marzo 09, 2011

Primer aniversario de Sonata Cuadrática

¿Por qué y para qué escribir en un blog?

Hoy se cumple un año mas dos días exactamente desde que comencé con éste blog.

Si se dan cuenta, en ningún lugar de este blog hay una entrada de presentación, formalmente hablando. Así que nunca he explicado el por qué abrí un blog y escribo en él.

Inicialmente buscaba poner aquí los relatos que había escrito y eso hice, puse aquí los que había escrito hasta el mes de abril del año pasado, que no eran muchos.

Había estado previamente en una página en la que subía mis relatos y luego los demás escritores, tanto novatos como veteranos, con cuenta en esa página, leían lo que escribía; yo también leía sus historias y nos hacíamos comentarios, muchas veces críticos, como debe ser un comentario que sirva de verdad. Pero me cansó. Tuve la sensación de que hacía eso sólo por sentir que alguien apreciaba lo que hacía, mis historias. Y los comentarios no me agradaban, muchas veces usaban el término “dotado” para referirse a mí por mi forma de escribir, y eso me molestaba. También comencé a tener muy pocas ideas y más presión por parte de la universidad. Entonces cerré mi cuenta en esa página. La página en cuestión es Escribe Ya y me hacía llamar Napelmanak (el nombre de un planeta inventado, que forma parte de un sistema planetario doble (como Plutón y Caronte, aunque Plutón ya no sea planeta), y orbita la estrella Capella, de la constelación de Auriga), un seudónimo que aún mantengo para ciertas cosas.

Luego de eso, como era nuevo en cuanto al Internet, comencé a visitar otros blogs y otras páginas, para darme ideas, y observé que las personas escribían sobre experiencias personales, sobre cosas que les interesaban o solamente se limitaban a copiar y pegar información de otros sitios y nunca hacían un comentario que fuera verdaderamente suyo. Y entonces fui formando un propósito para el blog. Sonata Cuadrática había nacido como el vehículo de mi necesidad de expresión, creo que como casi cualquier sitio personal en Internet.

En él podría escribir sobre cosas que me gustan y que habría personas que se podrían interesar por las cosas que escriba, y eso me llevaría a encontrar personas que compartieran mis gustos. Sobre todo eso último. La Internet y los blogs nos dan esa enorme herramienta que es la expresión, compartir nuestros pensamientos y lo que hacemos.

En los últimos dos años me han pasado las cosas que considero de las más importantes en mi vida y eso es, precisamente, porque me he abierto a la gente. Este blog, en ese aspecto, me ha servido para seguir con el proceso de compartir las cosas que hago, que aunque no sea en un contexto físico, también funciona. Este es mi espacio de expresión para los que me quieran escuchar... es decir... leer.

Y acepto que una u otra publicación aquí ha sido una simple traducción de alguna página en inglés (como ésta o ésta), sólo con ligeros aportes, pero aveces considero necesario que esa información se encuentre en idioma español (para aquellos que no leen en inglés) y me doy a la tarea de hacer la traducción.


Haré un pequeño recuento de lo que ha sido este año.

  • La primera entrada que publiqué fue un video llamado I Will Derive, el 7 de marzo del 2010. En ese momento no tenía mucha idea de a dónde iba a parar este blog.
  • Hasta ahora he escrito 37 (¡un número primo, vaya sorpresa!) relatos, entre muy cortitos, de un tercio de página, hasta algunos de 9 o 10 páginas. No me habría esperado esa cifra cuando comencé a escribir. El primero que escribí (Diciembre 2009) fue Un regalo para Sebastián, con temática navideña, aunque refleja muy poco del espíritu de la Navidad. Uno de esos 37 cuentos es realmente un sueño y otro es un episodio de mi infancia temprana. La temática es bastante variable.
  • Ésta es la entrada número 144 (¡12 al cuadrado!) que escribo.
  • Han habido un total de 293 comentarios hasta ahora (otro número primo).
Lo que yo quiero y que aún no he logrado completamente es que este blog sea original, que lo publicado aquí, venga de donde venga inicialmente la información, sea representante de lo que me interesa, de lo que soy.

Agradezco a los que han estado más tiempo aquí, casi desde el principio, que no los mencionaré pero que ellos ya saben ellos quienes son. Gracias por leer, aunque nunca los haya obligado, ¡eh!

marzo 06, 2011

El hombre fue libre

Después de lo que sentí como una pequeña sequía de inspiración finalmente esta tarde he terminado un relato que me había dado vueltas en la mente por días. El hombre fue libre.



La puerta se cerró detrás de él. Retiró la llave de la cerradura. Miró a un lado y a otro, a las casas bajas que constituían el viejo vecindario. Ya nadie vivía allí, al menos nadie permanecía en esos lugares, fijos en el espacio. Las personas iban y venían pero era completamente diferente que hacía apenas una década.
Vio una forma borrosa que se detenía frente a una casa y luego desaparecía.
Suspiró. Le esperaba otro día de trabajo. Le gustaba la reparación y fabricación de material electrónico, era un trabajo necesario, y lo disfrutaría más si tan sólo no lo trataran como a un miembro inferior de la sociedad.
Eran las seis en punto de la mañana. El autobús no tardaría en llegar. Escuchó el ruido del motor a lo lejos. El extremo silencio del lugar le había agudizado el oído. Aún se escuchaba algo de ruido: algunas risas por allí, un golpeteo por allá, pero por lo general había un gran silencio. El autobús se detuvo enfrente de él y el conductor le saludó con alegría. Era bueno ver a alguien normal. Las puertas hidráulicas se abrieron con un siseo.
—Buenos días, Abraham —saludó el conductor.
—Hola Erick —Abraham depositó una moneda de dos créditos. Miró los asientos y sólo uno de ellos estaba ocupado: una joven sentada leía un libro. La joven alzó la vista y vio a Abraham, ella esbozó una sonrisa y volvió la mirada hacia las páginas.
Abraham se sentó en el asiento detrás del conductor.
—¿Cómo estás hoy, algún materializador descompuesto que haya que arreglar? —preguntó el conductor.
—Hay un cliente en los barrios altos que tuvo que usar la frecuencia de materialización del aparato de su vecino —respondió Abraham—. Dice que se vio obligado a hacerlo ante una emergencia porque el suyo había dejado de funcionar.
—¿Y qué pasó entonces, los va a demandar? Sé que cuando aparecen con distinta frecuencia la persona se... —hizo un sonido silbante.
—No sufrió daños, afortunadamente —contestó Abraham.
—¿Sabes? —dijo Erick—, he estado pensando en que sería mejor ser como ellos.
Hubo un momento de incómodo silencio.
—No digas tonterías, Erick —el rostro de Abraham se transformó, llenándose de una gran tristeza—, a ti te gusta ser así —dijo—. De otra forma no podrías manejar este camión.
—No haría falta. No hay necesidad de transporte, sólo tienes que saber a dónde quieres ir, y ya has llegado allí. Además, mira —señaló las filas de asientos con su única ocupante—, ya nadie se transporta de esta forma, ya no hay muchos maters por aquí. Las personas quieren libertad.
—No creo que esta sea una forma de obtener libertad —dijo Abraham—. Me parece una atrocidad. ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?
Eso ofendió a Erick. El conductor no respondió y no hablaron el resto del trayecto.
El autobús se detuvo y las puertas se abrieron. Abraham bajó el primer escalón.
—Hasta mañana, Erick —se despidió Abraham, y miró de reojo a la joven, que ya había dejado su libro y miraba absorta por la ventanilla.
—Hasta mañana —respondió el conductor, secamente.
Abraham bajó del autobús.
¿Qué había pasado con Erick?, ¿ahora él también sería como ellos?, pensó Abraham. Era su única conexión con el mundo material, y se entristecería mucho si se convirtiera en un energ. Pero ahora no quería pensar en ello.
Entró en el edificio y subió las escaleras. Había mucha actividad en el lugar. Las personas se materializaban y se desmaterializaban, dando saltos de un lugar a otro del espacio. Enfrente de él se materializó uno de los supervisores de la empresa. Miró a Abraham, lo saludó con la mano y desapareció. Abraham subió a su oficina y vio que habían dejado un materializador sobre su escritorio, que seguramente tenía que ser reparado. Era una caja como del tamaño de un libro muy pesado, con un solo botón. Se sentó y la analizó. Desprendió la tapa, y tomó sus lentes y su equipo de observación. Había un par de cables quemados. Notó que los nanoventiladores también estaban chamuscados, había que cambiarlos. Nada serio.
De pronto algo apareció en una esquina de la oficina, como un destello azulado.
—Abra la ventana, señor Murillo —se escuchó una voz que venía desde algún lugar en el interior de la oficina.
Abraham hizo caso y subió la ventana, dejando que entrara el aire de afuera.
El materializador, que estaba en una esquina de la oficina, había comenzado a funcionar y una figura humana se estaba formando junto a él. Abraham sintió que la habitación se vaciaba de aire. Se acercó a la ventana para poder respirar mejor. La figura que se materializaba sonrió y terminó de tomar forma. Luego el hombre recién materializado apagó el aparato.
—Veo que ya lo viste —dijo el hombre recién formado. Se alisó la camisa con las manos—. ¿Crees que podrás repararlo en menos de dos horas?
—Hay que cambiar la ventilación —respondió Abraham—. Yo diría que en diez minutos estará listo.
—Bien, no hay problema. Obsérvalo con detenimiento y disfruta del trabajo, pues será el último que repares.
Abraham levantó la vista.
—¿Va a despedirme?
El hombre se rió.
—No, no, nada de eso. Quiero recontratarte para un trabajo mejor.
—¿Qué clase de trabajo?
—Serás el jefe de mantenimiento de las instalaciones del Observatorio en Fobos. Es un puesto importante.
—No creo que esté listo para eso, señor Guzmán —respondió Abraham. Tomó un pequeño destornillador para quitar el panel de nanoventiladores del aparato—. ¿Quién seguirá haciendo mi trabajo?
Elías Guzmán tomó una silla y la colocó frente al escritorio, de cara a Abraham. Se sentó. El asiento tan sólo se hundió ligeramente; el hombre pesaba apenas diez kilogramos.
—¿No escuchó lo que le acabo de decir? —dijo Guzmán—. Será el último que tendrá que reparar.
—Pero lo dice por la nueva oferta de trabajo.
—Lo digo porque el aparato que está entre sus manos pronto será obsoleto.
Abraham levantó la vista.
—Pero si es necesario para que la gente se materialice —dijo—. De otra forma serían simples fantasmas.
Guzmán de acomodó en la silla, inquieto.
—No use ese término, señor Murillo. ¡Es insultante! Preferimos decir energs en vez de fantasmas. Fantasmas: ¡Menuda palabreja!
Abraham apretó los labios y siguió desatornillando el panel. Elías Guzmán apoyó los codos sobre la mesa. Su cuerpo era completamente sólido ahora, pero en unos cuantos minutos tan sólo sería un... fantasma.
—Nuestros científicos, escuche con atención —Elías se inclinó hacia delante—, nuestros científicos han hallado un método para materializar a una persona sin la necesidad de uno de estos —señaló el aparato en el que trabajaba Abraham.
—¿Cómo?
—Materialización a voluntad. La persona puede llegar a controlar las partículas del aire y juntarlas para formarse un cuerpo. ¿No es eso fascinante? ¡Claro que lo es! Y algunos han llegado a controlar las moléculas de una pila de arena.
—En tal caso tendrían cuerpos de arena —dijo Abraham, sin mucha emoción.
Elías frunció su frente hecha de aire comprimido y polvo.
—¿No se da cuenta del alcance de todo esto? —Elías se notaba algo enfadado—. ¡Es un nuevo grado de libertad! Cuando las naciones se unieron bajo un mismo gobierno, el mundo fue libre; ¡cuando los hombres dejaron de depender de sus cuerpos físicos, el hombre fue libre! Ahora también hemos dejado de depender de estos aparatos para materializarnos. ¡Es la búsqueda de la libertad, y ahora la hemos conseguido!
—¡Es antinatural! —gritó Abraham.
Elías fingió que no había escuchado eso. Se levantó del asiento y se volteó, dándole la espalda a Abraham.
—¿Tomas entonces la oferta en Fobos?
—No podría —respondió Abraham—, ¿cómo viajaría hasta allá? No hay transporte que me lleve.
Elías se volteó y lo miró fijamente.
—Usted sabe lo que significa viajar a otro lugar fuera de la Tierra. Y puede hacerlo fácilmente.
—Si no tuviera cuerpo.
Elías se acercó al escritorio y apoyó sus manos sobre la madera. Analizó la expresión de su empleado.
—¿Por qué no quiere suicidarse, señor Murillo? —preguntó Elías—. Oh, suicidarse es una palabra fuerte. Pero puedo decírselo de otro modo: ¿por qué no dejar su cuerpo?
Hubo un prolongado silencio. Al final, Abraham respondió:
—He trabajado aquí por diez años, desde que se inventó el materializador, y desde entonces le he expresado las razones por las cuales he conservado mi cuerpo.
—¡Por favor! —Elías se cruzó de brazos—. ¡El mundo ahora es otro! El noventa por ciento de toda la población está compuesta por energs, y el diez por ciento restante son gente indecisa que sigue viviendo en el pasado, que no aprecia la libertad. Porque eso es lo que ahora tenemos, entiéndalo bien, que entre en su cabeza. ¡Libertad! ¿No quiere ser libre?
Abraham tomó un nuevo panel de ventilación de una caja llena de piezas de repuesto y lo atornilló al aparato. Con suma tranquilidad volvió a colocar la cubierta.
—Ya está reparado —dijo, mostrando el materializador a Elías—. Creo que mi trabajo aquí ha concluido.

Era temprano, y el autobús que manejaba Erick pasaría hasta dentro de dos horas. Decidió sentarse en una de las bancas que aún quedaban en un parque cercano, de vista a la avenida por donde pasaría el autobús. Recordó que hace apenas una década había tenido automóvil, pero el Gobierno Mundial se lo había decomisado porque violaba una ley que nunca le habían dado a conocer. No se tragaba nada de eso, lo habían hecho con él y con todos, quitarle su auto, para que la gente se convenciera de que convertirse en un energ era la mejor opción. Podrían viajar a cualquier parte, y sin necesidad de auto. Los tiempos habían cambiado, sí que habían cambiado.
Miró el paisaje. La universidad estaba del otro lado de la avenida, y lo que más resaltaba era el grande y viejo edificio de la biblioteca, que aún conservaba cientos de miles de ejemplares que de vez en cuando las personas leían. La humanidad había perdido la costumbre de la lectura. No la necesitaba, simplemente saciaba sus demás deseos.
El resto del panorama era desolador. Ahora que las personas podían desplazarse, saltando de sitio en sitio, con tan sólo pensarlo, habían personas que iban a la Luna o al resto de los planetas colonizados. Un destino apreciado era un nuevo exoplaneta, orbitando a dos estrellas tipo G, similares al Sol.
Abraham vio aparecer a un grupo de figuras humanas frente al edificio de la biblioteca, y éstas hablaban cosas que no alcanzaba a distinguir. Parecieron percatarse de su presencia y lo miraron. Luego desaparecieron.
Vio su reloj. Aún faltaba una hora y cincuenta para que pasara el autobús. Entró en la biblioteca.

El autobús se detuvo enfrente de una casa derruida; la pintura café se desprendía de las paredes de ladrillo rojo. De adentro de la casa salió un hombre de avanzada edad que cargaba consigo un par de libros en las manos y una mochila en la encorvada espalda. Avanzó pesadamente y se subió al autobús. El autobús arrancó y el anciano se dejó caer de golpe en un asiento. Suspiró.
—Cuando uno es viejo parece que las cosas te atraen con una mayor gravedad —dijo el anciano.
Erick, que conducía, se sorprendió porque el hombre normalmente no solía hablar, aunque todos los días se subía al autobús y hacía el mismo recorrido.
—Yo tengo cincuenta y ya comienzo a resentir esa pesadez —respondió Erick.
El anciano pareció sonreír.
—Ha vivido tan sólo un poco más de la mitad que yo.
—¿Ha llegado a considerar ser un energ? —preguntó Erick, algo dudoso de su pregunta.
—No, señor —el anciano se puso sobre las piernas los libros que llevaba—. Tendré el cuerpo decrépito pero esto es lo que soy.
El autobús avanzó hasta estacionarse frente a la biblioteca de la universidad. Abraham se levantó de la banca de metal y subió. No era el horario en el que acostumbraba a viajar, y por eso se sorprendió de ver a un nuevo pasajero, el anciano. La joven de nuevo estaba allí, con un libro en sus manos. Abraham saludó a Erick y al anciano, que alzó una mano arrugada.
—Has salido temprano, Abraham —dijo Erick—, eso me sorprende.
Abraham se sentó.
—Renuncié —dijo.
—¡Renunciaste! ¿Por qué has hecho eso?
—Tengo mis razones.
—Mmm... Está bien si no me las quieres decir, pero me hago una idea.
—Oye —Abraham se acercó al conductor—, ¿sabes cómo se llama ella? —susurró, señalando a la joven con la mirada—. Sube todos los días y nunca la he oído hablar.
—¿Qué? —Erick pareció confundido. Miró hacia atrás y sólo vio al anciano sentado en su autobús—. ¿Estás hablando del hombre?
—¡No! —Abraham se dio cuenta de que había alzado la voz y ahora la joven lo miraba—. La chica, la que está leyendo.
—Sólo somos tres personas en este autobús —dijo Erick.
Abraham miró de nuevo hacia el asiento donde estaba sentada la joven pero ésta había desaparecido. Abraham guardó silencio.
—Parece que has visto un fantasma —dijo Erick.
—Creo que así fue —respondió Abraham.
—No digas tonterías, lo decía en broma. En todo caso era una energ, y la has asustado, como haces con todas las mujeres. Siempre las acosas con tu mirada.
—No era una energ —dijo Abraham—, no se puede mantener la materialización por tanto tiempo, y no podía estar en un estado de baja materialización ya que pudo sostener ese...
—¿Qué? —preguntó Erick.
—El libro... —Abraham se levantó y fue hacia el asiento de la chica—. No está el libro —dijo.
—Oye, creo que no has visto bien —dijo Erick, mientras doblaba en una curva—. Tal vez no llevaba ningún libro.
—Sé lo que vi y sé que un libro no puede teleportarse junto con la persona.
—Entonces tal vez sí has visto un verdadero fantasma, leyendo un libro fantasma.
Pasaron junto a una de las cosechadoras del gobierno. El Gobierno Mundial las había instalado por centenares en todas partes. Dentro de ellas se desarrollaban humanos que después eran asesinados para ofrecerles una vida de libertad. La primera generación de hombres totalmente libres había nacido hacía apenas tres años.
Algunas personas iban y venían en las cercanías de la cosechadora. Abraham sintió repugnancia.
—¡Abraham! —gritó alguien. Parecía la voz de Elías, su ex-jefe.
Elías apareció repentinamente dentro del autobús y cayó al suelo. Había sido un salto muy arriesgado, ya que se había teletransportado a un objeto en movimiento.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Abraham, con los ojos muy abiertos.
El hombre recién materializado estaba desesperado. Se paró como pudo. Su cuerpo parecía más translúcido que antes. Erick frenó bruscamente y detuvo el autobús.
—¡Los astrónomos de Fobos! —gritó Elías Guzmán—. ¡Han desaparecido!
—¿Hablas de los que operan el telescopio? —Abraham se le acercó.
—¡Ellos eran el telescopio! Sus cuerpos conformaban el telescopio humano. ¡Y han desaparecido!
—¿Qué quieres que haga? —preguntó Abraham— Ya no trabajo para ti.
—Sí, lo sé. Y no sé qué se puede hacer. Mira...
Elías Guzmán levantó su mano, que parecía desintegrarse. Las compactas moléculas de aire se estaban dispersando de nuevo. Intentó sujetarse de un asiento, pero su mano lo atravesó, incorpórea. Cayó de rodillas.
—Lo siento, siento haber venido —gimió Elías—, tengo que regresar.
Su expresión de angustia iba en aumento y parecía a punto de llorar, pero eso era imposible, ya que toda el agua en su cuerpo era la escasa que contenía la humedad condensada del aire del que estaba hecho.
—¿Qué pasa? —preguntó Abraham.
—¡No puedo saltar! —gritó Elías.
—¿Tienes un materializador aquí? —dijo Abraham, volteándose hacia el conductor.
—No, no —respondió Erick—, ¿de dónde puedo sacar uno?
—En mi casa tengo uno —dijo Abraham.
—¡Estamos a dos kilómetros de tu casa! —respondió Erick.
—¡Entonces date prisa, maldita sea!
—No entiendo lo que pasa —dijo Elías, de rodillas en el suelo. El hombre parecía cada vez más traslúcido—. ¡Ah! —gritó—. ¡No puedo ver! —sus colectores de luz que formaban sus ojos se habían desvanecido—. Abraham, no sé lo que está pasando, ¡no quiero morir! —Elías comenzó a desintegrarse más. Su cuerpo de fragmentaba y la nube de partículas de las que estaba conformado se reintegró de nuevo a la atmósfera. Un momento después, ya no estaba.
—¿Elías, sigues allí? —preguntó Abraham, esperando respuesta.
—¿Qué demonios ha ocurrido? —el conductor se había levantado de su asiento.
El anciano estaba aterrado, encogido en su asiento, abrazando la mochila que llevaba con él.
—Llévame de regreso —ordenó Abraham.

Abraham corrió hacia el edificio donde había trabajado durante años. Subió las escaleras apresuradamente. El lugar estaba vacío. Ni siquiera se escuchaba el siseo del saltar, de salir y entrar, de personas de un lugar a otro. Vio un montoncito de arena esparcido por el suelo, sin duda de alguien que había aprendido a usar la arena para materializarse, como le había dicho Elías.
Su teléfono comenzó a sonar. Casi había olvidado que tenía teléfono. Era Erick.
—Ha ocurrido algo terrible —dijo Erick con la voz entrecortada.
—¡Terrible! —respondió Abraham— ¿Qué puede ser más terrible que lo que acaba de pasar?
—¡Gloria no está!
—¿Qué dices?
—¡Mi esposa! —exclamó Erick, del otro lado del teléfono— ¡No está!
—¿Cómo lo sabes?, no has estado en tu casa desde esta mañana.
—Ella estaba con el vecino. ¡Él me ha llamado informando que se ha desvanecido frente a sus ojos! Todas las demás personas también han desaparecido. ¡Todos los energs!
—No, no, deben ser sólo casos aislados. No hay que desesperarse.
Hubo un silencio. Se escuchó un quejido del otro lado del teléfono, otro ruido de fondo, y luego habló Erick:
—Lo están pasando en el televisor —dijo, con un tono sepulcral.
Había sintonizado el pequeño televisor que llevaba en el autobús. Daban las últimas noticias.

Abraham llegó a su casa. Su respiración era agitada. Se llevó las manos a la cabeza, mientras intentaba ahogar una mueca de dolor. ¡Tanta gente! ¡Dios mío!, pensó. ¿Por qué ha pasado, qué factor no tomé en cuenta?
Se dirigió hacia la sala. La joven estaba allí. La misma joven que todos los días veía en el autobús. Estaba sentada en su sofá, frente al televisor, que estaba encendido en la única televisora que ahora estaba en funcionamiento, el único canal controlado por maters.
—¿Ya te has enterado de las noticias? —le preguntó la joven.
Abraham se quedó quieto y en silencio.
—Todos han desaparecido. Todos ellos —dijo ella, y miró a Abraham fijamente.
—¿Quién eres tú?
—Mi nombre es Silvia.
Abraham intentó recordar el nombre pero ningún recuerdo acudía a su memoria.
—Morí hace ocho años —dijo ella—, aunque no me sometieron a ese proceso para convertirme en un energ. Por eso es que estoy aquí. No soy una de ellos. Todos los que se sometieron al proceso han sufrido una segunda muerte. Traicionaron su naturaleza humana y han pagado por su estupidez.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo.
—¿Por qué has venido? —le preguntó.
—Tú eres uno de los dos científicos que inventó el materializador —dijo la chica.
Abraham no quería recordar eso. Apretó fuertemente los párpados.
—Pero el crédito se lo dieron a otra persona —dijo él.
—¿Sabes por qué la especie humana ha hecho esta gran estupidez de dejar sus cuerpos?
Abraham recordó. Su trabajo había sido desarrollar el mecanismo de materialización, con el objetivo de “revivir” a los muertos, aunque no recuperaran sus cuerpos físicos, capturar sus esencias y moldearles nuevos cuerpos. Y nunca había entendido cómo las personas vivas, las que no tenían ningún problema con sus cuerpos, habían optado por someterse al proceso de la muerte física y ser sólo fantasmas. Habían dicho libertad, pero él no compartía esa noción de libertad.
—No sabes realmente por qué, no estás seguro de por qué las personas comunes y corrientes utilizaron tu tecnología para su beneficio —dijo Silvia—. Entonces te lo diré. La especie humana es débil. Había perdido los ánimos por vivir y la vida había dejado de ser buena y simple, porque ellos la habían hecho un fastidio. Querían huir de lo que tenían, huir de ellos mismos. ¿Sabes lo que tu trabajo significó para esas miles de millones de personas débiles?
—Libertad —respondió Abraham, con voz ahogada.
—Una libertad distorsionada. El hombre fue libre, siempre lo había sido, hasta que cometió su más tonto error. Los que han quedado son como tú o como yo. Los que no hemos traicionado nuestra naturaleza. A mí me asesinaron, yo no decidí morir. ¿Y sabes quién me asesinó?
Abraham negó con la cabeza.
—Tú —respondió Silvia.
Abraham se sobresaltó.
—¡Eso no es verdad!
—¿No lo recuerdas? ¿No recuerdas a esa joven que raptaste y que mataste con la intención de luego revivirla? Fue dos años después de que tu colega se hiciera famoso luego de que te robara tu trabajo. Entonces tú te aferraste a lograr algo por lo cual fueras reconocido, y humillar a quien te había traicionado, y te pusiste la meta de devolver la vida a las personas, devolverles la vida no sólo incorpórea sino físicamente.
Abraham empezó a llorar. Se llevó las manos al rostro.
—¿Por Dios, qué quieres de mí? No sé qué puedo hacer por ti.
—¿Por mí? Nada.
—Te he asesinado. ¡Asesiné a diez mil millones de personas!
—Tú no los asesinaste a ellos, ellos así lo decidieron —dijo Silvia—. Les diste algo que salvaría vidas, que les permitiría a las personas estar con sus seres queridos aún después de muertos, pero han utilizado eso de una manera diferente. Tuvieron la elección en sus manos y es lo que han deseado, esto es lo que han obtenido. Se traicionaron a ellos mismos y ahora ya no están —Silvia se levantó del sofá y pasó a un lado de Abraham—. Me voy —dijo.
—¿A dónde irás?
—No lo sé —ella se acercó a la puerta.
—¡No sé lo que haré! —gritó Abraham, desesperado. Vio su reflejo en la negra pantalla del televisor y sintió asco ante la imagen de sí mismo. La idea del suicidio pasó por su cabeza. Pero este suicidio sería una primera y única muerte para él.
—Perdonarte a ti mismo —dijo Silvia, y atravesó el umbral de la puerta. Sus pies parecían flotar. La joven llegó hasta la calle y miró hacia ambos lados. Luego desapareció.
Un viento frío sopló sobre el rostro de Abraham, que permaneció bajo el marco de la puerta, con la mirada fija en el pavimento.

marzo 05, 2011

El primer paso

Da el primer paso con la fe. No tienes por qué ver toda la escalera. 
Basta con que subas el primer peldaño

marzo 03, 2011

De minerales y mitología

En una entrada pasada también escribí sobre minerales, sobre los hombres de ciencia que algún mineral había sido nombrado en su honor. Hoy veremos algunos de los nombres de los minerales que tienen relación con personajes mitológicos. La información también la extraigo del mismo libro.

TÁNTALO. En la mitología griega, rey de Lidia e hijo de Zeus. Los dioses honraron a Tántalo más que a ningún otro mortal. Él comió a su mesa en el Olimpo, y en una ocasión fueron a cenar en su palacio. Para probar su omnisciencia, Tántalo mató a su único hijo, Pélope, lo coció en un caldero y lo sirvió en el banquete. Los dioses, sin embargo, se dieron cuenta de la naturaleza del alimento y no lo probaron. Devolvieron la vida a Pélope y decidieron un castigo terrible para Tántalo. Lo colgaron para siempre de un árbol en el Tártaro y fue condenado a sufrir sed y hambre angustiosas. Bajo él había un estanque de agua pero, cuando se detenía a beber, el estanque quedaba fuera de su alcance. El árbol estaba cargado de peras, manzanas, higos, aceitunas maduras y granadas, pero cuando estaba cerca de las frutas el viento apartaba a las ramas. Al elemento Tantalio (Ta) le viene el nombre de este personaje mitológico.


SELENE. En la mitología griega, diosa de la luna, hija del titán Hiperión y de la titánide Tía, y hermana de Helios, dios del sol. Selene se enamoró del joven y apuesto pastor Endimión, a quien sumió en un sueño eterno para que nunca pudiera abandonarla. En el arte, Selene aparece conduciendo un carro tirado por dos caballos o, a veces, por dos bueyes. Se la identifica a menudo con la diosa olímpica de la luna, Ártemis. El Selenio recibe su nombre de esta diosa.


PROMETEO. En la mitología griega, uno de los titanes, conocido como amigo y benefactor de la humanidad, hijo del titán Jápeto y la ninfa del mar Clímene o la titánide Temis. Prometeo y su hermano Epimeteo recibieron el encargo de crear la humanidad y de proveer a los seres humanos y a todos los animales de la tierra de los recursos necesarios para sobrevivir. Epimeteo (cuyo nombre significa "ocurrencia tardía"), procedió en consecuencia a conceder a los diferentes animales atributos como el valor, la fuerza, la rapidez, además de plumas, piel y otros elementos protectores. Cuando llegó el momento de crear un ser que fuera superior a todas las demás criaturas vivas, Epimeteo se dio cuenta de que había sido tan imprudente al distribuir los recursos que no le quedaba nada que conceder. Se vio forzado a pedir ayuda a su hermano, y Prometeo (cuyo nombre significa "prudencia") se hizo cargo de la tarea de la creación. Para hacer a los seres humanos superiores a los animales, les otorgó una forma más noble y les dio la facultad de caminar erguidos. Entonces se dirigió a los cielos y encendió una antorcha con fuego del sol. El don del fuego que Prometeo concedió a la humanidad era más valioso que cualquiera de los dones que habían recibido los animales. Estas acciones de Prometeo provocaron la ira del dios Zeus. No sólo había robado el fuego para los seres humanos, sino que también engañó a los dioses haciendo que ellos recibieran las peores partes de cualquier animal sacrificado y los seres humanos la mejor. En una pila, Prometeo colocó las partes comestibles de un buey, la carne y las entrañas, y las recubrió con el vientre del animal. En otra puso los huesos y los cubrió con grasa. Al pedirle a Zeus que eligiese entre las dos, el dios optó por la grasa y se sintió muy disgustado al descubrir que ésta cubría una pila de huesos. A partir de ese momento, sólo la grasa y los huesos se entregaron a los dioses en sacrificio; la buena comida quedaba para los mortales. Por las transgresiones de Prometeo, Zeus lo hizo encadenar a una roca en el Cáucaso, donde era atacado constantemente por un águila. Finalmente lo liberó el héroe Hércules, que mató al ave rapaz. Al elemento Prometio (Pm), le viene el nombre de este ser mitológico.


PLUTÓN. En la mitología romana, dios de los muertos, esposo de Proserpina, y equivalente latino del dios griego Hades. Plutón ayudó a sus dos hermanos, Júpiter y Neptuno, para derrocar a su padre, Saturno. Al dividirse el mundo entre ellos, Júpiter escogió la tierra y los cielos como reino; Neptuno se convirtió en el soberano del mar, y Plutón recibió por reino el submundo, donde gobernó sobre las sombras de los muertos. Se le consideraba originalmente un dios cruel e inflexible, indiferente a las plegarias y difícil de apaciguar con sacrificios. En los cultos y creencias populares posteriores se acentuaron aspectos más agradables y benéficos del dios. Se creía que era el otorgador de los beneficios ocultos de la tierra, tales como la riqueza mineral y las cosechas, por lo que también era conocido como Dis u Orcus, el dador de riqueza. De este dios recibe su nombre el elemento Plutonio.


PALLAS (Palas Atenea). Una de las diosas más importantes en la mitología griega. En la mitología latina, llegó a identificarse con la diosa Minerva, también conocida como Palas Atenea. Atenea salió ya adulta de la frente del dios Zeus y fue su hija favorita. Él le confió su escudo, adornado con la horrorosa cabeza de la gorgona Medusa, su 'égida' y el rayo, su arma principal. Diosa virgen, recibía el nombre de Parthenos ('la virgen'). En agradecimiento a que Atenea les había regalado el olivo, el pueblo ateniense levantó templos a la diosa, el más importante era el Partenón, situado en la Acrópolis de Atenas. Atenea, originariamente la diosa de las ciudades griegas, de la industria y de las artes, y, en la mitología posterior, de la sabiduría; era también diosa de la guerra. Atenea fue la defensora más firme, entre los dioses, del bando griego en la guerra de Troya. Después de la caída de Troya, sin embargo, los griegos faltaron el respeto debido al carácter sagrado de un altar dedicado a Atenea en el que la profetisa troyana Casandra encontró refugio, y como castigo, unas tormentas enviadas por el dios del mar, Poseidón, requeridas por Atenea destruyeron la mayor parte de los barcos griegos que volvían de Troya. Atenea era también patrona del arte de la agricultura y de las labores femeninas, especialmente del hilado y el tejido. Entre sus dones al hombre estaban la invención del arado y la flauta y las artes de domesticación de animales, de construcción de barcos y de fabricación de zapatos. Se la asociaba a menudo con las aves, especialmente con la lechuza. Al elemento Paladio le viene el nombre de esta diosa.


NÍOBE. En la mitología griega, hija de Tántalo y de la reina de Tebas. Su marido, el rey Anfión, era hijo del dios Zeus y un gran músico. Níobe le dio siete hijos muy bellos y siete hijas preciosas. Aunque era feliz, Níobe reveló la misma arrogancia hacia los dioses que había demostrado su padre. Dispuso que el pueblo de Tebas le rindiera culto a ella en lugar de a la diosa Leto, que sólo tenía dos hijos. Los dioses oyeron sus palabras desde el remoto monte Olimpo y decidieron castigarla. Los hijos de Leto, Apolo, dios de la profecía y hábil arquero, y Ártemis, diosa de la caza, dispararon sus flechas y mataron a los hijos de Níobe. La desconsolada Níobe se convirtió en una piedra que permanece siempre humedecida con sus lágrimas. El elemento niobio recibe su nombre.


EUROPA. En la mitología griega, hija de Agenor, el rey fenicio de Tiro, y hermana de Cadmo, el legendario fundador de Tebas. Una mañana, cuando Europa estaba juntando flores a orillas del mar, el dios Zeus la vio y se enamoró de ella. Se presentó bajo la apariencia de un hermoso toro de color castaño, y la convenció para que montara sobre su lomo. Al subirse Europa él salió a la carrera a través del océano hasta la isla de Creta. Minos y Radamantis fueron hijos de Zeus y Europa y llegaron a ser jueces de los muertos. El rapto de Europa, título de un cuadro del pintor italiano Tiziano, también ha inspirado otras muchas pinturas. El elemento Europio recibe su nombre de este personaje mitológico.


Y claro, faltan los elementos Uranio y Neptunio por los dos últimos planetas. Hay más, estos sólo son algunos ejemplos de la relación de la Mitología con la Mineralogía.

febrero 27, 2011

El pintor

     Marcos regresó a su casa. Había cogido una fuerte gripe y sus narices escurrían. Tomó un pañuelo para limpiarse mientras caminaba hacia su habitación. Vio al hombre con la brocha, bajándose de la escalera recargada en la pared.
     —¡Oh, ha quedado muy bien! —dijo Marcos, alabando la tarea del pintor. La habitación estaba pintada de un brillante color rojo, que tanto le gustaba a su esposa.
     —Gracias —respondió el pintor, levantando la cubeta vacía con restos de pintura roja. Sonrió—. Me anima que la gente reconozca mi trabajo. Normalmente no lo aprecian.
     Marcos vio su reloj.
     —¿Clara no ha llegado del supermercado?
     —No, aún no.
     —Seguro le fascinará cómo ha quedado la habitación.
     —Seguro que sí. Ya he terminado mi trabajo, señor. Que la pase bien —se despidió el hombre, levantando su mano manchada de rojo.
     —Gracias, usted también.
     El hombre salió.
     Marcos admiraba lo bien que había quedado la pintura. Y pensar que había pensado en pintar la habitación él mismo, pero Clara sabía lo mal pintor que él era, así que había contratado a un experto en eso.
     Vio su reloj de nuevo. Qué extraño que su esposa se atrasara de esa manera. Se acercó a una pared, se veía algo rara esa pintura. Su gripe le impedía oler el aroma a sangre que llenaba todo el lugar.

febrero 25, 2011

Reírse de sí mismo

Me doy cuenta de lo maravilloso que es reírse de las cosas que nos pasan, que no es lo mismo que darles importancia a las cosas negativas y luego hacer un tsunami en una molécula de agua, cuando el problema resulta sencillo pero nosotros nos aferramos a verlo como insoluble.

Bueno, quería contarles algo que me pasa, después de todo esto en teoría es un blog personal, y casi no hablo sobre mí. Verán, una de mis obsesiones son las cosas que tengan que ver con patrones, contar las cosas, placas de vehículos (sumarlas, multiplicarlas, compararlas y buscar simetrías entre ellas. Por ejemplo hace un par de días había cuatro motos estacionadas y que tenían placas, los números de las placas sumaban 24, 10, 10 y 24. ¿No les parece eso bonito? A mí sí. Es simétrico) y sobre todo mi obsesión con los números primos. Tiene que haber números primos en las cosas, si no, no me siento cómodo. ¿No sé si parecerá tonto, pero ¿evitarían sentarse en un asiento (dentro de un grupo de asientos) que no guarde una simetría respecto a los demás? Por ejemplo si ese asiento (digamos dentro de un aula de clase) dista un número primo de asientos hacia adelante y a la derecha. Porque yo me incomodo. Cuando entro a un salón me encuentro contando los asientos. Aveces me doy cuenta de ello. Claro que no lo hago siempre, aveces hay otras cosas en mi cabeza que demandan mi atención. ¿Pero a qué llego con todo esto? Que es una pérdida de tiempo. Eso es. No el hecho de buscar patrones y simetrías en las cosas, sino el obsesionarse si las simetrías no están allí (de las cuatro motos que les dije antes en una se subió el conductor y se fue con su moto, rompiendo la simetría. Y eso me angustió, de verdad, me angustié). ¿Sí ven lo tonto de todo esto? Y me río de esto porque es sano hacerlo. Si algo te obsesiona entonces ríete de ello, hazle saber a tu mente que esa obsesión irracional, si no deja nada productivo, no tiene por qué mantenerse. Que puedes fascinarte por las simetrías o por cualquier otra cosa pero que eso no tiene por qué controlarte. También aplica con los miedos que tengamos. Hay que reírnos, es gratis.

The Clone Song - Isaac Asimov

Aparte de ser uno de los escritores más prolíficos de la historia, Asimov, conocido sobre todo por su trabajo dentro de la Ciencia Ficción, escribía novelas de misterio, divulgación científica y también componía canciones. Era un tipo muy divertido, y él mismo menciona en su autobiografía "Yo, Asimov" que le gustaba hacer reír a la gente. The Clone Song es una canción que él escribió. La melodía en la que se basó es Home on the Range, que fue escrita por Brewster M. Higley (1823-1911) y es una canción tradicional del estado de Kansas, en los Estados Unidos. Esta es la versión de Asimov. Les pongo el video de la canción original para que vayan siguiendo la letra de Asimov.



Oh, give me a clone 
Of my own flesh and bone 
With its Y chromosome changed to X 
And after it’s grown 
Then my own little clone 
Will be of the opposite sex 

(Coro) Clone, clone of my own 
With its Y chromosome changed to X 
And when I am alone 
With my own little clone 
We will both think of nothing but sex
Oh, give me a clone 
Is my sorrowful moan, 
A clone that is wholly my own. 
And if she’s X-X 
And the feminine sex 

Oh, what fun we will have when we’re prone. 
My heart’s not of stone 
As I’ve frequently shown 
When alone with my own little X 
And after we’ve dined, 
I am sure we will find 
Better incest than Oedipus Rex. 

Why should such sex vex 
Or disturb or perplex 
Or induce a disparaging tone? 
After all, don’t you see 
Since we’re both of us me 
When we’re having sex, I’m alone. 

And after I’m done 
She will still have her fun
For I’ll clone myself twice before I die. 
And this time without fail 
They’ll be both of them male 
And they’ll each ravage her by and by.

febrero 23, 2011

Insignificantes, seres insignificantes




No tiene por qué ser deprimente. No somos tan grandes en tamaño como las estrellas pero podemos amar, ser felices con las personas a quienes queremos. Notar que realmente somos insignificantes en este universo no tiene por qué ser triste, lo verdaderamente triste sería no dar de nosotros mismos a los demás, no ser sinceros con nosotros mismos y con los demás, no dar cuando verdaderamente alguien lo necesita, no maravillarse con nuestra propia pequeñez, la que nos hace aspirar a ser grandes, no como una hipergigante roja sino como humanos capaces de grandes y hermosas cosas.

febrero 21, 2011

The Gathering - You learn about it

Bueno, como ahora no tengo mucho que decir, les dejo este video de la banda holandesa The Gathering, cuando todavía estaba la talentosa vocalista Anneke van Giersbergen, que se retiró del grupo en el 2007.

febrero 20, 2011

Modelos

La gente piensa que el problema con los modelos es que están limitados por nuestras mentes, pero el gran problema es que nuestras mentes están limitadas por nuestros modelos

    ¿Qué pensar de esto? Esto lo dijo este físico de la Universidad de Iowa.
   Cuando trabajamos dentro de un modelo establecido muchas veces exigimos rigurosidad: que nada se puede salir de dicho modelo. Mucha gente intenta hacer encajar los hechos en un modelo, cuando debería realmente a partir de los hechos formar ese modelo. El inverso no es científicamente correcto. Nos limitamos a pensar en las consecuencias del modelo sin dar cabida a nada más, lo que realmente puede ser verdadero y que no está considerado dentro de nuestro modelo.
    Creo que a eso se refiere. A veces hay que salirse del esquema pues limitamos nuestras mentes a lo que nuestro modelo está considerando, a los factores que toma en cuenta y que tal vez no sean todos los factores que tenemos que tomar en cuenta. Si nuestro modelo está mal, o no se acerca tanto a la "realidad" como podría, y nos obstinamos a que todo encaje en él entonces no dejamos espacio para lo demás, para la creación imaginativa y la posible "verdad" de las cosas.

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