—¿Qué crees que sea? —dijo Harry, inspeccionando la enorme maquinaria que llenaba el sótano. El lugar estaba todo empolvado. Nunca habían entrado allí, aunque estaba debajo de su propia casa.
—No lo sé —respondió Alice, que se sacudía una telaraña de su blusa—. Esta cosa debe de haber estado aquí durante años. Mis padres nunca me dijeron nada de esto en el testamento.
—Mira —dijo Harry, quitando una gruesa capa de polvo de encima de la maquinaria—. Hay botones.
Alice se acercó y vio botones, palancas, luces parpadeantes y un botón de color rojo y más grande que los demás.
—¿Para qué servirá éste?
—Será mejor que no toquemos nada hasta que... —Harry se interrumpió al ver que su esposa oprimía el botón rojo. Le retiró la mano inmediatamente—. ¡Dije que no había que tocar nada!
La máquina empezó a zumbar, y algunas luces cambiaron de color verde a rojo. El sótano vibró y el polvo acumulado cayó del techo, haciendo toser fuertemente a Harry.
—¡Mira lo que has hecho! —articuló Harry con dificultad mientras tenía un acceso de tos.
—¡Yo! ¡Hecho! ¡Ah!, pero si siempre eres tú el que causa los problemas. No sé por qué no me he divorciado de ti. ¡Primero dejas a tu madre que se entrometa en lo nuestro; después: le das más importancia al televisor que a mi! ¿Estás casado con el televisor? ¡No, verdad!
—¡Por el amor de Dios, cierra la boca, Alice!
La máquina dejó de zumbar y pareció que la enorme masa de metal exhalaba. Todas las luces parpadeantes se apagaron. De pronto los ojos de Harry se abrieron mucho. Miraba con horror a su esposa.
—¡Qué! —dijo furiosamente Alice.
—Tú no eres mi esposa.
—¿Qué? Ah, ya entiendo, ¡ahora me niegas como tu esposa! ¡Sólo eso faltaba! ¿Sabes qué?, ya me cansé de todo esto. Mañana pido el divorcio.
Harry aún observaba con ojos desorbitados.
Alice, entre todo el polvo que aún flotaba en el aire, pudo ver mejor la figura de Harry. No parecía él. Tenía cabello largo y rubio y lo que parecían ser un par de pechos.
—Santo cielo, ¿pero qué te ha ocurrido? —Alice estaba asustada.
Se acercó a él y lo examinó más de cerca.
—Eres... —dijeron los dos al mismo tiempo.
—... un hombre —terminó Harry.
—¡Y tú una mujer!
Durante algunos minutos se siguieron mirando. Examinando sus extraños y nuevos cuerpos.
—¿Qué crees que haya pasado? —preguntó Alice, mirando sus propios brazos, cubiertos de vello.
—No sé. Pero probablemente tenga algo que ver con esta extraña máquina.
Guardaron silencio.
—¿Y... ahora qué haremos? —preguntó Harry, pasándose los dedos por su largo y rubio cabello.
—Creo que habrá que acostumbrarse a esta nueva condición.
—¿Aún estás pensando en el divorcio?
Alice acarició los hombros descubiertos de su esposo, o mejor dicho esposa.
—No —dijo—. Hay que darnos una segunda oportunidad. Tal vez esta vez sí funcione.
También muy bueno. Y divertido.
ResponderEliminarQué bueno! "La máquina de la empatía"!!!!
ResponderEliminarUn saludo!
El objetivo es que fuese divertido. Originalmente quería escribir otra cosa pero esto fue lo que salió. Tampoco es tan malo comenzar a teclear sin tener una idea clara de lo que se hará
ResponderEliminarPues no sé si ésta es una máquina de la empatía, pues para lograr la "empatía" transformó a Alice en hombre y a Harry en mujer. ¡Qué clase de empatía es!