enero 03, 2013

Personas y cosas inesperadas

La publicación

En los meses anteriores hubo muchas sorpresas, además de haberme roto tres dientes, que vaya si fue una sorpresa. A mi correo me llegan actualizaciones de varias cosas, entre ellas cuando sale una nueva edición de NM. Uno de los correos era sobre la revista: había salido un nuevo número. Tranquilamente, leí los nombres de los autores de los cuentos que contenía y casi salto cuando veo que uno de esos nombres es el mío. Y pienso: “¡Qué! ¿Cómo es esto posible?”
           Eso fue el 1 de agosto del año pasado.
           Lo que ocurrió fue que el correo en el que Santiago Oviedo, el editor de la revista, me informaba que mi cuento había sido seleccionado para el número 25 no me llegó, así que no me enteré previamente que me publicarían. Fue una grata sorpresa. En agosto de 2011 me habían publicado “El evento Neandertal” (en el número 21 de la revista, agosto 2011) y el segundo fue, en esta ocasión, “Ahora los errantes seremos nosotros” (en el número 25, agosto 2012).
           Aunque este cuento no me gustó una vez que lo leí en la revista; lo había escrito hacía unos seis meses y le vi muchísimos puntos flojos y hasta pensé que hubiese sido mejor que no lo publicaran. No sé si esa sensación se debió a que en esos seis meses, desde que lo había escrito hasta que me lo publicaron y lo leí de nuevo, mi manera de escribir había mejorado, pues fui consciente de los fallos (al menos los que pude notar) que tenía mi cuento.

La tertulia

            No sé cómo ocurrió, si yo lo agregué a Facebook o él me agregó, el punto es que entre mis “amigos” estaba (está) Mauricio del Castillo, un escritor mexicano de Ciencia Ficción (que hace unas semanas publicó su primer libro: La Variable Multimillonaria y otros relatos) del que un día recibí una invitación para la Tertulia de Ciencia Ficción de la Ciudad de México.
            Yo tenía algunas referencias sobre esa tertulia, había entrado al blog de la misma unas cuantas veces antes, aunque sólo había visto sus entradas superficialmente.
            La primera cita fue el último sábado de septiembre en un restaurante Vips, y en la entrada me encontré con Mauricio, lo saludé y platicamos un poco. Sólo habíamos llegado nosotros, pero pronto llegaron más, aunque yo no supe al principio si venían a la tertulia o eran unos clientes cualquiera del restaurante. Entramos y nos sentamos en un par de mesas que estaban dispuestas juntas, en total éramos como 11 personas.
            Mauricio me había dicho que la dinámica de la tertulia era platicar de cualquier tema relacionado con la Ciencia Ficción. Casi no hablé, excepto cuando tuve que presentarme, pues era el chico nuevo. Escuché atentamente lo que los demás decían, y, en efecto, la conversación giró en torno a una gran diversidad de temas relacionados con el género.
            Fue muy agradable. Me sentía increíblemente raro en ese entorno pero a la vez muy cómodo. Eran personas bastante divertidas y que era evidente que sabían de lo que hablaban. Me parece que todos ellos escriben y varios han publicado. Yo me sentía como un niño en medio de ellos, no  en el sentido biológico, sino porque era el más joven de todos y el que creo que lleva menos tiempo escribiendo.
            Cuando ya me tenía que ir, aunque ellos se quedarían un poco más, pues ya era muy tarde (había llegado a las 5pm y llevaba ahí como 4 o 5 horas), me levanté, me despedí de todos, tomé mi mochila y abrí la puerta para salir. Lo malo fue que abrí la puerta equivocada, la de salida de emergencia, y la alarma del Vips comenzó a sonar con fuerza. Escuché las risas de los clientes, no sólo de los que habían ido a la tertulia, y yo también me reí, la verdad es que fue gracioso, aunque yo hubiera preferido que tal cosa no ocurriera.
            -Eso te pasa por querer irte rápido -dijo Mauricio del Castillo.
            No, la verdad es que eso me pasa por ser tan descuidado como siempre suelo ser.
            Luego salí por la puerta correcta.
            He asistido a tres tertulias, en septiembre, octubre y noviembre, y he ido conociendo a los asistentes, sobre todo a los que van regularmente, pues no es un grupo fijo y de pronto puede ir alguien nuevo o dejar de ir otro más. Entre ellos hay buenos escritores y gente que se interesa mucho por el género.
            Todos han sido muy amables. Miguel Ángel Fernández Delgado, quien fue presidente de la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía, la AMCyF, regaló durante una tertulia unos imanes como de ocho por ocho centímetros con imágenes de un mercado argentino que visitó recientemente, y en otra ocasión nos obsequió tarjetas con ilustraciones de una revista y algunas con las obras de Frank Frazzeta, yo me llevé una de Frank.
            Un regalo que me encantó sin duda fue el que me dio Mauricio del Castillo: un libro de cuentos de Philip K. Dick, que ya saben que es mi autor favorito. No supe cómo reaccionar para agradecerle.
            Me siento muy cómodo y afortunado de reunirme con aquellas personas el último sábado de cada mes, y quiero sacar lo más posible de aquellas escasas pero increíblemente entretenidas cinco horas (o las que sean) de charla y convivencia con gente que tiene más experiencia dentro de algo que tanto amo.


Eleonora

            La conocí en una sesión del taller literario que mi amiga Gaby dio el año pasado en la Facultad de Filosofía y Letras, y creo que fue ese mismo día cuando fuimos Gaby, un compañero llamado Francisco, ella y yo, a comer hot dogs cerca de la universidad. Alguien dijo algo, no recuerdo qué, pero, por alguna razón, respondí, dirigiéndome a Eleonora: “No creo que yo termine siendo tu pareja”; fue una especie de profecía inversa.
            El 15 de abril (o quizá fue el 14), en el cumpleaños de mi amiga Gaby y tres días después de mi cumpleaños y el de Eleonora (nacimos el mismo día, con poco más de 12 horas de diferencia), fuimos al parque de diversiones Six Flags, Gaby, una compañera llamada Cecilia, Eleonora y yo. En los juegos donde había dos asientos juntos, casi siempre me senté junto a Cecilia, y los cuatro nos divertimos ese día, a la vez que yo superé, aunque no del todo, el miedo de subirme a unos juegos que, estaba seguro, me matarían del susto.
            Semanas después de eso, una chica (es probable que ella llegue a leer esto), ninguna de las mencionadas anteriormente, me invitó al cine y fui con ella, pero durante parte de la función se comportó de manera muy extraña hacia mí, bastante invasiva, y yo pensé que era algún tipo de coqueteo, el punto es que su comportamiento me confundió. Eso me hizo escribir en Facebook: “Las mujeres me confunden”. Y no lo puse sólo por la chica con la que fui al cine sino por otros casos pasados. De inmediato mis “amigos” comenzaron a preguntar sobre lo que había puesto, y yo no tenía la intención de responder.
            Unos minutos después, recibí un mensaje en el chat de Facebook, era de Eleonora, preguntando por qué me confundían las mujeres. Nunca habíamos platicado por chat, y en persona apenas habíamos intercambiado algunas palabras, pero le comenté la razón de lo que había escrito y seguimos platicando durante un buen rato más. A partir de ese momento chateábamos regularmente; comencé a descubrir a un ser humano fascinante.
            La historia es muy curiosa porque ella comenzó a hablarme con la intención de que yo le presentara a algún compañero o amigo físico, dado que a ella le resultan particularmente atractivos los científicos, cosa que no le puedo reprochar y que, vamos, es inevitable, jaja.
            Y llegó un momento en el que supe que me había enamorado de aquella persona con la que llevaba semanas platicando y que, como he descubierto con el paso de los meses, es inmensamente más interesante en persona.
            El 11 de junio comenzamos a ser novios.
            Eleonora es una mujer muy inteligente (un día, cuando viajábamos en metro, dedujo fácilmente algo de teoría de números que yo no pude, aunque su área de especialización sean las Letras Clásicas), es muy lista (en cuanto a resolver problemas prácticos es más hábil que yo), muy bella, y como ser humano es fascinante, también la admiro y es una motivación para mejorar. He aprendido mucho de ella y eso me ha cambiado; me hizo ver la importancia de la educación, algo obvio pero en lo cual no me había interesado antes, para la formación de seres humanos capaces de aprovechar su potencial y llegar a su elemento. La amo.
            También me ha generado cierta fijación por todo lo que tenga que ver con los dodos, jaja, aquellas aves que se extinguieron en la segunda mitad del siglo XVII en la isla de Mauricio a causa de la llegada de los holandeses y la introducción de nuevas especies.
            Como ven, y como leyeron en la entrada sobre mi accidente, el 2012 me dejó cosas muy buenas y también cosas desagradables. La reparación de mis dientes se retrasó, en parte porque me están atendiendo en el Distrito Federal y yo vine de vacaciones a Tabasco, para estar con mi familia. Pero me parece que lo bueno supera con creces al resto. Puedo decir que soy feliz, aún con mis enormes deficiencias como persona, de las que cada vez soy más consciente.
            Espero que hayan disfrutado estos días de celebraciones y en este momento sus vidas sean más ricas de lo que eran hace un año.

3 comentarios:

  1. Pues triple enhorabuena: por la publicación, por la interesante tertulia (si recalo algún día por Méjico, espero que ,me invitéis) y, sobre todo, por Eleanora, que seguro que, además de por ser científico, la has fascinado por tus dientes.

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    1. Si vienes a México, me encantará conocerte en persona y que asistas a la tertulia. Y, claro, si algo hay de mi atractivo que deje sin aliento a Eleonora esos son mis dientes. La sorprendo con el truco de sacar la lengua sin separar los dientes (los restantes), jaja.

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  2. <3 No me canso de leerte.

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