El
2013 me dejó pocas lecturas en comparación con años pasados,
aunque más de una resultó deslumbrante y hasta abrumadora, en un
sentido positivo. ¿Cuáles fueron sus libros en el 2013? ¿Cuáles
fueron sus favoritos? Le diré los míos e iré en orden, desde el
primero hasta el último libro que leí en el año que terminó.
Novecientas
abuelas, de Raphael A. Lafferty. ¿Cuál es el escritor más gracioso
que han leído? Para mí, sin duda es Lafferty. A veces se me hacía
imposible contener la risa, o simplemente borrar de mi rostro una
expresión de “¿Qué demonios está pasando aquí?” o “Santo
cielo, ¡es la cosa más absurda del mundo!, pero me encanta”. El
libro está compuesto por 12 cuentos, al leer cualquiera de ellos es
fácil distinguir el estilo único del autor, y más fácil aún es
sumergerse en sus historias. Fue Mauricio del Castillo, el compañero
escritor que me introdujo al interesante mundo de la Tertulia de
Ciencia Ficción de la Ciudad de México, quien me lo recomendó,
aunque yo ya conocía al autor desde antes, con su cuento “Entra en
una lata” y su novela “Salomas del Espacio”, muy recomendables
también.
El
hombre futuro: ¿Un mundo feliz o pesadilla genética?, de Brian Stableford. En realidad sólo leí el segundo
de los dos libros en los que se divide la edición que lanzó la
biblioteca de divulgación científica de la revista Muy Interesante.
Intenta hacer una serie de predicciones de cómo sería el cuerpo
humano en el futuro, cuando la ciencia se encuentre en un estado más
avanzado y pueda usarse para adaptar nuestro organismo a nuevos
ambientes y situaciones, nuevos sentidos, nuevo metabolismo,
inmortalidad. Me gustó.
Camino
Desolación, de Ian McDonald. Llegué a este libro gracias a una
reseña de un buen compañero escritor, Armando Saldaña, a quien
conocí también en la tertulia. La primera de varias grandes obras
que me deslumbraron el año pasado (y por lo general recomendadas por
Armando). McDonald narra la historia de un pueblo en Marte, desde su
creación hasta su destrucción. Algunos lo llaman el “Cien Años
de Soledad” en Marte. Les haré una confesión: no he leído la
novela de García Márquez (McDonald sí que la leyó, y en esta
novela se ve la gran influencia que tuvo McDonald por parte del
realismo mágico latinoamericano), así que no sé qué tan acertada
resulta la comparación. Pero la novela de McDonald me encantó, me
pareció excelente, tal vez más por sus personajes y las
confrontaciones entre ellos, que van marcando poco a poco y a veces
de manera drástica el destino del pueblo, de Camino Desolación.
El
nombre del nundo es Bosque, de Ursula K. LeGuin. Es lo único que he
leído de esta autora. Me mantuvo atrapado desde el primer momento y
me asombró más de lo que esperaba. Narra el abuso, en muchos
sentidos, de los humanos hacia una especie extraterrestre, es un
cuadro más que interesante. Al terminar de leerla, me senté frente
a mi computadora, ese día escribí dos cuentos cortos en tiempo
récord, había dejado mi mente rebosando de ideas. Muy buena novela.
Una
mirada a la oscuridad, del gran Philip K. Dick. Casi había olvidado
el peculiar estilo de Phil. La novela es brutal en varios sentidos,
uno de ellos relacionado con el abuso de las drogas y sus efectos en
los personajes; los diálogos entre drogadictos resultan
perfectamente creíbles, por absurdos que puedan ser, y eso sin
mencionar la trama principal, de corte policíaco. Lo mejor que he
leído de Dick sigue siendo su novela Ubik y varios de sus cuentos,
pero esta novela no deja de ser muy buena.
Charlie
y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl. El primero de cuatro
libros infantiles que me prestó una buena compañera de la
universidad. Los dibujos no eran muy buenos, aunque la historia me
encantó. Me encantó, me encantó mucho, y me emocionó aún más,
una emoción que sólo me había proporcionado la Ciencia Ficción,
pues lo que leí fue sentido de maravilla en su estado más puro. La
literatura me suele hacer sentir como un niño, pero al leer esta
obra me convertí en uno. Oh, esperen... ¿Alguna vez dejé de serlo?
Lila
y el secreto de los fuegos, de Philip Pullman. No esperaba mucho de
este libro, a pesar de venir de un gran autor, y la verdad es que no
fue mucho lo que obtuve, tal vez fue a causa de haber leído con
anterioridad el libro de Dahl (era difícil superar a Charlie), el
punto es que no me gustó mucho, está bien contado pero no logré
sumergirme en la historia, falta de identificación, quizá.
La
falsa medida del hombre, de Stephen Jay Gould. Este libro me lo
prestó un amigo biólogo, Bartolo, con el que he tenido algunas
charlas fascinantes. Y el libro... me fascinó. Trata sobre la
medición de la inteligencia, la evolución de los tests, la falcia
del IQ y por qué las formas de medir aquella entidad escurridiza no
han tenido sentido, también ofrece un buen panorama de lo
distorsionada que puede volverse la ciencia debido a los prejuicios
de los científicos. Bastante bueno y didáctico, imprescindible tal
vez para los que hacen ciencia, a la vez que ayuda a tener una visión
más amplia de cómo se hace la ciencia.
Cómo
no escribir una novela, de Howard Mittelmark y Sandra Newman. No
recuerdo si me lo recomendó el que fue mi profesor de taller
literario, Daniel, o si lo leí en algún artículo que él
recomendó, el punto es que di con ese libro y encontré en él una
buena herramienta para mejorar mi ficción. Analiza varios errores
comunes de los escritores y su forma de evitarlos. No dice cómo
escribir una novela, sino cómo no escribirla. Es muy ilustrativa y
está llena de ejemplos, de forma que se convierte en una muy buena
herramienta para todos los que decidan escribir cualquier tipo de
ficción.
Cuando
falla la gravedad, de George Alec Effinger. Había leído buenas
reseñas de este libro y pensé que sería bueno darle una
oportunidad, pero, cuando al fin lo comencé a leer, no me gustó.
Más de una vez abandoné su lectura por periodos de meses, para
luego darle una nueva oportunidad (debido a mi costumbre de leer como
20 libros a la vez, costumbre que tendré que dejar porque alenta mucho mi velocidad de lectura, se me ha hecho práctica común poner en pausa
uno que otro libro por varios meses, pero esta vez fue por razones de
gusto), sin embargo nunca terminó de convencerme. Lo terminé, más por
terminarlo que porque realmente lo disfrutara (creo que es la primera vez que hago eso). Puede que sea una gran
obra para muchos (así como Mundo Anillo, de Niven, no me gustó,
aunque la considero buena), pero a mí sólo me causó indigestión.
Las
Crónicas de Spiderwick, El Libro Fantástico, de Tony DiTerlizzi y
Holly Black. Libro pequeño en extensión pero de muy disfrutable
lectura, y con hermosas ilustraciones. Tres hermanos, dos de ellos
gemelos, se mudan de casa con sus padres, cosas raras comienzan a
suceder y descubren que la casa guarda un importante secreto. Me dejó
con ganas de leer el segundo libro, pero no estaba entre los que me
prestó mi compañera.
¿Qué
son las revoluciones científicas? y otros ensayos, de Thomas S.
Kuhn. Fue una nova mental, un torrente de ideas que difícilmente
podré analizar con detalle (él y Ludwig Wittgenstein me han
sacudido la mente en los últimos meses). De esos libros en los que
la primera mitad consiste sólo en la introducción, de por sí
magnífica, y que en la otra mitad te apuñala, te asesina, y te
vuelve a revivir, una y otra vez. Quizá tuvo gran impacto sobre mí
porque no acostumbro a leer este tipo de libros. Contiene tres
ensayos que rebosan en ideas. El primero trata algunos aspectos de su
obra La estructura de las revoluciones científicas, los otros dos no
tienen desperdicio, pues analizan aspectos esenciales de la ciencia y
creo que, en conjunto, son de lectura imprescindible para cualquier
científico.
Los
creadores de la nueva física: los físicos y la teoría cuántica,
de Barbara Cline. Un gran repaso de la historia, con detalles que no
se encuentran en los libros de texto, sobre cómo varios hombres
fueron construyendo, colectiva o individualmente, la mecánica
cuántica. Es interesante conocer aspectos curiosos de las
personalidades de estos hombres, sus manías y sus patrones de
pensamiento, además de cómo al principio asimilaron sus propios
descubrimientos/inventos.
Nueva
Dimensión #33. Bueno..., no se trata de un libro, exactamente, sino
un número de esta revista dedicado especialmente a los cuentos y a
una novela corta del autor chileno Hugo Correa. Abordé su lectura
sin espectativas, y terminó sorprendiéndome. Sus historias me
resultaron bien contadas y entretenidas.
El
mundo invertido, de Christopher Priest. ¡Pum! Otra de las novas
mentales del 2013. Llegué a ella también gracias al buen Armando
Saldaña. Me fascinó, es un libro excelente, una verdadera joya.
Como casi todo lo que leo, lo leí por ratos, entre mis clases y en
los trayectos en metro, pero aquellos momentos se convertían en los
mejores. Narra un mundo que poco tiene en común con el nuestro,
donde una ciudad entera tiene que ser desplazada a lo largo de unas
vías para evitar su destrucción por las fuerzas inerciales causadas
por una peculiar geometría del espacio. Si les gusta la Ciencia
Ficción, tienen que leerla.
Hijos
de hombres, de P.D. James. Un hombre escribe un diario en una época
en la que, nadie sabe por qué, los humanos han quedado infértiles.
La historia es buena, el final no me convenció del todo, pero en
general me resultó entretenida. Hay una película basada en el
libro, aunque el libro me gustó más.
Visión
ciega, de Peter Watts. Hace unos meses decidí que no podía llegar a
un veredicto sobre cuál era mi libro favorito, pues hay varios
demasiado buenos, así que sólo podría decir cuáles son mis
favoritos. Visión ciega es uno de ellos, tan impresionante como me
pareció, en su tiempo, Hacedor de Estrellas de Olaf Stapledon,
Cuentos completos I. Aquí yace el Wub de Philip K. Dick, Los Señores
de la Instrumentalidad de Cordwainer Smith, La historia de tu vida de
Ted Chiang o Axiomático de Greg Egan. También fue por Armando y
otro compañero llamado Francisco por los que di con esta obra (si
buscan grandes lecturas, visiten el blog de Armando, Postcards from the Edge, y lean sus reseñas). Creo que es un libro perfecto,
excepto por algunos detalles menores. Peter Watts es biólogo marino,
y Visión ciega es una obra de ciencia ficción dura en la que abarca
un amplio rango de especulaciones, particularmente sobre el orígen y
función de la conciencia. Me emocionó como ninguno otro antes,
grité, mi corazón se agitó en incontables ocasiones y mi cerebro
aún sigue resintiéndolo. El tipo de obra que me gusta, de un estilo
similar al del gran Greg Egan. Mi mejor libro del 2013, sin duda.
También
leí los cuentos participantes del Quinto Concurso de Relatos de La
Cueva del Lobo. Mi compañero Vladimir Vázquez, escritor venezolano
y autor del blog La Cueva del Lobo, me eligió para ser juez en su
concurso anual, por lo cual me siento muy agradecido. Casi todos los
cuentos me resultaron malos, pero unos cuantos me gustaron, por lo
general no los mismos que al resto de los jueces. En el concurso del
año antepasado obtuve un cuarto lugar y esta vez me tocó ser juez, aunque no hubo tantos participantes como en el del año antepasado. Pueden
enterarse del resultado del concurso aquí.
Sospecho
que este año será más abundante en lecturas, aunque por ahora mi
cuenta apenas va en dos.
Nos vemos pronto, cuando les traiga mi reporte desde la Astrophysics School, Look & Listen, México 2014: Electromagnetic and Gravitational Wave Signals from Compact Objects, que se llevará a cabo del 13 al 23 de este mes en Playa del Carmen, en el Caribe mexicano... Si es que no pasa algo grave con el avión (será la primera vez que viaje en avión y me siento algo nervioso, sólo espero no morir, no pronto, no en los siguientes sesenta años, si tal cosa es posible).