En memoria de Neil Armstrong
—Es
necesario recordar —dijo
el hombre— la gloria de nuestros héroes del
pasado. Neil Armstrong fue el primer hombre de corazón noble que
caminó sobre la Luna; el primero de un grupo del que ya nadie podrá
formar parte, no porque no haya sobre la Tierra hombres de buen
corazón, sino por una razón más simple y sin embargo más triste.
Todos
miraron, enfundados en sus trajes ceremoniales de astronauta, hacia
la Luna: ya no un disco brillante en el cielo, sino un anillo de
escombros, que desaparecía de lado a lado sobre el horizonte y que
brillaba como un río de perlas.
El
hombre empuñó un remo y la embarcación avanzó, seguida de otras
pequeñas barcas que dejaban tras de sí suaves estelas sobre las
calmadas aguas. El reflejo del anillo de la Luna se desvaneció en la
agitada superficie, pero se mantuvo firme en las escafandras
reflectantes y en las almas de los hombres, que miraban hacia lo
alto, agitando el agua y también sus corazones.
Con el deseo de volar más alto, como en aquellos tiempos de cohetes que se elevaban como dragones en el cielo y de naves impulsadas por el poder del átomo, se alejaron, entonando una canción que comenzaba con las
palabras de quien, hacía siglos, había estampado su huella en un
nuevo mundo: "That's one small step for man, but... one giant
leap for mankind".

Buen relato, Damián. Me agrada ese aire nostálgico que le das a la narración, con estos hombres observando una luna que ya no está más, convertida ahora en un "anillo de escombros". Espero volver a leer alguno de tus textos más largos.
ResponderEliminarAbrazos.
Bueno lo del río de perlas
ResponderEliminarExcelente y cálido texto. Pero algo más, se eleva sobre la tierra polvorienta con su toque de lirismo. :)
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