marzo 04, 2012

Condicional

     Todo flujo de información que capto es reflejo de una parte del mundo en el que vivimos. Sin esa afirmación, y sin su demostración, de la que tengo evidencias día tras día, no sería consciente de que el trabajo que realizo en mi oficina resulta útil para la sociedad. Claro que lo que percibo es sólo una pequeña parte del mundo.
     Los datos fluyen en las pantallas, pero sólo me concentro en los que fluctúan por encima de un límite inferior que he impuesto. La señorita Blumen siempre me recuerda que tales fluctuaciones son el resultado de algo vivo en el exterior. Aunque ella no lo llama vivo, para ella el mundo no está vivo; pero lo está, no sólo las personas. Las personas sólo son suborganismos de un organismo más complejo.
     Veamos, hay un pequeño desajuste dinámico, sólo necesito acotarlo. Ya está.
     Desde aquí puedo acceder a los registros de cualquier persona viva sobre la Tierra, me basta con entrar al sistema de salud. En teoría, no debería de hacerlo, al menos no al nivel que lo hago, sólo lo necesario como para trabajar con ello. No es parte de la ética laboral que me hicieron firmar cuando me asignaron el trabajo, pero me gusta ver lo que la gente es más allá de los cuestionarios, ver los patrones entre el ADN de uno y otro ser humano. Creo que pronto tendré resultados al respecto. He notado que casi el doce por ciento de las personas con la secuencia azul (una secuencia específica de nucleótidos en una sección del código genético) trabajan como padres profesionales. Estas personas están capacitadas para ser padres de hijos no biológicos. Las personas con hijos propios confían estadísticamente más en los de secuencia azul para que cuiden de sus hijos mientras se dedican a sus actividades laborales o de ocio.
     En esta base de datos también puedo verme a mí mismo. Introduzco mi nombre y aparece mi historial de trabajo (menciona mi preparación pre-laboral y mi trabajo actual), antecedentes médicos y una serie de datos que informan en parte quien soy. Debajo de mi nombre aparece mi profesión: matemático. Luego dice que trabajo como “agente estabilizador de empleo”. Esa descripción no dice casi nada por sí misma. Lo que hago realmente es permitir que cada sistema de datos que surge del mundo exterior, cuando una persona cambia de profesión y es empleada en un cierto trabajo, tenga un número finito de soluciones menor o igual a una cota establecida por la dependencia de estos sistemas de datos con el conjunto de los sistemas complementos relacionados. Esto es necesario para impedir, por ejemplo, que una persona con aptitudes sobresalientes para la actuaría termine trabajando como sociólogo sin haber pasado algunas pruebas previas. Evito insensateces en el sistema.
     Cuando comencé a trabajar, hace ya varios años, tuve la impresión de que este trabajo había sido hecho especialmente para mí. Mi vida anterior a él tuvo como culminación lo que ahora hago.

febrero 16, 2012

Cientos de miles de trillones; una hipótesis y un número: el de Avogadro

El siguiente texto lo escribí como una tarea para mi clase de Introducción a la Física Cuántica.

   El el año de 1808 el francés Joseph-Louis Gay-Lussac publicó su ley de combinación de volúmenes de gases ideales1 (ver nota al pie). Para esto, el científico francés se había dado cuenta de los gases se mezclaban en proporciones específicas para formar compuestos durante una reacción química; si un gas dado se combina con otro, digamos, en una proporción 2:1, y si cualquiera de los gases estuviese en una proporción distinta, y luego sobreviene la reacción química que los une, entonces quedará un excedente sin reaccionar del gas del que había un volumen mayor al que dicta la proporción. Esta ley, observó Lussac, se respetaba a presión y temperatura constantes, condiciones que en adelante llamaremos PT estándares. 
   Una de las cosas que observó Lussac fue que “un volumen” dado de gas oxígeno se combinaba con “dos volúmenes” de gas hidrógeno para formar “dos volúmenes” de vapor de agua. 
   Tres años después el italiano Amadeo Avogadro se inspiró en el resultado anterior para decir que volúmenes iguales de gas, bajo PT estándares, contenían la misma cantidad de moléculas. Además de esto, Avogadro propuso que los gases de hidrógeno, oxígeno y nitrógeno estaban formados por moléculas diatómicas. Ahora, si iguales volúmenes contienen igual número de partículas entonces esos “dos volúmenes” de gas hidrógeno que observó Lussac contienen el doble de moléculas que el volumen de gas oxígeno, por lo cual el hidrógeno se combina con el oxígeno en proporción 2:1 para formar agua. Por tanto, una molécula de agua está formada por dos átomos de oxígeno y dos de hidrógeno, H2O, distinto a lo que anteriormente había dicho John Dalton, quien pensaba que la molécula de agua era HO, pues nunca concibió la existencia de moléculas de un solo elemento, como las diatómicas de las que habló Avogadro: moléculas del tipo N2, la molécula de nitrógeno, u O2, de oxígeno. La teoría de Dalton en ese entonces y por algunas décadas más sería aceptada de manera generalizada y ése fue un argumento de la sociedad científica en contra del  italiano Avogadro. Como en ese entonces solían usarse indistintamente los términos molécula y átomo, no pocos científicos pensaron que Avogadro hacía referencia a medios átomos (cosa que les parecía espantosa pues la misma palabra átomo significa indivisible), cuando lo que estaba diciendo realmente era que las moléculas diatómicas se dividían. En parte por esta confusión, la afirmación de Avogadro fue tomada a menos, pues no tenía pruebas que sustentaran su veredicto, porque decirlo no era suficiente, nunca es suficiente cuando se afirma algo, el método científico no funciona así, además de que ante la comunidad científica Avogadro nunca se caracterizó como un experimental competente ni brillante. 
   Cabe destacar que el francés André-Marie Ampère, tres años después de la hipótesis de Avogadro, publicó un trabajo, una mezcla de filosofía kantiana e investigación empírica acerca de cómo se combinan los gases, donde llega, independientemente, al mismo resultado que Avogadro había propuesto, pero por la misma razón por la que el científico italiano fue despreciado, éste último también lo fue. 
   ¿Qué implicaciones tendría lo que Avogadro hipotetizó? Una propuesta científica sólo tiene trascendencia si logra explicar fenómenos observables y si predice aquellos que aún no se han visto. ¿Si Avogadro se refiere a “el mismo número de moléculas en un mismo volumen”, de que número en específico está hablando? Avogadro nunca dijo nada acerca de ese número. Veamos. 
   Durante la década de 1850 se llegó a un punto de acumulación en cuanto a las dudas que surgían de la teoría atómica: había serios problemas para determinar los pesos atómicos de los elementos, y eso complicaba el hacer una teoría sobre las combinaciones de estos. ¿Cómo hacer química, tanto teórica como experimental, si no se sabía algo tan elemental como los pesos de los elementos? 
   En 1860 el alemán Friedrich August Kelulé, conocido por sus útiles representaciones esquemáticas de las moléculas, sugirió una conferencia para abordar el tema, para discutir sobre lo que se podía hacer para combatir este problema de los pesos atómicos; la conferencia, que se celebró del 3 al 5 de septiembre en Karlsruhe, Alemania, fue de importancia histórica pues fue la primera reunión internacional de científicos, que reunió a 140 de ellos. Allí, Stanislao Cannizzaro explicó la importancia de la aportación de su compatriota Avogadro y por qué se le debía de tomar en serio, expuso el hecho de que la ignorada hipótesis podía usarse para determinar el peso molecular de varios gases. (Dos años antes, Cannizzaro había insistido en la diferencia que había hecho notar Avogadro entre pesos atómicos y pesos moleculares.) Durante la conferencia no hubieron conclusiones pero algo comenzó a germinar en las mentes de los presentes. Allí se encontraban J. Lothar Meyer y Dimitri Mendeleiev, quienes, influidos por lo que había anunciado Cannizzaro, trabajaron en sus propias versiones de la Tabla Periódica de los Elementos y calcularon los pesos atómicos en base a la hipótesis de Avogadro. A partir de entonces la comunidad científica focalizó su atención en el trabajo del científico italiano, pero aún con mucho escepticismo y negación. Desafortunadamente, para el día de ésta conferencia, Avogadro hacía 4 años que había muerto. 
   Cuando la comunidad científica internacional comenzó a prestar atención a la hipótesis de Avogadro era evidente que aquello de “el mismo número de moléculas en un mismo volumen” debía ser investigado a mayor profundidad; la hipótesis de Avogadro explicaba muchas cosas y resultaba bastante útil, por tanto había que conocer ese número que resultaba tan importante para la hipótesis. 
   El 1865 el austriaco Johann Joseph Loschmidt tomó algunos trabajos anteriores de Maxwell y de Clausius y comenzó a hacer cálculos a partir de ello. Los temas que Maxwell y Clausius habían desarrollado tenían que ver con la difusión de los gases y sus viscosidades, el “volumen de la esfera de influencia de una molécula” que tiene que ver con el tamaño de la molécula y con el free path2, etc. Loschmidt llegó a una expresión que mostraba el diámetro de las partículas de un gas y, usando esta expresión, llegó a otra que indicaba el número de partículas de un gas en un volumen dado. El científico austriaco se había interesado principalmente por determinar el tamaño de las moléculas del aire, otras interrogantes tenían menor importancia que ésa para él. Loschmidt mencionó brevemente en la preimpresión de su paper que un milímetro cúbico de aire contiene 866 billones de moléculas. En esta preimpresión el científico no sustenta lo que afirma aunque lo hace posteriormente en el paper como tal, donde también estima diversas masas atómicas. Con aquéllos cálculos, el austriaco estimó el diámetro de las “moléculas de aire” en 1 nanómetro, lo que difiere de lo que sabemos actualmente: aproximadamente 0.3 nanómetros; éste error lo cometió básicamente por lo que él sabía sobre el free path de las partículas. Loschmidt tomó el valor del free path como de 140 nanómetros (en PT estándares) cuando el valor que conocemos actualmente es de 60 nanómetros. 866 billones de moléculas por milímetro cúbico hace que el número de moléculas por mol3 sea de 2×10^22, que, como podemos ver si nos adelantamos hasta el presente, representa algo así como 1/30 del valor del número de Avogadro4. El número que Loschmidt obtuvo, 866 billones por milímetro cúbico, o lo que es lo mismo: 8.66×10^23 m^−3, fue aproximado a lo largo del tiempo y se le dio el nombre de Constante de Loschmidt, cuyo valor actual es de 2.6867774×10^25 m^−3. Este resultado fue muy importante, y aunque se trató de una deducción lógica del trabajo de Maxwell y de Clausius, representó la primera estimación de la densidad numérica de partículas en un gas y del tamaño de las mismas. 
   Luego de esto, haciendo consideraciones similares, el mismo Maxwell, en base a sus propios trabajos, calculó un nuevo valor: 4.2×10^23 partículas por mol, muy cercano al que actualmente conocemos. 
   El 1908, el francés Jean Baptiste Perrin consideró una columna vertical de partículas que presentan movimiento browniano5, sujetas a la gravedad terrestre. En base a esto y tras ciertas consideraciones, el valor que obtuvo para la constante de Avogadro fue de 7.05×10^23 partículas por mol. Una nueva idea había aproximado mucho mejor que nunca antes este número tan buscado. Cabe notar que, para esto, Perrin se basó principalmente en los trabajos de Albert Einstein. 
   Pero Perrin no se detuvo aquí: su gran logro fue calcular el número de Avogadro en más de una forma. Con vapor de mercurio y apoyándose en la teoría de los gases conocida hasta el momento concluyó que el número de partículas por mol era de 6.2×10^23. Perrin mencionó, con modestia y admiración: “Este número constante, N, es una constante universal que debe, con justificación, ser llamada la constante de Avogadro”. 
   Para este momento en la historia la constante de Avogadro era casi tal como la conocemos ahora, aunque las aproximaciones a su valor actual siguieron llegando de otros campos de la física. Cuanto más aproximada estaba ésta constante más confiable resultaba la teoría que describía.
   La siguiente colaboración al cálculo de este número llegó desde la electricidad. Millikan fue el primero en medir con gran exactitud la carga del electrón, e, y para 1917 los resultados mostraban que tal carga era de 1.591×10^−19 Coulombs. Gracias al trabajo de Millikan se llegó a otra constante importante: la constante de Faraday, F, que representa la carga eléctrica de un mol de electrones. Y entonces vemos claramente la conexión: dado que F nos dice la carga eléctrica de un número de electrones igual a un mol, y conocemos el valor de e, si hacemos la división F/e tendremos el número de electrones en un mol, lo que será con toda seguridad la constante de Avogadro. El resultado de esta división da 6.064×10^23 electrones por mol. ¡Más cerca aún! 
   En la determinación de esta constante con el paso del tiempo también ha entrado en juego la constante de Plank. En un método similar al descrito anteriormente, la constante de Avogadro también puede ser calculada dividiendo la masa de un mol de electrones entre la masa del electrón. Para conocer la masa de un mol de electrones puede usarse un artefacto de confinamiento magnético llamado Trampa de Penning, y es en el cálculo subyacente donde la constante de Plank entra. 
   Podemos mencionar otras formas que se han ideado para calcular la constante de Avogadro, pero todas serán por lo general, aunque ideas nuevas e interesantes, sólo un perfeccionamiento de la medida con anterioridad. La constante aproximada que actualmente se usa es de 6.02214129×10^23 mol^−1. Este número es gigantesco: en un mol de cualquier sustancia encontramos cientos de miles de trillones de partículas. 
   Si la naturaleza fuese continua, se podría hacer como con los números reales: el número buscado podría aproximarse ad infinitum y al final a lo que esta aproximación convergería sería al valor real de la constante. Pero, físicamente, aunque la naturaleza no es continua, también nos estamos refiriendo a una constante, a un número. El número de Avogadro. 
   Para darse una idea de qué tan grande es este número, piensen en lo siguiente: imaginen una llave que no ha sido cerrada correctamente, por tanto estará goteando. Supongamos, haciendo una estimación racional, como habrá notado cualquiera que haya visto una llave gotear, que cada gota que cae tiene un volumen de un cuarto de mililitro, un cuarto de centímetro cúbico. Ahora, un número de gotas de agua igual al número de Avogadro, 6.02214129×10^23, representarán un volumen de 150,553,532.3 kilómetros cúbicos, o, (redondeando) 1.5×10^10 km^3. El volumen total de los océanos de la Tierra se ha calculado en 1.37×10^9 km^3, por lo que nuestra llave que gotea un “mol de gotitas de agua” dejará salir un volumen algo más de diez veces mayor al de toda el agua oceánica del planeta. 
   Ya hemos visto que el número de Avogadro nos dice la cantidad de partículas que hay en una cantidad dada de alguna sustancia, por lo tanto si esta sustancia reacciona con otra nos interesa saber de qué forma reacciona. Supongamos que queremos producir una tonelada de sulfato de cobre porque lo venderemos a los agricultores locales para que fertilicen sus tierras, entonces necesitamos saber qué tanto azufre y qué tanto cobre usaremos en la reacción para producir el sulfato. Sin el conocimiento del número de átomos o moléculas que hay en una sustancia no podríamos hacerlo, no sabríamos cuánto mezclar de cada cosa. 
   El número de Avogadro es necesario para entender todos los procesos donde intervienen reacciones entre átomos, reacciones entre moléculas, y, como una de las constantes fundamentales de nuestro universo, vale la pena conocerlo.

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1. Con gas ideal debe de entenderse el gas hipotético compuesto por partículas puntuales que no interaccionan entre sí, pero que a condiciones estándares de presión y temperatura (la IUPAC establece que tales condiciones deben tomarse como 0 °C y 100 kPa, aunque por lo general se toma como 1 atmósfera de presión) el comportamiento de un gas cualquiera es muy cercano al de un gas ideal.

2. El free path se define como la media distancia estadística que recorre una partícula mientras colisiona con otras partículas. Una partícula entre un conjunto de partículas, digamos dentro de un gas, avanzará cierta distancia para luego colisionar con otra partícula del gas, ésta colisión desviará su trayectoria y recorrerá otra cierta distancia hasta toparse con la siguiente. El promedio de esas distancias entre colisiones es el free path.

3. Un mol de una sustancia es aquella cantidad en gramos que es igual al peso molecular de la sustancia que se trate. Por ejemplo, una molécula de agua, H2O, está formada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno; el peso atómico del hidrógeno es 1 (pues el núcleo de hidrógeno está conformado por un protón), pero tenemos dos hidrógenos, y el del oxígeno es 16 (en su núcleo hay 8 neutrones y 8 protones, que sumados dan 16), por lo que el peso molecular del agua es de 18, (16 + 2), y consecuentemente un mol de agua son 18 gramos de la misma. El mol también se define como aquella cantidad de una sustancia que contiene un número de partículas igual al número de Avogadro. 

4. Hay que notar la diferencia entre el número de Avogadro y la constante de Loschmidt: el primero hace referencia a la cantidad de partículas por mol y el segundo a las partículas por unidad de volumen. Aunque, erróneamente, en la literatura a veces suelen citarse como si fueran lo mismo. 

5. El movimiento browniano es el movimiento aleatorio de pequeñas partículas (microscópicas) que se hayan en un fluido. Fue descubierto en 1827 por Robert Brown cuando observó las extrañas oscilaciones de granos de polen. (Ahora, piense en una gota de tinta que se deja caer en un recipiente con agua y en como se extiende por todo el líquido.) La difusión de la tinta en el agua, por ejemplo, es consecuencia de este movimiento. La causa de éste movimiento fue explicada por Albert Einstein en 1905.

febrero 09, 2012

Mi encuentro con Philip K.

   Aquí va otras de esas entradas que hacen de este blog un blog personal.
   Hay dos hombres que ya murieron y que conocerlos cambió mi vida para bien. Uno es Richard Phillips Feynman, científico, y ya les he hablado un poco sobre él (aunque aún no lo conozco mucho). Ahora (una vez más) les contaré algo sobre el otro: Philip Kindred Dick, escritor. (Curiosamente Dick suele ser un diminutivo de Richard, y Phillips es parecido a Philip. ¿No notan algo raro en todo esto? Yo tampoco.)
Philip K. Dick

   Fue el viernes 13 de mayo (o tal vez el día siguiente) del año pasado cuando salí con dos amigas, una de ellas, una gran amiga, cumpliría años el 15, y queríamos celebrarlo. En cierto momento nos sentamos, estábamos en el interior de un centro comercial, y mi amiga, la precumpleañera, me avisó que por allí acababa de pasar un hombre que se parecía a Philip K. Dick. Mi reacción natural fue correr detrás del hombre que me había señalado. Bien, alcancé al hombre y efectivamente tenía un enorme parecido a mi querido Phil. Yo estaba muy emocionado, extasiado. El hombre tenía casi los mismos ojos, la misma barba, el mismo cabello..., como si fuese un androide replicante de Phil.
   —¿Sabía que usted se parece mucho a un escritor estadounidense que se llamaba Philip Kindred Dick? —le pregunté.
   Creo que el sujeto notó mi emoción. He notado que soy muy transparente con las emociones y a veces suelo hacer cosas extrañas.
   Phil... es decir... el hombre me respondió que no.
   Yo le pregunté que si había visto la película de Blade Runner, y me contestó que sí. Le dije que esa película estaba basada en el libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? del buen Phil. Me dijo que investigaría sobre Phil, o algo similar. Desde luego le pregunté su nombre: se hizo llamar Javier Moreno. Luego le estreché la mano y regresé corriendo a donde estaban mis amigas.
   La no-precumpleañera le reclamó a la precumpleañera que por qué me había hecho correr así pero yo le dije que había sido muy bueno que me hubiera avisado, y le di las gracias a mi amiga precumpleañera.
   Fue un día inolvidable, aunque no me olvidé del propósito por el que estábamos allí, claro.

   Pero esa no fue la primera vez que me encontré con el buen Phil. Ese maravilloso día fue hace ya casi tres años, no recuerdo cuándo, cuando de una página estaba buscando libros de Ciencia-Ficción y, como ya había leído que criticaban favorablemente a Phil, descargué Cuentos Completos 1. Aquí yace el Wub y en mi ordenador portátil lo comencé a leer y me adentré en ése libro. Luego vinieron más cuentos. Y después VALIS, una novela bastante poco digerible, al menos para mí, en la que Phil expone sus creencias religiosas; la siguiente novela fue Tiempo de Marte, que me gustó más; ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? vino después, y me pareció muy buena; le siguió Ubik, mucho mejor que las tres anteriores, y que aborda un tema al que le encontré similitudes con Tiempo de Marte; luego Fluyan mis lágrimas, dijo el Policía, que me pareció excelente y me conmovió. También leí una biografía, Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, y así lo conocí un poco mejor.
   Ya he mencionado antes que comencé a escribir luego de leer a este hombre. Primero escribía cosas que nunca terminé, hasta que escribí mi primera historia con final un día de diciembre del 2009, en un pequeño y oscuro cuarto sentado en el sofá en el que dormía (no, no es una exageración).

   Les contaré algo que me ocurrió. Hace varios meses vi en el botiquín de los medicamentos una caja que tenía inscritos, como lote y fecha de caducidad respectivamente:

KK8321
DIC 12

   Inmediatamente me pareció claro que allí estaba escrito “PHILIP K DICK”. Veamos: si asignamos H al número 8 (H suena como 8), I al número 1 (en escritura 1 e I son similares), L al número 3 y P al número 2 (no, ninguna razón en especial, sólo mi paranoia), y luego reordenamos las letras, el nombre aparece escrito claramente.

KKHLPI
DIC IP

   ¡Lo ven! El ver escrito su nombre allí hizo que pensara que todo nuestro mundo, o al menos el mío, es producto de la mente de Philip K. Dick, algo similar al argumento de la novela Ubik. Pero ese pensamiento se disipó en poco tiempo. Sí, poco tiempo...

   Si pudiese decirle algo a Philip K. Dick, eso sería: “Sé que usted era un paranoico, chantajista y mentiroso y muchas otras cosas pero no lo juzgo por ello. Al final sólo quería averiguar lo que había más allá de lo que a nuestros ojos se presenta como la realidad. Creyó que Dios se había comunicado con usted y salvó la vida de su hijo. Usted buscaba ver más allá. Quería encontrar a Dios. Ah, y gracias por todas esas maravillosas historias.”

   Termino con un chiste que alguna vez contó Phil:

   Una mujer recibe a unos invitados a cenar y deja un magnífico bistec de tres kilos sobre la mesa de la cocina. Llegan los invitados, ella conversa con ellos en el salón, toman unos martinis, después la mujer se excusa y se retira a la cocina a preparar el bistec..., entonces descubre que ha desaparecido. ¿Y a quién ve lamiéndose tranquilamente los bigotes en un rincón? Al gato de la casa.
   —El gato se ha comido el bistec —observa solemnemente la mayor de las niñas.
   —¿Estás segura? No eres tonta, pero espera.
   Acuden los invitados, discuten. Los tres kilos de bistec se han volatilizado y el gato parece perfectamente lleno y satisfecho.
   —Pesemos al gato —sugiere alguien.
   Todos están un poco bebidos y la idea les parece excelente. Se dirigen al baño y colocan al gato sobre una báscula. El gato pesa tres kilos exactos. Todos se agolpan alrededor de la báscula. Un invitado dice:
   —Bueno, ahí está el bistec.
   Están seguros de saber qué ha ocurrido, ahora tienen una prueba. Entonces otro invitado duda y, perplejo, pregunta:
   —Pero ¿dónde está el gato?

enero 23, 2012

Proceso inverso

Zigrama de telecomunicaciones del Distrito Y de Lambert:

     Ingenieros de Lambert, planeta conocido por sus famosos y colosales árboles-detectores-de-neutrinos, luego de ciclos de trabajo, han desarrollado algo que de ahora en adelante será de gran ayuda para los ciudadanos robots que hayan perdido alguna extremidad mecánica: se trata de un brazo artificial que puede instalarse en el organismo mecánico. Este brazo está constituido por lo que el ingeniero Uiban Pal ha llamado "células", término acuñado por él durante el comienzo de sus investigaciones. Las células, explica Pal, son micromáquinas organizadas capaces de generar energía a partir de materias primas inorgánicas; están constituidas básicamente por agua, particularmente traída desde la nube cometaria exterior. El brazo de células posee el equivalente a los cables, retroexpansores, junturas y bisagras normales, lo que el mismo Pal llama "nervios", "músculos" y "articulaciones", formados por diferentes tipos de células.
     Uiban Pal y su equipo han dicho que los trabajos -así como sus posibles aplicaciones- son revolucionarios, pues además de brazos artificiales podrán construirse piernas y otras extremidades que en un 100% de los casos podrían ser instaladas en el organismo robot. Y eso no es todo. Pal declara: "Las nuevas células son un campo fértil para experimentar. Creemos que podemos añadir algunas capas de recubrimiento a los miembros artificiales que contengan sensores de todo tipo: presión, temperatura... Y la información recibida irá directamente al ordenador central de cada quien. Tendremos la oportunidad de sentir, similar a como sabemos que sienten los árboles, cosa que sólo medimos con nuestros aparatos; incluso, si somos optimistas, seremos capaces de experimentar cosas que ningún sensor ha medido ni que ningún robot ha imaginado".
     Sin duda, una noticia más que emocionante.
     Sintonice su antena personal de telecomunicaciones. En el sistema de noticias megadistrital, lo estamos informando.

enero 16, 2012

La Luna tiene miedo

            Munt Karlig se arrastró entre la escoria que cubría el suelo. Su barbilla rozaba los desechos provenientes de mil fuentes. El viento sopló entre las bajas colinas y levantó una gran nube de polvo; la arena se confundía con los restos de los cuerpos calcinados. Levantó la vista y estimó la distancia hasta el refugio: 200 metros. Se siguió arrastrando y aumentó la marcha cuando sintió las vibraciones de la tierra debajo de él.
            "Esos bastardos", pensó, raspándose los codos ya ensangrentados e infectos, "creen que pueden darme caza".
            Hacia el lugar donde se dirigía, una neblina ocultaba lo que había delante; la neblina misma era el remanente del gas que habían rociado los marcianos hacía dos semanas.
            "Todos me quieren", se dijo, "matan por tenerme". Rió, pero la risa se le escapó rápidamente. Entre la bruma, a su derecha vio avanzar hacia él algunas formas vagas. Las formas se fueron destacando nítidamente conforme se acercaban. Al frente marchaban dos hombres, los únicos que parecían estar realmente vivos.
            Una orden mental subconsciente hizo que un pequeño artefacto saltase de la nuca de Karlig hacia el suelo. El artefacto desplegó unas patas y cavó hasta perderse.
            Los dos que marchaban al frente se le acercaron.
            —Hola Munt —dijo una voz, pero Munt Karlig no pudo ver de cuál de los dos hombres provenía. De pronto se dio cuenta de que eran los dos los que hablaban. Sin saber cómo, en menos de un segundo ya era sometido por ambos sujetos.
            Karlig se retorció como un gusano. Los dos rostros idénticos y de ojos ámbar hablaron al mismo tiempo:
            —No —dijeron. Uno de los gemelos se hizo hacia atrás mientras el otro seguía reteniendo a Karlig.
            —Yo te conozco —dijo Karlig, y se dio cuenta de que el rostro que ahora miraba era el que no tenía masa encefálica dentro del cráneo. Miró al otro, el que estaba de pie—, eres Brillouin. Tu caso apareció en la prensa médica. Nacen gemelos en Titán, compartiendo cerebro. Se hace una arriesgada cirugía de separación y es un éxito, el cuerpo sin cerebro es aún controlado por el cerebro del otro individuo y se comunica con el cuerpo con cerebro a través de un tubo de fibras nerviosas y médula. Dos décadas después otra cirugía: un médico construye el primer cerebrorreceptor y lo implanta en el cuerpo sin cerebro. Sin necesidad de que el cerebro esté conectado a los dos cuerpos al mismo tiempo, ambos son controlados por...
            —Hablas mucho —dijo Brillouin—. Y no eres Munt.
            Munt Karlig miró sobre el hombro de Brillouin y vio al ejército de cadáveres vivientes controlados por cerebrorreceptores.
            —¿Qué?
            —No me mataste —dijo Brillouin—. El verdadero Munt hubiese estrujado mi corazón con su puño telequinético.
            Karlig se sintió mareado. Pensó que vomitaría pero tenía el estómago vacío. Intentó recordar la última vez que había ingerido comida pero no pudo.
            —Detonarías en el momento en que intentara asesinarte —dijo Karlig con una ligera sonrisa.
            —¿Sabes por qué he venido?
            —Has venido a secuestrarme.
            Los gemelos Brillouin menearon la cabeza.
            —No, Munt —dijeron—, vine para acabar con esto. Todos los demás te buscan porque quieren la inmortalidad. Quieren el don que puedes otorgarles. Eres el último de una especie que debe desaparecer. Sé que no es tu culpa.

enero 12, 2012

Infinitos dioses

            El dios que estaba más allá del tiempo, observó pasado, presente y futuro a la vez, y admiró su obra. En un punto de su creación percibió un evento extraño, muy improbable, que casi se salía de las leyes del azar. Se concentró en ese punto.
            Un pensamiento que había estado flotando durante un periodo atemporal en su mente le pareció como si llegara de pronto. Sólo fue una teoría del hombre, pensó.
            Decidió que aprendería todo sobre el extraño evento que había encontrado. Cuando terminó de asimilar la información que captó su insaciable mente, se dijo a sí mismo: este evento resultó en un gran cambio en la evolución de mi obra. Es más, razonó, cada pequeño cambio representa en realidad un gran cambio. En cada unidad de tiempo básica que transcurrió, ha transcurrido y transcurrirá en mi creación el estado posible de las cosas puede tomar casi infinitas posibilidades, y a la unidad de tiempo siguiente tiene otro número casi infinito de posibilidades. Cada evento toma sólo un estado posible. ¿Pero qué ocurre con las posibilidades no elegidas por el azar?
            Y entonces el dios experimentó algo que nunca había experimentado: temor. Y el temor permaneció hasta que no hubo comprendido lo que había descubierto.
            El dios volvió a concentrarse en el punto extraño que había detectado, e imaginó la evolución de su obra como si hubiese acontecido un evento cualquiera en vez del tal evento.
            El universo danzó frente a él, siguiendo las leyes que el dios había elegido, y a la mente del dios apareció una creación distinta a la suya. Y el dios supo que en ese momento no estaba solo. En ese lugar que no era lugar, y que se encontraba fuera del tiempo, el dios observó a otro dios, que se parecía a él pero que era el dios de una creación diferente a la suya. Pues cada universo diferente tenía su propio dios. Y entonces las mentes de los dos dioses tuvieron contacto, y dijeron:
            Creador de otra creación, tus conocimientos son distintos de los míos. Aprendamos el uno del otro todo lo que sabemos.
            Y las mentes de ambos dioses absorbieron los conocimientos de una obra distinta.
            Creador, dijo uno de ellos, en tu creación existió, existe y existirá el hombre.
            Es cierto, dijo el primero, el que había observado el evento extraño en su obra, y es del hombre, precisamente, que he aprendido que a partir de la misma creación inicial hubieron, hay y habrán casi infinitos universos.
            Y de igual manera, dijo el otro, casi infinitos dioses.
            Aprendamos de los demás dioses, entonces.
            Y el primer dios, que hubo experimentado temor, ahora estaba regocijado.
            Pero si cambiamos las condiciones iniciales de la creación, añadió el primer dios, tendremos ahora infinitas posibilidades.
            Que así sea, dijo el otro.
            Y los infinitos dioses se reunieron, dioses de infinitos universos, y sus mentes bailaron aprendiendo de todos los demás. Y conocieron las posibles creaciones: universos sin materia, habitados por el hombre o no, universos dentro de universos, islas de sonido o de silencio, de trece dimensiones espaciales y dos temporales...
            Todos los dioses habían aprendido de su obra particular, siempre distinta a la de otro, y todos tenían algo que aportar.
            Y así fue, durante un tiempo sin tiempo.

enero 09, 2012

Animal

            Múib, con un movimiento de la mano, manipuló los datos de la pantalla. La pequeña Alis flotó atravesando por un agujero en el techo hasta posarse en el suelo y, alisándose la falda, le preguntó a su padre:
            —Papá, ¿cómo nacen los niños?
            El padre, atendiendo a la pantalla, dijo:
            —Se forman a partir de una masa de células madres que se coloca en una cápsula de gestación, y sobre ésta masa de células se proyecta un holograma con la forma del bebé. Ese holograma está dividido en zonas de especialización, cerebro, páncreas, etc., y las células madres crecen y se especializan y crean tejidos diferentes en zonas diferentes. —¿Me habré explicado bien?, pensó Múib. ¡Pero claro que sí!, y su IQ de 350 le hace comprender fácilmente—. ¿Quieres que te acompañe al centro de nacimientos de la ciudad?
            La pequeña frunció el rostro y cruzó los bracitos.
            —Eso es parecido a lo que me dijo mi robot educador. Es que Ýlnis dice que los niños nacen luego de un periodo de gestación dentro del cuerpo de una mujer generado por una unión entre un óvulo y un espermatozoide debido a su apareamiento con un hombre.
            Múib, alarmado, se giró bruscamente hacia la pequeña. La pantalla se tornó opaca.
            —Pero qué demo... —se interrumpió—. ¿Quién es ese Ýlnis?
            —Es un amigo —dijo la niña—, su robot educador está en reparación y vino conmigo porque quería saber algo sobre la reproducción de los mamíferos. Tú le abriste la puerta...
            —Ah... Ése es Ýlnis... —Ya no le dejaré estar con mi muchachita, pensó. Se inclinó hacia la pequeña—. Escucha, Alis, los humanos no somos animales, no tenemos descendencia como ellos. Somos superiores. Los animales son obscenos, imprácticos y nada higiénicos, pero en eso y muchas otras cosas nos diferenciamos de ellos, sobre todo aquí —y se tocó la frente con el dedo índice.
            —Le diré a Ýlnis que me mintió —dijo la pequeña, indignada, dio un pasito, se elevó hacia una abertura que se expandía en el techo y desapareció.
            Múib parecía turbado. La pantalla volvió a encenderse. Acomodó un par de datos por aquí y por allá y decidió dejar para después el resto del trabajo.
            Su esposa estacionó el aeromóvil en la cochera del sótano y llegó emergiendo del suelo.
            —Hola Múib —lo saludó ella.
            —Hola, Jessý —dijo Múib. ¡Es estúpido, pensó, los humanos no pueden reproducirse de tal forma! Era inconcebible. Nadie hacía esa clase de cosas. Era obsceno, impráctico y nada higiénico. Pero en su interior sentía que algo había de razón en ello. Me siento sucio, muy sucio, pensó, como un animal.
            —¿En qué piensas, cariño? —le preguntó Jessý.
            —¿Quieres jugar a que somos animales?

¡Que tengan un bonito año 2012!

diciembre 21, 2011

Y ahora los errantes seremos nosotros

Una amiga me ha sugerido que ante historias algo largas, dé una pequeña introducción para que los lectores de este blog sepan de que va la historia, para tener criterios por si deciden pasar algunos minutos de su tiempo leyéndola, y saber si de verdad van a entretenerse y a disfrutar o si están perdiendo su tiempo. Esta sugerencia de mi amiga fue por mi negativa a presentar mis historias de manera fragmentada, pues creo que si un relato (al menos del tipo de los que me gusta escribir) se lee por partes, éste pierde mucha fuerza. Aunque el presente relato no es muy largo (bueno, son unas 10 cuartillas. Y, ¡dioses!, en uno anterior, Preservar La Colectividad, sí que me excedí porque fueron 19), les diré de lo que trata, sin darles demasiadas pistas.

Año 4055. Planeta Dreaya. Se ha descubierto una fuerza más destructiva que cualquier arma antes diseñada. El Jefe de la Fuerza de Cartógrafos Espaciales se ve de pronto encaminado por un cuasi-humano a usarla por primera vez para acabar con una guerra que ha costado la vida de demasiadas personas. Se trata de un punto decisivo en la historia de las especies humanas.

La idea la tenía rondando mi mente desde hace casi un mes, pero hasta ahora, aprovechando mis vacaciones de la universidad, la he podido escribir. Se trata del sexto relato que escribo de mi “historia del futuro”, en la misma línea temporal, y serán varios más, así que agárrense. Si les interesa, aquí tienen la historia, espero que la disfruten.


            Era un planeta azul con pequeños parches marrones y verdes en su superficie. Las nubes se arremolinaban en una región de su hemisferio norte, formando un huracán que giraba a contrarreloj sobre aquel paraíso. Y el globo azul se fue haciendo cada vez más grande. Y luego hubo una segunda visión: un enorme dragón, una tira de blancura volando en el oscuro espacio. Y apareció un segundo ser, que giró en espirales en torno al primero, y ambos bailaron una danza cósmica y se alejaron, con destino hacia ningún lugar. Y después ya no importó el azul planeta, de un azul más azul que cualquier otro, lo único importante era aquel par de dragones. Y el reluciente globo se perdió de vista y el espacio estrellado lo llenó todo, y la visión viajó hasta los dragones que se alejaban y les dio alcance. Y todo era calma, pero el pasivo universo dio lugar al peligro que se escapa a los sentidos, y ambos dragones atravesaron ese peligro como si éste no existiese, siempre danzando en espirales uno en torno al otro. Y todo pareció confuso porque aquel peligro ya no existía, su presencia ya no se percibía siquiera con unos sentidos que eran más que sentidos. El universo era prístino y transparente.
            Y la visión se desvaneció.
            Hui Yongnian despertó. Sus ojos se abrieron y se volvieron a cerrar luego de ver que se encontraba en el mismo plácido lugar, sobre su cama. Las sábanas que lo cubrían se desintegraron en millones de partes que se incorporaron al colchón. Se sentó en la orilla de l colchón y vio llegar a su esposa.
            —Buenos días —le dijo ella, y se sentó a su lado. Pasó la mano por los despeinados cabellos de Yongnian—. No he querido despertarte antes. Llegó Jorv, dijo que quería preguntarte cosas sobre su futuro trabajo. Se veía muy emocionado.
            —¿Aún sigue aquí?
            —No, le he dicho que se marchara, que viniera luego porque estabas dormido. Me dijo que mejor hablaría contigo antes del entrenamiento de mañana.
            Yongnian suspiró y fijó su mirada en las manos de su esposa, que descansaban sobre su regazo.
            —¿Otra vez ese sueño? —preguntó ella.
            —Sí.
            —Ya te he dicho que si te molesta podemos ir con el...
            —No, no —la interrumpió—. Molestarme no. —Y luego hizo una pausa—. Me gustaría salir por mí mismo de esto. Ya sabes mi postura al respecto, querida Gelna... —Notó lo silenciosa que estaba la casa—. ¿A dónde ha ido Alicia?
            —Ha salido con una amiga, —respondió Gelna—, le dije que regresara antes de las 9.
            Yongnian acarició las manos de su esposa. El rostro de Hui mostraba las arrugas del paso de los siglos.
            —¿Sabes? No estoy seguro de lo que haré —dijo Yongnian— luego de hoy.
            —Ese chico es muy hábil —dijo ella—. Lo veo como el próximo jefe de cartógrafos, un gran jefe como lo ha sido su maestro —sonrió—. Y su maestro al fin podrá estar tranquilo en su hogar.
            —Gelna, eso no... Tú sabes lo que realmente me preocupa.
            Gelna puso una mano sobre su espalda y lo acarició.
            Y Hui Yongnian despertó del sueño. Un sueño dentro de otro sueño. Se sentó. Vio la habitación vacía y silenciosa. Ningún sonido perturbaba la calma que reinaba en toda la casa. La pared del lado extremo del cuarto le informó la hora: eran las 6:71. Con un suspiro volvió a acostarse. Miró hacia el cielo raso y por un momento le pareció ver el rostro de Gelna, y a un lado el de la pequeña Alicia. Cerró los ojos y al abrirlos de nuevo, la imagen se había desvanecido.

diciembre 04, 2011

Viejos enemigos

    Robert Arctor sacó las bolsas del supermercado del auto y entró a su casa. Su familia: su hija Mary de diez años, Peter de doce y su esposa Beth, estaba reunida en la mesa del comedor con la vista puesta en el televisor. Una escena normal en un pequeño poblado rural a las afueras de Salt Lake City.
     Dejó las bolsas en el suelo.
     —Bob —le dijo su esposa, que lo tomó por el brazo y lo hizo sentarse en una silla. La mujer no quitaba la vista del televisor, los rizos le caían en su bello rostro oscuro—, mira las noticias.
Robert pensó que el noticiero no podría informar de algo peor que lo de ayer.
     La chica del noticiero daba el reporte mientras las imágenes iban pasando en la pantalla. No sólo Nueva York había sido atacada, como lo habían dicho en el noticiero de la noche anterior, ahora también había caído una bomba H en Seattle.
     —Todavía no dicen quién atacó —mencionó Beth.
    Ese mismo día cayó otra en Chicago, y después una más en San Francisco pero ésta última no explotó. Un hombre presumiblemente afectado tomó la bomba, que con su peso había destruido parte de su casa al caer, y la subió a su camioneta con la ayuda de una pequeña grúa. Condujo por la carretera interestatal con rumbo hacia Santa Mónica pero una patrulla lo detuvo al ver el enorme artefacto en la batea de la camioneta. El hombre de la patrulla supo de qué se trataba y los servicios de inteligencia hicieron presencia.
     Los cuatro agentes de traje y lentes oscuros observaban el artefacto en la parte trasera de la camioneta.
     —El policía no mentía —dijo uno, sorprendido. Sin duda era lo más bizarro que había visto en su vida.
     Al poco tiempo llegaron varias patrullas. Un hombre del Departamento de Estado y un ingeniero nuclear bajaron de un vehículo.
     —¿Hay un protocolo para esto? —preguntó uno de los agentes.
    —Transportar la bomba en un avión —respondió el ingeniero nuclear— que la eleve lo suficiente en el aire para que, si explota, no represente un peligro para la población.
     Un helicóptero apareció a lo lejos y descendió en medio de la carretera.
     —¡Súbanla, la llevaremos a un pequeño aeropuerto cercano! —gritó el piloto del helicóptero, en medio del estruendo de las aspas.
     Un robot cargó delicadamente la bomba y la depositó dentro del helicóptero. Antes de que éste despegara, los hombres presentes comenzaron a escandalizarse. El hombre de la camioneta, el que había transportado la bomba, estaba esposado en el interior de una patrulla y observaba con curiosidad. Lo que causaba el escándalo no era la previa presencia misma de la bomba, sino algo que estaba dibujado en la bomba: una bandera.
     —¿Vieron esa maldita bandera? —preguntó alguien—. ¿Podemos tomar esto como prueba de que ellos fueron realmente los que nos han atacado?
     —¡Maldita sea! —dijo exasperado otro hombre—, ¿cómo duda de esto?

diciembre 01, 2011

Saludos

     “La Humanidad ha muerto”, viajaba el mensaje, repitiéndose dentro de una burbuja que iba creciendo en el tiempo y en el espacio, luego de largos miles de años, pero la batería de la sonda ya hacía mucho tiempo que se había agotado y no pudo captar la señal. Con suerte, el robot que había transmitido la noticia desde la base lunar aún seguía operativo. La sonda siguió viajando, ya fuera, mucho más allá de los confines del Sistema Solar. Del lado opuesto al pequeño Sol que dejaba atrás se veía el brillo de una distante estrella, aunque más cercana que las demás. La sonda vagaba en el frío espacio casi sin fricción.
     Una nave solitaria que iba hacia alguna parte se la encontró a su paso. Sus tripulantes guiaron la sonda hacia el interior de su nave y la examinaron. Dos pequeños seres como aves, de azules plumas, la examinaron. Sin duda eso era una antena, y todo eso otro parecía un rudimentario sistema de instrumentación.
     Uno de los seres recorrió con saltitos la sonda, luego se posó, apuntando con el pico a un rectángulo dorado. Su compañero llegó a su lado con un aleteo.
     Ambos permanecieron largo rato observando el rectángulo dorado. Sus cabezas fijas y ladeadas y sus patitas aferradas en torno a una varilla metálica de la sonda.
     La nave siguió su curso por sí sola y llegó a la estación de suministros que se encontraba en las entrañas de un cometa. Mientras los pequeños seres observaban la placa, la nave aterrizó en la superficie gélida del cometa. Unas puertas de hielo y roca se abrieron en el suelo y la nave descendió suavemente en una grande y bulliciosa plaza.
     Las puertas de la nave de abrieron con un siseo y un autómata parecido a un ratón se les acercó. “El Yter está disponible en este momento para realizar la transacción de provisiones”, comunicó el ratoncito. El aire de la nave comenzó a llenarse con el delicado aroma de los manjares de mil mundos.
     Los dos seres como aves apartaron lentamente su mirada de la placa y se miraron entre sí, como si nunca antes se hubiesen visto.
     “Así éramos antes, ¿verdad?, antes de que nuestros dos valientes padres partiesen del que fue su hogar”, transmitió uno, y volvió su mirada hacia la placa, que mostraba a una mujer y a un hombre con la mano derecha alzada, saludando.
     “Sí, así éramos”.

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