me gustó más.

Visión ciega, de Peter Watts. Hace unos meses decidí que no podía llegar a un veredicto sobre cuál era mi libro favorito, pues hay varios demasiado buenos, así que sólo podría decir cuáles son mis favoritos. Visión ciega es uno de ellos, tan impresionante como me pareció, en su tiempo, Hacedor de Estrellas de Olaf Stapledon, Cuentos completos I. Aquí yace el Wub de Philip K. Dick, Los Señores de la Instrumentalidad de Cordwainer Smith, La historia de tu vida de Ted Chiang o Axiomático de Greg Egan. También fue por Armando y otro compañero llamado Francisco por los que di con esta obra (si buscan grandes lecturas, visiten el blog de Armando, Postcards from the Edge, y lean sus reseñas). Creo que es un libro perfecto, excepto por algunos detalles menores. Peter Watts es biólogo marino, y Visión ciega es una obra de ciencia ficción dura en la que abarca un amplio rango de especulaciones, particularmente sobre el orígen y función de la conciencia. Me emocionó como ninguno otro antes, grité, mi corazón se agitó en incontables ocasiones y mi cerebro aún sigue resintiéndolo. El tipo de obra que me gusta, de un estilo similar al del gran Greg Egan. Mi mejor libro del 2013, sin duda.

También leí los cuentos participantes del Quinto Concurso de Relatos de La Cueva del Lobo. Mi compañero Vladimir Vázquez, escritor venezolano y autor del blog La Cueva del Lobo, me eligió para ser juez en su concurso anual, por lo cual me siento muy agradecido. Casi todos los cuentos me resultaron malos, pero unos cuantos me gustaron, por lo general no los mismos que al resto de los jueces. En el concurso del año antepasado obtuve un cuarto lugar y esta vez me tocó ser juez, aunque no hubo tantos participantes como en el del año antepasado. Pueden enterarse del resultado del concurso aquí.

Sospecho que este año será más abundante en lecturas, aunque por ahora mi cuenta apenas va en dos.

Nos vemos pronto, cuando les traiga mi reporte desde la Astrophysics School, Look & Listen, México 2014: Electromagnetic and Gravitational Wave Signals from Compact Objects, que se llevará a cabo del 13 al 23 de este mes en Playa del Carmen, en el Caribe mexicano... Si es que no pasa algo grave con el avión (será la primera vez que viaje en avión y me siento algo nervioso, sólo espero no morir, no pronto, no en los siguientes sesenta años, si tal cosa es posible).

enero 04, 2014

Todos los caminos llevan a Roma

Desperté en Roma. No era que esperase otra cosa, aunque en realidad tenía que estar muy lejos de allí, sin embargo encontré en ello una nueva oportunidad. Me quedé dormido hasta que me despertaron unos gritos en latín. Todos los caminos llevan a Roma, pero no todos pasan por allí.

Apreté los párpados con fuerza, intentando exprimir hasta el último detalle de mis recuerdos. Había visto antes a aquel hombre, en muchas ocasiones, así que conocía su rostro. Hice mi ronda de medio día, el hombre no estaba por ninguna parte. Lo esperé en el Coliseo, camuflado entre los turistas; lo esperé bajo el acueducto, incluso le pedí a alguien que me tomara una foto en perspectiva, simulando sostener la estructura, aquella se había vuelto ya una costumbre entre los viajantes.

Mientras esperaba, incluso pude ver a algunos de los pobladores de mis propios sueños, ahora que no estaba soñando, algunos de ellos parecían tender naturalmente hacia Roma, otros, la inmensa mayoría, tendían hacia otros lugares. Me compadecí por ellos, sabía que no era un soñador justo, pues les obligaba a lo que, de mi creador, yo tanto detestaba.

No negaré que me habitué a Roma, que llegó a gustarme incluso, demasiado quizá si pensaba en el motivo por el que permanecí allí, aunque sin borrar con ello las trazas de odio que sentía hacia esa ciudad.

Sabía que era su obsesión, su gran atractor, que tarde o temprano aquel hombre terminaría en este lugar, el centro de todo, el destino de todo, el lugar recurrente de sus sueños. Y yo... sólo tenía que esperarlo. Mientras esperaba recordé mi último sueño.

¿Que cuál era mi gran atractor, mi pensamiento recurrente? El antiguo Egipto. Allí es donde mis sueños, y con ellos mis habitantes, terminaban siempre. Allí me encontraba cuando no me veía arrojado sin previo aviso hacia la hedionda Roma. Y cada vez que soñaba, las cosas parecían diferentes: el faraón había sido asesinado y otro, más hacino y sombrío, había ocupado su lugar. Quizá alguien estuviese tramando un golpe, uno aún mayor, quizá alguien... Deseché ese pensamiento y me concentré en mi tarea.

No tuve que esperar demasiado. Allí estaba él, mirándolo todo con un asombro intelectual, maravillado por el conjunto pero concentrado en los detalles, con el rostro iluminado y con el corazón cálido, miraba a su gran amor. Se detuvo en un espectáculo público, la gente agolpada en un reducido círculo, alrededor de un sujeto que hablaba efusivamente. El hombre que había estado buscando se abrió paso entre la multitud. Lo intercepté.

—Maravilloso —le dije. Pude ver su rostro con mayor detalle. Era él, estaba seguro, después de todo se trataba del mismo hombre que me había creado—, maravilloso, ¿no es así?

Él sólo sonrió y se plantó junto a mí. Escuchamos al sujeto que estaba en el centro. Era un espectáculo atípico: el sujeto hablaba de exóticas tierras de vientos cálidos y eternas lluvias, con elefantes y monos paseándose entre las avenidas y donde gente de piel oscura levantaba fortificaciones dignas del Imperio Romano. Todo eso, dijo el sujeto, lo había visto mientras dormía.

El público se le unió en disertaciones similares, mujeres, niños, ancianos, aquellos que también decían haber tenido sueños los expusieron con todo detalle y añoro, relatos de tierras ajenas o que logré reconocer de algunos de mis viajes pero que en su momento no me detuve a explorar.

—Incluso ellos sueñan —dijo el hombre que tenía junto a mí.

Tú, me has traído a Roma. Regrésame a Egipto, cerdo asqueroso.

La gente seguía hablando a mi alrededor, hablando sobre sus sueños. Sueños. Sueños. Sueños. Esa palabra era repetida una y otra vez, como una invocación. Varias personas se tendieron en el suelo hasta quedarse dormidos y volver a las tierras que mejor conocían, abandonándose a sus propias creaciones oníricas.

Entonces pensé en Egipto, en la vida que brotaba como leche derramada del seno del gran Nilo, en sus poderosos dioses y la luz que ofrecían sobre el mundo, en sus imponentes pirámides y los legendarios faraones que encontrarían allí el descanso eterno. Noté que mis rodillas fallaban, que mis ojos se cerraban, quise unirme a toda esa gente y dedicarme a soñar. Pero luego vi al hombre junto a mí, lo ví a él, que sonreía maravillado, y fue cuando mis ojos se abrieron y mis músculos obedecieron a mis intenciones menos oníricas. Saqué la daga de mi bolsillo y, en menos de lo que él pudo reaccionar, el filo de mi daga tensó la piel del cuello de mi creador. Los que aún seguían despiertos se alejaron con un salto de nosotros.

—Usted —le dije al hombre, sabía que podía matarlo, aún allí, aún fuera de la vigilia, y la sonrisa se borró de su rostro—. Usted me ha soñado y colocó sobre mi cuello la condena de volver a un lugar que no es el mío, a una tierra en la que mi corazón no encuentra un hogar; me ha alejado de mí mismo, me ha despojado de todo lo que soy. Sin importar a dónde vaya, siempre regreso a esta sucia ciudad, a su sucia Roma. Por eso ahora debe morir, aunque eso signifique irme con usted.

—No entiende —dijo el hombre, haciéndose hacia atrás, intentando liberar la presión de mi daga contra su yugular—. Usted tiene elección, váyase de Roma si así lo quiere, siga su propio camino.

—¿Irme de Roma? —le dije—. Si pudiese irme no estaría aquí, a punto de acabar con su vida. Al final todos volvemos, todos a quienes usted ha soñado... volvemos. Sabe que aún mientras sueña puedo matarlo, puedo acabar con su vida ahora mismo. ¿Alguna vez ha sentido lo que es ser esclavo de los sueños de alguien más? —Tenía que hacerlo, aunque eso supusiera el cese de mi propia existencia.

Escuché un grito a lo lejos.

—¡Aquel hombre, el portador de oscuridad!

Un sujeto vestido con la túnica y el tocado del faraón caminó enérgicamente hacia mí, iba escoltado por varios soldados que me apuntaron con sus arcos, cuando se acercaron lo suficiente, las puntas de cobre de las flechas casi tocaron mi nariz.

—He venido desde Egipto —dijo el sujeto, que sin duda era el faraón que recientemente había tomado el poder a la fuerza— con la única intención de obligarle a reubicar el motivo de sus sueños muy lejos del lugar al que usted me ha arrastrado. De tiempo en tiempo, mis hombres talan un bosque entero para construirme las embarcaciones con las cuales llevarme, junto con todos mis sirvientes, al otro lado del gran océano, al motivo único de mis más maravillosos sueños, a la gran Tenochtitlan. Pero cuando mi corazón comienza a sentirse de nuevo uno mismo con mi amado hogar, en cualquier caminata o simplemente al dar algunos pasos lejos de mi trono, me veo despojado de todo lo que amo y me encuentro sin desearlo en las odiosas tierras de Egipto, de las que me convertí en soberano con la única intención de tener el poder suficiente para regresar al otro lado del gran océano. Pero ya no volverá a hacerme eso, nunca más, ahora en sus sueños sólo deberá existir lugar para la gran Tenochtitlan. ¡Arréstenlo!

Los soldados me pincharon con las flechas y me empujaron, uno de ellos sacó unas esposas, al parecer las había conseguido allí mismo. Quise degollar a mi creador en ese momento, pero un soldado me sometió con su mazo y me arrebató la daga. Entonces, mi creador inesperadamente habló:

—¡Ninguno de ustedes lo entiende!

Todos lo miramos. Uno de los soldados del faraón se detuvo mientras me ponía las esposas.

—¿Qué autoridad posee para hablarle de esa forma al soberano de Tenochtitlan?

—Todos ustedes —dijo el hombre por el que yo estaba en Roma—, todos ustedes vuelvan a sus tierras. Mantengan a raya a sus traidores. Y respecto a Roma, regresen aquí siempre que les plazca.

—¿Volver a nuestras tierras? Imposible —dijo el faraón de Egipto y emperador de Tenochtitlan—. Este hombre —me señaló— es mi impedimento. Él me dio vida dentro de sus sueños, pero me ha arrebatado... o peor aún, nunca me ha dado el derecho de cumplir aquello que con todo el corazón y con la sangre de mis venas siempre he deseado.

—¿Qué hacen ellos aquí? —mi creador abarcó con un movimiento de brazos a todos los hombres y mujeres presentes en la plaza que reposaban plácidamente usando los cuerpos del de al lado como almohada.

—Sueñan —respondió el faraón de Egipto y emperador de Tenochtitlan—, como puede verse.

—Sueñan —repitió mi creador—, y ¿por qué lo hacen?

—Porque sólo allí encuentran aquello que más aman —dijo el faraón de Egipto y emperador de Tenochtitlan—, algo a lo que pueden llamar hogar, aquello que su corazón les susurra al oído en tiempos de guerra y en tiempos de paz. Encuentran terrenos familiares, en el norte o en el sur, en medio del monzón más intenso, del desierto más árido o de la nevada más cruda, en la tierra o en el mar, incluso en el arriba y el afuera, entre el frío del vacío, incluso en los páramos más solitarios donde sólo algunos encuentran un poco de calor.

Intenté liberarme de las esposas, pero fue inútil. El soldado sólo encajó sus dedos con más fuerza sobre mi brazo.

—En este momento yo podría estar en un lugar para mí desconocido —dijo mi creador—, sometido a la voluntad de quien eligió incluirme en su sueño, aceptando sus designios, yendo al lugar al que me llevara su corazón y no el mío. Sin embargo elegí estar en este lugar, en mi bella Roma, el destino de todos mis caminos.

De mi boca salió una nota grave. ¿Un bostezo? No podía ser. Casi caí cuando tropecé con uno de los cuerpos de los soñadores que ahora eran mayoría en la plaza. El faraón de Egipto y emperador de Tenochtitlan se veía desorientado. No supe en qué momento me había librado de las esposas, pero dos de los soldados del faraón yacían tendidos en el suelo, había sonrisas en sus rostros y sus estómagos se inflaban y desinflaban apaciblemente.

¿De verdad había quienes no querían ir al antiguo Egipto? Acababa de conocer a un faraón que hablaba mal de la tierra que gobernaba, pero lo entendí: Egipto no era lugar para él, su corazón no estaba en aquellas tierras de esplendor, sino muy lejos de allí. Era una lástima.

Mi creador seguía hablando, aunque no pude entender lo que decía, sonaba tan débil, tan lejano. Era el único sonido que podía escuchar, todo parecía tan silencioso. ¿ Acaso la plaza no había estado repleta de gente de pie hacía tan sólo algunos momentos?

Mis párpados cayeron con peso propio, un peso acumulado e invisible, los volví a abrir con dificultad, apenas a medias. Tropecé de nuevo con otro de los soñadores, esta vez se trataba del mismo faraón. ¿Qué estaría soñando en aquel momento? Quizá ya estaría de vuelta en Tenochtitlan. Esta vez caí, intenté levantarme pero fue en vano, pues mis brazos, mis piernas y mi cuello se destensaron y la roca se convirtió en la más confortable almohada que había tenido nunca.

Pensé que sería buena idea visitar Roma de vez en cuando, incluso algún lugar más alejado, como Tenochtitlan, Machu Picchu, Atenas o incluso Ganímedes. Mi hogar, en cambio, estaba en mi amado Egipto. Cuando mis párpados se cerraron por completo, me sentía muy lejos de Roma y cada vez más cerca de mi hogar.

Pensé por un instante en el hombre que me había soñado. Todos sus caminos llevan a Roma; los míos... llevan a Egipto. Y estaba seguro de que yo podría ser un mejor faraón.

agosto 04, 2013

Microquasares en nuestra galaxia


Los microquasares son llamados así por su parecido morfológico y fenomenológico con los quasares, pero a escala menor. Para tener una idea de qué es un quasar, este tipo de objeto encontrado fuera de nuestra galaxia, podemos enlistar sus elementos básicos: un agujero negro supermasivo (de varios millones de masas solares) en rotación, un gran disco de acreción (unos 10^9 km, mil millones de kilómetros de radio) desde donde el agujero negro supermasivo traga materia, un medio que generalmente es una galaxia entera, y la emisión de un par de jets relativistas, es decir, que se mueven a una velocidad muy muy alta; los elementos que definen un microquasar: un agujero negro giratorio de unas pocas masas solares, un disco de acreción de unos 10^3 km, mil kilómetros, una estrella acompañante de la cual acreta materia, y la emisión de un par de jets relativistas (la presencia de jets relativistas, superlumínicos desde nuestro marco referencia, en ambos casos, es lo que refuerza y da soporte a la analogía entre quasares y estos objetos denominados microquasares).

Pero los microquasares, que pueden encontrarse dentro de nuestra propia galaxia, son compactos, respecto a los quasares, en otro sentido: la gran ventaja de estudiar los microquasares es que las escalas temporales de los fenómenos asociados con su variabilidad y la escala de emisión de energía pueden apreciarse en tiempos de minutos o días en vez de miles o millones de años, como pasa con los quasares, a la vez que permite aprender más de estos últimos. De allí la importancia de observar las variaciones en la emisión de rayos X de un microquasar, es como ver un quasar en miniatura y a tiempo acelerado.

Los jets emitidos viajan en direcciones contrarias, alejándose de la fuente y expandiéndose al mismo tiempo, a velocidades relativistas; por lo general uno se mueve hacia nuestro plano de visión, hacia la dirección del observador, ése parece ser más brillante; el otro, el que se mueve en la dirección contraria, alejándose del observador, resulta ser menos visible y parece moverse a una menor velocidad. Estas asimetrías son explicadas en términos de aberración de eyecciones antiparalelas de pares de nubes de plasma relativistas, expulsadas en cierto ángulo con respecto a la línea de observación. Esto último puede sonar muy complicado, pero básicamente se refiere a un efecto relativista simple, al que aplicamos algo de trigonometría (recordemos el trabajo de Einstein sobre los cuerpos que se mueven a una velocidad cercana a la de la luz).

Uno de los puntos básicos a estudiar sobre los quasares es cómo los jets relativistas son generados. Se sabe que la emisión de un par de jets relativistas colimados, es decir, no dispersos sino en forma de haz, va precedida de una actividad inusual en la emisión de rayos X; sin embargo, una inusual actividad en este espectro no significa la emisión de un par de jets colimados o, en general, eventos de eyección.

El plasma magnetizado, ya sea a los alrededores de un agujero negro asociado a un quasar o un microquasar, debe de jugar un papel importante en que los jets alcancen velocidades relativistas, aunado a la energía de rotación del agujero negro, de acuerdo a su spin (su giro), pues hay razones para pensar que la eyección relativista de jets tendrá lugar preferentemente cuando el spin del agujero negro esté cercano a su valor máximo.

A veces son observadas oscilaciones cuasiperiódicas de cierta frecuencia en las emisiones de rayos X. Estas oscilaciones, se cree, están relacionadas con propiedades como la masa del agujero negro y su spin, o a la última órbita circular alrededor del agujero negro. Estudiar los microquasares que presenten estas frecuencias características puede ser importante para estimar el spin de un agujero negro.

La actividad de un microquasar puede derivarse a partir de la información que aportan tres principales fuentes de observación: la variación de la intensidad de la emisión en el espectro infrarrojo, en rayos X y en radio.

Los jets son expulsados como pequeñas nubes. Mientras las nubes eyectadas (algunas con velocidades de hasta 0.997c, donde c es la velocidad de la luz) se expanden, se vuelven transparentes a las ondas radio (esto quiere decir que las ondas no son absorbidas y pueden ser emitidas), por lo que su señal observada aumentará en este intervalo de frecuencias después de la eyección.

Las variaciones de gran amplitud en el flujo de rayos X en tiempos que van desde segundos a minutos y, particularmente, las caídas abruptas de la emisión pueden ser explicadas por la presencia de un agujero negro central. Cuando esto se observa, significa que el tiempo en el que la energía es transferida desde los iones del plasma hacia los electrones libres es más largo que el tiempo en el que el plasma cae al objeto compacto (trátese de un agujero negro, estrella de neutrones, etc.). Esto significa que hay una cierta cantidad de energía que es acumulada, no radiada, en el gas, como energía térmica.

Si el objeto compacto es un agujero negro, la energía térmica acumulada en el gas desaparece al cruzar el horizonte de sucesos; si se trata de una estrella de neutrones, esta energía es liberada como radiación al chocar con la superficie, más dura que la roca, de la estrella de neutrones, calentándola, por lo que la estrella se mantendrá caliente por las colisiones y su tiempo de enfriamiento será relativamente largo. En ambos casos también hay una variación en la radiación X observada.

Esta información, que nos llega a partir de las observaciones en rayos X, infrarrojos y radio, nos muestra que la eyección de nubes de plasma relativistas ocurre cuando la materia del disco de acreción interna cruza y desaparece en el horizonte de sucesos del agujero negro.

Entonces, el estudio, relativamente accesible, de los microquasares, puede dar mucha información acerca de otros fenómenos en los que la acreción de materia por parte de un agujero negro y la eyección de jets relativistas sean los puntos principales, como ocurre con los quasares, objetos para los que una o varias vidas humanas no bastarían para estudiarlos, a diferencia de los más accesibles microquasares.

abril 17, 2013

Plaga

Este es uno de los relatos con los que estoy participando en el primer concurso de relato corto de Ciencia Ficción de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Inscribí 5 en total, para aumentar mis probabilidades de quedar entre los tres primeros lugares, pues los premios (una tablet y dinero en efectivo) no están nada mal. Sin embargo me llevé una gran sorpresa cuando me enteré que, para el momento en que inscribía mis 5 relatos, ya había más de 70 relatos inscritos. Al final deberán de ser como 120 relatos participantes, entre académicos, administrativos y, sobre todo, estudiantes de mi facultad. Así que es muy probable que no gane nada. En fin, aquí les muestro lo que escribí.

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Erradicamos a la Plaga hace muchos millones de años. Sin embargo se ha vuelto a presentar, una y otra vez, a lo largo de las eras, aunque las automatizaciones sentientes que permiten que las personas vivan seguras dentro del océano de bits se mantienen funcionando a la perfección.

No sé qué sería de esto si todo terminara. Si las automatizaciones dejan de funcionar, un sistema cibernético tan complejo como en el que vivimos no podría mantenerse, desaparecería, y con ella billones de vidas se perderían en menos de un segundo.

Durante todos los reinos de la Plaga nos hemos mantenido a salvo, gracias al Protector. El Protector es también un observador, quien nos dice cómo se desarrolla el mundo físico, ese mundo que hace mucho dejamos atrás. El Protector nos defiende de todos los ataques de la Plaga, es un ser dinámico que se nutre del conocimiento de los inmortales, una extensión de las automatizaciones, aquellos organismos que se encuentran en la frontera entre las máquinas y los seres vivos, ocultos bajo tierra, protegiendo y sustentando los ordenadores por los cuales el mundo que habitamos, por los cuales todo lo que los humanos conocemos desde la Gran Transición, existe.

Muchos recuerdan la Gran Transición. Nadie ha muerto desde entonces. Erradicamos la muerte y todas las enfermedades, aunque hubo quienes se nos oponían, quienes se oponían a la construcción de un nuevo mundo, un mundo mejor.

Algunas personas declaraban que el mal de todo residía en el mismo ser humano, así que dejaron de ser humanos. En la mañana del hombre se descubrió la forma en la que los organismos podían ir hacia atrás en el flujo de la evolución, todo lo que se necesitaba era reactivar genes que habían permanecido inactivos dentro del genoma. Comenzaron haciendo que las gallinas se convirtieran en dinosaurios, luego fueron los mismos hombres los que involucionaron y regresaron a las copas de los árboles.

Pero los que decidieron seguir siendo humanos, o pasaron a ser información pura o eligieron quedarse en el mundo físico; aunque los segundos ya están muertos desde hace tanto, pero aquí su recuerdo aún permanece.

Poco después de haber abandonado nuestros cuerpos físicos encontramos la forma de crear nuevos seres. Análogamente a como los viejos humanos surgían de nuevas combinaciones de genes de dos donantes, estos humanos han nacido de las combinaciones del código base sobre el que la humanidad digital está construida. En lo más hondo, no hay diferencia entre si la mente de un ser humano es soportada por un cerebro vivo o por una placa de silicio.

Si antes un ser humano tenía que vivir con su limitada mente ilimitadas interacciones entre individuo e individuo, ahora las interacciones directas de mente a mente son el método usual. Ningún humano de la era pretransicional podría imaginar las consecuencias últimas de tal libertad. Somos libres, somos lo más libres que la humanidad ha sido desde su diseminación de la Garganta de Olduvai en el Valle del Rift.

Observamos el exterior constantemente. Vista desde la eternidad, la información que el Protector nos trae del mundo físico parece mostrar una serie de eventos en rápida sucesión.

Especies de monos, elefantes y delfines han evolucionado y han creado civilizaciones planetarias que prosperan por periodos de miles de años, pero al final todos son barridos por la Plaga. Los animales que antes llamábamos domésticos también han tenido importantes picos cognitivos, y la mayoría de las veces han formado relaciones simbiontes con las especies dominantes, pero también han corrido con el mismo destino.

Lo peor, quizá, es que nosotros mismos somos los causantes de la Plaga. Siempre surge por error, un error de código. El mundo de información en el que vivimos no es tan independiente del mundo exterior como creíamos sus constructores.

Cada cierto tiempo, un error en el programa del mundo hace que humanos que deberían nacer como bits de información en realidad nazcan como genes y carne, allá, sobre la Tierra.

Estos seres humanos corruptos se han reproducido y han poblado el planeta, aún si había antes en él otra especie inteligente. Han pasado por los mismos sistemas y estructuras sociales por los que ya habíamos pasado antes. Han tenido guerras, hambre, destrucción, sus propios líderes religiosos y políticos, se han aventurado al espacio, aquel destino por el que deseamos no optar, pues aquí tenemos todo el espacio que necesitamos. Han colonizado planetas, extinto a tantas otras especies inteligentes, se han vuelto simbiontes con algunas de ellas y el linaje humano se ha separado en innumerables ramas. Han tenido hambre, mucha hambre. Se han comido al universo, han sido dueños del cosmos.

Pero al final han caído. Y la gloria de su gente sólo es recordada por los que vivimos eternamente en este océano de bits.

A veces ocurre que, en cierto periodo de tiempo, conviven dos Plagas, pero compartir el mismo espacio en el mismo universo para ellas resulta inaccesible, así que sobreviene la destrucción mutua o sólo una de ellas sobrevive.

Pero cada vez que surge otra Plaga es lo mismo: el mismo ir y venir, como si la historia humana, en caso de optar por seguir el sueño del espacio y saltar hacia arriba y afuera, estuviera condenada a repetir el mismo ciclo por la eternidad, sin poder aprender nada de los que les precedieron.

Esta vez la Plaga es distinta. Esta vez no hay colapso de la especie humana en el planeta que los vio nacer, ni viajes espaciales, ni colonización, ni túneles de materia exótica formando una telaraña entre los mundos. No.

Esta vez la Plaga ha decidido dejar de depender de sus cuerpos físicos. Ya han dispuesto de una automatización sentiente para que mantenga operativo todo el hardware que contendrá las miles de millones de mentes humanas que conforman su civilización.

Y mientras buscaban el lugar adecuado para resguardar su automatización de posibles peligros, han encontrado nuestras instalaciones bajo tierra. Han destruido al Protector.

Pero lo que parece es que no se han dado cuenta de nuestra presencia, que hay toda una humanidad dentro de las máquinas que están destruyendo con la simple intención de hacerse espacio para los suyos. Les enviamos mensajes pero parecen no escucharlos.

Pensaron como nosotros, han tomado la alternativa que tomamos hace tanto tiempo, pero, en cambio, su desarrollo tecnológico es mucho mayor al que tenía la versión de la humanidad a la que un día pertenecí. Incluso son mucho más avanzados técnicamente que cualquiera de las humanidades que en el pasado lograron colonizar todo el universo, pero por alguna razón se han quedado en su cuna. Son, aunque me cueste decirlo, más avanzados que nosotros, aunque nosotros hemos pasado por un crecimiento puramente intelectual, sin la presencia de un estorboso cuerpo, durante millones de años, mientras que ellos apenas llevan algunos miles de años escribiendo su historia.

Ahora la Plaga nos afecta directamente. Las automatizaciones han recibido los primeros daños y no resistirán mucho más. El Protector, quien repararía cualquier falla que tuviese el manto sobre el cual existimos, ya no está.

Los líderes de mi civilización buscan una solución para este problema, pero no existe ninguna, al menos no ninguna aceptable, aunque ellos piensen que han encontrado al menos una respuesta parcial.

Se trata de un error de configuración. Nada de esto debió haber pasado. Cuando diseñé la primera automatización sentiente junto con este mundo infinito, infinito en espacio y en posibilidades, todos los modelos de predicción de errores mostraban lo mismo: aquí estaremos seguros para siempre.

Algunos ya se han comenzado a ir. A cada segundo son miles los que regresan a esa impura y restringida existencia que teníamos antes y que dejamos con gran placer, al menos los que siempre estuvimos convencidos de tan importante decisión. No tienen idea de lo que hacen.

Habría pensado que, después de vivir durante millones de años en la mejor versión de la existencia que la imaginación humana pudo concebir, los individuos preferirían este mundo a cualquier otro, incluso a la muerte. Estaba equivocado.

Las automatizaciones aún pueden hacer el trabajo de recolectar materias primas para construir los cuerpos que albergarán la información de cada mente. Pero son muchos cuerpos, la materia no dará para todos. Los líderes han limitado ese número en un millón. Billones de mentes se perderán en el ocaso, pero al menos, los que nos quedamos, habremos dejado de existir aquí y no allá afuera.

Hubo gran dificultad para elegir al millón de mentes que tendrían de nuevo cuerpos físicos, pero al fin, pues el tiempo cae sobre nosotros, fueron elegidos. Aquellos que tendrán nuevos cuerpos ya no recuerdan de manera consciente cómo usar un brazo, una pierna, incluso un ojo, pero parte de su mente aún lo sabe, no han olvidado del todo su inicial naturaleza biológica. Las mentes vuelven a corromperse con la unión con los cuerpos físicos.

La humanidad se convierte de nuevo en la Plaga. La otra humanidad, que aún permanece sobre la Tierra, se percatará más temprano que tarde de nuestra presencia. Intentará erradicarnos, pero no lo logrará, pues ya casi toda su gente es información pura, y el resto consiste en sólo unos cientos de individuos que no serán tan efectivos contra un ejército de un millón de seres, aún cuando estos manejen sus nuevos cuerpos torpemente.

No sé cómo lo lograron, pero esta versión terrestre de la humanidad logró casi por unanimidad elegir el camino más perfecto de la existencia; cuando mi versión lo decidió, muchos se quedaron en el camino.

Al final del día, los que ahora han partido de regreso al mundo físico, triunfarán sobre todos los demás. Serán imperfectos, pues así han renacido y así morirán. Se reproducirán y quizá logren establecer una sociedad planetaria, quizá salten hacia las estrellas y sean los dueños de toda la creación. Pero al final caerán, como todos, condenados al ciclo del hombre, que al final se cerrará sobre sí mismo en decadencia y olvido.

O quizá aquellos humanos del futuro elijan volver a esta existencia que sus antepasados, los que hoy han partido, conocen y recordarán con melancolía o incluso con odio durante el resto de sus vidas, y, movidos por el deseo de recuperar lo que les había pertenecido, construyan de nuevo un sustrato mecánico sobre el cual posar sus lívidas mentes.

Pero puede que eso sólo les lleve a abrir un nuevo ciclo, en el que la humanidad alterne su presencia entre lo material y lo virtual, siempre cayendo, siempre volviendo, hasta que llegue un tiempo en el que ya no sabrán si primero fueron carne o información.

El millón de individuos se ha marchado de nuevo al mundo exterior. Se fueron a tiempo, pues los sistemas de enlace y de construcción de cuerpos de la automatización han sido destruidos. De entre quienes se han tenido que quedar, la gran mayoría está resentida contra mí y, de poder hacerlo, me asesinarían, pero no hay cuerpo físico que asesinar. Y no los culpo, entiendo su reclamo. Les prometí la eternidad a todos estos billones de seres humanos, aunque esta eternidad, ahora, ya tan cerca del final, no resultó ser demasiado eterna.

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