febrero 27, 2011

El pintor

     Marcos regresó a su casa. Había cogido una fuerte gripe y sus narices escurrían. Tomó un pañuelo para limpiarse mientras caminaba hacia su habitación. Vio al hombre con la brocha, bajándose de la escalera recargada en la pared.
     —¡Oh, ha quedado muy bien! —dijo Marcos, alabando la tarea del pintor. La habitación estaba pintada de un brillante color rojo, que tanto le gustaba a su esposa.
     —Gracias —respondió el pintor, levantando la cubeta vacía con restos de pintura roja. Sonrió—. Me anima que la gente reconozca mi trabajo. Normalmente no lo aprecian.
     Marcos vio su reloj.
     —¿Clara no ha llegado del supermercado?
     —No, aún no.
     —Seguro le fascinará cómo ha quedado la habitación.
     —Seguro que sí. Ya he terminado mi trabajo, señor. Que la pase bien —se despidió el hombre, levantando su mano manchada de rojo.
     —Gracias, usted también.
     El hombre salió.
     Marcos admiraba lo bien que había quedado la pintura. Y pensar que había pensado en pintar la habitación él mismo, pero Clara sabía lo mal pintor que él era, así que había contratado a un experto en eso.
     Vio su reloj de nuevo. Qué extraño que su esposa se atrasara de esa manera. Se acercó a una pared, se veía algo rara esa pintura. Su gripe le impedía oler el aroma a sangre que llenaba todo el lugar.

5 comentarios:

  1. Sí. Algo, aunque el pintor hace su trabajo, después de todo. Si tan sólo a Clara le hubiera gustado otro color que no fuese el rojo...

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  2. Acabas de inventar una variante del "serial killer", y es el "serial painter"!!!
    Bien sabes que estas historias truculentas me encantan...

    Un saludo!
    PD.-Me alegro de haber pintado las paredes del salón color vainilla...

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  3. La pintura con olor a a sangre... de miedo.
    Un abrazo te envío desde mi mundo al tuyo.

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  4. Mercedes: Serial painter. Me gusta eso, jeje. qué bien que prefieras el color vainilla, imagina que prefirieras el rojo y llamases a este pintor...

    Marisol: La sangre humana es un buen pigmento.

    Yo ahora no estoy en mi planeta natal, el sistema Athlon-Napelmanak, pero te mando también un abrazo (con mis cuatro brazos escamosos) desde mi mundo adoptivo.

    Salu2 y salu3.

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