abril 15, 2012

A través de la nada

Esta pequeña historia sobre un método de viaje espacial surgió de una plática con una compañera acerca de "la nada". Disculpen si uso demasiados tecnicismos. Espero que les guste.

Las dos máquinas esféricas estaban separadas por un año luz de distancia. Ambas tenían un diámetro de un milisegundo luz, casi 300 kilómetros. Muy cerca de una de ellas se encontraba una estación de entrelazamiento del mismo tamaño. El sistema macroscópico de la estación estaba entrelazado cuánticamente con la máquina que se encontraba más alejada. Las máquinas se encendieron. Los qubits de información cuántica de la estación de entrelazamiento viajaron, en el menor tiempo posible en el universo, un tiempo de Plank, hacia la máquina más cercana. Como la primera máquina ahora estaba entrelazada con la estación, y la estación inicialmente estaba entrelazada con la segunda máquina, ahora, por transitividad, las dos máquinas quedaron entrelazadas, compartiendo estados cuánticos. La segunda máquina desfasó la posición de sus partículas exactamente la menor distancia posible, una distancia de Plank. Las máquinas se apagaron. La operación duró menos de un segundo, pero en ese tiempo la misma estructura del espacio había cambiado.
     Las gigantescas esferas se movieron del lugar que habían ocupado inicialmente y los medidores robóticos se acercaron para estudiar los efectos del cambio que se había generado.

     La tripulación de la nave vio, a través de las pantallas multiespectrales, una gran mancha circular de radiación gamma que tendría algunos cientos de kilómetros de diámetro. Se vieron rodeados por dos elementos indeseados: la luz de naturaleza desconocida frente a ellos y la nave de la guardia que los perseguía detrás. Uno de los tripulantes identificó la fuente gamma como una zona de aniquilación de materia con antimateria.
     La nave pronto se vio alcanzada por su persecutor, cientos de veces más grande que ella. El enjambre de naves menores iba a poca distancia detrás. Los paneles centelleaban con las advertencias de “deténgase o su nave será destruida”.
     Dentro de la nave pareció iniciarse un motín: alguien se abalanzó para apretarle el cuello a un piloto pero el oficial a bordo disparó un dardo tranquilizante y el hombre se soltó.
     No podía efectuarse maniobra alguna para esquivar la zona donde parecía darse un excesivo acumulamiento de antimateria y la aniquilación de parte de ésta con la materia circundante. Estaban atrapados por ambos lados.
     Los fugitivos decidieron disparar los misiles y todo el cargamento que tenían a su disposición. Los proyectiles impactaron contra el muro de antimateria y hubo un gran destello de luz. Entre la luz cegadora, la tripulación pudo percibir un hueco de espacio vacío en donde habían impactado los proyectiles. La materia se había aniquilado con la antimateria por partes iguales.
     En el sitio del impacto aparecieron partículas virtuales de materia y antimateria, pero las partículas de materia se precipitaban hacia la burbuja de espacio que la máquina antes había alterado, luego la materia desapareció sin más, dejando un exceso de antimateria.
     La nave fugitiva avanzó y pasó a través del etéreo muro de antimateria, de muy pocas partículas aún, que volvía a formarse. Fue una maniobra estúpida y carente de todo sentido, aún para el pirata espacial más atrevido y descerebrado. Pero funcionó. La nave atravesó la zona sin tener contacto con antipartícula alguna y se adentró a la esfera de espacio.
     Las pantallas de popa no mostraban la presencia de la nave de la guardia, en cambio dejaba ver un extraño flujo de materia detrás de ellos que parecía salir de la nada. Los fugitivos no sabían si celebrar o preguntarse qué estaba ocurriendo.
     Los paneles mostraban una traslación más grande que la que creían haber hecho. Pensaron que el posiciómetro se había vuelto loco: éste indicaba que estaban a un año luz de distancia de donde se encontraban antes de atravesar el hueco entre la antimateria.
     Del otro lado de la esfera, la nave de la guardia había visto que los fugitivos habían desaparecido, se habían esfumado entre el agujero de la esfera de luz. No les dio tiempo de maniobrar.
     Como el vacío nunca es vacío, hay partículas de materia y antimateria que surgen de la energía que llena el espacio. En la superficie de la esfera, la materia creada virtualmente por las fluctuaciones de vacío era succionada hacia la esfera y en el medio externo a ella prevalecía el resto de antimateria.
     La pared de antimateria volvió a formarse. La nave de la guardia se precipitó a toda velocidad contra ella junto con su enjambre de naves menores. Su tripulación no pudo evitar el desastre. Todos sus átomos se aniquilaron al chocar contra el cascarón de antimateria. En el espacio apareció una bola resplandeciente en la que un momento después había otro agujero que pronto comenzó a llenarse.
     Los tripulantes de la nave fugitiva comenzaron a cantar victoria, pero cuando recorrieron 300 kilómetros la nave dio otro salto en el espacio, viajó otro año luz en sólo un tiempo de Plank. De pronto, desde popa pudo verse el gran destello emitido por la destrucción de la nave de la guardia, pero no por el tiempo suficiente para que la tripulación lo apreciase. Toda la esfera de 300 kilómetros, del espacio que había alterado las dos máquinas cuánticas, estaba cubierta de antimateria. Al entrar sólo habían aniquilado, con materia, la suficiente para formar un agujero de entrada, no así cuando salieron. Al salir de la esfera, la nave primero se vio bombardeada por materia normal que caía a gran velocidad hacia ellos. Era una lluvia de nanometeoritos; perforaron todo el material de la nave, incluidos los cuerpos de los tripulantes. Los restos pulverizados chocaron contra el muro antimaterial, generando una segunda gran explosión.

     Los robots medidores captaron los destellos diametralmente opuestos en la superficie de la esfera de espacio donde había estado una de las máquinas. Registraron la liberación de energía y lo tomaron como un evento anormal.
     El efecto de las máquinas cuánticas se fue desvaneciendo y el espacio volvió a ser como antes, sin el exceso local de antimateria en la superficie de la esfera.
     Unos minutos después llegó la nave de la guardia que iba escoltando a la primera que había sido destruida.
     En el lugar había una pequeña estación espacial con un par de científicos supervisando el trabajo de los robots. La nave de la guardia ancló en la estación e interrogaron a los hombres sobre lo sucedido.
     —¿Me está diciendo que todos murieron? —preguntó el oficial, cruzando la pierna derecha sobre la izquierda.
     —No es sólo su muerte, oficial —dijo el científico, y le brillaron los ojos—. Sus hombres y los criminales irrumpieron en una zona de investigación científica. No, no los demandaré por eso —el hombre soltó una carcajada—. Puedo mostrarle los papeles donde se nos autoriza trabajar aquí sin ser molestados. —El hombre hizo una pausa—. ¿Sabe qué es la pixelización del espacio?
     —No —respondió el oficial—. ¿Eso concierne a la investigación?
     El científico pareció no escuchar lo que el otro había dicho.
     —Imagine un fotón moviéndose. Uno esperaría que su movimiento fuese continuo, pero no lo es. Hay una distancia mínima para cualquier movimiento en el universo. Pues bien, el fotón irá dando saltitos entre cada pixel de los que se compone el espacio, saltos del tamaño mínimo posible, y no existirá un movimiento intermedio. Cada uno de esos pixeles, constituyentes de la misma geometría del universo, es infinitesimalmente diferente, lo menos diferente posible, a cada uno de los pixeles vecinos. El fotón se mueve entre pixeles lo menos diferentes porque es la única forma que existe para moverse. Ahora imagínese que podemos manipular esos pixeles y que dos pixeles que inicialmente estaban uno al lado del otro, y que por tanto diferían lo menos posible, los separamos una gran distancia.
     El oficial se estaba desesperando y cruzó las piernas de nuevo, esta vez la izquierda sobre la derecha. Creyó que estaba hablando con un loco. El científico estaba frente a él y el otro lo miraba desde atrás del sillón donde estaba sentado el primero. Esos hombres probablemente llevarían años en un confinamiento solitario a millones de kilómetros de cualquier otro ser humano.
     —¿Se imagina lo que pasará? —continuó el científico—. Pues como el fotón se moverá forzosamente entre dos pixeles lo más parecidos posibles, y como el pixel o grupo de pixeles que más se le parecen han sido alejados a una gran distancia, el fotón no tendrá de otra que saltar toda esa distancia. —El hombre pareció satisfecho de su explicación. Su colega lo miró con un gesto de aprobación.
     —No comprendo qué tiene que ver esto con el caso —dijo el oficial y se levantó de su asiento.
     —Los criminales lograron abrir un agujero entre la antimateria —dijo el científico—, así entraron a la esfera. Lo que nosotros hicimos fue tomar todo el espacio dentro de esa esfera de trescientos kilómetros de diámetro, los pixeles contenidos en ella, y trasladarlos a otra esfera a un año luz de distancia mediante un entrelazamiento cuántico desfasado —el hombre sonrió—. Logramos no sólo entrelazar cuánticamente un grupo macroscópico de partículas sino los pixeles mismos del espacio. Las partículas de la nave que ustedes perseguían, al entrar en la esfera, siguieron el camino lógico y saltaron todo ese espacio hasta llegar al interior de la segunda esfera. Viajaron a través de la nada. Luego regresaron a la primera esfera porque la pixelización sólo así lo permitía. —Hizo una pausa y luego continuó—: La antimateria en la superficie es sólo un efecto secundario. Las máquinas afectan al espacio y con ello modifican las fluctuaciones de vacío, la creación de partículas virtuales. Fue una lástima que no viviesen, serían famosos —sonrió—. Y gracias a ellos ahora sabemos que, con los cuidados necesarios, podremos viajar cualquier distancia en el menor tiempo posible —el científico chasqueó los dedos esbozando una sonrisa aún mayor.
     El oficial miró a los hombres. “Locos”, pensó. Sabía que no iba a sacar nada de allí. Había sido un accidente, generado por un proyecto en el que esos dos hombres trabajaban desde hacía... No importaba desde cuando. Todo era legal, no podría entrometerse. Se dirigió hacia el puente que conectaba a la estación espacial con la nave de la guardia.
     Cuando su nave se desacopló, el oficial miró las enormes máquinas esféricas, que parecían prepararse para una siguiente prueba.

abril 12, 2012

Otra vez es 12 de abril


Hace poco (bueno, el 7 de marzo), el blog cumplió 2 años desde que lo abrí. Por una combinación de pereza y falta de tiempo no escribí ninguna entrada sobre el segundo aniversario. Esos 2 años, si los vemos desde el punto de vista de las estadísticas, representan, en el momento que escribo esto, 97,786 visitas (15,469 sólo a la entrada sobre Lina Medina, la madre más joven de la historia) y 696 comentarios en las 201 (sin contar esta) entradas.

Tiene casi un mes que no publico. Han pasado varias cosas. Entre ellas: me llamaron a ser juez en un concurso de cuento a nivel bachillerato; la madre de una amiga es profesora y mi amiga le dijo que yo podría hacer de juez. Fue una buena experiencia, muy interesante y gratificante. Fui con dos amigas, que juzgaron, junto a otras personas, la parte de poesía. Eran 6 categorías del concurso. Algo gracioso fue que cuando llegué a la escuela sede, me dijeron: “¿es usted el licenciado Damián?”. Yo me reí, externa y sobre todo internamente. El resto del tiempo que estuve allí me siguieron llamando licenciado, incluso maestro. Fue muy gracioso. Éramos dos jueces de cuento: una profesora de otra escuela y yo. Los seis participantes de seis escuelas leyeron sus cuentos y luego el organizador nos dijo que teníamos veinte minutos para decidir quienes ganarían los primeros tres lugares. Yo pensé que era una brutalidad decidirlo en tan poco tiempo, pero mi colega de juzgado me dijo que así suele hacerse en esos concursos: se tiene que decidir rápido. Tardamos como 35 minutos, evaluamos seis aspectos, diferíamos en cuanto al segundo y tercer lugar, pero al final nos pusimos de acuerdo. La ortografía de los escritos era espantosa, y al principio no sabía si, mientras los participantes leían, ponía total atención al texto o me la pasaba corrigiendo las faltas. En general las horas que estuve allí fueron divertidas. Y las horas anteriores y las siguientes, pues estaba con una excelente compañía.

Otra, las personas que he conocido y re-conocido y que tienen relación con la literatura, dentro de mi facultad. Puedo contar a esas personas con los dedos de mis manos. Es muy interesante platicar sobre literatura y enterarse de lo que otros escriben, y conocerlas también como humanos. Este ambiente ha propiciado las ideas en mi cabeza. En este momento tengo 5 relatos pendientes y una serie de mini-historias en verso sobre una Rana Gallarda. Lo que me falta es desarrollarlas y tener tiempo para escribirlas.

Recientemente tuve vacaciones, en Semana Santa, y viajé a Villahermosa, al sur de México, para visitar a mi familia. Estaba estresado porque quería escribir un cuento para enviarlo a un concurso, uno del que informé aquí, y al principio no ponía mucha atención a todo lo demás. Escribía y escribía y nada decente salía. Platicando con una amiga decidí dejar de presionarme y creo que hasta comencé a tartamudear menos (tengo disfemia). Mejor leí, en los 4 días que me quedaban de vacaciones, 3 libros de los cuales uno fue (bueno, me falta poquito para terminarlo) Cuentos Chilenos de Fantasía, en el cual colabora mi compañero Javier Maldonado Quiroga, escritor chileno del colectivo Fantasía Austral. No sé si hacer una entrada sobre el libro o sólo comentarlo con Javier, ya le preguntaré.

Una amiga de la facultad me trajo de Estados Unidos mi nuevo lector Kindle Touch, que adquirí por $99 USD. Me emociona. Una vez que lo registré le metí varios libros en formato .mobi (Amazon da el servicio de conversión vía correo electrónico pero no me funcionó, o no sé hacerlo bien, así que descargué Calibre para convertir algunos libros y poder leerlos en el lector). Como viene sin funda, y las fundas que vende Amazon me parecen algo caras, le hice una, y ahora puedo leer y llevarlo conmigo sin que se maltrate. Incluso tengo la impresión (curiosa palabra, hace referencia a texto sobre papel) de que terminaré prefiriendo el e-book al libro físico, por comodidad y portabilidad.

Ah, y también, como lo dice el título, hoy es otra vez 12 de abril, lo que significa que es mi cumpleaños (y, aproximadamente el de una de cada 365 personas en el mundo), así como el 51 aniversario de ese día histórico en el que Yuri Gagarin orbitara la Tierra a bordo de la Vostok I desde el espacio cósmico (como dicen los rusos). Sí todo sale bien, mañana iré al parque de diversiones Six Flags con las mismas amigas con quienes fui al concurso que les mencioné casi al principio. Ellas cumplen años el 12 y el 15. Celebraremos los cumpleaños de los tres. Creo que será muy divertido, sobre todo porque nunca he ido a ese lugar, y porque los juegos mecánicos me dan miedo, miedo que creo que tendré que superar muy pronto.

Yuri Gagarin

marzo 19, 2012

Ideas y frases sueltas II. Microficciones

En mi muro de Facebook suelo escribir cosas que se me ocurren en un momento dado. Facebook cumple la tarea de ser mi libreta de notas cuando estoy en Internet. Ya había hecho una primera recopilación de lo que escribo allí, ahora hago una segunda parte. Espero que les guste :D

—Quisiera comenzar desde cero —dijo la función constante 1.

—Cuando hacemos el amor, te como vivo —dijo la mantis religiosa.

 ‎"Si sientes algo por mí, sólo acércate a mi oído y dímelo", esas fueron sus palabras. Ahora que tengo su oído sobre el plato y el resto de ella en el congelador, me acerco y susurro: "eres deliciosa, cariño". 

e^(x) y e^(-x) se enamoraron. Eran tremendamente opuestos, uno subía y el otro bajaba, pero se amaban mucho. Consolidaron para siempre su amor, siempre constante, y juntos fueron uno. (i.e. [e^(x)]*[e^(-x)] = 1) 

Cuando entraron a la habitación confinada del caníbal ya era demasiado tarde. Sólo encontraron su boca. Eso pasaba por haberlo dejado solo. Se había comido a sí mismo.

¡Siempre es lo mismo, cada vez que estoy contigo intentas transformarme, no me aceptas tal y como soy! —le dijo el elemento a la transformación lineal. 

Y al terminar el concierto, la guitarra eléctrica estrelló en el suelo al guitarrista. 

Le dijeron que le pusiera un cascabel al gato. Entendió mal: la víbora se terminó comiendo al felino. 

El viajero se acomodó en su pequeña cápsula. En la ventanilla, de un lado se veía el borde del disco galáctico, del otro lado la eterna penumbra, interrumpida sólo por algunos puntos borrosos de lejanas e inexploradas galaxias. Respiró con dificultad. Sacó una tableta de oxígeno y la tragó. Cambió el rumbo de la cápsula y viró, alejándose de la isla de calidez y seguridad de la galaxia que había conocido.

‎"Ábrela luego de que yo muera", se leía en la caja. Con lágrimas en los ojos, la abrí. Dentro había un revólver. Ella siempre fue buena para las reconciliaciones. Siempre.

Yo era el único que no creía en mí mismo, así que desaparecí, aunque para mis amigos seguí siendo su amigo imaginario. 

Siempre estás en mi cabeza, no importa cuanto desee que salgas de allí. Te necesito para vivir pues sin ti mi vida sería nada, sólo un vacío insondable y perpetuo. Cuando me despierto, aunque no suelo ser consciente de ello, estás dentro de mí, y cuando admiro las cosas más hermosas, tú haces que todo tenga significado... Cerebro. 

—Dime que esta noche será eterna —dijo ella.
—Sí —le respondí, mirando su silueta recortada contra el oscuro fondo del espacio. Nos precipitamos hacia el agujero negro. Éramos atraídos por su monstruosa gravedad como una lámpara incandescente atrae a los insectos. El tiempo comenzó a fluir más despacio cuando nos acercamos al horizonte de sucesos. Sabía que no faltaba mucho para que la gravedad partiera nuestros cuerpos en átomos individuales, aunque ante tales condiciones de distorsión espaciotemporal nuestros cuerpos destrozados tardarían un tiempo infinito en caer en el agujero—. Sí —dije otra vez—, esta noche será eterna. 

El culto a Jesús surgió en los días antiguos de la Vieja Tierra, cuando los apóstoles transmitieron la palabra que en nombre de Dios había difundido su maestro Jesús. Este culto desapareció cuando la Tierra quedó destruida por las Guerras Terrestres Terminales. Pero antes de aquélla destrucción la especie humana se había extendido hacia algunos puntos del Sistema Solar y fuera de él: a Prometeo. En Prometeo se conservaron documentos originales de la Vieja Tierra, y algunas costumbres resurgieron. El culto a Jesús vio de nuevo la luz en un planeta que los prometeitas colonizaron: Neymaar, aunque el culto se veía desde una nueva perspectiva pues se consideraba a Jesús como un mutante, un Psi. Los habitantes de Neymaar, llamados despectivamente cuasi-humanos, se habían sometido a manipulaciones genéticas voluntarias y no pocos habían desarrollado capacidades Psi, facultades extrasensoriales, de aquí que se sintiesen identificados con aquel antiguo y legendario hombre que obraba milagros.

Hacer particiones de conciencia no fue algo fácil. Ese sistema colectivo mental estaba acabando conmigo, no me dejaba mucha oportunidad de ser yo mismo, de tener el control sobre mi cuerpo, porque de pronto se convirtió en el cuerpo de otras personas más, que sin embargo eran parte de mí. En un momento dado en mi cabeza llegaron a (con)vivir seis mentes, algunas veces corriendo en paralelo y otras veces sólo una de ellas a la vez. Una de las mentes era psicópata, y me obligó a asesinar a otra persona, por eso eliminé esa partición mental específica, lo cual también fue un asesinato, porque suprimí una mente de mi cerebro, una mente compleja como la de cualquier otro ser humano. Era difícil porque las cinco mentes que restaban, todas al mismo tiempo, querían tener el control de mi cuerpo. Ocurrió algo que los médicos nunca me mencionaron: sin desearlo, mi partición, la mente que representa lo que soy, absorbió el espacio de las otras particiones. No fue como el acto deliberado mediante el cual me deshice de la mente psicópata; era distinto, yo no quería que ocurriera. Cuando me di cuenta, las otras mentes ya no estaban allí, ya no eran programas ejecutables y no podía hacerlas correr, usando la analogía computacional; sólo permanecía yo, haciéndome cargo del cuerpo. Sé que yo no soy la mente que tuvo originalmente este cuerpo, eliminé la mente nativa sin quererlo. Comencé mi existencia como algo incorpóreo, con un cuerpo que me servía de alojamiento, aunque no todo el tiempo, gracias a la generosidad de la persona que originalmente decidió hacer de sí mismo un sistema colectivo mental. No sé cómo sentirme por ello, es una mezcla de euforia y miedo. Soy un derivado de la conciencia nativa y permanezco cuando ahora ésta ya no existe. Yo no nací así, yo no existía cuando este cuerpo nació. Sé que debo de aprender a vivir así, y sospecho que será extraño.


Y termino con un dibujo que hice en paint, a ver si le encuentran el chiste.

marzo 16, 2012

El último de los destinos

Les dejo mi primera tarea del taller de creación literaria al que asisto. Es otro cuento que puede incluirse dentro de mi "historia del futuro". Sus críticas son bienvenidas. Espero que lo disfruten.

Terence Pal disfrutaba de la sensación del papel entre sus manos mientras leía el primer volumen de la edición de aniversario, publicado en el comienzo del séptimo milenio, de la Enciclopedia de la Historia de las Especies Humanas. Pasaba las páginas con delicadeza, como si éstas pudiesen deshacerse con el simple contacto de sus manos. Ése primer volumen estaba dedicado a la Vieja Tierra, y Pal miraba las ilustraciones, fotografías y mapas satelitales que se habían conservado desde hacía mucho tiempo cuando la humanidad colonizó Prometeo. Miró una de las imágenes por varios minutos: el globo de la Tierra colgando en el oscuro espacio.
     Luego desvió su atención hacia los datos en la pantalla, que le mostraba el ordenador principal. Estaba cerca del planeta que debía explorar y pronto entraría en órbita estacionaria, aunque no se había molestado en mirar las imágenes de la vista del planeta desde su nave. Luego analizaría las imágenes. Con cierta repulsión miró los parámetros: masa tal, diámetro tal, análisis espectroscópico con tales abundancias de elementos, sin satélites naturales... Comenzó a escribir la primera parte de su reporte. Tenía que entregar un informe a la Comisión de Exploración de la Alianza de Naciones cada vez que visitaba un planeta, mencionando desde las características generales hasta qué se había encontrado en su superficie.
     La nave estableció una órbita estacionaria y Terence comenzó a calzarse las botas y a vestirse. Colocó el volumen de la Enciclopedia en un estante junto a otros libros impresos en celulosa y cruzó el pequeño pasillo que terminaba en una puerta, abrió la puerta y se introdujo a la cabina de la nave de descenso. Al cerrarla sintió que se le taponaban los oídos. Posiblemente esa sería la centésima vez que repetía el proceso. Escuchó un siseo al desacoplarse la pequeña nave y ésta comenzó a moverse con dirección al planeta. Al irse acercando, los escudos térmicos se fueron calentando, primero muy lentamente en las altas capas de la atmósfera enrarecida y luego más. Modificó el ángulo de ataque para evitar el sobrecalentamiento.
     Algunos minutos después la nave activó los retrocohetes y fue frenando hasta posarse con suavidad en el inmenso océano, cerca de una línea de costa.
     Terence miró la pantalla y acercó la toma. Observó una fila de estructuras bien definidas que bordeaban toda la costa. La luz de la estrella madre les daba de frente y las hacía relucir. Al acercar aún más la vista notó que eran edificios, metal y vidrio, aunque por su aspecto parecían que no habían sido habitados durante mucho tiempo. Eso sería un incentivo para ir a investigar y entregar el informe. Programó a un insectoide y lo echó a vuelo. El artefacto se elevó y fue hacia la derruida ciudad. Mientras tanto, él también levantó el vuelo con su nave. En camino hacia las estructuras recibió los primeros datos del insectoide, éste portaba cámaras térmicas y detectó varias presencias de sangre caliente dentro de los edificios y en el espesa bosque que los rodeaba.
     La nave de Terence sobrevoló la ciudad. Vio correr manadas de animales de un lado a otro. Desde las alturas, el bosque parecía extenderse por kilómetros, llenando todos los espacios entre los edificios y trepando por los rascacielos.
     De entre todos los edificios destacaba uno, el más alto de ellos, y Terence Pal dirigió su nave hacia él. El último piso del edificio era un aeródromo que tenía pintados grandes caracteres de algún lenguaje claramente humano aunque desconocido, trazos ahora pálidos por el tiempo, que también había derruido todo lo demás. Pero no podía descender allí, tal vez sería imposible bajar por el interior del edificio. Descendió en el suelo, luego de pasar con cuidado entre las copas de los árboles, frente al rascacielos. Las raíces de los árboles levantaban el concreto y la nave no quedó del todo horizontal al posarse.
     Terence había leído en el análisis atmosférico que los niveles de oxígeno eran aptos para respirar sin dificultad, además otros factores no lo dañarían. Aún así antes de salir recubrió su cuerpo con una película transparente que sustituía a los trajes espaciales de antaño, y tragó un par de cápsulas de oxígeno que se fueron disolviendo lentamente dentro de sus pulmones. En el pasado esa ciudad debía de haber estado habitada pero todo indicaba que ahora no lo estaba. Los signos de la ausencia de civilización estaban por todas partes y eran fácilmente reconocibles para los ojos entrenados de Terence. Las personas habían desaparecido por alguna razón y no quería enterarse de una mala manera del por qué.
     La visión de Pal era cubierta por una cortina de árboles frente y sobre de él. Algunos rayos de luz de la estrella madre apenas alcanzaban a filtrarse entre las hojas. Se acercó a lo que parecía ser la puerta principal del rascacielos, dos placas de vidrio que parecían abrirse hacia dentro con sólo ejercer cierta presión, pero las puertas no cedieron. Vio, a través de los vidrios sucios, que la vegetación había encontrado la manera de meterse al edificio y crecía desde dentro, trabando la puerta.
     Sintió vibrar ligeramente el suelo bajo sus pies y escuchó un débil zumbido, como de aire siendo desplazado. El ruido venía desde dentro del denso y oscuro bosque. Regresó a su nave y decidió que continuaría la exploración por aire.
     Hizo avanzar la nave hacia donde había escuchado el ruido. Los micrófonos externos de la nave amplificaban los sonidos; el murmullo de animales y del viento llegaban a los oídos de Terence. Desde allí identificó a algunas de las especies de bestias que vagaban en las cercanías. Recordó algunas fotografías de la Enciclopedia, sobre especies originarias de la Vieja Vieja Tierra que habían sido genéticamente adaptadas a las condiciones de otros planetas colonizados. Estas que corrían debajo de él no parecían haber sido modificadas sustancialmente, dado que el clima de ese planeta era similar al que los registros históricos describían como el clima de la Tierra.
     Terence recibió los datos de los insectoides. El insectoide original había encontrado las materias primas para autoduplicarse y ahora ya eran cientos los insectoides que volaban sobre la ciudad recolectando datos, y varios de ellos ya comenzaban a explorar las zonas aledañas. En una semana más el número de insectoides sería el óptimo para explorar a detalle la superficie entera del globo. Todo indicaba que no había ninguna presencia humana en las cercanías.
     Pal sabía que después de entregar su informe a la Comisión no pasaría más de un lustro para que el planeta empezara a recibir a la población excedente de otros sistemas y se poblase con millones de ellos, desembarcando cada semana en naves crucero. Pero antes de eso, los antropólogos tendrían mucho trabajo que hacer para reconstruir las características de la sociedad que había habitado ese planeta.
     Aunque cabía la posibilidad de que el planeta aún estuviese poblado. Quizá incluso por la población original. O por otro factor. Todo el tiempo se daban desplazamientos humanos de un sistema a otro, y no todos eran registrados legalmente. Mundos que no estaban dentro de la Alianza de Naciones y que aún no habían sido explorados formalmente estaban realmente habitados por alguna o varias especies humanas que llegaban a desarrollar sociedades supertecnológicas. Si el planeta estaba habitado o no, era algo que difícilmente podría saberse en una primera exploración.
     Descubrió la fuente del sonido como de un fuerte viento que había escuchado antes, y al ver lo que lo producía le sorprendió. Ruido y movimiento entre toda esa calma y silencio sólo interrumpido por los rugidos y chillidos de las bestias. Esta era una bestia también, pero mecánica. Una extraña masa de metal, semicilíndrica y muy larga, desplazándose por unas vías paralelas sujetas al suelo. Un tren, un medio de transporte muy usado cuatro milenios atrás.
     Pal hizo bajar la nave hasta muy cerca de la fila de las ventanillas del tren. Estaba estático en el aire mientras la bestia mecánica pasaba. No parecía haber nadie dentro, los asientos estaban vacíos, y el sensor vital se lo confirmó: estaba vacío. Los sensores le mostraron que el vehículo se movía a más de 400 kilómetros por hora. Unos segundos después sólo vio la parte trasera del tren alejarse, flotante a pocos centímetros sobre las vías. Pensó en seguirlo, pero su nave no estaba diseñada para alcanzar tal velocidad. Decidió que sería importante saber a dónde iba pero ya tendría el tiempo suficiente para hacerlo. Sólo seguiría las vías.
     Cabía la posibilidad de que el tren transportara pasajeros. No era nada raro para él, de los planetas que había visitado, a lo largo de todo su servicio de exploración, y que no figuraban dentro de los registros, en no pocos era recibido por ciudadanos alegres, y otras veces hostiles, que parecían estar acostumbrados a los visitantes. Aunque eso hacía el trabajo más complicado. Si había tales habitantes, tenía que constar en el informe.
     Pal descendió de su aeromóvil y permaneció a un lado de las vías, mirando las líneas paralelas que a lo lejos, hacia su izquierda y derecha, parecían tocarse en el punto del horizonte. Las copas de los árboles formaban un túnel a su alrededor, excepto inmediatamente por encima del recorrido del tren.
     Miró el cielo, de un azul como había visto en pocos mundos. Permaneció con la cabeza hacia arriba por varios minutos, viendo de vez en cuando algunas aves pasar, y las algodonadas nubes deshaciéndose lentamente. Hasta que una voz que no era de hombre ni de mujer lo sobresaltó:
     —¿Puedo llevarlo a algún lugar? —dijo la voz.
     Miró hacia uno y otro lugar y vio algo flotando sobre las vías. Era algo parecido a una cabina alargada, algún tipo de vehículo más pequeño que su aeromóvil, de ventanas transparentes y un par de asientos en el interior.
     Terence Pal se acercó con cuidado a las vías, teniendo precaución de no tocarlas. Examinó el extraño vehículo con atención.
     —¿No eres nativo de este planeta, cierto? —le preguntó el vehículo con la misma voz asexuada.
     Terence palpó el metal y plástico que conformaban en vehículo. Algunas partes de la estructura ya estaban oxidadas y rotas, y los asientos parecían que en otro tiempo habían tenido algún tipo de forro, pero éste se había desintegrado dejando un polvo amarillento, y los cojines tenían grandes agujeros y arañazos y mordiscos de animal.
     —No —respondió Terence. Al hablar no expulsaba ni tragaba aire por su boca ni nariz, sino que hacía vibrar una membrana dentro de su garganta. La membrana también estaba recubierta con parte del traje espacial, como el resto de su cuerpo, así no había ningún contacto con algún agente externo a él, excepto con el traje. Pensó un momento antes de formular una pregunta—: ¿Hay pobladores en esta zona? Acabo de llegar a este lugar y... —se encontró dándole explicaciones a una máquina, casi un pedazo de chatarra.
     —No. No hay personas en este lugar —respondió el vehículo—, excepto tú. Y como único humano presente, estoy para servirte.
     —¿No hay personas, sólo en esta ciudad o en el planeta entero?
     —En el planeta entero —dijo el vehículo casi como un eco.
     Terence se estremeció.
     —¿Desde cuándo no hay humanos en este planeta? —preguntó, y su voz tembló un poco.
     —Desde que algunos extranjeros llegaron y asesinaron a los sobrevivientes. La población de este planeta era de un poco más de un millón y medio en el año dos mil cuatrocientos según la cronología estándar.
     Terence activó, mediante un flujo voluntario de sustancias desde su cerebro, una grabadora de audio y video que usaba como receptores sus propios oídos y ojos, y comenzó a registrar lo que ocurría. Le parecía que no debía de perderse cada palabra que mencionaba el vehículo. La información se grababa en nanomáquinas que corrían por su torrente sanguíneo.
     —¿A qué te refieres con extranjeros? —preguntó Terence.
     —Humanos de otro sistema.
     —Eso fue hace cuatro mil años. ¿De dónde viene la energía con la cual operas?
     —De la central eléctrica autónoma —respondió la voz asexuada—, a un kilómetro de aquí.
     —¿Puedes contarme sobre los hombres que habitaron este planeta? —sus ojos se abrieron mucho. Esa parte del trabajo le correspondía a los que vendrían después, a los que indagarían entre las ruinas del planeta.
     —Puedo hacerlo —respondió el vehículo—, si así lo deseas. ¿Pero prefieres charlar mientras recorres la ciudad? Puedo darte un paseo.
     Terence Pal, primero con desconfianza y luego con convicción, subió al vehículo y se sentó sobre uno de los rotos asientos. Al dejarse caer sintió un mareo que le nubló la vista un momento. Pronto se recuperó pero permaneció una cierta sensación de nausea. El vehículo se empezó a mover y Pal vio el paisaje correr junto a él.
     —¿Cómo sabes estas cosas? —preguntó Pal—. ¿Tienes acceso a un sistema de datos?
     —Pertenezco al sistema de transporte planetario —respondió el vehículo—. Los habitantes de este planeta no sólo acostumbraban hablar con otras personas sino también con sus máquinas. Durante todo mi servicio llevé a setecientas cuarenta mil trescientos noventa y seis personas de un lugar a otro dentro y fuera de esta ciudad, muchas de esas personas en más de una ocasión. El setenta y tres por ciento de todos ellos sentían una necesidad psicológica de hablar con alguien durante sus recorridos. Por lo que me contaron muchos de ellos, antes de que hubiese transporte robótico los humanos servían como conductores y sus pasajeros tendían a hablar con el conductor, así que esa costumbre y necesidad psicológica permaneció. Todo lo que sé lo sé por lo que todas esas personas me contaron y le contaron a todas las demás unidades de transporte en el mundo entero. Nuestra información es compartida y permanece en la memoria global.
     Todo parecía tan etéreo, como un sueño. En sus décadas de servicio a la exploración del espacio, de los planetas potencialmente habitables, no se había encontrado con nada así. Ahora se hallaba con una máquina que sería la envidia de los antropólogos. La historia de ese planeta podría reconstruirse con gran detalle. Una civilización desaparecida cuando el ser humano apenas comenzaba a expanderse por el universo. Quizá se trataba de uno de los primeros planetas colonizados.
     Terence guardó silencio y dictó mentalmente parte del informe que entregaría a la Comisión. El dictado se guardaba digitalmente en una sección de su corteza cerebral, que sería descargada cuando hubiese regresado a su planeta.
     Admiró el paisaje por la ventana.
     —¿Y cuándo llegó el hombre a este planeta? —preguntó Pal.
     —La humanidad estuvo aquí desde que surgió como humanidad —fue la respuesta que recibió.
     Terence Pal sintió que le faltaba la respiración. Las cosas se volvían borrosas a su alrededor. Sintió algo en su pantorrilla derecha y vio lo que era. Había un rasguño en su traje espacial ultradelgado. La rasgadura llegaba hasta su propia piel. Sintió que iba a desmallarse. ¿Cuándo había ocurrido aquéllo?
     —Observo un comportamiento extraño en usted —dijo la voz asexuada—. ¿Se siente bien?
      Terence dio una orden a sus pulmones para que aumentaran la tasa de desintegración de las pastillas de oxígeno.
     ¿Qué había dicho el vehículo?
     El hombre, el hombre había surgido en ese planeta.
     Luego Terence habló:
     —Médico —su voz sonó muy débil, como un suspiro; la membrana de su garganta hizo vibrar sólo ligeramente el aire circundante. Se inclinó sobre sí mismo.
     —Lo siento —dijo el vehículo—, no hay servicios médicos.
     Dentro del cuerpo de Terence, los elementos simbióticos de glóbulos blancos y nanorobots comenzaron a atacar al virus que irrumpía dentro de él, pero éste último infectaba demasiado rápido a las células de todo el organismo. El tejido infectado era cada vez mayor.
     Terence sacó fuerzas para preguntar:
     —Has dicho que la humanidad surgió en este planeta. ¿Este planeta es la Tierra?
     La respuesta vino casi de inmediato:
     —Así era llamado por sus habitantes. Tierra.
     Terence sabía que en toda la galaxia, que para ese tiempo ya había sido conquistada y cartografiada en un 13 por ciento por todas las especies humanas, había más de 70 planetas cuyo nombre oficial era Tierra, y todas esas naciones reclamaban su título. Era una situación que la Alianza de Naciones quería evitar renombrando aquellos planetas que decían ser la verdadera Vieja Vieja Tierra.
     —No hay Luna —dijo Terence con voz casi inaudible, pero el vehículo lo escuchó a la perfección.
     —La Luna de la Tierra fue convertida en una gran nave espacial y propulsada al espacio medio siglo antes de que el hombre dejara de caminar sobre este planeta.
     ¿Cómo sé que dices la verdad?, pensó, pues ya se le hacía imposible articular palabra alguna. ¿Qué me asegura que este planeta es la Tierra?
     Y entonces pensó en la información que estaba a su propia disposición.
     Terence accedió a los datos de la nave principal que había dejado en órbita estacionaria, y éstos se descargaron como un torrente en sus nervios ópticos. Eran las imágenes que había no deseado ver, para no encontrarse con una geografía desconocida que no evocara en él más que un suspiro de resignación, pero lo que realmente le revelaban eran los contornos de los continentes tal y como él los había visto en los mapas que se conservaban de la Tierra.
     Terence sonrió y miró por la ventana. Todo este tiempo sólo había conocido de ella datos estadísticos y unas pocas fotografías y grabaciones, pero ahora estaba en ella, rodeado de ella. Con su dedo índice tecleó sobre su muñeca izquierda la combinación indicada para quitarse el traje. El recubrimiento ultradelgado de su cuerpo cambió la polarización de sus moléculas y Terence comenzó a desgarrar el traje con sus uñas. Era como si se arrancara una piel trasparente, del cuello, de la cara.
     Dio una profunda bocanada de aire cuando sus conductos respiratorios estuvieron libres. Era aire, aire de la Tierra. Había un suave olor a humedad y a vida. Se acercó a la ventana para sentir el viento correr por su rostro.
     Había visitado docenas de planetas, cumpliendo un trabajo necesario para el futuro de las especies humanas, pero ninguno de esos planetas era el que realmente anhelaba. Y ahora estaba allí. La Cuna del Hombre, la Vieja Vieja Tierra, de la que se habían contado mil y un leyendas pero de la que muy poco se sabía con certeza.
     Sólo se lamentó de que ya no podría llevar su informe a la Alianza de Naciones y decirles: “miren lo que he encontrado, habían buscado esto por mucho tiempo y allí está, flotando en el espacio donde siempre estuvo”.
     Sintió que el mundo se desvanecía.
     El vehículo de transporte siguió su recorrido sobre las vías magnéticas del tren. Las islas de viejos edificios se asomaban por encima de las copas de los árboles más altos. Más allá, el mundo rebosaba en vida, ya sin la presencia, sólo vestigios, de la inteligencia que vio nacer, excepto por un viajero de cien mundos, que al fin había encontrado su verdadero hogar.

marzo 14, 2012

Concurso de Creación Literaria UNAM

Esto va para aquellos que estudian una licenciatura en México, no importa en qué estado, y que les gusta escribir. 
El IX Coloquio de Letras Clásicas de la UNAM ha organizado un Concurso de Creación Literaria. Las categorías son cuento y poesía, y el trabajo debe de ir sobre cualquier tema relacionado con las antiguas culturas griega o romana. Cualquier tema, repito, así que no se decepcionen si, como el que escribe esto, son incultos respecto a estas culturas, no hace falta saber mucho. Además, ¡hay buenos premios!, y si ganan se les envían a cualquier parte del país.
Por mi parte espero participar con un cuento de Ciencia-Ficción, una ucronía, ambientada dentro del Imperio Romano.
Cualquier duda que tengan pueden contactarme aquí, o bien escriban al correo coloquiodeletrasclasicasunam@gmail.com


marzo 09, 2012

Los talleres literarios y yo

Durante el semestre pasado (agosto-diciembre 2011) asistí a un taller presidido por una amiga que estudia Letras Clásicas. Las sesiones fueron una vez por semana, no conté durante cuántas semanas. Allí hacíamos ejercicios típicos de talleres: el "cadáver exquisito", en el cual los participantes escriben por turno en una hoja de papel, la doblan para sólo dejar visible la parte de la escritura inmediatamente anterior, y después la pasan al siguiente participante para que siga construyendo lo escrito, así creábamos historias y creo que en una ocasión hicimos un poema. Otras veces improvisábamos simplemente, x minutos para escribir lo que en ese momento saliera, etc. Leíamos nuestros textos y escuchábamos los de los demás y recibíamos críticas y criticábamos... Algunas veces lo disfrutaba mucho y otras veces no. Y, bueno, no estoy seguro de lo que aprendí en el taller. Creo que lo rescatable es la experiencia de estar con otras personas que disfrutan de la escritura como yo, y adentrarme en nuevos campos, pues no todos los que asistieron escriben Ciencia Ficción.

Hoy he comenzado a asistir a otro taller. Esta vez la organización es mejor y el taller tiene una temática más específica y más acorde a mis intereses. El taller lleva por título "Creación de Literatura Fantástica, Ciencia Ficción y Terror" y se imparte en la Facultad de Química de mi universidad, los viernes de 11 a 13 horas. El profesor estudió Letras Hispánicas y me parece muy divertido (hasta nos regaló galletas). Hoy asistimos 14 personas, aunque no sé si ése será el número definitivo, pero espero que se quede así pues un grupo reducido suele tener más ventajas en este tipo de talleres.

El profesor comenzó hablando sobre los géneros y subgéneros que se tratarán en el taller, de lo que implica ser escritor, la disciplina, no esperar la inspiración sino escribir y escribir y así la inspiración nos encontrará mientras escribimos. Nos recomendó comprar una libretita (cosa que haré) que quepa en el bolsillo porque es común que algunas ideas vengan en los lugares menos inesperados: en el transporte público, en el baño, mientras atrapamos hadas con una red mágica en un bosque encantado..., y así anotarlas al momento. Nos mencionó que cada palabra que usemos en un escrito importa y a la vez no, y dio como ejemplo de lo segundo el capítulo 68 de la novela Rayuela de Julio Cortázar, donde el autor usa palabras inexistentes. Nos dejó la primera actividad: escribir un cuento de temática a elegir pero con el requisito de que uno de los personajes esté enfermo, ya sea física o mentalmente. Eso y leer un par de textos cortos. También nos dio una hoja en la que escribimos nuestros intereses e influencias principales para que el profesor tenga una idea más clara de qué nos gusta a los que conformamos el taller. Escribimos también un texto, lo primero que se nos ocurriera, durante 7 minutos. El taller, dijo el profesor, tiene como objetivo brindarnos las herramientas principales que un escritor necesita. Una de las cosas que más resaltaría de lo que mencionó es el complejo de bloqueo del escritor, en el cual escribimos algo y ya no sabemos cómo seguir, perdemos el hilo, lo cual (por formar parte de los problemas por los que suele pasar un escritor) creo que está muy emparentado con el problema de ver lo que se ha escrito como si fuese basura, y eso es algo que últimamente me ha estado ocurriendo, aunque ha sido menor desde hace algo más de una semana que envié un cuento a una revista de mi universidad para un concurso al que quise probar suerte y del que luego me enteraré del resultado.

Al terminar la sesión comencé a platicar con uno de los alumnos, a quien había visto antes en mi facultad y que, cosa que no había notado antes, va en la clase de Variable Compleja conmigo. Él es matemático, escribe Fantasía, y nunca le había hablado pero comenzamos a platicar sobre nuestros gustos, de lo que escribimos, y compartimos ideas como por una hora, y eso fue muy emocionante y mentalmente estimulante.

El ambiente de taller me gustó. Espero escribir mucho. Una de las ventajas de asistir a un taller de creación literaria es que creas y haces eso continuamente, y aprendes de los demás alumnos y del profesor. Y los últimos días he visto que esto de escribir no es del todo solitario, pues existe la oportunidad de conocer a otras personas que hacen algo como lo que tú haces y compartes ideas y se genera una retroalimentación importante. Hace dos días, al terminar mi clase de Introducción a la Física Cuántica se me ocurrió una idea y la comencé a escribir en una libreta, y una compañera de mi clase, que estudia también física, me preguntó que qué hacía, y así salió el tema de la Ciencia Ficción, lo que llevó a que me enterara de que ella escribió hace algunos años una novela del género. Y hoy me empapé más de todo esto. Ya quiero volver a platicar con ella el martes, y asistir a la segunda sesión del taller el viernes. Siento que la Ciencia Ficción me rodea y me dice: "seguirás con tu camino, pero no estás solo en esto".

Publicaré aquí lo que vaya saliendo del taller, así que las publicaciones que últimamente han andado escasas quizá aumenten un poquito.

marzo 04, 2012

Condicional

     Todo flujo de información que capto es reflejo de una parte del mundo en el que vivimos. Sin esa afirmación, y sin su demostración, de la que tengo evidencias día tras día, no sería consciente de que el trabajo que realizo en mi oficina resulta útil para la sociedad. Claro que lo que percibo es sólo una pequeña parte del mundo.
     Los datos fluyen en las pantallas, pero sólo me concentro en los que fluctúan por encima de un límite inferior que he impuesto. La señorita Blumen siempre me recuerda que tales fluctuaciones son el resultado de algo vivo en el exterior. Aunque ella no lo llama vivo, para ella el mundo no está vivo; pero lo está, no sólo las personas. Las personas sólo son suborganismos de un organismo más complejo.
     Veamos, hay un pequeño desajuste dinámico, sólo necesito acotarlo. Ya está.
     Desde aquí puedo acceder a los registros de cualquier persona viva sobre la Tierra, me basta con entrar al sistema de salud. En teoría, no debería de hacerlo, al menos no al nivel que lo hago, sólo lo necesario como para trabajar con ello. No es parte de la ética laboral que me hicieron firmar cuando me asignaron el trabajo, pero me gusta ver lo que la gente es más allá de los cuestionarios, ver los patrones entre el ADN de uno y otro ser humano. Creo que pronto tendré resultados al respecto. He notado que casi el doce por ciento de las personas con la secuencia azul (una secuencia específica de nucleótidos en una sección del código genético) trabajan como padres profesionales. Estas personas están capacitadas para ser padres de hijos no biológicos. Las personas con hijos propios confían estadísticamente más en los de secuencia azul para que cuiden de sus hijos mientras se dedican a sus actividades laborales o de ocio.
     En esta base de datos también puedo verme a mí mismo. Introduzco mi nombre y aparece mi historial de trabajo (menciona mi preparación pre-laboral y mi trabajo actual), antecedentes médicos y una serie de datos que informan en parte quien soy. Debajo de mi nombre aparece mi profesión: matemático. Luego dice que trabajo como “agente estabilizador de empleo”. Esa descripción no dice casi nada por sí misma. Lo que hago realmente es permitir que cada sistema de datos que surge del mundo exterior, cuando una persona cambia de profesión y es empleada en un cierto trabajo, tenga un número finito de soluciones menor o igual a una cota establecida por la dependencia de estos sistemas de datos con el conjunto de los sistemas complementos relacionados. Esto es necesario para impedir, por ejemplo, que una persona con aptitudes sobresalientes para la actuaría termine trabajando como sociólogo sin haber pasado algunas pruebas previas. Evito insensateces en el sistema.
     Cuando comencé a trabajar, hace ya varios años, tuve la impresión de que este trabajo había sido hecho especialmente para mí. Mi vida anterior a él tuvo como culminación lo que ahora hago.

febrero 16, 2012

Cientos de miles de trillones; una hipótesis y un número: el de Avogadro

El siguiente texto lo escribí como una tarea para mi clase de Introducción a la Física Cuántica.

   El el año de 1808 el francés Joseph-Louis Gay-Lussac publicó su ley de combinación de volúmenes de gases ideales1 (ver nota al pie). Para esto, el científico francés se había dado cuenta de los gases se mezclaban en proporciones específicas para formar compuestos durante una reacción química; si un gas dado se combina con otro, digamos, en una proporción 2:1, y si cualquiera de los gases estuviese en una proporción distinta, y luego sobreviene la reacción química que los une, entonces quedará un excedente sin reaccionar del gas del que había un volumen mayor al que dicta la proporción. Esta ley, observó Lussac, se respetaba a presión y temperatura constantes, condiciones que en adelante llamaremos PT estándares. 
   Una de las cosas que observó Lussac fue que “un volumen” dado de gas oxígeno se combinaba con “dos volúmenes” de gas hidrógeno para formar “dos volúmenes” de vapor de agua. 
   Tres años después el italiano Amadeo Avogadro se inspiró en el resultado anterior para decir que volúmenes iguales de gas, bajo PT estándares, contenían la misma cantidad de moléculas. Además de esto, Avogadro propuso que los gases de hidrógeno, oxígeno y nitrógeno estaban formados por moléculas diatómicas. Ahora, si iguales volúmenes contienen igual número de partículas entonces esos “dos volúmenes” de gas hidrógeno que observó Lussac contienen el doble de moléculas que el volumen de gas oxígeno, por lo cual el hidrógeno se combina con el oxígeno en proporción 2:1 para formar agua. Por tanto, una molécula de agua está formada por dos átomos de oxígeno y dos de hidrógeno, H2O, distinto a lo que anteriormente había dicho John Dalton, quien pensaba que la molécula de agua era HO, pues nunca concibió la existencia de moléculas de un solo elemento, como las diatómicas de las que habló Avogadro: moléculas del tipo N2, la molécula de nitrógeno, u O2, de oxígeno. La teoría de Dalton en ese entonces y por algunas décadas más sería aceptada de manera generalizada y ése fue un argumento de la sociedad científica en contra del  italiano Avogadro. Como en ese entonces solían usarse indistintamente los términos molécula y átomo, no pocos científicos pensaron que Avogadro hacía referencia a medios átomos (cosa que les parecía espantosa pues la misma palabra átomo significa indivisible), cuando lo que estaba diciendo realmente era que las moléculas diatómicas se dividían. En parte por esta confusión, la afirmación de Avogadro fue tomada a menos, pues no tenía pruebas que sustentaran su veredicto, porque decirlo no era suficiente, nunca es suficiente cuando se afirma algo, el método científico no funciona así, además de que ante la comunidad científica Avogadro nunca se caracterizó como un experimental competente ni brillante. 
   Cabe destacar que el francés André-Marie Ampère, tres años después de la hipótesis de Avogadro, publicó un trabajo, una mezcla de filosofía kantiana e investigación empírica acerca de cómo se combinan los gases, donde llega, independientemente, al mismo resultado que Avogadro había propuesto, pero por la misma razón por la que el científico italiano fue despreciado, éste último también lo fue. 
   ¿Qué implicaciones tendría lo que Avogadro hipotetizó? Una propuesta científica sólo tiene trascendencia si logra explicar fenómenos observables y si predice aquellos que aún no se han visto. ¿Si Avogadro se refiere a “el mismo número de moléculas en un mismo volumen”, de que número en específico está hablando? Avogadro nunca dijo nada acerca de ese número. Veamos. 
   Durante la década de 1850 se llegó a un punto de acumulación en cuanto a las dudas que surgían de la teoría atómica: había serios problemas para determinar los pesos atómicos de los elementos, y eso complicaba el hacer una teoría sobre las combinaciones de estos. ¿Cómo hacer química, tanto teórica como experimental, si no se sabía algo tan elemental como los pesos de los elementos? 
   En 1860 el alemán Friedrich August Kelulé, conocido por sus útiles representaciones esquemáticas de las moléculas, sugirió una conferencia para abordar el tema, para discutir sobre lo que se podía hacer para combatir este problema de los pesos atómicos; la conferencia, que se celebró del 3 al 5 de septiembre en Karlsruhe, Alemania, fue de importancia histórica pues fue la primera reunión internacional de científicos, que reunió a 140 de ellos. Allí, Stanislao Cannizzaro explicó la importancia de la aportación de su compatriota Avogadro y por qué se le debía de tomar en serio, expuso el hecho de que la ignorada hipótesis podía usarse para determinar el peso molecular de varios gases. (Dos años antes, Cannizzaro había insistido en la diferencia que había hecho notar Avogadro entre pesos atómicos y pesos moleculares.) Durante la conferencia no hubieron conclusiones pero algo comenzó a germinar en las mentes de los presentes. Allí se encontraban J. Lothar Meyer y Dimitri Mendeleiev, quienes, influidos por lo que había anunciado Cannizzaro, trabajaron en sus propias versiones de la Tabla Periódica de los Elementos y calcularon los pesos atómicos en base a la hipótesis de Avogadro. A partir de entonces la comunidad científica focalizó su atención en el trabajo del científico italiano, pero aún con mucho escepticismo y negación. Desafortunadamente, para el día de ésta conferencia, Avogadro hacía 4 años que había muerto. 
   Cuando la comunidad científica internacional comenzó a prestar atención a la hipótesis de Avogadro era evidente que aquello de “el mismo número de moléculas en un mismo volumen” debía ser investigado a mayor profundidad; la hipótesis de Avogadro explicaba muchas cosas y resultaba bastante útil, por tanto había que conocer ese número que resultaba tan importante para la hipótesis. 
   El 1865 el austriaco Johann Joseph Loschmidt tomó algunos trabajos anteriores de Maxwell y de Clausius y comenzó a hacer cálculos a partir de ello. Los temas que Maxwell y Clausius habían desarrollado tenían que ver con la difusión de los gases y sus viscosidades, el “volumen de la esfera de influencia de una molécula” que tiene que ver con el tamaño de la molécula y con el free path2, etc. Loschmidt llegó a una expresión que mostraba el diámetro de las partículas de un gas y, usando esta expresión, llegó a otra que indicaba el número de partículas de un gas en un volumen dado. El científico austriaco se había interesado principalmente por determinar el tamaño de las moléculas del aire, otras interrogantes tenían menor importancia que ésa para él. Loschmidt mencionó brevemente en la preimpresión de su paper que un milímetro cúbico de aire contiene 866 billones de moléculas. En esta preimpresión el científico no sustenta lo que afirma aunque lo hace posteriormente en el paper como tal, donde también estima diversas masas atómicas. Con aquéllos cálculos, el austriaco estimó el diámetro de las “moléculas de aire” en 1 nanómetro, lo que difiere de lo que sabemos actualmente: aproximadamente 0.3 nanómetros; éste error lo cometió básicamente por lo que él sabía sobre el free path de las partículas. Loschmidt tomó el valor del free path como de 140 nanómetros (en PT estándares) cuando el valor que conocemos actualmente es de 60 nanómetros. 866 billones de moléculas por milímetro cúbico hace que el número de moléculas por mol3 sea de 2×10^22, que, como podemos ver si nos adelantamos hasta el presente, representa algo así como 1/30 del valor del número de Avogadro4. El número que Loschmidt obtuvo, 866 billones por milímetro cúbico, o lo que es lo mismo: 8.66×10^23 m^−3, fue aproximado a lo largo del tiempo y se le dio el nombre de Constante de Loschmidt, cuyo valor actual es de 2.6867774×10^25 m^−3. Este resultado fue muy importante, y aunque se trató de una deducción lógica del trabajo de Maxwell y de Clausius, representó la primera estimación de la densidad numérica de partículas en un gas y del tamaño de las mismas. 
   Luego de esto, haciendo consideraciones similares, el mismo Maxwell, en base a sus propios trabajos, calculó un nuevo valor: 4.2×10^23 partículas por mol, muy cercano al que actualmente conocemos. 
   El 1908, el francés Jean Baptiste Perrin consideró una columna vertical de partículas que presentan movimiento browniano5, sujetas a la gravedad terrestre. En base a esto y tras ciertas consideraciones, el valor que obtuvo para la constante de Avogadro fue de 7.05×10^23 partículas por mol. Una nueva idea había aproximado mucho mejor que nunca antes este número tan buscado. Cabe notar que, para esto, Perrin se basó principalmente en los trabajos de Albert Einstein. 
   Pero Perrin no se detuvo aquí: su gran logro fue calcular el número de Avogadro en más de una forma. Con vapor de mercurio y apoyándose en la teoría de los gases conocida hasta el momento concluyó que el número de partículas por mol era de 6.2×10^23. Perrin mencionó, con modestia y admiración: “Este número constante, N, es una constante universal que debe, con justificación, ser llamada la constante de Avogadro”. 
   Para este momento en la historia la constante de Avogadro era casi tal como la conocemos ahora, aunque las aproximaciones a su valor actual siguieron llegando de otros campos de la física. Cuanto más aproximada estaba ésta constante más confiable resultaba la teoría que describía.
   La siguiente colaboración al cálculo de este número llegó desde la electricidad. Millikan fue el primero en medir con gran exactitud la carga del electrón, e, y para 1917 los resultados mostraban que tal carga era de 1.591×10^−19 Coulombs. Gracias al trabajo de Millikan se llegó a otra constante importante: la constante de Faraday, F, que representa la carga eléctrica de un mol de electrones. Y entonces vemos claramente la conexión: dado que F nos dice la carga eléctrica de un número de electrones igual a un mol, y conocemos el valor de e, si hacemos la división F/e tendremos el número de electrones en un mol, lo que será con toda seguridad la constante de Avogadro. El resultado de esta división da 6.064×10^23 electrones por mol. ¡Más cerca aún! 
   En la determinación de esta constante con el paso del tiempo también ha entrado en juego la constante de Plank. En un método similar al descrito anteriormente, la constante de Avogadro también puede ser calculada dividiendo la masa de un mol de electrones entre la masa del electrón. Para conocer la masa de un mol de electrones puede usarse un artefacto de confinamiento magnético llamado Trampa de Penning, y es en el cálculo subyacente donde la constante de Plank entra. 
   Podemos mencionar otras formas que se han ideado para calcular la constante de Avogadro, pero todas serán por lo general, aunque ideas nuevas e interesantes, sólo un perfeccionamiento de la medida con anterioridad. La constante aproximada que actualmente se usa es de 6.02214129×10^23 mol^−1. Este número es gigantesco: en un mol de cualquier sustancia encontramos cientos de miles de trillones de partículas. 
   Si la naturaleza fuese continua, se podría hacer como con los números reales: el número buscado podría aproximarse ad infinitum y al final a lo que esta aproximación convergería sería al valor real de la constante. Pero, físicamente, aunque la naturaleza no es continua, también nos estamos refiriendo a una constante, a un número. El número de Avogadro. 
   Para darse una idea de qué tan grande es este número, piensen en lo siguiente: imaginen una llave que no ha sido cerrada correctamente, por tanto estará goteando. Supongamos, haciendo una estimación racional, como habrá notado cualquiera que haya visto una llave gotear, que cada gota que cae tiene un volumen de un cuarto de mililitro, un cuarto de centímetro cúbico. Ahora, un número de gotas de agua igual al número de Avogadro, 6.02214129×10^23, representarán un volumen de 150,553,532.3 kilómetros cúbicos, o, (redondeando) 1.5×10^10 km^3. El volumen total de los océanos de la Tierra se ha calculado en 1.37×10^9 km^3, por lo que nuestra llave que gotea un “mol de gotitas de agua” dejará salir un volumen algo más de diez veces mayor al de toda el agua oceánica del planeta. 
   Ya hemos visto que el número de Avogadro nos dice la cantidad de partículas que hay en una cantidad dada de alguna sustancia, por lo tanto si esta sustancia reacciona con otra nos interesa saber de qué forma reacciona. Supongamos que queremos producir una tonelada de sulfato de cobre porque lo venderemos a los agricultores locales para que fertilicen sus tierras, entonces necesitamos saber qué tanto azufre y qué tanto cobre usaremos en la reacción para producir el sulfato. Sin el conocimiento del número de átomos o moléculas que hay en una sustancia no podríamos hacerlo, no sabríamos cuánto mezclar de cada cosa. 
   El número de Avogadro es necesario para entender todos los procesos donde intervienen reacciones entre átomos, reacciones entre moléculas, y, como una de las constantes fundamentales de nuestro universo, vale la pena conocerlo.

---------------------------------------------
1. Con gas ideal debe de entenderse el gas hipotético compuesto por partículas puntuales que no interaccionan entre sí, pero que a condiciones estándares de presión y temperatura (la IUPAC establece que tales condiciones deben tomarse como 0 °C y 100 kPa, aunque por lo general se toma como 1 atmósfera de presión) el comportamiento de un gas cualquiera es muy cercano al de un gas ideal.

2. El free path se define como la media distancia estadística que recorre una partícula mientras colisiona con otras partículas. Una partícula entre un conjunto de partículas, digamos dentro de un gas, avanzará cierta distancia para luego colisionar con otra partícula del gas, ésta colisión desviará su trayectoria y recorrerá otra cierta distancia hasta toparse con la siguiente. El promedio de esas distancias entre colisiones es el free path.

3. Un mol de una sustancia es aquella cantidad en gramos que es igual al peso molecular de la sustancia que se trate. Por ejemplo, una molécula de agua, H2O, está formada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno; el peso atómico del hidrógeno es 1 (pues el núcleo de hidrógeno está conformado por un protón), pero tenemos dos hidrógenos, y el del oxígeno es 16 (en su núcleo hay 8 neutrones y 8 protones, que sumados dan 16), por lo que el peso molecular del agua es de 18, (16 + 2), y consecuentemente un mol de agua son 18 gramos de la misma. El mol también se define como aquella cantidad de una sustancia que contiene un número de partículas igual al número de Avogadro. 

4. Hay que notar la diferencia entre el número de Avogadro y la constante de Loschmidt: el primero hace referencia a la cantidad de partículas por mol y el segundo a las partículas por unidad de volumen. Aunque, erróneamente, en la literatura a veces suelen citarse como si fueran lo mismo. 

5. El movimiento browniano es el movimiento aleatorio de pequeñas partículas (microscópicas) que se hayan en un fluido. Fue descubierto en 1827 por Robert Brown cuando observó las extrañas oscilaciones de granos de polen. (Ahora, piense en una gota de tinta que se deja caer en un recipiente con agua y en como se extiende por todo el líquido.) La difusión de la tinta en el agua, por ejemplo, es consecuencia de este movimiento. La causa de éste movimiento fue explicada por Albert Einstein en 1905.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...