mayo 18, 2010

Sociedad de Émpatas

—Ajústense muy bien sus correas —dijo Clarke, el líder del Segundo Comando de Exploración Exoplanetaria. El grupo de siete soldados y científicos brincaban al ritmo de las sacudidas de la nave.
—No tenemos indicios, pero tengan cuidado por la posible presencia hostil en la superficie —dijo Hamilton, a un lado de Clarke.
Se ajustaron sus cascos mientras sostenían celosamente sus fusiles Boris.
La nave surcó los cielos de aquel extraño planeta hasta entonces inexplorado. Tan sólo habían observado una gruesa cortina de vegetación desde las dos sondas que se habían puesto en órbita baja. No se observaban lagos ni océanos, el planeta parecía ser una esfera cubierta en su totalidad de vegetación. En las cercanías había una planicie más o menos plana, el lugar ideal para aterrizar.
—La superficie parece ser estable —declaró alguien del comando.
 La nave se posó sobre la llana superficie, levantando una nube de fino polvo alrededor de la nave. La nave se estabilizó sobre el suelo y se abrió la compuerta. Clarke bajó de la nave. Desplegó el visor infrarrojo de su casco en inspeccionó la zona. Al parecer nadie los rodeaba en las cercanías. Con el brazo hizo una seña para que el resto de la tripulación saliese de la nave.
—La nave caída del Primer Comando estará en un radio de 300 metros de este lugar. Ya saben que hacer, no queremos tener ninguna clase de problemas con los aborígenes de este planeta, tan sólo queremos rescatar a nuestros hombres de este infierno.
A lo lejos se escuchó una fuerte explosión. Los siete hombres se tiraron al suelo, allí permanecieron algunos segundos aguardando un posible ataque, con sus fusiles dispuestos. Hamilton levantó un poco la cabeza.
—¿Carragher, pero que diablos fue eso? —gritó exaltado, poniéndose de rodillas.
—Sonó como un Cañón Alfa de la Federación —respondió Carragher.
—Esos fueron nuestros hombres —afirmó Bock.
—¡Demonios! —exclamó Hamilton—. Hay hostiles en esta maldita zona.
Hamilton se puso de pie. También lo hizo Clarke.
—Vamos por la tripulación —ordenó Clarke.
Los demás hombres se pusieron de pie y los siguieron. El Segundo Comando se dirigió hasta la zona de la explosión. Avanzaron cerca de 100 metros. Clarke clavó su mirada fijamente en el horizonte.
—¿Qué sucede con la flora de este sitio? ¿No el satélite mostraba que esta zona estaba rodeada de una gruesa capa de vegetación?
—Así es —respondió Bock. Sacó de su bolsillo el mapa digital—. Clarke… toda esta zona está cubierta por muchos árboles, ¿por qué vemos entonces que esta llanura árida se extiende hasta donde llega la vista?
—¿Donde están nuestros hombres? —se preguntó Clarke en voz alta.
Con paso lento e inseguro caminaron por el terreno árido del lugar. Clarke, Carragher y Hamilton iban hasta el frente.
—Hamilton —dijo asustado Carragher—, el cielo ha cambiado de color.
—Tan sólo mantente alerta y no dejes de caminar. Desconocemos las cosas que suceden en este desgraciado planeta.
Bock se dio cuenta de que el suelo empezaba a cambiar debajo de sus pies.
—¡Por las Columnas de Tlön! —exclamó, mientras se movía de un lugar a otro—. ¿Pero qué es este planeta?
El paisaje cambiaba ante sus ojos. El suelo otrora hecho de árida tierra, parecía estar hecho de un material blando y azulado. Como si estuvieran caminando por una gran manta acolchonada que cubría toda la superficie hasta donde alcanzaban a ver. Voltearon hacia atrás y todos los árboles habían desaparecido. A lo lejos apareció una ciudad entera, de edificios bajos, casi todos de un piso y rodeados de un ambiente bañado en una suave luz azul.
—¿Pueden ver eso? —preguntó Carragher, boquiabierto.
—Lo vemos —respondió Hamilton—. No es ninguna alucinación.
La ciudad estaba totalmente iluminada, parecía ser de día, pero en el cielo ya se lograban observar algunas estrellas. La atmósfera resultaba ser muy poco densa. Todo era azul, el cielo, el piso, la ciudad y su iluminación.
Bock se alejó corriendo.
—¿A donde vas? —le preguntó Clarke.
Bock giró la cabeza sin dejar de alejarse.
—¡La nave… la nave del Primer Comando!
Encima del blando suelo azul estaba posada la nave, que se había estrellado en ese lugar. El soldado Johnson yacía sobre el suelo, con la espalda recargada sobre el casco de la nave. Estaba en posición fetal y sostenía su fusil Boris con ambas manos, abrazándolo.
—¡Johnson! —gritó Bock. Se acercó corriendo hacia él, pero de repente algo le detuvo. En los alrededores de la nave estaban esparcidos cerca de quince cuerpos de unos seres tipo humanoide, su piel era de color azul y no mostraban signos de daño físico, solo algunos estaban quemados. Eran de complexión delgada y parecían ser seres muy frágiles. Todos ellos estaban muertos.
Los otros seis soldados llegaron rápidamente al sitio. Bock terminó de llegar hasta donde estaba el soldado Johnson.
—¡Johnson! —se colocó delante de él—. ¡Johnson! ¿Estás bién? ¿Qué ha pasado en este lugar?
El soldado aún seguía en posición fetal, mirando hacia un punto en el vacío. Lentamente giró el rostro hasta Bock.
—Bock… —dijo Johnson casi con un suspiro— los hombrecitos… los hombrecitos se mataron entre si.
—¿Donde está el resto de la tripulación?
—Muertos, todos… muertos.
—Vamos, levántate de aquí —le tendió la mano.
Johnson se levantó del suelo y observó de nuevo los cadáveres esparcidos por todo el lugar.
Clarke se acercó al soldado.
—General —dijo Johnson—. Me alegra verlo.
—¿Qué ha sucedido aquí, soldado? —dijo Clarke, mientras miraba horrorizado los cadáveres de los pequeños seres.
Johnson hizo movimientos repetitivos con la boca sin emitir sonido alguno. Examinó su fusil.
—La nave se estrelló y toda la tripulación pereció —miró fijamente a los ojos a Clarke—. No estamos solos, general, estas pequeñas personas aparecieron de la nada y yo no supe como reaccionar, les disparé de lo atemorizado que estaba, maté a dos de ellos. Después —volteó a ver a las otras seis personas del Segundo Comando— estas cosas gritaron como locos y se asesinaron unos a otros. Hay una ciudad muy cercana a este sitio —se volteó y señaló—. ¿Ven ese sitio? Parece ser que venían de aquel lugar. Allí debe haber más de ellos. Creo… creo que estas cosas sintieron lo que yo sentí. Sí, eso percibí. Yo estaba enfurecido así que ellos se enfurecieron, es como si nos imitaran. No… no veo otra explicación…
—Debemos sacar los cuerpos de la nave y trasladarlos hasta la nuestra —dijo Hamilton.
Los cuerpos fueron sacados de la nave accidentada y trasladados camino a la llanura donde la otra nave estaba posada.
—Sólo quiero largarme de este sitio —dijo Bock—, luego vendrán misiones mejor preparadas.
—Perdimos a seis hombres… —dijo Clarke, entristecido.
Uno de los hombres lanzó un alarido. Dio algunos pasos hacia atrás y se cayó al suelo.
—¡Por Dios!… miren esa cosa —uno de los pequeños seres estaba parado a escasos metros de los ocho hombres. Los observaba con mucha curiosidad. Su rostro parecía brillar con la misma luz azulada que iluminaba la ciudad. Sus ojos eran grandes pero muy expresivos, similares a los de un gato.
Uno de los soldados le apuntó con el arma, estaba temblando y la sujetaba con furza y precisión, listo para disparar.
—¡Cálmese, soldado! —ordenó Clarke—. Baje el arma.
El pequeño ser cambió inmediatamente su expresión y ahora parecía un felino que iba por su presa. Emitió un grito muy agudo y corrió hacia la tripulación. El ser dio un salto y parecía dirigirse hacia el soldado. De repente se oyó un Bang del fusil de Hamilton. Volaron porciones de su cerebro y el hombrecito cayó destrozado sobre el piso.
—¿Pero qué diablos son estas cosas? —gritó Bock.
El soldado estaba tumbado sobre el suelo con la respiración agitada y las pupilas dilatadas. Su fusil estaba tirado sobre el piso.
Otro de esos seres salió y detrás de él llegaron un gran número de ellos. Pasaban sobre si mismos, uno sobre otro y se atacaban entre ellos, parecía que lo único que sentían era el deseo de matar, sin importar a quien fuese.
Clarke apuntó con su fusil.
           —¡Fuego!
         A la orden, los hombres dispararon y muchos de ellos cayeron, pero eran demasiados como para contenerlos. El sonido del tiroteo llenaba todo el aire.
          —¿De donde salen tantos? —exclamó Bock, sacudiéndose por los bruscos movimientos en su fusil que provocaba la ráfaga.
           Hamilton presionaba el gatillo pero nada salía de si fusil.
           —¡Santo cielo! ¡No tengo municiones! ¡Las malditas municiones están en la nave!
        A varios más se les terminaron y la avanzada de los hambrientos seres era cada vez mayor.
        —¡Tengan esto, asquerosos parásitos! —gritó Clarke. Estaba frenético y giraba para todos los ángulos para dispararles a los que se acercaban. Apretó el gatillo pero se había quedado también sin municiones— ¡Maldita sea!

        —Aquí Tierra, recibiendo la señal del satélite— dijo el operador de comunicaciones, ajustándose los anteojos.
           Las imágenes se desplegaron en toda la pantalla, eran procedentes del satélite de órbita baja. El planeta en cuestión ya no estaba lleno de vegetación, sino que era una masa ardiente donde destellos de luces barrían con todo lo que estuviese presente en la superficie.
           —Ba… base tra… transmisora Lu… Luna —dijo tartamudeando—, confirme que la señal digital entrante a Base Tierra es correcta.
           —Confirmado Base Tierra, la señal proviene del Satélite artificial 2538 del planeta Amir.
          El operador se quitó las gafas y tomó un micrófono de su desordenada estación. Apretó un botón.
           —¿Secretario Reinhart, me escucha?
           —Te escucho, Williams.
          —Secretario… el... planeta… —El planeta ardía en llamas. En el video de la pantalla se veía la última esfera de luz expandiéndose sobre la superficie. El operador se secó el sudor con la manga de su camisa.
           —Diga señor Williams...

4 comentarios:

  1. Interesantes tus historias y tu blog, te linko en el mío, seguiré viajando en tu tiempo. Un saludo!

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  2. Hace mucho que no leía a nadie que se aventurara a escribir ciencia ficción... al menos de este tipo

    es difícil y arriesgado... pero finalmente así son las cosas que hay que intentar

    me quedo con interrongantes sobre el desenlace de la historia lo cual es bueno pues quiere decri que es invitante.

    Saludos

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  3. Gracias por los comentarios. Y, MauVenom, pues soy algo novato en este grandioso mundo de la creación de historias de Ci-Fi, básicamente todo lo que he escrito ha sido en este año, así que creo que todo lo que hago es arriesgado. Y qué bueno que les gustó.
    No se si se entienda bien, pero la historia trata sobre una raza alienígena de émpatas (superémpatas), que imitan cualquier sentimiento captado telepáticamente de cualquier otro ser vivo, y cuando llegaron los humanos captaron sus pensamientos sobre matar y se autodestruyeron por imitarlos.
    Saludos a ambos.

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  4. Gracias por visitar mi blog.
    Yo, de momento, he leído tu historia y me ha gustado. Seguiré leyéndote dentro de una semana (me voy de viaje).

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